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14 oct 2011

El papel formador del bibliotecario

Por: Rafael Ibañez

La reciente difusión en los medios de comunicación del Plan Estratégico de la Biblioteca de la Universidade de Santiago de Compostela ha desempolvado un viejo debate que, sinceramente, a estas alturas creía superado en su totalidad. Es cierto que los titulares informativos estaban redactados en forma tal —“Los bibliotecarios de la Universidade tendrán función de formadores”— que parecían sumarse a sus tareas habituales nuevas responsabilidades docentes, lo que en estos tiempos de crisis que padecemos suena a reducción de recursos humanos o aumento de la presión laboral. 

El desacierto de los titulares, sin embargo, quedaba paliado en el cuerpo de la noticia, que explicaba el verdadero significado y alcance de la función formadora de los bibliotecarios de la BUSC. En la práctica, el mencionado Plan Estratégico vendría a reconocer el papel formador que le es propio al bibliotecario universitario, siquiera porque el Espacio Europeo de Educación Superior así lo exige.


Lamentablemente, en algún debate entre profesionales se oyó alguna voz discordante entre las casi unánimes felicitaciones que suscitaba este reconocimiento de los bibliotecarios como formadores. Quien discrepaba de la mayoría parecía hallarse conforme con el viejo cliché anquilosado del bibliotecario “guardián de los libros”, erudito de un conocimiento profesional imprescindible para acceder al conocimiento bibliográfico, y defendía su postura con peregrinos argumentos que confundían la formación con la docencia o exigiendo retribuciones extraordinarias por tareas que entendía exógenas a la responsabilidad del bibliotecario.
A nadie se nos escapa que vivimos en un mundo en vertiginosa evolución, en el las nuevas tecnologías de la comunicación y la información parecen reducir distancias y tiempos. Pero si nos detenemos a tomar un poco de aire y reflexionar sobre lo que estamos viviendo observaremos que, al margen de los deslumbrantes cambios tecnológicos, al menos en la profesión bibliotecaria la mutación no es tan radical como pudieran creer los profanos.
Básicamente, dos son los rasgos que tradicionalmente han diferenciado centros de documentación y bibliotecas: mientras los primeros carecían de colección documental física y el usuario dependía plenamente de las habilidades del documentalista para localizar la información deseada y/o necesitada, las segundas se caracterizaban precisamente por su colección, que debía estar organizada de tal manera que el usuario pudiese acceder de manera autónoma a los documentos y la información requerida. Esa autonomía se reforzaba con la llamada formación de usuarios, destinada a orientar al ciudadano en el laberinto bibliotecario y el elemental manejo de las herramientas informacionales entonces disponibles (desde el catálogo a una enciclopedia, pongo por caso). Los avances en materia de TIC han difuminado los límites entre ambos servicios, inicial y especialmente en las entidades e instituciones dedicadas a la investigación (entre las que se encuentran las Universidades). Por eso, las bibliotecas van siendo menos depósitos y más servicios de selección de referencias de documentos accesibles desde otros centros
Esta mutación no exime a los bibliotecarios de sus tareas formativas sino que, antes al contrario, las convierte en más necesarias aún si se quiere mantener la autonomía del usuario en los nuevos centros de recursos informacionales en que se están convirtiendo las bibliotecas. De esta manera, lo que antes era meraformación de usuarios se ha convertido en alfabetización informacional, una tarea empeñada en desarrollar las habilidades informacionales en los usuarios.

Bibliotecas universitarias

La modificación del panorama universitario en Europa parece coherente con esta realidad en lo que a los servicios bibliotecarios se refiere. Ya en el Plan Estratégico 2003-2006 de Rebiunse decía:
Del concepto de biblioteca como centro de soporte a la docencia se ha pasado al concepto de biblioteca como Centro de Recursos para el Aprendizaje (CRA). Es necesario, pues, pasar del papel tradicional de la biblioteca universitaria española, pasivo, reactivo, no participativo, a un papel de participación en el aprendizaje, la docencia y la investigación; un papel activo y participativo.
Los bibliotecarios deben ser consejeros indispensables en el nuevo entorno electrónico. Deben ayudar al profesorado a identificar y a evaluar las fuentes de información, siendo más asesores que guardianes de colecciones. La Biblioteca universitaria y los bibliotecarios deben ser considerados como socios imprescindibles en las tareas de la innovación educativa.
La transformación de las Bibliotecas Universitarias en Centros de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación [CRAI] supone, en definitiva, el reconocimiento práctico de los bibliotecarios como personal formador, algo que de alguna manera debería quedar plasmado en su estatus profesional. Esto no quiere decir en absoluto que debamos considerar el término “bibliotecario formador” como sinónimo de “bibliotecario docente”, sino que el personal bibliotecario debe no sólo participar muy activamente en el desarrollo de las competencias informacionales del alumnado en estrecha colaboración con el claustro docente sino también procurar el desarrollo de estas habilidades en el profesorado mismo, de manera que su participación en la investigación y la formación de los estudiantes llegue a ser una tarea conjunta y armónica, cada uno desde su propia responsabilidad.

Bibliotecas en otros Centros Educativos

Lo dicho es igualmente válido para las bibliotecas de los centros educativos en otros niveles. Siquiera por emulación, parece cada vez más evidente que la formación profesional de calidad requiere cada vez un mayor grado de competencias en gestión de la información, lo que exige la creación en estos centros educativos de auténticos CRA que participen en la necesaria transformación pedagógica y el rediseño curricular, como ya han señalado algunos autores. Y otro tanto cabe decir de las bibliotecas escolares, que deberían seguir los pasos que ya están dando las bibliotecas universitarias, actitud que ya se defendió en el V Congreso Internacional Virtual de Educación (2005):
El CRA parece llamado no sólo a ser la unidad para el control, identificación, búsqueda y recuperación de recursos informativos para Educación, sino, además, un centro de edición de materiales educativos, un soporte de comunidades virtuales de aprendizaje, plataforma de la inoculación de la pizarra electrónica en el aula y gestor de los objetos de aprendizaje adecuados […].
Obviamente, los objetivos de los CRA en los centros escolares no serán idénticos a los propios de los CRAI universitarios, pero no por ello serán menos importantes, pues deberán participar en el desarrollo del espíritu crítico y de las competencias lingüísticas y comunicativas de los menores, proporcionando a los escolares las estrategias de aprendizaje habilidades documentales y tecnológicas necesarias, como ha explicado Gloria Durban.

Bibliotecas Públicas

Pero estas responsabilidades no son exclusivas de los bibliotecarios vinculados a entidades educativas o de investigación, sino que también son propias de quienes desempeñan su trabajo en bibliotecas públicas, en las que deberían fomentarse aún más los programas de alfabetización informacional. Con el sano propósito de mantener la ya mencionada autonomía del usuario en bibliotecas en las que cada vez están más presentes las nuevas TIC, las bibliotecas públicas deben esforzarse en la formación en competencias que doten al usuario de las herramientas y habilidades necesarias para localizar, evaluar y utilizar de manera eficaz la información que necesita, definir las necesidades de información, identificar fuentes y recursos, y realizar estrategias de búsqueda adecuadas. Se trata de una necesidad imperiosa que las bibliotecas públicas deben atender como centro que son de autoformación continuada, dado que el mercado de trabajo exige cada vez más trabajadores que tengan habilidades en búsqueda y gestión de información; más aún: porque la carencia de competencias informacionales recorta la libertad de decisión de los ciudadanos.

4 oct 2011

De las bibliotecas escolares a las bibliotecas universitarias: reflexiones sobre alfabetización informacional


Por: Ana A. Chiesa


El documento de Gloria Mercedes Lozano De las bibliotecas escolares a las bibliotecas universitarias: reflexiones sobre ALFIN se sustenta en la necesidad de iniciar al alumnado en el desarrollo de habilidades en información desde el comienzo de la educación formal articulando el trabajo de la biblioteca escolar con el trabajo del aula e incluyendo al ALFIN como eje transversal de todas las áreas del conocimiento. La autora afirma “Cuando la biblioteca escolar se ponga al día con esa importante asignatura pendiente, la biblioteca universitaria se podrá dedicar a otras muchas actividades para formar eficientemente a profesionales e investigadores en las labores formativas e investigativas que requiere su grado de especialización”

Este documento presenta propuestas de trabajo para trabajar la ALFIN desde la biblioteca escolar según el nivel de enseñanza y convertir a esta en un hábito. Acompañan a la propuesta de trabajos algunas consideraciones pedagógicas a tener en cuenta en donde se prioriza “la armonía que debe existir entre el trabajo participativo de la comunidad educativa, el conocimiento de planes y programas de estudio, la utilización de todo tipo de fuentes documentales acorde con los niveles escolares y la utilización de dinámicas diferentes de aplicación de aprendizajes en los grupos participantes”


RESUMEN 



La experiencia de trabajo profesional en bibliotecas escolares durante más de 15 años me ha demostrado que dichas bibliotecas cumplen un papel vital en cuanto a la formación de usuarios hoy alfabetización informacional, que permite a los integrantes de la comunidad educativa (padres, maestros, alumnos, personal administrativo, comunidad en general),  hacer uso correcto y adecuado de los recursos bibliográficos, audiovisuales y telemáticos existentes para su formación integral dentro y fuera de las aulas, así como en su vida diaria no solo como parte de la comunidad educativa sino como miembros activos de un entorno que continua en la universidad y termina en el diario vivir. 
El trabajo de enseñanza de la utilización de todos los medios existentes para formarse, informarse y recrearse, es una misión que nace en la biblioteca escolar, que debe continuar en la biblioteca pública  y en la universitaria, para dotar a los usuarios de las habilidades necesarias para el manejo autónomo de todo tipo de recursos en cualquier situación que le presente la vida diaria. 
Además se presenta un modelo de
formación para ser aplicable paulatinamente durante todos los años de enseñanza formal
en las aulas. Finalmente hay que destacar que cuando las bibliotecas escolares cumplan
verdaderamente su misión podremos tener bibliotecas universitarias dedicadas a otras
labores complementarias de alfabetización informacional.




24 nov 2008

LA FORMACIÓN DE USUARIOS EN LA BIBLIOTECA PÚBLICA VIRTUAL.

RECURSOS Y PROCEDIMIENTOS EN LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS ESPAÑOLAS


Fco. Javier García Gómez

Biblioteca Pública Municipal. Ayuntamiento de San Javier (Murcia)



Resumen: Las bibliotecas públicas españolas cuentan con sedes Web en un nuevo entorno de trabajo digital. Estas bibliotecas están prestando ya sus servicios en sus sucursales virtuales. Nos interesa analizar la formación de usuarios en sus sedes Web. Revisamos y examinamos los recursos y servicios para la formación de usua-rios en estas bibliotecas públicas a través de la World Wide Web. En las conclusio-nes mostramos el nivel de desarrollo alcanzado por las mismas. Asimismo, aporta-mos algunas recomendaciones sobre el diseño de sedes Web de bibliotecas públicas enfocadas hacia la formación de usuarios.

Texto completo en: http://eprints.rclis.org/14245/1/ad0707.pdf

1 sept 2008

Formación Especial para la Educación de Usuarios en las Bibliotecas Públicas

60th IFLA General Conference - Conference Proceedings - August 21-27, 1994

Dr. Emilio Setién
Investigador Titular
Biblioteca Nacional José Martí, Cuba

PAPER

La educación de usuarios en las bibliotecas públicas es una tarea compleja porque estas instituciones son, por definición, bibliotecas con colecciones generales universales, sus servicios se organizan para todos los miembros de la comunidad donde están situadas y complementa los servicios de bibliotecas escolares, universitarias y especializadas. Por otra parte, los pr ogramas de educación de usuarios en estas instituciones incluyen la educación en el uso y manejo de las bibliotecas y la promoción de la lectura.

Así, las bibliotecas públicas enfrentan necesidades de lectura que pueden tener su origen en la actividad laboral del individuo, en sus estudios, investigación o deseos de entretenimiento y recreación. Estas necesidades llevan a la organización de distintos servicios. En primer lugar, a la organización del servicio de préstamo de documentos, que es el servicio esencial de una biblioteca, así como servicios de referencia complementados por los de información bibliográfica y, en ocasiones, por los de información científica. Organizan asimismo actividades para captar usuarios y para contribuir al mejoramiento de las conductas lectoras en la sociedad.

Estas bibliotecas están, pues, presentes en todas las etapas del ciclo de circulación social de la información. De acuerdo con los diversos tipos de usuarios que acceden a las bibliotecas públicas, estas instituciones incluyen en su estructura secciones para tipos especiales de lectores, o se organizan para ello en instituciones especiales de carácter púb lico.

En general, se organizan servicios especiales de biblioteca pública para niños, pacientes de hospitales, reclusos, personas con deficiencias físicas y mentales. Estos grupos presentan peculiaridades sociopsicológicas que conducen a la consideración de motivaciones y objetivos distintos en la concepción de los programas de educación de usuarios de l as bibliotecas públicas. Estas peculiaridades están influidas, además, por la composición sociodemográfica de los lectores (edad, escolaridad, ocupación) y por las condiciones que prevalecen en el tipo de asentamiento humano donde viven (ciudades, pueblos, comunidades, zonas rurales o montañosas.

Las habilidades y el comportamiento lector (sistemat icidad, frecuencia, intereses temáticos), así como las actitudes ante la lectura (pasiva, activa, creadora) son también factores fundamentales a considerar en el establecimiento de la tipología de los lectores con el propósito de organizar programas de educación de usuarios. Todos estos factores han de ser considerados para identificar las motivaciones y los objetivos de tales programas en las bibliotecas públicas. Por otra parte, la actuación de las bibliotecas depende de sus colecciones y la formación de estas de la posibilidad de esas instituciones para la adquisición (presupuesto, acceso a los canales de difusión de documentos). Estos últimos elementos son factores importantes para garantizar las acci ones prácticas que deben incluirse en los programas de educación de usuarios.

Todas las características apuntadas, y sus permutaciones, conducen a programas de educación de usuarios muy específicos en las bibliotecas públicas. Estos programas son prácticamente singulares puesto que cada grupo de lectores presenta sus propias características y es casi imposible utilizar el mismo programa para dos grupos diferentes. Esta complejidad constituye un reto para la formación del bibliotecario que tendrá a su cargo programas de educación de usuarios en las bibliotecas públicas. Los requerimientos para este tipo de bibliotecario no pueden ser satisfechos por los programas de formacin de pregrado o por cursos generales de postgrado sobre Bibliotecología. Estos sólo pueden aportar los principios generales de la educación de usuarios. Consecuentemente, las habilidades para la educación de usuarios para quienes trabajan en bibliotecas públicas deben ser obtenidas mediante estudios complementarios de postgrado, ajustados a las instituciones específicas donde trabajan.

El instrumento más racional para esos estudios complementarios es el entrenamiento programado. El entrenamiento ofrece la oportunidad de integrar los principios de educación de usuarios aprendidos previamente con los conocimientos específicos de las caracteríisticas sociopsicológicas y sociodemográficas del grupo a que se desea orientar el programa de educación, con los resultados de la investigación sobre sus comp ortamientos y actitudes de lectura; sobre las posiblidades reales y potenciales del fondo bibliotecario.

Tal entrenamiento debe incluir, entonces, el análisis de la literatura especializada e investigación de campo para obtener el conocimiento necesario sobre los factores antes mencionados. Sobre esta base, y como resultado del entrenamiento, los bibliotecarios estarán en condiciones de presentar el sistema de motivaciones, objetivos y acciones que deben conformar el programa de educación de usuarios deseado.

Las bibliotecas públicas cubanas tienen características que pueden ser comunes a este tipo de bibliotecas en otros países en desarrollo. Actúan principalmente como complemento de las bibliotecas escolares y universitarias. No obstante, todos los sectores de la comunidad reciben sus servicios; así se organizan salas destinadas a los adultos, los niños, los ciegos y débiles visuales; más recientemente han comenzado a crearse salas para jóvenes.

A través de los servicios de extensión se atienden a pacientes hospitalizados, reclusos, discapacitados físicos, a personas que viven en zonas rurales o montañosas alejadas de las bibliotecas. En algunas de estas instituciones se realiza un trabajo de colabora ción con psiquiatras, organizando actividades de lectura destinadas a personas con retraso mental (especialmente a niños con ese retraso).

En las bibliotecas provinciales y en algunas municipales los servicios bibliográficos crecen rápidamente y en ocasiones se producen monografías y reseñas basadas en las colecciones del fondo con el fin de apoyar los programas de investigación que se llevan a cabo en los territorios sobre la historia y la cultura.

Al considerar todas estas peculiaridades, se hace evidente que la formación del bibliotecario para llevar a cabo programas de formación de usuarios en las bibliotecas públicas necesita del entrenamiento programado explicado en este trabajo. En Cuba ya se han alcanzado algunas experiencias en este sentido, especialmente en el tema de educación de lectores discapacitados , pero lo hecho se puede mejorar.

Fuente http://www.ifla.org/IV/ifla60/60-sete3.htm

23 feb 2008

Programa de Formación de Usuarios para la Enseñanza General en Cuba

Pilar Grafton Horta
Mercedes Alfonso Chomat
Soraya Díaz Sirgo

ABSTRACT
Los conocimientos y habilidades que deben poseer los alumnos sobre los recursos disponibles en una biblioteca ha sido objetivo permanente de las bibliotecas escolares, sin embargo, a pesar de que en el sistema escolar cubano han existido orientaciones específicas para lograr esta meta, podemos afirmar que, de forma general, no se han obtenido los resultados esperados. Debido a ello, se comienzan a aplicar programas que de forma graduada desde la enseñanza primaria permitan desarrollar las destrezas necesarias para buscar la información en los distintos tipos de materiales impresos disponibles y que, al mismo tiempo, coadyuven a la formación de hábitos de lectura y de estudio independiente.


Texto completo en el siguiente enlace Programa de Formación de Usuarios para la Enseñanza General en Cuba
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