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6 ago 2013

¿Qué ocultan los archivos secretos del Vaticano?

 Sus textos superan la cifra de 150.000 -puestos en hilera alcanzarían una distancia de 65 kilómetros- y en ellos hay actas, correspondencias y textos que datan del siglo VIII en adelante

¿Qué esconde la Santa Sede? ¿Por qué hay documentos a los que sólo el papa puede acceder? Los Archivos Secretos del Vaticano son una de las fuentes de conocimiento más vastas y menos públicas de hoy en día. Sus textos superan la cifra de 150.000 -puestos en hilera alcanzarían una distancia de 65 kilómetros- y en ellos hay actas, correspondencias y textos que datan del siglo VIII en adelante y que, según los amantes de las teorías conspirativas, podrían poner en jaque a la Iglesia Católica Apostólica Romana tal como la conocemos hoy en día.
¿Cuáles son los misterios más grandes que estarían ocultando?
LA MUERTE DE JUAN PABLO I
El 28 de septiembre de 1978, solo 33 días después de haber ocupado el cargo de Sumo Pontífice, Juan Pablo I fue encontrado sin vida en su habitación dentro del Vaticano. El parte oficial habló de un infarto agudo de miocardio producto de una mala dosis de un medicamento. Sin embargo, su médico negó esta versión ya que no le había recetado nada al Papa, aduciendo que tenía buena salud. Otro detalle es que quien lo encontró en su lecho, Sor Vicenza, aseguró que el cuerpo yacía en posición de reposo y con el rostro calmo, algo imposible de haber tenido un ataque cardíaco.
Quienes no quieren creer en la versión oficial, piensan que Juan Pablo I habría sido objeto de un atentado gestado entre la propia Iglesia y la mafia italiana, luego de que manifestara su intención de reorganizar el Banco Vaticano, en una lucha directa contra la mafia y la masonería. Lo cierto es que la investigación fue rápidamente clausurada y que a su resultado tan sólo el Papa de turno puede acceder.
EL ATENTADO A JUAN PABLO II
El 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II sufrió un atentado a manos del terrorista turco Alí Agca. Dos años después, el Papa lo visitó en prisión y ambos tuvieron una charla de veinte minutos. De los temas conversados nunca se supo en detalle debido a que el Sumo Pontífice se limitó a declarar a los medios de prensa que ese era "un secreto que no le pertenecía y que debía respetar", o sea que consideraba al diálogo una confesión.
A raíz del secretismo se elaboraron numerosas suposiciones, dos de las cuales habrían sido confirmadas. Por un lado, Agca habría confesado quiénes fueron los autores intelectuales del hecho. Consultado al respecto tiempo después daría diferentes versiones: que se trató de un plan del servicio secreto búlgaro y de la KGB por el declarado anticomunismo del Papa; que la orden provino del propio Vaticano; y, actualmente, que fue a pedido del ayatolá iraní Jomeini.
Por otro lado, el secretario personal de Juan Pablo II monseñor Stanislaw Dziwisz señaló que Agca estaba solamente interesado en la tercera profecía de la Virgen de Fátima -la cual hablaría sobre el fin del mundo- y que el Papa se negó a hablar al respecto, diciendo que la verdad sería revelada a tiempo -hecho que ocurrió en el 2000, aunque varios se niegan a creer en la completitud de la revelación.
DOCUMENTOS PROHIBIDOS
Entre estos textos se encontrarían evangelios apócrifos -aquellos excluidos del canon de la Iglesia Católica-; investigaciones sobre las acusaciones de pederastía en la Curia; y documentos polémicos como los que se dice que encontró el historiador John Cornwell cuando pudo acceder a parte del archivo para hacer una biografía del Papa Pío XII, al que terminó vinculando con el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.
Por fuera de las especulaciones están quienes dicen que el término "secreto" (secretum) se debe a que en el siglo XV el mismo se utilizaba para definir a las personas o instituciones cercanas al príncipe, en este caso al Papa. por lo que la denominación expresaría que este es el archivo "personal" del Pontífice.
Otros se limitan a acotar que no es diferente a lo que ocultan otros países u organizaciones como la CIA, tan sólo que por ser el Vaticano se busca un halo de misticismo que en realidad no tiene.



Fuente: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=-xLXipXTfy8

9 ene 2010

Los archivos secretos del vaticano II






“En el Vaticano, lo que no es sagrado es secreto”

Para muchos su existencia es materia de innumerables novelas y teorías conspirativas, para otros, no es más que un órgano que posee cualquier Estado en el mundo. Sin embargo, el secretismo con que en muchos casos es resguardado así como el extremo celo con que los documentos son cuidados, hacen pensar a muchos que el archivo del Vaticano oculta más que registros y papeles históricos, sino información tan valiosa y trascendente que su conocimiento público podría incluso cambiar la percepción de los fieles frente a su Iglesia.

¿Pero cuáles son los documentos más importantes de este archivo? ¿Cuáles son los que tanto investigadores, periodistas y escritores, mueren por conocer?

La muerte de Juan Pablo I

El 28 de septiembre de 1978, y tras 33 días ocupando el cago máximo de la Santa Sede, el Sumo Pontífice, Juan Pablo I, fue hallado muerto en su habitación del Vaticano. Según informaciones oficiales, el Papa Luciani habría fallecido debido a un infarto agudo de miocardio producto de una mala dosis de su medicamento, sin embargo, algunos investigadores sostienen que lejos de una muerte natural, el llamado Papa de la sonrisa, habría si objeto de un atentado gestado en los círculos más internos de la Iglesia y la mafia italiana.

Cabe destacar que el cuerpo del Papa pasó por un necropsia forense que concluyó que la muerte se había producido por la ingestión de una dosis fortísima de un vasodilatador recetado por teléfono por el doctor de cabecera, Da Ross, sin embargo, el médico rechazó prontamente tal información al aclarar que no le había recetado nada al Papa aquella noche, ni las anteriores, debido principalmente a que éste gozaba de buena salud.

Asimismo, la religiosa que encontró al Santo Padre en su lecho, Sor Vicenza, aseguró que Juan Pablo I, yacía en su cama extrañamente con el rostro calmado y en una posición de reposo, algo que no coincide con la violenta muerte que supuestamente hubiera tenido si tuviera un ataque cardíaco.

Los que apoyan esta teoría conspirativa sostienen que ni bien obtuvo el Papado, Juan Pablo I expresó su férrea voluntad realizar una reorganización general del Instituto para Obras de Religión (IOR) o Banco Vaticano, y la lucha directa en contra de la mafia y la masonería.

Los archivos referentes a la muerte del Santo Padre así como la investigación realizada en torno a ella, están guardados en estos archivos en donde ninguna persona, tan sólo el Papa de turno puede acceder.

Alí Agca y Juan Pablo II


Otro de los principales documentos estaría referido al sucesor de Juan Pablo I, el llamado Papa del Pueblo,Juan Pablo II.

Luego de sufrir el atentado del 13 de mayo de 1982 a manos del terrorista turco Alí Agca, Juan Pablo II, siete meses después, tuvo un encuentro de 18 minutos con su atacante.

El tema de la conversación entre ambos personajes es hasta el día de hoy un misterio, es más, el propio Papa luego de su entrevista declaró a los medios de prensa que aquel encuentro era “un secreto que no me pertenece y que debo respetar".Esto indicaba que Juan Pablo II le dio a la plática categoría de Confesión, es decir, a partir de ese momento era imposible que fuera revelado al público.

Sin embargo, y según fuentes oficiales, el Sumo Pontífice le habría relatado al entonces Cardenal y hombre de confianza, Luigi Poggi, los pormenores de dicha conversación. A su vez, Poggi habría redactado un informe en donde detallaba los puntos tocados en esa extraña reunión. El documento actualmente se encuentra en los archivos vaticanos y tiene la categoría de Secreto Pontificio, es decir, que nadie, salvo el Papa, puede leer, publicar, difundir o dar a conocer el citado archivo al público.

Sin embargo, muchos investigadores han especulado sobre los posibles temas que pudieron tratar, para algunos, el Papa habría tenido un gran interés por conocer los motivos que propiciaron a Alí Agca ha llevar tal acto, según estiman estos investigadores, la idea de que el atentado estaría vinculado con el Tercer Secreto de Fátima, era algo que provocó en el Papa tal interés.

Otros, señalaban que Juan Pablo II quería como es lógico, conocer la identidad de los autores intelectuales del crimen, esto se desprende porque en el libro “Memoria e Identidad” el Santo Padre asegura que Agca “no era más que un asesino a sueldo”, desechando así las teorías que sugerían que el turco habría actuado por iniciativa propia.

Justamente, los nombres y los países involucrados en este atentado internacional estaría en el informe escrito por Luigi Poggi.

No obstante, el Monseñor Stanislaw Dziwisz, secretario personal de Juan Pablo II en ese entonces, señaló que a Agca “sólo le interesaba el Tercer Secreto de Fátima” y las profecías vinculadas al Fin del Mundo, es más, le pidió a Juan Pablo II que le diga algo al respecto pero el padre se negó a comentarle algo señalando simplemente, que el secreto sería revelado a su debido tiempo.

Libros apócrifos y cartas polémicas

Por último, el archivo guarda documentos importantes para la historia como son los primeros evangelios prohibidos o los que hasta la fecha son considerados apócrifos y no son conocidos ni por investigadores ni estudiosos, así como diversas actas firmadas, cartas y documentos de la diplomacia vaticana, entre éstas las más importantes la petición de la anulación matrimonial del Rey Enrique XVIII de Inglaterra cuya negación provocó el rompimiento de las relaciones entre el Vaticano y Gran Bretaña, así como documentos del Papa Pío XII y sus presuntos lazos con el nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Es más, el último investigador que tuvo el permiso para investigar los archivos fue el historiador John Cornwell, quien con la excusa de escribir un libro biográfico del citado padre publicó el libro titulado El Papa de Hitler, hecho que provocó polémica dentro de la Iglesia Católica, a partir de esa fecha, el Vaticano consideró que los documentos podrán ser solicitados luego de 70 años de ocurridos los hechos a investigar.

Datos a tomar en cuenta

Como dato extra se sabe que los archivos completan cerca de 50 kilómetros de estanterías, comprendidos por más de 50 mil volúmenes de los cuales miles aún se encuentran sin clasificar, es decir, que su contenido aún no ha sido revisado ni siquiera por los propios miembros del Vaticano incluidos el propio Pontífice.

Los archivo Secreto Vaticano I


Benedicto XVI alaba el "servicio desinteresado y ecuánime" del Archivo Secreto Vaticano “alejado de estériles y a menudo débiles visiones históricas de parte” y ofreciendo a los investigadores material documental ordenado con seriedad y competencia.

<<¡Cuánto anhelaba trabajar entre las obras maestras que recorren la historia de la humanidad y del cristianismo!» En su visita a la Biblioteca Apostólica y al Archivo Secreto Vaticano esta mañana, Benedicto XVI ha destacado la apertura a investigadores de todo el mundo, sin distinción de religión y cultura.

También en esta visita, el Papa ha anunciado que ha nombrado presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso al cardenal Jean Luis Tauran, hasta hoy Archivero y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana. Le sucede Mons. Raffaele Farina.

Benedicto XVI ha realizado esta mañana una visita a la Biblioteca Apostólica Vaticana y al Archivo Secreto Vaticano. «Dos instituciones que, por el importante servicio que brindan a la Sede Apostólica y al mundo de la cultura, cuentan con una merecida y especial atención por parte del Papa», como ha destacado el Santo Padre que, además - en el curso de esta visita - ha anunciado que ha nombrado Presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso al cardenal Jean Luis Tauran, que, hasta este lunes, era Archivero y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana.

Asimismo, el Papa ha dado a conocer el nombramiento del nuevo Archivero y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, en la persona de Mons. Raffaele Farina, promoviéndolo al mismo tiempo a la dignidad arzobispal. Hasta la fecha, era Prefecto de la Biblioteca Apostólica Vaticana, cargo que el Pontífice encomienda ahora al que fuera Vice-prefecto de la Biblioteca Ambrosiana, Mons. Cesare Pasini.

Tras reiterar su profundo aprecio por «el singular servicio que brindan a la Iglesia y, en especial al Papa», Benedicto XVI ha destacado también la acogida que la Biblioteca Apostólica Vaticana y el Archivo Secreto Vaticano ofrecen a los investigadores de todo el mundo: «En el curso de los siglos, la Biblioteca Vaticana ha asimilado y afinado esta misión suya con una característica inconfundible, hasta llegar a ser lo que es hoy: una acogedora casa de ciencia, de cultura y de humanidad, que abre sus puertas a estudiosos provenientes de todos los rincones del mundo, sin distinción de proveniencia, religión y cultura. Vuestra tarea, queridos amigos que cotidianamente trabajáis aquí, es la de custodiar la síntesis entre cultura y fe, que mana de los preciosos documentos y tesoros que custodiáis, de los muros que os rodean, de los museos que tenéis cerca y de la espléndida basílica que se ve resplandecer desde vuestras ventanas».

Benedicto XVI ha señalado que conoce muy bien, asimismo, el importante trabajo que se desarrolla en el Archivo Secreto: «Conozco muy bien además el trabajo que se lleva a cabo, con humilde y casi escondido empeño cotidiano, en el Archivo Secreto, meta de tantos investigadores provenientes del mundo entero: en los manuscritos, menos solemnes de los ricos códigos de la Biblioteca Apostólica, pero no menos relevantes por su interés histórico, ellos investigan sobre las raíces de tantas instituciones eclesiásticas y civiles. Estudian la historia de tiempos lejanos y recientes, pueden delinear los rasgos de figuras ilustres de la Iglesia y de la civilización y hacer conocer mejor la obra multiforme de los Pontífices Romanos y de tantos Pastores».

Destacando el interés demostrado por enteras generaciones de historiadores de todo el mundo que han consultado el Archivo Secreto Vaticano, el Papa ha recordado que diversas naciones europeas han fundado en la Ciudad Eterna especiales institutos culturales para profundizar en los importantes documentos que se conservan en este «tan antiguo y rico cofre de la Iglesia de Roma».

No sólo para investigar sobre periodos lejanos, sino también sobre épocas más cercanas, ha señalado Benedicto XVI, recordando el gran interés suscitado por la apertura, que él mismo decidió el año pasado, de los documentos del pontificado de Pío XI.

Alabando luego el servicio desinteresado y ecuánime que el Archivo Secreto Vaticano ha ofrecido - «manteniéndose alejado de estériles y a menudo débiles visiones históricas de parte y ofreciendo a los investigadores, sin preclusiones y prevenciones, el material documental en su posesión, ordenado con seriedad y competencia», el Papa ha mencionado las manifestaciones de aprecio y estima de Institutos culturales y de investigadores particulares de diversas naciones. En particular, Benedicto XVI ha contado que él mismo tenía el anhelo de poderse dedicar a la investigación de estos documentos que atesoran la historia de la humanidad y del cristianismo: «Confieso que, al cumplir mis setenta años de edad, hubiera anhelado que el amado Papa Juan Pablo II me concediera poderme dedicar al estudio y a la investigación de los interesantes documentos y hallazgos que custodiáis con esmero, verdaderas obras maestras que ayudan a recorrer la historia de la humanidad y del cristianismo. En sus diseños providenciales, el Señor ha establecido otros programas para mi persona y heme aquí, hoy, entre vosotros, no como apasionado investigador de antiguos textos, sino como Pastor llamado a alentar a todos los fieles a cooperar en la salvación del mundo, cumpliendo cada uno la voluntad de Dios, allí donde él nos coloca para que trabajemos».

En su discurso, el Santo Padre ha recordado que, como es sabido, la Biblioteca Vaticana se apresta a afrontar importantes obras de restauración y ha terminado sus palabras recordando que los que trabajan en esta institución y en el Archivo Secreto tienen el cometido de realizar su vocación cristiana en contacto con ricos testimonios de cultura, de ciencia y de espiritualidad.

A los que cumplen este importante servicio al público y a los organismos de la Curia Romana, en el que cuentan también con avances técnicos e informáticos, Benedicto XVI los ha exhortado a considerar su trabajo como «verdadera misión, desarrollándola con pasión y paciencia, amabilidad y espíritu de fe». Preocupándose siempre por «ofrecer una imagen acogedora de la Sede Apostólica, con la conciencia de que el mensaje evangélico pasa también a través del coherente testimonio cristiano».

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