13 nov. 2018

Confunden feminismo con censura y destrozan El Principito

Por:  Carla G. de Pedro

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No es la primera vez que una ideología política se convierte en censura. Esta vez, le ha tocado al hermoso libro de Antoine de Saint Exupery: El Principito.
Las responsables son dos editoriales. La editorial española Espejos Literarios que lanzó su versión feminista La Principesa en Marzo de este año y la editorial argentina Ethos Traductora, que publicó su propia versión inclusiva de El Principito apenas este octubre.

Ethos Traductora se ha enfocado en cambiar el lenguaje y convertirlo en inclusivo. La directora, Gabriela Villalba, expone que las razones de esta traducción son: expresar una nueva mirada, potenciar el mensaje optimista y humanista del libro, así como usar un lenguaje que cada día se usa más, pues hay quienes han empezado a incluir en su habla el uso de la “e” en lugar de la “o”.


Imagen obtenida del facebook de Ethos Traducciones

Con respecto a estas razones, podemos pensar que, ya que su posición, como expone la directora, es crítica, la editorial aceptará las críticas que puedan hacérsele desde una perspectiva diferente.

Pienso que el feminismo es una ideología política y que una cosa es defender los derechos de las mujeres y otra, muy diferente, es llegar al extremo de modificar los libros clásicos para que sean políticamente correctos. Yo coincido con el feminismo como postura política, pero leerlo todo desde una postura política, sea la que sea, elimina el valor intrínseco de la obra, pues no se ve lo que hay sino lo que se busca. Es decir que se fuerza a ver maldad donde no la hay.

Es por esta razón que me parece que brindar una mirada feminista corrompe el libro, lo vuelve misógino, cuando es una obra maestra del existencialismo, una obra marcada por el absurdo, la melancolía y llena de ternura. Una traducción tendenciosa como ésta, insta al lector a ver que en la versión original existía un problema de exclusión, convierte al autor en un macho y evita que se comprenda la esencia del libro, ya que enfoca la atención en la forma.


Si estas mujeres piensan que el lenguaje ha cambiado, lo que deben hacer es generar nuevas obras que sean un retrato de la sociedad moderna, no modificar un libro que fue escrito en otra época y con otro lenguaje. Debe respetarse que una obra haya sido escrita en otro contexto y no satanizarla por no coincidir con nuestra visión del mundo, sea esta cual sea. Esto se llama censura moral, pues se está modificando un libro para hacerlo encajar con lo que nuestra moral considera correcto.

Cabe señalar, que Gabriela Villalba no parece comprender el Principito, pues dice que es un libro optimista y no lo es. El libro de de Saint Exupery está lleno de melancolía, pues cada uno de los individuos que el Principito conoce es absurdo, ridículo y está perdido, porque no cambia pese a que el Principito le está mostrando, mediante un diálogo irónico y casi socrático, pero desde la inocencia, que está en un error. Así entonces, no es necesario potenciar un mensaje optimista que no existe en la obra original.


Imagen obtenida del facebook de Ethos Traducciones

Por otro lado, La Principesa, versión feminista de la editorial española Espejos Literarios es el extremo de la censura moral en sus más grandes proporciones. Esta edición no se ha conformado con modificar el lenguaje sino que se han atrevido a cambiar a los personajes e incluso han cambiado algunos de los dibujos más icónicos del libro.


Imagen obtenida de Amazon: https://www.amazon.es/Principesa-Adaptaci%C3%B3n-Principito-Saint-Exup%C3%A9ry-Literarios/dp/1976742277
Para no herir susceptibilidades, ¡han cambiado la serpiente por un volcán! Han censurado a la naturaleza y la imaginación de un niño. En su documental de osos, Disney expone que un oso es capaz de devorar a otro. Esto muestra que ni Disney es tan moralino. Debo confesar que soy vegetariana y animalista, incluso participo en una sociedad protectora de animales, pero lo que hicieron fue censurar a la naturaleza y luego, censurar la imaginación. Parece que, como los adultos del libro, estas editoras han sido incapaces de comprender al niño. A su vez, han cambiado el cordero por ternera y han convertido a la rosa en un clavel. Eso no es una versión es una destrucción. Han forzado el texto, no han conservado su naturalidad y su inocencia. Como dije, han visto el mal donde no lo había. Eso se llama estar enfermo.



Imagen obtenida de la cuenta de Tweeter de la usuaria Laura Michel @Aisling_

En una ocasión, una persona subió a un grupo animalista un vídeo de un bebé como de un año que hacía como si aventara comida a un perrito y no lo hacía y se reía. ¡Era un bebé! Pero las personas comentaron que era un maldito o un malcriado y que pobre perrito. Ver a un bebé como a un villano o al Principito como un libro misógino y cruel, es tener la mente muy dañada. Esta sociedad tiene a la gente muy enferma de tanta ideología. Como diría Octavo Paz, hay muchas ideologías y pocas ideas. Yo soy feminista y animalista, pero hay que tener cuidado y ser crítico con uno mismo, pues hay extremos que llevan a la paranoia.



Imagen obtenida de la cuenta de Tweeter de la usuaria Laura Michel @Aisling_


La feminista mexicana Martha Lamas expone que:
Hoy existe una perspectiva muy crítica respecto del abuso de la posición de víctima. “Ser víctima otorga prestigio, exige escucha, promete y fomenta reconocimiento, activa un potente generador de identidad, de derecho, de autoestima. Inmuniza contra cualquier crítica, garantiza la inocencia más allá de toda duda razonable. ¿Cómo podría la víctima ser culpable, o responsable de algo?” (Giglioli 2017:11). Ya Elisabeth Badinter había planteado la existencia de la creencia de que, por su condición de víctima, una persona dice forzosamente la verdad (2003a:51). Sin duda hay muchas mujeres que son víctimas, y sin duda hay riesgos que mayoritariamente afrontan las mujeres. Pero también es cierto que, aunque su número es mucho menor, hay mujeres victimarías, y hombres víctimas. Por lo tanto, es necesario reconocer que el discurso social sobre la victimización femenina dificulta visualizar el panorama completo.  (https://www.proceso.com.mx/552997/en-la-lucha-feminista-conceptualizar-es-politizar)

De esta misma forma, las mujeres responsables de estas ediciones han asumido a la mujer como víctima de una literatura misógina y han decidido destruir una obra maestra de la literatura. Han perdido de vista el panorama completo: que el Principito es una obra literaria que vale por sí misma, que fue escrita en otra época, que no debe censurarse el arte e imponerle la propia moral, que la naturaleza es cruel o más bien amoral, que el ser humano tiene derecho a la imaginación, que los adultos han perdido la perspectiva y en lugar de fijarse en las cosas importantes, se han dedicado a politizarlo todo. Me pregunto qué le diría el Principito al politizador de ese planeta al que no visitó.


Gabriela Villalba expone que desde la publicación de su versión de El Principito han recibido “hostigamientos por parte de grupos fascistas antifeministas”. Habría que ver si verdaderamente se trata de grupos fascistas antifeministas o si sólo se trata de crítica desde otra perspectiva.Desde luego que existen grupos machistas y misóginos, así como hay grupos feministas que generan la idea errónea de que todos los hombres son malos y violadores en potencia. El feminismo está cayendo en el mismo extremo del machismo que critica, se ha convertido en un discurso de odio, de discriminación y, en esta ocasión, de censura.

Cuando la Iglesia católica modificaba los contenidos de los libros para adaptarlo a lo que desde su moral se consideraba “correcto”, a este acto se le llamaba censura. Ahora, cuando un grupo feminista o animalista modifica los contenidos de un libro para adaptarlo a lo que desde su moral se considera “correcto”, se dice que no es censura.

Lo que están haciendo estos grupos es imponer una moral y a eso, les guste o no, se le llama CENSURA.



Fuente bibliográfica
PEDRO, C.G. de, 2018. Confunden feminismo con censura y destrozan El Principito. ChilangoTimes [en línea]. [Consulta: 14 noviembre 2018]. Disponible en: https://chilangotimes.com/feminismo-censura-principito/


11 nov. 2018

12 Libros que te ayudarán a cuidar de tu salud

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La salud está en nuestras manos. Sin embargo, no siempre sabemos cuál es la mejor manera de cuidarnos y alejar la sombra de enfermedades como el cáncer, las cardiovasculares, etc. 

Por otro lado, constantemente nos vemos bombardeados por mensajes relacionados con la dieta que nada tienen que ver con una alimentación saludable. 

En esta selección de libros, podrás encontrar la información necesaria, rigurosa y científica, de la mano de los mejores expertos, para poner en práctica hábitos saludables que te ayuden a comer mejor, a entender cómo funciona tu cerebro y a preservar tu salud. En definitiva, consejos de salud que contribuirán a prevenir enfermedades y a mejorar tu día a día. 


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Mi dieta ya no cojea 
Tras el éxito de Mi dieta cojea, Aitor Sánchez, conocido también como el 'nutricionista indignado', suaviza su tono y nos ofrece una excelente guía para llevar una dieta verdaderamente saludable, sin 'nutrichorradas' ni falsos preceptos que pongan en peligro nuestra salud. En definitiva, con este libro aprenderemos lo que realmente importa en un dieta sana y aprenderemos a comer más sano y sin complicaciones.  


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Salud a ciencia cierta
No hay nada mejor que la evidencia científica para seguir consejos de salud. Y en este manual el doctor Martínez-González, el gran experto de la dieta mediterránea, echa mano del mayor estudio realizado sobre este tipo de alimentación para dar las pautas hacia un estilo de vida de verdad sano sin caer en algunas trampas e intereses. Además, también aborda temas tan importantes como el control de peso, la tensión arterial o la salud de nuestro cerebro. 


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La solución de los telómeros 
Quizá hayas oído hablar de los telómeros y de su importancia en el envejecimiento y en enfermedades como el cáncer. Pero, probablemente, no sabrás explicar exactamente qué son. En este libro, la autora, Elizabeth Backburn, premio Nóbel en 2009 en Fisiología y Medicina, y Elissa Epel, psicóloga clínica de la Universidad de Yale, abordan cómo aspectos como el sueño, el ejercicio físico, la dieta o el estrés afectan a los telómeros y pueden hacer que personas con 40 años aparenten 60 y otras sexagenarias parezcan 20 años más jóvenes. 


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Colesterol y dieta 
Oímos hablar mucho del colesterol pero quizá no sepamos exactamente qué es, por qué se produce, en qué parte de nuestro organismo y cómo influye la dieta en el colesterol dietético. En este libro, el lector encontrará toda la información necesaria para la prevención y el control del colesterol malo alto, así como un variado recetario para cocinar cada día más sano y mejor. 


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El cerebro feliz 
El neurocientífico y humorista Dean Burnet, que ya nos cautivó con El cerebro idiota (ed. Temas de hoy), nos vuelve a sorprender con este libro en el que aborda el funcionamiento interno de nuestra mente para explorar algunas cuestiones fundamentales acerca de la felicidad. Asimismo, aporta una visión excepcionalmente divertida de lo que es ser humanos. 


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Qué sabemos del mindfulness
Este completísimo libro reúne prácticamente toda la evidencia científica acumulada en los casi cuarenta años de la existencia de los programas modernos de mindfulness. Aborda más de cien cuestiones clave sobre todos los aspectos del mindfulness, desde los cambios que su práctica genera en la persona hasta las limitaciones que presenta. Y todo ello, de la mano de uno de los psiquiatras más prestigiosos en nuestro país, Javier García Campayo, que dirige en Zaragoza el Master de Mindfulness, pionero sobre este tema en una universidad española, y de Marcelo Demarzo, profesor en la Universidad Federal de Sao Paulo, Brasil, donde también dirige el único master sobre mindfulness de América Latina.


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Ser madre a los 40
Un libro que aporta toda la información necesaria, de la mano de los mejores profesionales en salud reproductiva, si te estás planteando ser madre más allá de los 40 o si ya estás embarazada. En este manual se explican los riesgos que implica la maternidad tardía, las técnicas más modernas para lograr el embarazo, así como los aspectos psicológicos que deben tenerse en cuenta cuando se es madre en la cuarentena. 


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Emociones para la vida
Enric Corbera, uno de los divulgadores más prolíficos, nos explica hasta qué punto nos influyen las emociones en nuestra salud, de dónde vienen, si somos dueños de lo que sentimos o si son herencia familiar. El experto se propone iniciar un camino con sus lectores para llegar a la comprensión interior y alcanzar un mayor bienestar emocional. 


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Come hoy, vive mejor mañana 
Considerado como 'la biblia de alimentación saludable', el autor de este libro, el oncólogo Henri Joyeux, abunda en temas esenciales como cuál es el mejor método para cocinar los alimentos y no perder sus nutrientes, por qué se aconseja no abusar de la leche de vaca, entre otros aspectos. El objetivo del manual es cuidarse al máximo para no aumentar el riesgo de cáncer. 


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Salud para tu cerebro 
Un plan diario para prevenir una de las demencias que más nos aterran, el mal de alzhéimer. Los autores, Gary Small y Gigi Vorgan, abordan los últimos descubrimientos sobre esta enfermedad y aportan consejos para luchar contra ella. Y es que, de sobra es sabido que mantener la mente activa es una de las mejores medidas para retrasar el alzhéimer y mantener el cerebro sano. 


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Vive más y mejor 
Miguel Porta, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Barcelona, considerado como uno de los expertos mundiales en contaminación, habla de todos aquellos contaminantes que nos rodean, cómo influyen en la salud y qué podemos hacer para reducir su nuestra exposición. el libro es una invitación a estar bien informados y a reflexionar para adoptar un estilo de vida más saludable.   


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Wabi sabi
Procedente de la estética y filosofía zen japonesa, el wabi sabi consiste en apreciar la belleza de la imperfección, aceptar el valor de lo impermanente y cultivar la simplicidad. Una idea sugerente y poderosa que nos ofrece grandes lecciones vitales para adquirir una nueva perspectiva y cambiar nuestra forma de pensar.



Fuente bibliográfica
12 libros que te ayudarán a cuidar de tu salud. hola.com [en línea], 2018. [Consulta: 30 octubre 2018]. Disponible en: /estar-bien/galeria/20181009131055/libros-de-salud/6/


Tu pareja te espía en redes sociales: por qué lo hace y qué puede encontrar

Por: Ada Nuño

Foto: Foto: iStock.

¿Hemos sido siempre infieles y las nuevas tecnologías solo lo ponen de manifiesto o por el contrario han aumentado los engaños por su culpa?



Hace poco la modelo Kendall Jenner admitió que crea cuentas de Instagramfalsas para espiar a sus exnovios. Quizá llame la atención que un personaje de la esfera pública, de los que parecen estar por encima del bien y del mal, lleve a cabo conductas que relacionamos más con personas con bajos niveles de autoestima y con comportamientos tóxicos, pero, realmente, en el mundo de las redes sociales (que nadie puede negar a estas alturas que han venido para quedarse), ¿es tan raro este 'modus operandi'?

Hay una teoría de Michel Foucault, conocida como 'El panóptico', que se basa en la instauración de una estructura circular en el centro de una cárcel. Desde ahí alguien podrá espiar continuamente a los presos, para observar sus patrones de comportamiento. Ellos saben que están siendo espiados, pero no cuándo exactamente. Eso demuestra que sus comportamientos cambian mucho, intentan portarse bien. Extrapolado a muchas otras cuestiones, esta teoría también nos enseña cómo han evolucionado los tiempos. Los presos antes temían ser espiados. Ahora nos gusta ser observados continuamente.

Quizá usted conozca a alguien que no utiliza de una manera moral o ética las redes sociales. Hay anécdotas de lo más curiosas. La que se creó un perfil de empresa en Facebook (por el que hay que pagar) para poder espiar a alguien, o la pareja que se intercambió todas las contraseñas de sus cuentas con el consabido peligro que eso conlleva. Probablemente usted, si está en alguna red social (y si no está sus amigos le reprocharán que no se las haga, porque si no subes tus stories a Instagram es como si no existieras) alguna vez ha 'stalkeado' (acosar o espiar de toda la vida de Dios) a alguien.
La teoría de la cárcel de Michel Foucault, 'El panóptico', se ha extrapolado a las redes sociales

Pero, ¿dónde está el límite? ¿Cuándo comprendemos que nos hemos convertido en 'voyeurs' 2.0 y que lo que estamos haciendo no estaría realmente admitido en ninguna sociedad si no tuviéramos una pantalla delante para protegernos?

Se ha hablado mucho de las redes sociales, que producen depresión, que son fuente de ansiedad, que cuando subimos una foto y nos dan un 'like' segregamos dopaminas que producen felicidad, que tener demasiados 'selfies' en tu perfil de Instagram es un claro indicador de tu personalidad narcisista y egocéntrica... y lo que queda.

El "¿tú de quién eres?" propio del pueblo ha pasado a ser "¿cómo te llamas en Instagram?", y juzgamos instantáneamente a una persona en cuanto le damos a seguir a su perfil, basándonos en sus fotos (ese cachito de su vida que quiere compartir con nosotros) aun sin conocerla de nada.

Foto: iStock.
 Foto: iStock.

Pero más allá de las consabidas fotos de sushi, festivales, gatos y playas de Tailandia están los problemas que pueden producir. En la era de las redes sociales es mucho más fácil tener problemas con tu pareja. Porque no ha respondido a mis mensajes aunque estaba en línea y aun así se atrevió a subir algo a Instagram. Porque no quiero ver las fotos que tiene con su ex o con su nueva pareja en Facebook. Porque ha agregado a alguien que no conozco. Porque.

En este artículo hemos seleccionado algunas historias, contadas por personas reales (que el lector quizá conozca, quizá se encuentre cada día en el metro o por la calle, quizá incluso se vea reflejado en alguna de ellas) que se han atrevido a confesar haber realizado alguna de estas conductas poco éticas, que pocos se atreven a contar. A veces son los causantes, en otras ocasiones han sufrido situaciones que han cambiado sus vidas y sus relaciones. Todas ellas tienen algo en común: han sido de una honestidad que alarma. Algo remarcable en los tiempos del wifi.

La historia de N.P es, sin duda, digna de contar. Comienza con una anécdota aparentemente sencilla y común: sospechaba que su novio le era infiel con una compañera de la carrera. En las ocasiones en que podía "coger prestado" su teléfono no obtenía suficiente información como para llegar a una verdadera conclusión, por lo que fue un paso más allá: acababa de surgir WhatsApp web, que por aquel entonces aún no requería de ninguna identificación, y decidió instalar la cuenta de su novio en el ordenador. Así podía ver las conversaciones de su pareja sin miedo a ser descubierta y tirar un poco del hilo, como una araña, leyendo lo que se había escrito con sus amigos meses y meses atrás.

Poco a poco fue encajando todas las piezas. Se enteró no solo de que, en palabras textuales: "desde hacía dos veranos tenía una cornamenta como la del padre de Bambi", sino que los amigos de su pareja solían quedar para frecuentar prostíbulos, lo que la dejó en una situación muy delicada de cara a las amigas de N.P que salían con ellos. Era como saber que en algún lugar hay una bomba que puede explotar en cualquier momento y no poder decírselo a nadie. El novio, por su parte, jamás se enteró de lo que ella hacía, aunque, claro, se sorprendía de que ella "conociera todos sus secretos".

¿Y la legalidad?
¿Hasta que punto es legal espiar a tu pareja en redes? Dejando la moralidad a un lado, en España está prohibido -sin el previo consentimiento de la persona espiada, lógicamente-, según el artículo 198 del código penal. Y aun así existen en la actualidad varias aplicaciones que permiten a los celosos rastrear el teléfono móvil de otra persona. Pero, ¿qué es lo que nos hace saltarnos incluso la legalidad para espiar a nuestra media naranja?

¿Quieren decir algo este tipo de comportamientos de la persona en cuestión? Según E.H, que sufrió en sus carnes justamente lo contrario, rotundamente sí. Su pareja le obligaba a que le enseñase todos los 'retuits' que hacía a otras personas. Si alguien le daba a "favorito" (para los que no estén familiarizados con el lenguaje de Twitter sería algo así como demostrarle a la persona que ha escrito un comentario que te encanta eso que ha puesto) su pareja le obligaba a borrarlo. De juzgado de guardia. Hasta que finalmente fue el propio E.H el que descubrió que era su novio (ahora ex) el que le estaba engañando. Y también lo hizo a través de las redes sociales.

Aunque la obsesión por controlar la vida de los demás puede ser peligrosa, en ocasiones es mejor el remedio que la enfermedad. A.N se enteró de que la persona que había conocido en Grindr (red social para la comunidad homosexual), y que, hasta donde él sabía era su pareja desde hacía dos meses, realizaba "orgías" -en palabras textuales- con otras personas que seguía conociendo gracias a la aplicación.

Foto: iStock.
Foto: iStock.


Pero a veces las razones por las que se realizan estas acciones no son tan claras como podría parecer. Es interesante también el caso de R.N, que podría protagonizar perfectamente un episodio de 'Catfish'. Llevaba dos años con su pareja, con la que vivía, cuando comenzó a vislumbrar comportamientos extraños en ella. Todas las noches se quedaba despierta, frente al ordenador, cuando R.N. ya se había acostado. En una ocasión en la que no podía dormir, R. se acercó y esta cerró con rapidez las páginas web en las que se encontraba inmersa. Con el tiempo descubrió que se había hecho un perfil falso en Facebook, con una foto que no era la suya, y agregaba gente que conocía en 'Chat Roulette' para hablar con ellos. ¿La razón? "Falta de confianza y autoestima", alegó. Necesitaba "sentirse querida". R. la perdonó, a pesar de todo, y estuvieron juntos otros cinco años más.

A veces esta clase de comportamientos esconden falta de autoestima y seguridad

¿Nos hemos acostumbrado a estas maneras de comportamiento y las estamos comenzando a aceptar? No hace mucho tiempo nos parecía una locura quedar con alguien que habíamos conocido a través de internet. A día de hoy dar 'match' por 'Tinder' comienza a ser la regla y lo que nos parece extraño es acercarnos a alguien en un bar -muy a la vieja usanza- y pedirle el teléfono. Comenzamos a ser más lo que nuestro perfil en la red social dice de nosotros que nosotros mismos.

¿Por qué?
Según M.S, psicóloga, hay varios factores que causan por un lado el engaño sistemático entre las parejas mediante las redes sociales y el posterior seguimiento y espionaje que proviene del mismo. Se encuentran al alcance de cualquiera, y gracias a ellas nos es muy fácil conocer nuevas personas y establecer lazos con ellas. Empezamos a vernos unos a otros más como medios (conquistas fáciles) que como fines. Nadie quiere comprometerse. Igual que sucede con la comida rápida o con la obsolescencia programada las personas también somos de usar y tirar. Puro consumismo. Y por otro lado comienza a ser más importante lo que aparentes, lo que pareces en redes sociales (exitoso, feliz, con una relación que va viento en popa) que lo que eres.Ha llegado la era del postureo (como pasa con ‘stalkear’ esta palabra ya tiene vida propia) y del narcisismo.

En un mundo donde es mucho más fácil engañar también lo es espiar. Las dos caras de una misma moneda. Y en lugar de afrontar los problemas cara a cara la cobardía nos obliga a hacerlo través de una pantalla.

¿Será siempre así? Y, aún más importante, ¿era antes así también solo que no teníamos oportunidad de saberlo? Quizá somos infieles por naturaleza y las redes sociales, aunque tratan de mostrar la mejor cara de nosotros, también se convierten en un espejo donde volcamos lo peor. Quién sabe. Lo único que está claro es que no es irremediable. Basta con atreverse y pulsar el botón 'desactivar'...


Fuente bibliográfica
NUÑO, ADA, [sin fecha]. Redes Sociales: Tu pareja te espía en redes sociales: por qué lo hace y qué puede encontrar. [en línea]. [Consulta: 11 noviembre 2018]. Disponible en: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-11-05/espiar-en-redes-sociales_1632386/

31 oct. 2018

6 movimientos en Internet que no sabes que dejan rastro para que te espíen

Por: HuffpostideasMx


side view on hacker in process with laptop and big digital screen

Afortunadamente los internautas estamos más conscientes de lo importante que es la información que le damos a terceros en un ambiente digital. 

Cada vez está más a la mano el contrato de privacidad de los sitios, y los formularios no son obligatorios la mayoría de las veces.

Pero, ¿qué pasa cuando la información que le dejamos a otras empresas está oculta en pequeños movimientos que dejan rastro? Esto se descubre a partir del análisis de metadatos.

Esta información, al parecer inofensiva, puede crear un perfil impersonal de nuestros gustos y necesidades.

Y tras generar parámetros y encasillamientos, se crean bases de datos que se utilizan en muchos casos para fines comerciales.

Peor aún, este uso sin control puede significar un riesgo para la seguridad de una organización y las personas.

Gran parte de las empresas y las personas no tienen control riguroso de los metadatos y, por lo tanto, ponen en riesgo sus infraestructuras y datos personales permitiendo que delincuentes cibernéticos tengan acceso a información sensible.

Estos son algunos movimientos en Internet que no sabías que dejaban un rastro:
1. HORAS DE CONEXIÓN: Con ella se puede saber desde huso horario hasta localización y horas de trabajo de los empleados.

2. GEOLOCALIZACIÓN: Algunos tweets y publicaciones dicen claramente desde dónde se generaron.

3. BÚSQUEDAS: Todos los intereses, inquietudes y dudas normalmente se encuentran en los términos de búsqueda de Google.

4. NÚMERO DE PERFILES EN REDES SOCIALES: En un perfil público de una red social se informan muchas más cosas.

5. NÚMERO DE SEGUIDORES: ¿Qué tanto publica y qué tanto resuena entre la gente?

6. PUBLICACIONES MARCADAS COMO FAVORITAS: También se pueden rastrear los gustos e intereses del internauta.

Utilizando únicamente los metadatos, se puede identificar a un solo usuario de entre otros 10,000, con una precisión del 95%.


El costo del cibercrimen ya representa un 0,8% de la economía mundial, superando al tráfico de drogas y armas.


Fuente bibliográfica
HUFFPOSTIDEASMX, 2018. 6 movimientos en Internet que no sabes que dejan rastro para que te espíen. Huffington Post [en línea]. 22 octubre 2018. [Consulta: 31 octubre 2018]. Disponible en: https://www.huffingtonpost.com.mx/2018/10/22/6-movimientos-en-internet-que-no-sabes-que-dejan-rastro-para-que-te-espien_a_23565186/


El malo siempre es el otro

Por: Daniel Molina


Con la difusión masiva de las redes sociales hoy las manifestaciones de odio salvaje alcanzaron una estatura épica. ¿Por qué son más frecuentes en las redes sociales la indignación, la difamación y el acoso que cualquier actitud positiva hacia el otro?

Hablar es donarse al malentendido. No es nuevo: esto sucede desde el origen de la cultura. Ya en los primeros textos, esos que se escribieron hace milenios, hay una escena repetida: un interlocutor dice algo y su oyente demuestra que ha entendido otra cosa. Se lo puede leer en Homero, en Esquilo, en la Biblia, en Jenofonte, en Heródoto, en Shakespeare y en Cervantes. Está en todas partes, en todas las lenguas y en todas las épocas. Jacques Lacan resume este malentendido constitutivo de la comunicación en esta frase: “Usted puede saber qué es lo que dijo pero no lo que entendió el otro”.

Si entenderse ya era muy complicado en el mundo físico interpersonal (en ese diálogo frente a frente entre dos interlocutores que están presentes en el mismo lugar, que se ven y se escuchan, que pueden -si quieren- tocarse) en el mundo virtual la posibilidad de comunicarse tiende a cero. De esto (pero no solo de esto) surge que la violencia sea la forma más común de expresión en las redes sociales. Hace dos décadas, cuando recién habían aparecido las webs de los medios tradicionales, esos primeros foros virtuales se llenaron de comentarios maliciosos: allí surgió la primera alarma. Con la difusión masiva de las redes sociales hoy las manifestaciones de odio salvaje alcanzaron una estatura épica.

¿Por qué son más frecuentes en las redes sociales la indignación, la difamación y el acoso que cualquier actitud positiva hacia el otro? Porque la mayoría de las personas vive frustrada: siente que no tiene lo que merece (este es un sentimiento generalizado, que solo muy pocos logran superar sin hacerlo daño a otros). Como hemos logrado limitar bastante la violencia física, por lo general la violencia que nos permitimos es simbólica (que nos expone a menos derramamientos de sangre, pero que para nada es menos brutal).

Los promotores del odio virtual (pero muy real) son los trolls -que son esas personas que buscan destruir el discurso del otro, de ese al que quieren golpear, cambiando constantemente lo que este dice- y los haters -los odiadores extremos, los promotores máximos de la agresión, por lo general bajo la forma de la difamación)-.

El hater es el discípulo perfecto de Joseph Goebbels, el jefe de propaganda del nazismo, porque es un experto en usar los principios de destrucción del enemigo que tal como se lo hacía en la Alemania de los 30: carga siempre la responsabilidad sobre la víctima de sus ataques y saca de contexto todo lo que hace y dice. Ante sus seguidores, el hater “demuestra” que el agredido es el agresor y que tratar de destruirlo es, por lo tanto, un acto de justicia. El hater es, la mayoría de las veces, anónimo (aunque no siempre: hay algunos haters que son tuiteros famosos, que tienen una vida pública reconocida y un nombre legal en sus cuentas virtuales), pero ataca siempre a gente que pone la cara. Y por eso le es más fácil destruirle la vida.

Uno de los mecanismos típicos del ataque de odio es la reproducción, fuera de contexto, de un tuit (o una frase) de la persona que el troll muestra a sus seguidores, generalmente en un nuevo contexto (que lo desvirtúa completamente). El troll que logra generar gran violencia es una cuenta que tiene muchos seguidores. Cuando estas cuentas “denuncian” -difaman- a tal persona ante sus miles de seguidores logran que una buena proporción de estos seguidores vayan a enloquecer al que los trolls tomaron como blanco de su violencia.

La escena de bullying del Colegio Secundario se repite en las redes sociales pero amplificada al extremo. Literalmente no hay límite a esta violencia virtual. Es habitual que, en los ataques cotidianos de un troll, la persona que es el blanco de su odio reciba cientos de agresiones en cuestión de minutos, pero no es raro que pueda recibir miles y hasta decenas de miles de agresiones. El que no ha recibido el ataque de miles de seguidores de un troll no imagina la violencia que estos son capaces de ejercer sobre una persona indefensa. Es una de las formas más malvadas que existen en la actualidad de ejercer el maltrato social.

La revista de psiquiatría “Personality and Individual Differences” presentó un exhaustivo estudio sobre comportamiento violento en internet y dio pistas sobre la psicología de los trolls: son narcisistas extremos, psicópatas sin ninguna empatía por otra persona, manipuladores hábiles y sádicos.

Los trolls, según este estudio, solo sienten algún placer al causar daño. Un rasgo importante de las personas trolls (muchas son mujeres): fuera de internet, se muestran como personas “normales” (tienen una personalidad muy parecida a la de los asesinos seriales). Los trolls que tienen públicos masivos (los trolls de Twitter con, al menos, decenas de miles de seguidores) escogen a sus víctimas entre personas reconocidas que suelen tener discursos polémicos: políticos, feministas, gays, intelectuales de ideas no convencionales o gente que está luchando por ampliar derechos. El troll se enfoca en ellos y logra liderar una amplia comunidad de resentidos que sienten que el troll los representa.

Hay gente que apoya a los trolls porque no los consideran trolls: esto es más visible cuando atacan a famosos o a políticos. Mucha gente encuentra natural que los famosos o los funcionarios políticos “deban” ser atacados. El troll tiene a su favor que la violencia (incluso, las agresiones extremas) estén naturalizadas en internet: mucha gente (que no las sufre) las toma como una broma o una forma de justicia.

¿Por qué tanta gente apoya a los trolls y se suma en campañas de agresiones y violencia extrema? Los estudios antropológicos de la web demuestran que las campañas de odio son posibles porque hay muchísima gente frustrada, que siente que nunca logrará nada valioso en la vida, y que obtiene en la violencia contra su “enemigo” una satisfacción que jamás podría obtener por ninguna acción positiva que realizase en el acotado marco de su vida cotidiana

Además, es una satisfacción gratis e instantánea que, encima, le permite participar de una comunidad a la que le interesa pertenecer: la de los indignados, los que luchan con sus tuits contra los “malos”. 

Ya lo dijo mejor que nadie, hace 50 años, Marshall McLuhan: “La indignación moral es la estrategia del imbécil para parecer digno”.

El problema es que ahora los imbéciles que quieren parecer dignos se unen por millones para causar daño con sus agresiones a gente que no tiene forma de defenderse.


Fuente bibliográfica
MOLINA, DANIEL, 11.10.2018. El malo siempre es el otro. [en línea]. [Consulta: 31 octubre 2018]. Disponible en: https://www.nueva-ciudad.com.ar/notas/201810/38804-el-malo-siempre-es-el-otro.html
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27 oct. 2018

Cuándo abandonar un libro sin culpa

Por: Daniel Pasik




Los best sellers, los más dejados

A veces aburre, pero ¿lo mejor vendrá después? Aquí, qué es lo que más se deja y las estrategias de varios escritores.


¿Por qué dejar un libro da tanta culpa? Sin embargo, sucede. O si no, en muchos casos debería suceder. Hay que hacerlo. Se hace. La red social Goodreads es la mayor comunidad de reseñas: allí los lectores son quienes recomiendan y comparten experiencias de lectura. Uno de los ítems más importantes a completar, y que más se consulta al buscar qué leer, es si llegaron o no al final. Porque sí, hasta los lectores más devotos dejan lo que no les interesa.

Sin embargo, abandonar un libro no es tan fácil como se supone. Aunque cueste, aburra o no termine de agradar muchos sienten esa especie de pulsión que los hace seguir hasta el final aunque no la pasen bien. ¿Es la culpa por no terminar algo o la bronca por haber gastado dinero en vano? Sí, esos son dos de los motivos, que pueden combinarse. 

Cincuenta sombras de Grey. Entre los libros más dejados.
 Cincuenta sombras de Grey. Entre los libros más dejados.

Los más abandonados
Curiosamente, entre las lecturas más abandonadas de Goodreads figuran varios best sellers, como Una vacante inesperada, de J.K. Rowling, 50 sombras de Grey, de E.L. James, o Comer, rezar, amar, de Elizabeth Gilbert. Entre los motivos, se destaca la poca congruencia entre expectativa y realidad.

Otros en la lista son algunos clásicos, como Moby Dick, de Herman Melville; el Ulises, de James Joyce, o hasta El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien, y la saga de Harry Potter, también de la autora británica que encabeza la lista este año con su primera novela para adultos.

La vida alcanza para cierta cantidad de lecturas, y tiene poco sentido desperdiciar ese tiempo con algo que no funciona. Además, empecinarse en un libro que no interesa lo suficiente termina agotando al punto de que al final, se lee menos. La gran duda, entonces, es ¿hasta dónde se debería forzar la lectura? ¿Cómo saber cuándo es necesario abandonar? Según los testimonios de los usuarios de Goodreads, casi la mitad de los lectores le dan entre 50 y 100 páginas a un libro antes de decirle adiós.

Se hacen demasiadas cosas por obligación, la lectura no debe ser una de ellas"                                    Betina González. Escritora

Dejar un libro puede ser síntoma de madurez “Para escribir, en cierto momento, hay que obligarse a ciertas lecturas. El lector ‘común’ por supuesto tiene todo el derecho de leer sólo lo que le gusta. Se hacen demasiadas cosas por obligación, la lectura no debe ser una de ellas. Ya le llegará, si cabe, el año en que un libro que dejó de joven lo llame y lo atrape”, dice Betina González, que acaba de publicar la antología de relatos El amor es una catástrofe natural (Tusquets, 2018).

“En mis veintes me obligaba a terminar un libro aunque no me gustara y estuvo bien haber sido una lectora disciplinada, porque se aprende en el insistir y en la dificultad. Incluso si te aburre, aprenderás algo de ese aburrimiento”, cuenta González, autora de novelas como Arte menor(Alfaguara, 2006) y Las poseídas (Tusquets, 2013). “Ahora soy una lectora mucho más hedonista. Un libro tiene que captarme ya sea desde la historia, desde el lenguaje o desde la voz que cuenta. Lo ideal, claro, es que capte desde los tres”.

Si dejo un libro es muy rápido"
                                                                      Ricardo Romero. Escritor

A Ricardo Romero, autor de, entre otras novelas, El conserje y la eternidad (Alfaguara, 2017), le pasa algo similar que a González. Ahora solo leo y releo con gula. Si dejo un libro es muy rápido y, en general con el instinto ya afinado a mis gustos, casi que ni lo empiezo. Ahora soy capaz de leer con mayor intensidad. Leo más despacio que antes, pero con mayor compromiso”, dice.

La chica analógica del tren, casi todos los pasajeros viajan munidos de mirando sus celulares, no es habitual encontrar una persona leyendo un libro de papel". Foto de NORA MAZZINI
La chica analógica del tren, casi todos los pasajeros viajan munidos de mirando sus celulares, no es habitual encontrar una persona leyendo un libro de papel".                         Foto de NORA MAZZINI

 Gabriela Cabezón Cámara, autora de La virgen Cabeza (Eterna Cadencia, 2009) y Las aventuras de la China Iron (Random House, 2017), entre otros hits, va a lo concreto y práctico: “No me genera ninguna culpa dejar un libro. Algunos, los pospongo para otro momento. Otros, para nunca jamás. Hay demasiado placer esperándome en la lista de libros por leer, que es una lista orgánica, en constante crecimiento, una especie de serpiente infinita”.

Con Hamlet, el cuerpo solo pareció expulsarlo y lo tiré, lo arrojé lejos de mí"
                                                  Julián López. Escritor

Julián López, autor de la celebrada Una muchacha muy bella (Eterna Cadencia, 2013), dice que deja libros sin problemas: “porque no me hablan, porque mis competencias son exiguas y me hundo, porque me distraigo, por vago. Pero también porque a veces me hablan muy directamente, me complican muy directamente”.

James Joyce. Las dificultades de su "Ulises".
James Joyce. Las dificultades de su "Ulises".

López, autor de la reciente La ilusión de los mamíferos (Random House), cuenta algo que le pasó con Hamlet, que tuvo que abandonarlo un tiempo hasta que llegó su momento. “Creo que tenía 18 cuando empecé a leerlo, en un momento estaba tan manija que el cuerpo solo pareció expulsarlo y lo tiré, lo arrojé lejos de mí. A veces sostener el fuego no es posible y creo que en mi escritura siempre aparece esa marca: vengar a los muertos o tener vida propia. Tardé bastante en volver, en poder terminarlo”, recuerda.
Intenté entrarle a "El Código Da Vinci"  pero era tan pobre la prosa, tan mala, tan casi indescriptible de raquítica, que no pude pasar de la segunda página"
                                                                               Gabriela Cabezón Cámara. Escritora

“Me costó mucho empezar a abandonar libros. Soy optimista y tiendo a creer que la página siguiente puede tener algo que me guste o sorprenda. Cuando empecé a abandonar lecturas no fue por haber perdido el optimismo, sino porque se trasladó al siguiente al libro que tenía en mi lista”, explica Romero, que recomienda: “señora, señor, suelte el diario, deje de pavear y lea ese libro que tiene en la mesa de luz hace cinco meses".

Cabezón Cámara dice que a veces ella es la que deja los libros, pero otras son los libros los que la abandonan a ella. “Recuerdo que cuando era un boom mundial intenté entrarle a El Código Da Vinci para ver qué le gustaba tanto a tanta gente. Era tan pobre la prosa, tan mala, tan casi indescriptible de raquítica, que no pude pasar de la segunda página. En el extremo opuesto, me pasó con el Ulises de Joyce que casi me desmayo de embole con algunos fragmentos”.

Tres claves
Betina González, con ánimo de servicio y por si “a alguien le sirve de consejo”, detalla tres “casos fijos” en los que abandona un libro. 

“Uno es cuando en la página dos ya sé todo lo que va a pasar. Otro, si en el primer párrafo descubro tres errores de concordancia verbal o adjetivos que sobran y otros clichés al punto que quiero ir a agarrar un lápiz para corregir. Y, finalmente, cuando el escritor o escritora juega a la ‘falsa dificultad’ porque no ha encontrado el mejor modo -el más simple y elegante que la lengua le permite- para contar lo que quiere y entonces se escuda en un tono pretencioso, en una falsa experimentación”.


Fuente bibliográfica 
PASIK, DANIEL, [sin fecha]. Cuándo abandonar un libro sin culpa - 09/10/2018 - Clarín.com. [en línea]. [Consulta: 28 octubre 2018]. Disponible en: https://www.clarin.com/cultura/hora-dejar-libro-culpa_0_iTyE45k6A.html

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