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12 oct 2017

¿Crees que tu hijo comparte contenido sexual en el móvil?





El diálogo abierto en el entorno familiar y la concienciación son claves para prevenir el uso inadecuado de las tecnologías por parte de los menores.

Aunque el intercambio de material sexual a través de redes sociales y servicios de mensajería instantánea (sexting) no es algo exclusivo de los menores de edad, sí que es importante estar vigilantes en los colegios y en el entorno familiar para concienciar y minimizar así las posibles consecuencias que pueda acarrear esta práctica.



En muchas ocasiones, las exparejas comparten fotos y vídeos íntimos como venganza







Cuando alguien decide enviar contenido íntimo debe saber que éste deja de estar bajo su control. En ese momento, es la otra persona quien pasa a tener el control de ese material y, en muchas ocasiones, puede utilizarlo a modo de chantaje o como venganza. En el caso de los adolescentes, muchas veces son las exparejas las responsables de subir a Internet o compartir por mensajería instantánea las fotos o videos de contenido sexual por despecho o por venganza, según advierte la Oficina de Seguridad del Internauta, un servicio puesto en marcha por el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital en colaboración con el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE).

Pero, ¿cómo debemos actuar en casa y en el colegio? El Observatorio de la Seguridad de la Información (OSI) en la Guía sobre adolescencia y sexting: qué es y cómo prevenirlo, ofrece una serie de pautas.


Pautas para prevenir el sexting

* 1. Informarse de forma conjunta:
Existen diversas organizaciones y empresas que ofrecen información sobre las situaciones en las que pueden encontrarse los menores en internet. Es importante hacerlo para fomentar un clima de confianza y descubrir de forma conjunta los riesgos. Por ejemplo, desde el propio INCIBE se ha puesto en marcha un teléfono de atención para que tanto menores como padres y docentes expongan sus dudas.

Por su parte, Orange ha lanzado la iniciativa Por un uso Love de la tecnología, que pretende mostrar a las familias las consecuencias del mal uso de las redes sociales y los dispositivos móviles. La compañía quiere convertirse así en fuente de información y de reflexión para las familias y lograr un uso responsable de la tecnología.


Así se habla del sexting en familia




* 2. Hablar de privacidad:
Es importante insistir en la prevención y, para ello, los menores tienen que ser conscientes de los riesgos que corren al exponer sus datos personales y sus fotos más íntimas públicamente.

Hay que exponer los riesgos posibles y poner ejemplos de casos de actualidad. Debe hacerse en un ambiente de confianza que facilite que el menor exponga sus ideas y problemas y así reflexione sobre las posibles consecuencias. Es importante que los padres, madres y educadores sean capaces de trasladar a los menores la confianza suficiente como para que, ante una incidencia en la Red, recurran a la opinión experta de un adulto. Orange, dentro de la iniciativa, ha potenciado ese diálogo dentro de las familias para que los menores puedan explicar a sus padres en qué consiste el sexting y expongan sus impresiones sobre esta práctica.


* 3. La factura bajo control
El Observatorio para la Seguridad en Internet afirma que, según varios estudios, el porcentaje de menores que practican sexting se quintuplica entre los que pagan totalmente sus propias facturasde teléfono frente a los que no lo hacen o solamente pagan una parte. Pagar sus propias facturas puede generar en el menor una sensación de autonomía y madurez (incluso anonimato) que le lleve a sobrevalorar sus razonamientos y percepciones de seguridad.

* 4. El ordenador, en las zonas comunes
El sexting no es una práctica que sólo se lleve a cabo a través de los smartphones, sino que los ordenadores también juegan un papel clave. Por eso, es importante colocar el ordenador en un lugar común de la casa, algo que evitará situaciones de sexting. Si el equipo se encuentra en la habitación del menor, será más fácil encontrar momentos de intimidad para realizar contenidos sexuales, mientras que si está en una zona común a la vista del resto de miembros de la familia, se reduce.

* 5. Instalar sistemas de control parental

También existen sistemas de control parental que pueden limitar e informar sobre el uso que el menor hace del ordenador.



Fuente bibliográfica
¿Crees que tu hijo comparte contenido sexual en el móvil? [en línea], [sin fecha]. [Consulta: 13 octubre 2017]. Disponible en: http://www.elmundo.es/promociones/native/2017/10/09/index.html. 

9 jun 2016

Redes sociales y adolescencia: ¿oportunidad o peligro?

Por: Mónica Setién



Con el siglo XXI plenamente asumido y con las nuevas tecnologías en todo los ámbitos, ignorar que forman parte de la vida de nuestros jovenes sería poner una venda en los ojos a nuestra realidad social. Las redes sociales son una potente herramienta y un peligro que hay que controlar. Son una ventana al mundo a la que se asoman y lo que se publica se escapa para siempre de control del usuario.

Por ello hay que enseñar a los jóvenes a usarlo con prudencia y dejar que se registren con una edad adecuada. Dos expertos opinan a favor y en contra de la utilización por parte de los adolescentes de estas herramientas.

En contra
Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres, se muestra contrario a la utilización de las redes sociales en exceso, entre otras cosas, porque crean adicción y alejan de la vida real. Hacen que los niños no perciban la realidad tal y como es, sino como la creen en su mundo virtual.

-Ciertamente parece imposible frenar la necesidad del niño preadolescente de estar conectado a sus amigos a través de las Redes Sociales. En la preadolescencia (entre los 10 y los 13 años de edad) el cerebro del niño comienza a experimentar una serie de transformaciones que, en parte tienen que ver con los cambios hormonales que despiertan en su cuerpo.

-No en todos los casos, pero sí en casi todos, y con mayor precocidad en las chicas el deseo de formar parte de un grupo comienza a ser una necesidad biológica, tanto como comer y a veces más incluso que dormir. La preocupación por su aspecto, por gustar al otro sexo, comienza a brotar con fuerza y se convierte en una necesidad y una parte fundamental de su identidad personal y social, que el niño o niña quiere que esté presente en el mundo digital.

-A pesar de todo ello, los padres debemos poner el punto de equilibrio, de sensatez y de responsabilidad en el uso que sus hijos hacen de estas herramientas. Doy muchas charlas en institutos y el grado de adicción por internet y las redes sociales es alto. A simple vista no se nota, porque es difícil diferenciar al niño de 12 años que no se separa de su móvil de su padre o madre que está conectado al whatsapp 16 horas al día; pero las consecuencias están ahí.

-Casi todos los alumnos en la era digital reconocen que su ordenador o dispositivo móvil les roba horas al sueño y al estudio. En un grupo cualquiera de alumnos de instituto son muchos más los que duermen menos de 6 horas al día que los que duermen más de 8 (lo recomendable a estas edades es dormir 9).

-Distintos estudios han puesto de manifiesto que estas tecnologías son adictivas y que aquellos que abusan de ellas experimentan más problemas de concentración, problemas de comportamiento/autocontrol y fracaso escolar.

-Puede que el empuje de la tecnología sea incontestable, pero creo que es importante ayudar a nuestros hijos a ser conscientes de sus riesgos, a saber controlarse y a seguir disfrutando de otras actividades.

-Desde lo que yo sé de cómo se desarrolla el cerebro de un preadolescente y cuales son sus necesidades, sólo puedo recomendar dos cosas. Introducir las redes sociales más tarde que pronto y ofrecer reglas y normas claras que permitan a nuestros hijos ejercer autocontrol y una desintoxicación digital en distintos entornos y momentos del día. El rato en familia debería ser, sin duda uno de ellos.

A favor
Por su parte Fernando García Fernández, profesor del colegio Irabia-Izaga de Pamplona y autor del libro Una familia en el ciberespacio, se muestra más cauto a la hora de defender o defenestrar las redes sociales y aunque asume la invasión a la que estamos sometidos, propone que en las familias se llegue a un pacto entre padres e hijos para su buena utilización.

-Es difícil discutir la afirmación de que Internet y sus servicios -especialmente las Redes Sociales- nos están cambiando. Parafraseando al Dr. Gary Small, autor de El cerebro digital, «la actual eclosión de la tecnología digital no solo está cambiando nuestra forma de vivir y comunicarnos, sino que está alterando, rápida y profundamente nuestro cerebro«; y continua afirmando que «además de influir en cómo pensamos, nos está cambiando la forma de sentir y comportarnos».

-Es cierto que algunos de estos cambios son positivos y ofrecen nuevas oportunidades que no deberíamos desaprovechar en el ámbito de la información, la comunicación, las relaciones humanas, la economía, la educación, etc. Seguro que podríamos poner múltiples ejemplos extraídos de nuestra experiencia diaria.

-Sin embargo, no podemos obviar que su mala utilización puede producir el deterioro de ciertos valores humanos como, por ejemplo, la intimidad, la empatía o la veracidad. También el uso desmedido se relaciona con problemas de rendimiento académico o falta de sueño; y el supuesto anonimato ha permitido que repunte el acoso entre iguales, el llamado ciberbullying.

-Podríamos preguntarnos por qué tienen tanto atractivo para el público adolescente y la respuesta podría ser que, por su naturaleza, las redes sociales en Internet ofrecen espacios interactivos, de socialización, en los que pueden aislarse de los adultos, en los que pueden sentirse diferentes o, incluso, construirse una personalidad a su gusto, mostrándose no como son sino como les gustaría ser.

-Por ello, la única manera de minimizar los riesgos y maximizar las oportunidades es el establecimiento de una serie de normas o pautas de uso. Siempre que en la historia de la humanidad ha aparecido una nueva tecnología se ha producido una feroz discusión entre partidarios y detractores. Por ejemplo, los primeros automóviles fueron recibidos con vítores, sin embargo, a medida que fue popularizándose su uso y empezaron a aparecer los problemas, aumentaron las voces en su contra.

El progreso tecnológico había traído aparejados otros problemas relacionados con la seguridad vial o la contaminación acústica y del aire, que intentamos minimizar cumpliendo una normativa de uso o pagando la correspondiente sanción si nos la saltamos.


-Quizá haya que pensar en una especie de código de circulación en Internet. En el caso de los adolescentes, menores de edad, ese código deberían consensuarlo los padres en el hogar y las autoridades educativas en los colegios y, a mi juicio, debería contener reglas referentes al cuándo, cuánto, cómo y para qué usan esta tecnología.


Fuente bibliográfica
SETIÉN, MÓNICA, [sin fecha]. Redes sociales y adolescencia: ¿oportunidad o peligro? abc [en línea]. [Consulta: 8 junio 2016]. Disponible en: http://www.abc.es/familia/educacion/abci-redes-sociales-y-adolescencia-oportunidad-o-peligro-201605230137_noticia.html. 

7 ene 2012

Seguridad en línea para los niños


La temporada de vacaciones es un buen momento para que los padres se actualicen en el tema.

Los PC y la creciente penetración de dispositivos móviles con conexión a la Red han cambiado la forma en que los pequeños se divierten, se comunican y aprenden. Ellos gastan gran parte de su tiempo al frente de estos aparatos y su espacio social es Internet (Facebook, Messenger, Skype, etcétera).
Microsoft, multinacional del sector de la tecnología, compartió los siguientes consejos de seguridad para proteger a los menores de edad:
- Anímelos a compartir con adultos responsables sus experiencias en la Red. Disfrútela con ellos.
- Enséñeles a confiar en su instinto. Si algo en Internet los pone nerviosos, deben decirlo. Si visitan salas de chat o utilizan programas de mensajería instantánea, videojuegos en línea u otras actividades que requieran un nombre de inicio de sesión para identificarse, ayúdelos a elegirlo y asegúrese de que no revelen ninguna información personal.
- Insista en que nunca faciliten su dirección, número de teléfono u otra información personal, como el nombre del colegio o dónde les gusta jugar.
- Tenga en cuenta que la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal es la misma en Internet que en la vida real.
- Asegúrese de que sepan que las reglas de comportamiento no cambian solo porque están frente a un computador.
- Insista en el respeto de la propiedad de los demás. Explíqueles que es ilegal hacer copias del trabajo de otras personas sin autorización o sin pagar.
- Los niños no deben acordar citas con personas que hayan conocido en la Red. Explíqueles que los amigos en línea pueden ser personas malintencionadas.


- Controle la actividad en línea de sus hijos con software avanzado. Este puede filtrar contenido perjudicial, supervisar los sitios que visitan y averiguar lo que hacen en ellos.

13 jun 2011

Adolescentes experimentan vida sin electrónicos por 6 meses



NUEVA YORK (AP) — Susan Maushart vivió el sueño de todo padre moderno: Desconectó a sus hijos adolescentes.
Durante seis meses, Maushart quitó la internet, la televisión, los iPods, los celulares y los juegos de vídeo. El fantasmagórico brillo de las pantallas dejó de iluminar la sala de estar. Los aparatos electrónicos ya no sonaban por la noche, como "grillos maléficos". Y ella dejó de llevar su iPhone al baño.
El resultado de lo que Maushart llama "El Experimento" fue una inmersión en la vida real.
Como Maushart explica en un libro publicado en Estados Unidos y llamado "The Winter of Our Disconnect" (El invierno de nuestra desconexión), ella y sus hijos redescubrieron placeres simples, como juegos de tablero, libros, viejas fotos, cenas familiares y escuchar música juntos, en lugar de cada uno conectado a su propio iPod.
Su hijo Bill, un adicto a los juegos de vídeo, llenó su tiempo libre tocando saxofón. "Cambió Grand Theft Auto por las obras de Charlie Parker", escribió Maushart. Bill dice que El Experimento fue meramente la chispa, y que él habría vuelto a la música tarde o temprano. Sea lo que haya sido, él se dedicó tan seriamente al saxofón que cuando se acabó la veda electrónica, vendió su consola de juegos y ahora estudia música en la universidad.
La hija mayor de Maushart, Anni, estaba menos "conectada" y leía más que sus hermanos, así que su transición fue la más fácil. Sus amigos pensaron que la prohibición era "cool". Cuando necesitaba computadoras para hacer las tareas escolares, iba a la biblioteca. Incluso ahora, pasa tiempo sin conectarse a Facebook.
La hija menor de Maushart, Sussy, fue la que tuvo mayores dificultades. Maushart había decidido permitir el uso de internet, TV y otros aparatos electrónicos fuera de la casa, y Sussy inmediatamente adoptó esa opción, tomando su laptop y mudándose con su padre —el ex esposo de Maushart— por seis semanas. Cuando regresó a la casa de su madre, se pasaba horas hablando por el teléfono de línea fija.
Pero la privación electrónica tuvo su impacto de todas formas: Las calificaciones de Sussy mejoraron considerablemente. Maushart escribió que sus hijos "se despertaron lentamente del estado de cognitus interruptus que había caracterizado muchas de sus horas de vigilia, y se volvieron mejores pensadores".
Maushart decidió desconectar a la familia porque los muchachos —de 14, 15 y 18 años cuando comenzó El Experimento— no sólo usaban los medios, "vivían en ellos".
"No se acordaban de la época antes del correo electrónico, o los mensajes instantáneos, o Google", escribió.
Al igual que muchos adolescentes, no podían hacer sus tareas escolares sin escuchar música, actualizar sus páginas en Facebook e intercambiar mensajes instantáneos". Las niñas se habían vuelto "meros accesorios de su propio perfil en las redes sociales, como si la vida real fuese un ensayo con vestuario para la próxima actualización".
Maushart admite haber sido tan adicta como sus hijos. Neoyorquina de nacimiento, vivió en Perth, Australia, cerca de su ex esposo, y curaba su nostalgia con podcasts desde Estados Unidos. Su mayor reto durante El Experimento fue "abandonar la falsa ilusión de avestruz de que enterrar la cabeza en información y entretenimiento de mi país era tan bueno como estar allí".
Maushart comenzó El Experimento con una medida drástica: Cortó completamente la electricidad durante unas pocas semanas, usó velas en lugar de bombillas, tomó duchas frías y comió alimentos guardados en hieleras. Cuando se acabó el apagón, Maushart esperaba que la reacción de aprecio por la electricidad suavizaría la transición de sus hijos a la vida sin Google ni celulares.
Como resultado de El Experimento, Maushart hizo un cambio importante en su propia vida. En diciembre, se mudó de regreso a Longs Island, Nueva York, con Sussy. Por supuesto, la mudada perpetuó la necesidad de Maushart de vivir en dos lugares a la vez: Mantuvo su trabajo como columnista de un diario australiano y está "viviendo en Skype", porque sus otros dos hijos se quedaron en Australia estudiando la universidad. Irónicamente, la internet alivio la transición a Estados Unidos para Sussy, que usó Facebook para establecer amistad con niños en su nueva escuela antes de llegar.
Maushart entiende que vivir totalmente desconectado por seis meses no es algo realista para la mayoría de la gente.
Pero alienta a las familias a desconectarse periódicamente. "Una forma de hacerlo es establecer un día a la semana sin pantallas. No como castigo, sino como algo especial", dice. "No hay un niño en el planeta que no preferiría jugar un juego de tablero que sentarse frente a su computadora".

15 nov 2008

Obama, la lectura y las bibliotecas


En el año 2005, cuando todavía era senador demócrata, el Presidente electo de los Estados Unidos, Barack Obama, pronunció un discurso ante la Amercian Library Association, Bound to the word, "vinculado a la palabra", que supone uno de los alegatos políticos más concluyentes y comprometidos en favor de la lectura, la educación pública y las bibliotecas que haya podido leer o escuchar en los últimos años, un análisis perentorio que, despojado de la retórica patriótica o religiosa, obligatoria en norteamérica, aboga por una acción concertada y decidida de los poderes públicos para aminorar mediante la educación en la escuela pública, los programas de alfabetización y la promoción de la lectura y el contacto con los libros las desigualdades sociales que están en la base del fracaso o del éxito escolar, del fracaso o el éxito personal y profesional.


El discurso, pronunciado ahora hace algo más de tres años, gira en torno a tres grandes ideas: la promoción de la lectura como eje básico en torno al cual gira el desarrollo integral del ser humano; el papel que las bibliotecas, las escuelas, las familias y el Estado tienen en la consecución de ese objetivo; la caracterización de la biblioteca como espacio de conocimientos y libertades donde debe fraguarse el intelecto crítico de cada lector.


"Porque creo que si deseamos proporcionar a nuestros hijos las mejores posibilidades en la vida, si queremos abrirles las puertas a diversas oportunidades mientras son jóvenes y enseñarles las competencias que necesitarán para tener éxito más adelante, entonces una de nuestras más altas responsabilidades como ciudadanos, como educadores y como padres será asegurarnos de que cada niño norteamericano pueda leer, y pueda leer bien. La alfabetización es la divisa más fundamental en la economía del conocimiento en la que hoy vivimos". "La lectura" -insiste y remacha algo más adelante, sin titubeo alguno-, "es la competencia fundamental que hace el resto del aprendizaje posible, desde los problemas complejos con palabras y el significado de nuestra historia hasta los descubrimientos científicos y la excelencia tecnológica. Y, a propósito, es lo que se requieren para hacernos verdaderos ciudadanos", porque es cierto que hay que añadir la dimensión política de la lectura a su dimensión instrumental.



Una de las primeras decisiones que deberá ratificar su posición teórica será la de la cantidad destinada a financiar programas como el Improving Literacy through School Libraries, versión norteamericana de nuestras inexistentes bibliotecas escolares, fundamento indiscutible de la alfabetización infantil cuando la familia, sobre todo, no está en condiciones de proporcionar a sus hijos el capital cultural de partida necesario para que su trato con los libros tenga la familiaridad del que disfrutan los hijos de clases más acomodadas. Si hemos de creer en sus intenciones, vale la pena leer sus palabras: "los niños procedentes de familias con bajos salarios obtienen notas 27 puntos por debajo de la media de competencia lectora mientras que estudiantes de familias más acomodadas obtienen puntuaciones 15 veces por encima a la media. Mientras que solamente uno de cada doce jóvenes blancos de 17 años posee la competencia lectora suficiente para coger un periódico y entender la sección de ciencia, para los hispanos, la cifra es de 1 entre 50 y entre los afroamericanos de 1 entre 100".

¡¡Un Presidente electo consciente de que las diferencias cognitivas que son fruto de las desigualdades sociales!! Dispuesto, además, a enmendarlas: "Vamos a comenzar con los padres. Y vamos a comenzar con las bibliotecas. Sabemos que los niños que comienzan la educación infantil con una conciencia básica del lenguaje y del sonido de las palabras, se convierten en mejores lectores y encuentran menos dificultades en los años posteriores. Sabemos que cuanto más expuestos estén los niños en sus hogares a la lectura, mejores puntuaciones obtendrán en los test de lectura a lo largo de sus vidas. Así que tenemos que invertir en programas de alfabetización familiar y en educación temprana en la infancia para que no dejar atrás a ningún niño...".Y como broche, síntesis o andanada final, algo que me hubiera gustado escuchar de algún Presidente español, de un algún político sensible de cualquier tendencia, de alguna autoridad competente relacionada con el libro: "en los albores del siglo XXI, en el que el conocimiento es, literalmente, poder, en el que abre las puertas a las oportunidades y el éxito, todos tenemos responsabilidades como padres, como bibliotecarios, como educadores, como políticos y como ciudadanos para inculcar en nuestro hijos el amor a la lectura, de manera que podamos darles la oportunidad de cumplir sus sueños".¿Dónde hay que ir a votar, caso de que fuera todavía necesario?

Fuente: http://weblogs.madrimasd.org/futurosdellibro/archive/2008/11/10/106382.aspx




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