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17 sept 2018
¿A dónde van los libros que no venden?: entre la guillotina, el saldo y los regalos
Por: Silvina Premat

¿A dónde van los libros que no venden?:
entre la guillotina, el saldo y los regalos
"Recibí
un mail de la editorial informándome que tenían 1500 ejemplares en un estado en
el que no se podían vender. Me comunicaban que iban a destruirlos y me ofrecían
que, si quería algunos, podía retirarlos del depósito. Fue un shock porque
creía que el libro se vendía muy bien". La anécdota es de Laura
Ramos en referencia a Corazones en llamas, la reedición de
su libro en coautoría con Cynthia Lejbowicz, pero evoca una situación por la que
atraviesan muchos autores en virtud de un hecho poco difundido y sobre lo que
algunos prefieren no hablar: la guillotina como destino final de los libros.
Una
práctica común en las grandes editoriales del mundo, y también en nuestro país,
la destrucción de libros es impulsada no
ya por razones ideológicas como en los regímenes autoritarios, sino por la
dinámica del mercado editorial. La necesidad de hacer lugar en los
depósitos, propios o alquilados, en los que se almacenan los ejemplares no
vendidos y reducir los costos pone en marcha todos los años para esta fecha, en
previsión del cierre de los balances, un procedimiento similar en las
diferentes empresas.
"Antes de llegar a esa instancia se evalúan
donaciones, venta interna en la editorial y venta al autor", cuenta
a LA NACION la gerenta de Marketing y Comunicación de Penguin Random
House, Valeria Fernández Naya, quien para hablar de la eliminación de libros
recurre a un eufemismo. "No se
destruyen, se reciclan y se utilizan para otros libros", afirma e
insiste en que la destrucción "es
el último recurso" y en que en siete años de trabajo supo solo de tres
libros que fueron al picadero de papel. Agrega que "es un tema muy
delicado porque según cómo se aborde" puede generar conflictos "por
lo que representa en la Argentina la destrucción de libros". Tal
precaución lleva a la multinacional con la que PRH comparte la representación
de la mitad del mercado editorial argentino, el Grupo Planeta, a no atender a
la prensa. "No se podrán brindar los datos requeridos ya que es
información confidencial de la empresa a nivel global", fue la respuesta
de ese grupo editorial a la solicitud de LA NACION. No obstante, se sabe
que también Planeta destina a la guillotina buena parte de los ejemplares que
tienen al menos dos años de publicación y son devueltos por las librerías por
falta de venta o por estar fallados.
La
eliminación de libros llegó al país con el crecimiento de la industria y de la
mano de los grupos empresariales que hoy tienen una treintena de sellos y que
publican un promedio de 40 nuevos títulos cada mes -entre 500 y 700 por año-
con tiradas de entre 2000 y 50.000 ejemplares o más. Errores en los cálculos de
ventas al decidir la tirada o imponderables del mercado se traducen en cientos
de miles, y hasta millones, de ejemplares que se van acumulando en los
depósitos.
La falta
de información precisa alimenta mitos que no llegan a desmentirse.
"Cuando
fui a buscar algunos ejemplares estaba compungido por lo que percibía como un
cierto fracaso. Un empleado de la editorial que me ayudó a llevarlos hasta el
auto intentó consolarme; me dijo que estaba contactando a otros escritores por
lo mismo y que me quedara tranquilo que
no serían como los nazis que destruían libros, sino que ellos los reciclaban y
con eso hacían maples para huevos...", comenta otro autor
que, por la seriedad de su interlocutor, se fue convencido de haber salvado al
menos dos centenares de libros de esa suerte.
Fernando
Fagnani, editor de Edhasa que, por política editorial, no destruye ni salda
libros, llama a "desacralizar la
cuestión". Considera que "es
importante dejar de ver al que destruye un libro como un delincuente porque eso
es un disparate”. Publicar 500 novedades en un año es muy meritorio y tener
que destruir algunos es un efecto colateral y una práctica legítima. Me parece
que hay un purismo con los libros que lo entiendo como lector, pero desde el
lado de la editorial es totalmente lógico. “Hacer un culto por el libro en sí no tiene mucho sentido".
Como
otras editoriales medianas o pequeñas, Edhasa publica un promedio anual de
treinta títulos y con tiradas de entre 1500 y 3000 ejemplares. "Son
apuestas editoriales diferentes. Los más grandes apuestan por el público y si
el lector no está tienen que hacer algo porque no pueden tener en el balance y
en los depósitos cientos de miles de ejemplares, que son un costo importante,
en honor a nada porque se sabe que la ruleta no vuelve a pasar por ahí",
explica Fagnani al referirse a libros que "difícilmente tengan una sobrevida" porque, por ejemplo, tratan
temas coyunturales. "Cuando la apuesta es más a la literatura o los
ensayos no se acumula tanto stock y los riesgos son menores. Puede pasar que
apostás por autores que a lo mejor no venden mucho en el primer libro, sino con
el segundo o tercero unos años después", continúa Fagnani, para quien
"las gestiones chicas son más intensivas, con pocos libros publicados;
aunque esto no quiere decir que salga bien".
María
Teresa Carbano, directora de la editorial Imaginador, agrega otro factor.
"Hay una flexibilidad que tiene la pequeña que no la tiene la grande.
Hasta ahora, no sé qué pasará con los cambios del dólar, muchas editoriales
chicas venían imprimiendo bajo demanda tiradas, por ejemplo, de 300 ejemplares.
No tendemos a destruir; nos cuesta tomar
esa decisión y hacemos una oferta especial, buscamos exportar o saldar".
En este contexto, la opción de abaratar los precios y ofrecerlos a los
"salderos" o librerías "de viejo" es elegida por algunos
sellos y escritores y rechazada por otros que incluyen en los contratos la
prohibición de "saldar" los ejemplares no vendidos para no poner en
evidencia lo que entienden como un fracaso personal.
"No
hay nada vergonzoso en que los ejemplares de una tirada común vayan a una
librería de saldos. El comprador de saldos no necesariamente lleva novedades, y
viceversa. Son segmentos distintos. Yo me crié leyendo libros de saldos de la
calle Corrientes", dice Daniel Guebel, otro de los escritores que
"salvó" de la guillotina dos de sus libros, La carne de
Evita y Ella. "Con la publicación de nuevos libros la vida útil
de un título se agota mas rápido; si se venden poco, no significa que mis
libros son peores que otros. Es una cuestión de mercado", dice el escritor
y cuenta que se hizo cargo de los ejemplares que le dio la editorial, donó
algunos a Filba, que a su vez los dieron a bibliotecas y al resto lo está
obsequiando a los clientes de Tanizaki, su restaurante de sushi en Palermo.
"Con la cuenta, el mozo les lleva
un ejemplar de regalo. Tenemos la idea de hacer lo mismo con libros de
otros autores que estén en la misma situación".
Laura
Ramos también encontró una forma de regalar los ejemplares de Corazones en
llamas, cuya primera edición en los años 80 había vendido 50.000 ejemplares. Los ofreció a través de su muro de Facebook
y a las pocas horas tenía más de mil pedidos. Había pensado responder uno a
uno, pero fueron tantos que directamente puso la dirección donde debían
retirarse, la del periódico Mundo Villa, cuyos directivos habían
aceptado su propuesta de distribuirlos gratis en las barriadas donde circula
esa publicación. "Se repartieron unos 600 ejemplares. Me quedé con la idea
de que la gente interesada en Corazones en llamas no se había
enterado de la reedición, porque los mensajes eran de sorpresa en
general", admite la escritora. Y suma: "El shock que provoca en un autor el hecho de que se destruyan sus
libros es tan poderoso que no se suele quedar con energía para convertir esa
tristeza en acción. Es demoledor y vergonzante, pero a mí me dio mucho
entusiasmo poder obsequiarlos".
También
a las redes sociales recurrió Germán Beder para ofrecer La vez que casi me
muero y otros relatos y en una hora y media "volaron" doscientos
libros. "Lo hice creyendo que no iba a tener ningún tipo de repercusión.
Lo que pasó marca que la gente sigue leyendo, pero que los libros son muy caros
y supongo también que, en este escenario del país, lo gratuito llama más la
atención. De otra forma es inexplicable tanto interés", bromea Beder, para
quien la destrucción "es una situación un poco traumática". Al momento
de recibir la comunicación de la editorial se sintió disgustado y dolido.
"Después recapacité y valoré que me hayan regalado los libros antes de
tirarlos", recuerda.
Donar no siempre es fácil
¿Por qué
no los regalan las mismas editoriales? Las donaciones a instituciones no están
incluidas como política permanente de los grandes grupos aunque hagan algunas
en ocasiones especiales. Planeta, por ejemplo, donó ejemplares para el último
Festival BAN y en una acción conjunta con Disney, por los 90 años de Mickey, al
Hospital Durand. PRH suele regalar libros al Hospital Garrahan y a la Fundación
Leer. "Hay libros que no te queda otra porque no se pueden rescatar,
pueden estar deteriorados, rotos, con humedad, amarillos o picados por
insectos. Y otros que, por la temática que tratan, tampoco se pueden donar como
los de contenido erótico, por ejemplo", dijo Fernández Haya.
Edhasa
acostumbra enviar a bibliotecas y cárceles ejemplares con la tapa rota u hoja
doblada, e Imaginador, como otros sellos pequeños, dona a la Fundación El Libro
y a las cámaras del Libro y de Publicaciones y estas los distribuyen.
¿Y las
bibliotecas? "La Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) no
acepta donaciones de las editoriales, salvo alguna que otra excepción, porque las
bibliotecas son asociaciones civiles independientes que manejan su dinámica
bibliográfica como se les da la gana. No podemos aceptar una donación y
mandársela a una biblioteca porque esta puede quererla o no y porque tampoco
tenemos recursos para enviarlas al interior", dijo a LA
NACION Leandro De Sagastizábal, titular de la Conabip. Para evidenciar la
diversidad de intereses de las bibliotecas recordó que en la última edición de
la Feria del Libro, 1054 bibliotecas populares de todo el país compraron 37.000
títulos distintos. Y agregó: "Por otro lado, no queremos llenar las
bibliotecas de los rezagos buenos o malos de gente que decide mudarse y le
sobró la mitad de libros, o las editoriales que en vez de destruir lo quieren
mandar a la biblioteca; queremos la biblioteca llena de los mejores libros, los
nuevos, los que atraen lectores". No obstante, De Sagastizábal aclaró que
la destrucción, con la que él personalmente no está de acuerdo
"nunca", muchas veces "no tiene que ver con la calidad del
material sino con un error en la tirada inicial" o con ciclos económicos
complejos, y que las editoriales o los autores se contactan directamente con
las bibliotecas.
Donde
reciben gustosos algunas donaciones es en la Fundación Leer, a la que llegan
pedidos de libros desde escuelas y bibliotecas del interior.
"Tenemos
una fluida relación con las editoriales porque saben que las donaciones que
hacen llegan a destinatarios que los necesitan, pero somos muy cuidadosos del
tipo de libros que aceptamos", comparte Patricia Mejalelaty, su
presidenta. En cada reunión que ella mantiene con editores repite un mismo
pedido: que la posibilidad de donar a instituciones los ejemplares que no
logran un canal de venta efectivo sea establecida por una cláusula de los
contratos con los autores. "Esto facilitaría las cosas y evitaría que las
donaciones sean acciones esporádicas", augura.
PREMAT, SILVINA, 2018. ¿A dónde van los libros que no venden?: entre la guillotina, el saldo y los regalos. [en línea]. [Consulta: 18 septiembre 2018]. Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/2172443-a-donde-van-libros-no-venden-entre.
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1 feb 2018
El libro más lujoso del mundo se hundió en el Titanic
Por: Alfredo
Álamo
* Se
trataba de una extraordinaria edición del Rubaiyat.
* Era un
libro único en el mundo.
En el
Londres de 1900, George Sutcliffe y Francis Sangorski se habían ganado una
merecida reputación como artesanos, reviviendo la tradición medieval de
los libros enjoyados, cuidados hasta el más mínimo detalle. Por eso no es de
extrañar que Henry Sotheran’s, una de las librerías más prestigiosas de la
época, les encargara una edición única y maravillosa del Rubaiyat.
El Rubaiyat es
una colección de poemas de Omar Jayam, escritos en el siglo XI, y su nombre le
fue otorgado por el traductor británico Edward Fitzgerald. Hay que aclarar que
significa “cuartetos”, ya que esa es la forma usada por el autor. Este libro es
una de las más grandes obras de la literatura medieval y, en la
época, evocaba toda una idea del Oriente más exótico, cargado grandes
dosis de hedonismo.
A los
artesanos londinenses se les dio carta blanca en cuanto a los gastos. El
objetivo era crear un libro único en el mundo. Tardaron dos años en terminarlo,
pero el resultado fue el esperado. Estamos hablando de un libro ilustrado por
Elihu Vedder y decorado con detalles florales e intrincadas tallas
orientales. Más de 1000 piedras preciosas y semipreciosas fueron usadas -rubíes,
turquesas y esmeraldas-, además de casi 5000 piezas de cuero, plata, marfil y
ébano. Los bordes de las hojas fueron cubiertos con una fina capa de oro de 22
quilates.
El coste
del libro fue de 1000 libras de la época, es decir, nada más y nada menos
que 126.000 euros de la actualidad, lo que lo convirtió en todo un hito del
mundo editorial. Los libreros trataron de mandarlo a Estados Unidos, pero el
coste que exigía la aduana americana les hizo devolver el ejemplar a
Inglaterra, donde fue comprado en una subasta por Gabriel Wells por apenas 450
libras. La mitad de su precio.
Wells
decidió mandarlo de nuevo a Estados Unidos, pero el primer barco en el que
quería mandarlo no pudo hacerse cargo del envío. Se escogió el siguiente
buque, que no era otro que el Titanic, en teoría el transporte interoceánico
más seguro de la historia. Todos conocemos lo que pasó a continuación.
El libro
desapareció bajo las aguas del Atlántico y nunca más se supo de él, aunque el
sobrino de uno de los artesanos, Stanley Bray, logró recomponer un ejemplar
similar varios años después. Durante la II Guerra Mundial fue
completamente destruido durante un bombardeo alemán sobre Londres.
Pese a
todo, no se rindió, y durante casi cuarenta años trabajó en la reconstrucción
del ejemplar, que hoy se puede visitar en una sala especial de la
Biblioteca Británica, a quién lo donó en propiedad tras su muerte. Por el
momento, no parece que esa extraña maldición que parece rodear al Rubaiyat haya
hecho acto de presencia.
* Vía: BBC
Fuerte bibliográfica
ÁLAMO, ALFREDO, [sin fecha]. El libro más lujoso del mundo se hundió en el Titanic. Lecturalia [en línea]. [Consulta: 1 febrero 2018]. Disponible en: http://www.lecturalia.com/blog/2018/01/22/el-libro-mas-lujoso-del-mundo-se-hundio-en-el-titanic/.
http://www.lecturalia.com/blog/2018/01/22/el-libro-mas-lujoso-del-mundo-se-hundio-en-el-titanic/#more-42882
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16 oct 2017
Instrucciones para enterrar un libro
Por:
Guillermo Piro

No hay
género más global que el de los textos de contratapas.
No hay
género más global que el de los textos de contratapas. Uno toma un libro
publicado en Suecia, otro en la Argentina, otro en Italia y otro en Irlanda y
todas las contratapas parecen haber sido escritas por la misma persona. Es por
eso que una contratapa original se festeja más que un libro original, cosa ya
extinta de la faz de la Tierra. Recuerdo dos contratapas: la de La espuma de
los días, de Boris Vian, en la que el autor confiesa que lo que se leerá es
“una novelita miserable”, y la de El ingeniero, de Juan Rodolfo Wilcock, ésta
tal vez un caso único en la literatura universal de todos los tiempos, ya se
verá por qué.
La
novela de Wilcock es epistolar, recopila las cartas que el joven ingeniero
Tomás Plaget le envía a su abuela. Plaget se encuentra en Mendoza, trabajando
en la reconstrucción de la red ferroviaria trasandina. El asunto es que Plaget
cuenta las nimiedades que vive lejos de casa –nada excepcional, por cierto,
salvo la desaparición de algún hijo de un operario y de un lugareño. Pero al
terminar la novela –o antes, dependiendo de la ansiedad del lector– se lee en
la contratapa que el ingeniero suele festejar Navidad y Pascuas comiéndose
niños. Con lo cual todo súbitamente cobra sentido.
Pero el
hecho es que el centro neurálgico de la novela está afuera, no adentro de
ésta. No conocía otro caso de descentralidad literaria tan abrumador hasta el
otro día, cuando llegó a mis manos La Biblioteca Roja. Brevísima relación de la
destrucción de los libros, de Agustín Berti, Gabriela Halac y Tomás Alzogaray
Vanella.
La cosa
es así: entre diciembre de 1975 y marzo de 1976 Liliana Vanella y Dardo Alzogaray
enterraron parte de su biblioteca en el jardín de su casa en la ciudad de
Córdoba. Treinta años después, los tres autores indagan acerca del destino de
la biblioteca enterrada. Las excavaciones –en las que colaboran voluntarios del
Equipo Argentino de Antropología Forense– comenzaron en enero de este año hasta
dar con ella. El libro da cuenta de esa pesquisa y de otras cosas –ningún libro
resistió al paso del tiempo, polvo eres y en polvo te convertirás–, y está
acompañado por un corpus muy bonito de fotografías de Rodrigo Fierro, pero sin
ánimo de desprestigiar tan enorme trabajo debo decir que el libro no me
interesó en lo más mínimo. Hasta que di con la solapa –mejor dicho, con la
retiración de la sobrecubierta, que desplegada es a su vez una hermosa
fotografía cenital del lugar excavado. En ella se enumera lo único importante a
mi juicio, esto es, las “Instrucciones para enterrar un libro”.
Los
autores dialogan con las “conservadoras de papel”, seres femeninos sin nombre
que de verdad la tienen clara. A la pregunta “¿Qué haría falta para dejar un
libro listo para ser enterrrado?”, las conservadoras responden: “Primero lo
envolvería en un papel de buena calidad, después lo envolvería en una o dos o
tres capas de papel, después con un material sintético de alta duración que no
se deteriore, como puede ser el poliéster o el polipropileno [...]. Después lo
envolvería con una hoja de aluminio y después, probablemente, repetiría el
mismo envoltorio, papel, poliéster y aluminio otra vez. Y después lo pondría en
una lata de aluminio”.
A esas
instrucciones sigue una breve “Discusión sobre la factibilidad de la lata”,
donde Gabriela Halac cierra un declaración aspiracional de las conservadoras
(“Lo ideal es que nunca más tengamos que enterrar libros”) con una previsión
tan pesimista que no puede más que cumplirse (“La historia ha demostrado que
cada tanto hay que enterrar [libros]”).
Desde
este humilde espacio agradezco las instrucciones para enterrar un libro y
redoblo la apuesta de Halac diciendo que si hay algo que la historia demuestra
es que ninguna tiranía tiene fin.
PIRO, GUILLERMO, 2017. Instrucciones para enterrar un libro. Perfil.com [en línea]. [Consulta: 17 octubre 2017]. Disponible en: http://www.perfil.com/columnistas/instrucciones-para-enterrar-un-libro.phtml.
10 mar 2016
Un pueblo del Empordà cierra la biblioteca y tira los libros al contenedor
Por: Carla de Puig
Polémica
en el municipio ampurdanés de Avinyonet
de Puigventós tras el cierre de
la biblioteca y el destino que han sufrido sus fondos: el
contenedor azul de reciclaje. El alcalde del municipio asegura que la poca
utilización de la biblioteca llevó al Consistorio a convertir el espacio en
uncentro de coworking para emprendedores. La adaptación del espacio
requirió la retirada
de los libros que acabaron en el contenedor de reciclaje.
Entre estos, había los que había donado el abogado y exdiputado de CiU en el
Congreso, Josep López de Lerma, que ha lamentado la situación y estudia tomar
medidas legales.
Hace más
de una década que el edificio municipal de la Capella de Sant Joan
de Avinyonet de Puigventós se adaptó para convertirse “de forma
informal” en una biblioteca que albergara algunas donaciones de libros que el
Consistorio había recibido, explica el alcalde convergente, Josep Maria
Bartolomé. Hasta el día de su cierre la biblioteca apenas tenía usuarios,
asegura. “Desde 2007 hasta 2014, puedo garantizar que si han entrado cinco
personas ya es mucho”, añade Bartolomé.
Ante la
infrautilización de las instalaciones, el consistorio decidió dar otro uso al
espacio y empezó los trámites para convertirlo en un espacio de coworking. El
pleno lo aprobó por unanimidad, se publicó en el BOP y no recibió ninguna
alegación durante el período de exposición, relata el edil. Una vez hechos los
trámites, plantearon el destino que debía darse al fondo bibliográfico. Josep
Maria Bartolomé asegura que consultaron la posibilidad de vender o ceder los
libros pero que varios expertos se lo desaconsejaron por el “escaso valor” que
tenían.
Así
decidieron depositar los libros, cerca de 700 según cifras del consistorio, en
el contenedor de reciclaje de papel que hay delante de la escuela. “Una acuerdo
permite al colegio recuperar en material como folios o libretas, el peso del
papel recogido en este contenedor azul”, explica el alcalde que considera que
valoraron que esta era “la mejor opción”.
“Un genocidio cultural”
Entre
los fondos que se depositaron en el contenedor azul había dos cajas de libros
procedentes de una donación que hizo el abogado y exdiputado de CiU en el
Congreso, Josep López de Lerma. “Se trata de un genocidio cultural”, considera el
político, vinculado con el municipio del Alt Empordà. López de Lerma explica
que la pasada primavera donó a la biblioteca cerca de 550 libros, entre los
cuales había novelas de autores extranjeros, españoles y catalanes como Josep
Maria Gironella o Josep Maria Espinàs, así como libros de historia o arte sobre
el Empordà. López de Lerma discrepa de la valoración del alcalde ya que, según
su opinión, los libros tenían valor histórico, cultural y bibliográfico. “Es histriónico que se hayan tirado todos
estos libros a cambio de paquetes de folios”, juzga el abogado que
cuantifica en 2.000 los documentos ahora destruidos.
Las
cajas con los libros llegaron antes del verano al Consistorio, se depositaron
en el almacén municipal sin llegar a exponerse y este mes de febrero acabaron
en el contenedor azul. El alcalde explica que al darse cuenta de la situación
se puso en contacto con López de Lerma para pedirle disculpas y explicarle los
hechos. “Nos equivocamos al llevar los
libros a reciclar sin avisar”, justifica el alcalde que reconoce que cuando
se dio la instrucción nadie pensó en esta donación. Así es. El abogado lamenta
que el alcalde no le consultara el destino de los libros tras el cierre de la
biblioteca y asegura que tomará cartas en el asunto. “Estamos estudiando tomar
medidas legales por prevaricación administrativa y malversación de caudales
públicos”, apunta.
Fuente bibliográfica
PUIG, CARLA DE, 2016. Un pueblo del Empordà cierra la biblioteca municipal y tira los libros al contenedor. La Vanguardia [en línea]. [Consulta: 10 marzo 2016]. Disponible en: http://www.lavanguardia.com/local/girona/20160303/40171040901/emporda-cierra-biblioteca-libros-contenedor.html.
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14 sept 2015
Cómo cuidar un libro de biblioteca
Sacar un libro de tu biblioteca local es una forma genial y nada costosa de leer sin ningún cargo. Desafortunadamente, no todos saben cómo cuidar libros correctamente. Este artículo te explicará cómo mantener un libro de biblioteca en buenas condiciones desde el momento en que lo tomas del estante hasta que es tiempo de regresarlo.
Pasos
-
1Una vez que encuentres el libro, examínalo primero. Aunque lo más probable es que tenga algunas marcas de desgaste o que esté un poco roto, hojéalo para buscar páginas rotas o perdidas, manchas grandes, cosas escritas en lápiz o tinta, dibujos, etc. También revisa las cubiertas/portadas para buscar partes dañadas. Si encuentras cualquiera de estas cosas, repórtalo al bibliotecario, para que no asuman que eres responsable por el daño.Anuncio
-
2Si está lloviendo, pon el libro en una bolsa a prueba de agua antes de que lo saques de la biblioteca. Si no tienes una bolsa, pide una al bibliotecario. La mayoría de las bibliotecas tienen bolsas de plástico disponibles.
-
3Tan pronto como llegues a tu casa, pon el libro en una repisa fuerte o en una mesa. No lo pongas en un sofá, silla, o cama, ya que alguien puede accidentalmente sentarse sobre el libro y dañar la portada o las páginas si lo dejas abierto. También no dejes el libro en un lugar donde pueda mojarse, como el lavabo del baño.
-
4Ten un calendario. Marca la fecha en la que tienes que regresar el libro tan pronto como lo saques. Muchas bibliotecas pueden notificarte cuando se acerca la fecha por correo electrónico o por teléfono de forma gratuita. Pide este servicio si te ayuda.
- Conoce tus opciones para renovar el tiempo por teléfono o Internet. Si eres elegible para renovar un artículo, puede que tengas la posibilidad de hacerlo sin salir de tu casa.
-
5No escribas en un libro de biblioteca, ni siquiera con lápiz. Las marcas pueden quedarse ahí por un largo tiempo. Si quieres marcar secciones para usarlas como referencia más tarde, usa pedazos de papel como separador o post-its (pero asegúrate de quitarlas cuando lo regreses). Si el libro incluye una hoja de trabajo o un cuestionario, especialmente en ayudos de auto ayuda, para llenarlo saca una copia de la página y escribe en la copia.
- Piensa a la última vez que sacaste un libro de la biblioteca y tenia muchas cosas subrayadas, con marca textos u otras marcas excesivas. Ahora, sé cortés con lo demás. No es agradable leer un libro que ha sido "personalizado" por otra persona.
-
6Si vas a leer al aire libre, recuerda al terminar poner el libro dentro. Si llueve o se pierde el libro, tendrás que pagar para reemplazarlo.
-
7Usa un separador.. No dobles las esquinas de las hojas para separar el lugar, y no uses un lápiz y otro objeto grande; puede doblar la pasta o las páginas y perder su forma. También evita dejar el libro abierto boca abajo para separar el lugar, ni tampoco lo dejes abierto pues podría ser aplastado. Cualquier pedazo de papel (recibos, sobres) servirán como separador, o puedes hacer tu propio separador con muchos diferentes tipos de materiales.
-
8No pierdas el libro. Déjalo en tu casa o en tu mochila. Si te preocupa perder los libros de la biblioteca, elige ligares específicos para dejarlo y hazlo constantemente.
-
9Lee y disfruta el libro.
-
10Regresa el libro a la biblioteca a tiempo. Si lo dejas antes o en la fecha de vencimiento, puedes evitar el pago de multas por regreso tardío u otros cargos.Anuncio
Consejos
- Siempre recuerda que la biblioteca te presta los libros de forma gratuita. Tienes que ser recíproco cuidándolos.
- Si tienes libros sin regresar o se te hace difícil cuidarlos, puedes mejor intentar leer eBooks (libros digitales). Puedes descargar muchos clásicos de dominio público de forma gratuita, y muchas bibliotecas te prestan el libro en su forma digital.
- Si el libro está dañado, intenta no resolver el problema por ti mismo. Regrésalo a la biblioteca tan pronto como puedas, explicando amablemente lo que pasó y ellos se encargarán del libro.
- Ten mucho cuidado sobre prestar el libro a tus amigos o incluso a tu familia. porque si lo pierden o lo destruyen de alguna forma, tú tendrás que pagar por ello. Puedes decirles que ellos son responsables de los costos en caso de que algo pase.
- No leas libros de la biblioteca u otros libros prestados en la bañera o la alberca. No sólo puede caer al agua y quedar completamente arruinado, recuerda que el libro no es tuyo y tendrás que pagarle a la biblioteca (normalmente es el precio completo de venta, algunas veces a demás de gastos adicionales) para reemplazarlo.
- Si te sientes atraído a leer en o cerca del agua, elige una revista o un libro que sea de tu propiedad.
- No comas ni tomes nada mientras lees libros de biblioteca. Las manchas y derrames son difíciles de quitar, y pueden pedirte que pagues para reemplazar el libro.
- Evita dejar el libro abierto cerca de una ventana, puerta de vidrio, etc. Esto es porque el texto o las imágenes pueden empezar a desvanecerse si se dejan directamente bajo la luz solar durante un período largo de tiempo.
- Deja el libro fuera del alcance de mascotas o niños pequeños (a menos que estén bajo supervisión). Algunas mascotas pueden masticarlos, los niños pequeños podrían dibujar en él o romper las páginas si no los estás viendo.
- Si llevarás el libro de biblioteca fuera de tu casa, incluso en una bolsa o mochila, ponlo dentro de una bolsa de plástico para evitar que se desgaste y se rompa por el roce con las otras cosas que puedas llevar dentro, o que se moje accidentalmente con la lluvia o la nieve.
- Ten cuidado cuando saques copias a las páginas de un libro de biblioteca. No dobles o presiones el centro del libro y ten cuidado de no doblar las hojas.
- Regresa los libros aún y que ya se haya pasado la fecha limite. Las bibliotecas suelen usan las multas por regreso tardío para evitar que las personas regresen los libros después de la fecha límite, no tanto por el dinero. Por otra parte, los materiales perdidos que quieren reponerse son costosos. Tu biblioteca preferiría tener su libro de regreso tarde en lugar de nunca.
- Piensa dos veces antes de llevarte el libro de viaje. ¿Podrás garantizar que regrese a tiempo y en buenas condiciones? Si no estás seguro, encuentra otro libro barato que puedas llevar.
- Reporta materiales dañados cuando los regreses, ya sea que tu hayas causado el daño o no. No todo daño es obvio por fuera, y reportar esto ayudará a la biblioteca a mantener la colección de libros en buenas condiciones.
Advertencias
- Si por alguna razón tu libro está perdido o dañado, pueden pedirte que pagues una multa por reemplazo. Sin embargo, las bibliotecas entienden que los libros sólo pueden ser leídos una cantidad de veces antes de que tengan que ser retirados, así que disfruta el libro, paga por cualquier daño por negligencia que hayas causado, y señala los problemas al bibliotecario cuando regreses el libro.
- No intentes reparar el daño de un libro por ti mismo. Por ejemplo, si encuentras una página rota, repórtalo. No la pegues tú mismo. Las bibliotecas pueden reparar libros con mejores materiales y métodos que tú. No estás haciéndole un favor a la biblioteca intentando hacerlo por tu cuenta.
- Cuida lo más que puedas de no mojar el libro. Incluso si se seca, desarrollará moho, que se pasará a los otros libros. La biblioteca sabe que esto pasará y no aceptan por lo tanto libros mojados. En su lugar, tendrás que pagar una multa.
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