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3 mar 2018

El canto del cisne y la violencia en la escuela

Por: José Tranier  José  Tranier




Cuando la ola neoliberal golpea con fuerza los índices de miseria y muerte forman parte de "lo esperable".

Una antigua creencia proveniente de la mitología griega suele aludir el cantar del cisne —ave que permanecía muda durante casi toda su existencia— como metáfora "última" de intervención antes de que ésta muera. Sin embargo, si nuestro objetivo fuese intentar señalar o compartir un breve análisis en torno a las formas de violencia escolar —mero eufemismo o "espejo" de violencia social y política— dicha metáfora quizás no nos alcanzaría del todo para abordar los motivos por los cuales la escuela termina siendo (la mayoría de las veces) como aquel escenario en donde las formas de violencia social y política se materializan. De esta manera, así como un terremoto activa la posterior alerta de tsunami como consecuencia "esperable" en alguna otra parte del mundo; en su correlato social local, podríamos argumentar algo semejante en relación a que cada vez que una "oleada neoliberal” comienza a golpear con fuerza, los índices de violencia, miseria, pérdida de fuentes laborales y muerte también empiezan a formar parte del orden de lo "esperable".

Aquello pudimos comprobarlo históricamente, luego del estallido del 2001, con los primeros casos de asesinatos concretos en nuestras escuelas argentinas como formas inéditas de violencia institucional por parte de aquellas infancias resocializadas antes, en los años noventa. (Basta señalar la masacre de Patagones junto con el caso del adolescente cansado de que lo apodaran "Pan Triste") entre otros casos también emblemáticos que, lamentablemente, inauguraron este campo nuevo de inscripción política.

Si tomáramos entonces como punto de referencia los casos de violencia difundidos por los medios en el año anterior, incluirían desde suicidios adentro del aula, amenazas de bombas en diferentes instituciones escolares como nunca antes, cachetazos a maestras en las escuelas y a médicos en los hospitales; palizas recibidas a una alumna por parte de sus compañeras, asesinato de un niño de diez años por un adolescente de catorce y varios bebés arrojados a basurales como metáfora "magistral" (siguiendo palabras de Bleichmar escritas allá por el 2002) de "la convicción que tienen los miserables irredentos de que su prole no tiene ni tendrá otro destino" (1).

Aquí es entonces necesario para nosotros retomar la pregunta "clásica" sobre si una lógica política-económica impacta o no en la lógica de producción de subjetividad. Y, claro está, si tal respuesta fuese positiva (como efectivamente la consideramos al menos nosotros), ni los niños que hacen o que padecen el "bullying"; ni aquellas maestras golpeadas; o los médicos y enfermeras tratando de salvar vidas amedrentados y mucho menos aquellos bebés arrojados a la basura deberían ser abordados socialmente como meros acontecimientos "individuales" —o "particulares"— sino, por sobre todas las cosas, como síntoma de aquello que viene aconteciendo —y fundamentalmente vienen padeciendo— ciertos sectores sociales específicos en la actualidad: esto es, que el desamparo, cuando está expresado en políticas públicas (independientemente de los gobiernos que las lleven a cabo) siempre tiene —y tendrá— cara y contracara de diversas formas de violencia como respuesta.


Signos
Ahora bien, a diferencia de la metáfora de aquel canto del cisne, quien permanecía "mudo" hasta tanto y en cuanto el final se acercara inexorablemente, las sociedades, históricamente, pueden dar cuenta, tanto de su sufrimiento como de su propia capacidad de transformar el dolor en lucha y esperanza, mucho antes de que la intervención "final" dé lugar a acciones como las aquí antes narradas. La niñez emite signos.

Las infancias y juventudes emiten signos. Las escuelas emiten signos y las comunidades emiten signos al compás del "latido social" que se va internalizando o percibiendo como modelo de relacionamiento de vida imperante. En este sentido, frente a los embates que viene padeciendo el colectivo docente, quizás sea necesario volver a recordar que la educación es un campo en donde la teoría, la práctica, la cultura y la política se confunden inevitablemente, y donde la actividad intelectual debe necesariamente dar paso a la acción social y política ¿Cómo estar, entonces, lo suficientemente sensibilizados para poder "captar" esos signos? ¿hacernos eco de su sufrimiento, interrogar sus orígenes o la de intentar devolverles la propia historicidad que nos atraviesa y le da sentido con el fin de incluirlos en un proyecto esperanzador?

Mientras no podamos reconstruir estas respuestas colectivamente, el basural seguirá constituyéndose como punto de partida para muchas más vidas. Y mientras no podamos regenerar condiciones objetivas (que son siempre políticas) que permitan el reencuentro y la inclusión de aquel que sufre, aquellos signos permanecerán a su vez desperdigados como pólvora en el aire y haciendo anclaje en los ámbitos menos pensados o "equivocados". Estos son, paradójicamente, aquellos que tienen que ver precisamente con proteger y recuperar la vida: en las escuelas, en las plazas, en los barrios, entre los niños, con los maestros, en las guardias y en los hospitales.


TRANIER, JOSÉ, 09 de Septiembre de 2017. El canto del cisne y la violencia en la escuela. La Capital [en línea]. [Consulta: 3 marzo 2018]. Disponible en: https://www.lacapital.com.ar/educacion/el-canto-del-cisne-y-la-violencia-la-escuela-n1466486.html. 


13 sept 2017

Bullying, ¿cómo hacer para que los chicos no sean víctimas ni victimarios?





Mateo, de tres años, le pega a Rodrigo, de la misma edad. Rodrigo le devuelve el golpe y su madre se excusa ante la otra mamá: “Yo le digo que tiene que defenderse. Tengo miedo de que le hagan bullying”. “Entiendo, yo le enseño lo mismo, porque me pasa igual”, respondió la otra.

En los últimos años el bullying cobró mayor visibilidad social. Aunque la problemática es tratada con cierta frecuencia en los medios y distintas instituciones educativas arman charlas y talleres para abordarla, los casos parecen no disminuir y los padres se muestran cada vez más preocupados frente a esta situación.

Se llama bullying al acoso que padecen algunos chicos por parte de sus pares. Se manifiesta con agresiones físicas, insultos o manipulación psicológica. Puede darse dentro del aula, en la calle o en las redes sociales. El boom de la serie 13 Reasons Why, de Netflix, que trata sobre el suicidio de una adolescente, víctima de bullying, reactualizó el tema.

“Las consecuencias del bullying son innumerables y pueden perdurar en el tiempo. Depositan en el alma de los jóvenes una sensación de vacío y resentimiento, que intoxica los vínculos afectivos de cada adolescente con su comunidad. El aislamiento, la culpa, el complejo de inferioridad, en ciertos casos, los induce a pensar que la única salida es el suicidio”, dice Elízabeth Lencina, autora de “Algo en común” , que narra la historia de chicos discriminados por distintos motivos, y participante activa de organizaciones internacionales que luchan contra el bullying.

           “Si bien el bullying existió siempre, ahora es mucho más grave porque la tecnología da lugar a que el acoso vaya mucho más allá del perímetro de un aula”

Desde las instituciones que trabajan la problemática instan a padres y a docentes a intervenir en casos de bullying, pero muchos adultos no saben cómo actuar.

¿QUE ACTITUD DEBEN TOMAR LOS PADRES?
“Creo que las madres y los padres, en primer lugar, tienen que trabajar sobre la autoestima de sus hijos. Los victimarios buscan a los más débiles para destruirlos, mostrando su poder”, dice Lencina.

“Es importante hacerles ver que todos somos diferentes y que no se es culpable de una característica (color de piel, religión, situación social o económica, gustos). No hay motivo que justifique el acoso. Cualquier niño o adolescente puede padecer bullying”, dice la escritora y remarca que el apoyo de las familias es un elemento fundamental para combatir la problemática.

La psicóloga Silvia Medina explica que tanto las víctimas como los victimarios son parte de un mismo proceso y comparten características: “Tienen un yo debilitado, en el que prevalecen sentimientos de culpa, temores y frustración. Desde ambos lados lo que vemos es la gran vulnerabilidad de la autoestima. Una autoestima que no han podido formar con la valoración de los adultos que tienen a su alrededor (los padres encargados de su crianza).

Mientras que en los primeros (víctimas) se observan rasgos de timidez, de inhibición, conductas de retraimiento, expectativas de pertenecer a determinados grupos o subgrupos y sentir que no lo pueden lograr; en los segundos (victimarios) hay conductas reactivas e intentos de liderar, pero como sienten que no tienen condiciones naturales para lograrlo, apelan a la violencia, a la desestimación del otro y a la ridiculización”.

Según la ONG Bullying Sin Fronteras, el acoso en la escuela sigue creciendo en el país. Las últimas estadísticas indican que en 2016 subió un 40 por ciento en relación al año anterior.

El 2015 finalizó con 1.631 casos graves de bullying, pero el primer semestre concluyó con 1.142, por lo que habrían aumentado un 40% los casos graves, que terminaron con denuncias en la justicia y los ministerios de educación. La mayoría ocurrieron en capital federal, el conurbano bonaerense, Córdoba, Mendoza, San Luis, San Juan, Formosa, Corrientes y Misiones.

Lencina plantea que un error frecuente de los adultos es que minimizan el problema. “Si bien el bullying existió siempre, ahora es mucho más grave porque la tecnología da lugar a que el acoso vaya mucho más allá del perímetro de un aula o del patio de un colegio. Hay padres que no están informados acerca del alcance de las redes sociales y los medios de comunicación. Y muchas veces la salida más rápida es ignorar”.

La especialista también remarca la importancia de dialogar con los chicos. Afirma que más allá del tiempo que se invierta en ello, lo importante es la calidad de la charla. En relación a los maestros, señala que deben estar atentos a la conducta de cada uno de sus alumnos para prevenir este tipo de casos. “Deberían observar su comportamiento en clase y en los recreos. Es importante que destinen algunas horas para tratar temas sobre convivencia, respeto, diversidad, solidaridad y valores. Este no será un tiempo perdido. Cada vez hay más material que puede ayudar a los docentes: libros, películas, series, que son muy bien recibidos por los niños adolescentes”.

Durante mucho tiempo el mundo adulto se rigió por la creencia que sostiene que “las cosas de chicos mejor que se resuelvan entre chicos”. El bullying reveló que esta vieja idea supone un grave error, ya que algunas problemáticas que afectan a niños y adolescentes necesitan de la intervención (rápida y eficaz) de los adultos para que no afecten el desarrollo psíquico del menor.
  

 


“Los padres que sospechan que sus hijos son victimarios, en primer lugar deberían enseñar con el ejemplo, no discriminando de manera constante. No deben alentar, ni premiar, ni ignorar este tipo de actitudes. Tampoco tomarlo como algo normal. Deberían ser sus guías para salir del conflicto. Y si es necesario, pedir ayuda”, afirma Lencina.
Medina advierte que enseñarles a pegar no es la solución para el problema y que, como en tantos otros temas, lo mejor es el diálogo.

Para Lencina, el rol del estado es fundamental. “Es el responsable de velar por la salud de todos los habitantes. Debe dotarse de forma urgente de profesionales (psicopedagogos, psicólogos, sociólogos) que ayuden a detectar y a tratar esta problemática”.
     
         “Las consecuencias del bullying son innumerables y pueden perdurar en el tiempo. Depositan en el alma de los jóvenes una sensación de vacío y resentimiento, que intoxica los vínculos afectivos de cada adolescente con su comunidad”

En nuestra ciudad, desde el año pasado se vienen realizando acciones en distintos colegios para abordar la problemática. Es una campaña impulsada por la municipalidad con el objetivo de interiorizar a los estudiantes y a los docentes sobre las consecuencias del bullying.

“Todas las semanas damos charlas en distintos colegios. Hablamos sobre los tipos de bullying y el derecho a una convivencia pacífica. Después de la teoría hacemos un taller en el que los chicos participan con diferentes actividades, como juegos de roles. La idea es abarcar la mayor cantidad posible de escuelas”, dice el subsecretario de Juventud, Agustín Scotti.

El funcionario señala que si bien no hay estadísticas oficiales sobre la cantidad de casos de bullying en La Plata, tienen previsto armar una para fin de año.


“Argentina no es un país en el que la violencia escolar tenga proporciones muy grandes, como pasa en Estados Unidos, donde la violencia es mucho mayor. De todos modos es necesario atender estas problemáticas”, dice Scotti, y agrega que “si bien el acoso escolar viene de muchos años hoy también está el ciberbullying. Está más contextualizado, más arraigado y las tecnologías también influyen en eso. Los chicos viven una parte de su vida a través de las redes sociales”.

3 oct 2016

“El bullying en las escuelas es el reflejo de una sociedad violenta”




“El bullying que sucede cuando un niño maltrata a un compañero de la escuela es el reflejo de una sociedad violenta, porque ese chico replica lo que aprendió del mundo de los adultos y por lo tanto también desde ese lugar deben venir las enseñanzas  para superar estos casos de violencia escolar  cada vez más frecuentes en nuestro país”, explicó a El Territorio la licenciada en psicología Lucrecia Morgan, que preside el Equipo Anti Bullying de Argentina (ABA). 

El Equipo Anti Bullying de Argentina está conformado por un grupo de psicólogas especialistas en el abordaje de este tipo de violencia que se da generalmente entre niños y adolescentes de 9 a 15 años en escuelas, clubes y espacios en los que conviven grupos de esas edades. 

Al empezar la entrevista, la licenciada Morgan advirtió que “se equivocan los que piensan que el bullying es cosa de chicos y minimizan la cuestión creyendo que entre los mismos niños deben arreglar esos tantos”. Según su visión, “el bullying es un problema serio que afecta a uno de cada cuatro chicos que en la escuela primaria y secundaria le tiene miedo a algún compañero”.

Según la profesional, “es necesario que padres, directivos escolares y docentes tomen conciencia del grado de peligro que existe en este tipo de violencia escolar, no sólo para ayudar a los alumnos a superar ese miedo con el que viven adentro de la escuela, sino también para evitar daños mayores que pueden derivar en casos de tragedias o suicidios como ya ocurrió en nuestro país”.  

Según Morgan, “el bullying necesita la intervención de los adultos para superarlo  y los estudios que se hicieron en esta materia indican que es muy poco probable que la situación de maltrato cambie si no hay mediación de padres, docentes y las autoridades educativas de la institución.”

La especialista destacó que  “la clave está en el trabajo con los adultos, por eso cuando vamos a dictar talleres a los colegios por esta problemática, lo primero que decimos es que no sirve trabajar el tema sólo con los chicos, que es necesario involucrar a  padres y docentes, que deben estar capacitados para saber qué hacer ante estos casos y cómo trabajar para solucionarlos”.

Características del bullying
Para explicar qué es el bullying, la licenciada Morgan dijo que “es fundamental entender de qué estamos hablando porque hoy en día esta palabra está bastante instalada en la sociedad pero muchas veces se la confunde con otro tipo de agresiones”.
En ese sentido, dijo que “el bullying es una categoría específica de la violencia escolar que se da entre pares. Generalmente de un alumno hacia otro o de un grupo de chicos a otro; donde claramente hay una situación de agresión que puede ser física o verbal hacia la víctima”.

Explicó que “esa agresión es persistente en el tiempo, por eso es tan nociva. Porque no es un ataque que comenzó y terminó en un momento determinado, sino que se extiende en el tiempo. Es como el ejemplo de la gota de agua de la tortura china, que termina siendo tan cruel por su sostenimiento a lo largo del tiempo. Por eso, lo terrible del bullying para el niño que lo padece no es tan solo la intensidad del ataque, sino la persistencia en el tiempo, que va erosionando todos sus recursos para defenderse”.

Otra característica del bullying, según la especialista, “es  que siempre implica una relación con desbalance de poder. Es decir que el chico hostigado se siente en inferioridad de condiciones frente a los hostigadores. O porque se encuentra solo, o porque los otros son más, o porque tienen más fuerza. Por diversas razones o motivos, el niño que es víctima se siente con poca o nula capacidad de defensa  para hacer frente a quienes lo maltratan”.

En ese contexto de agresión,  según la licenciada Morgan, “el bullying  genera consecuencias graves a corto y a largo plazo en el niño que lo sufre, porque como no puede controlar la situación se ve desbordado. Inclusive en la edad adulta nos encontramos con gente que sufre ansiedad, depresión y diversos tipos de trastornos como consecuencia de haber sido víctimas de bullying en la edad escolar”.

Los que miran son cómplices
Según explicó Morgan, “otra  características del bullying es que no sólo hay un agresor y una víctima, sino que hay todo un grupo humano que es parte del hostigamiento, ya sea porque alienta a que se concrete la agresión o porque mira y no hace nada para evitarla.”

La especialista describió a esa población como “grupo disfuncional, donde hay una dinámica en la que se provoca la situación del bullying, donde cada uno ocupa un rol: la víctima, el victimario y los espectadores, sean activos o pasivos”. 

Luego destacó que “es fundamental el rol de los que miran porque terminan siendo cómplices de esa situación violenta” y en ese sentido explicó que “si ese público toma un rol de defensa hacia la víctima es muy posible que la situación se pueda superar”.

Morgan adujo que “los chicos que miran como un compañero agrede a otro son parte de ese grupo disfuncional y su actitud ya sea de reírse o de avalar la agresión alimenta el flujo de poder hacia el agresor para que esa situación se siga repitiendo. Es decir, el público que observa la agresión como si fuese un espectáculo alimenta ese circuito de violencia. Por eso es fundamental explicar a los chicos que, en materia de violencia, no hay términos medios y no podés mantenerte al margen si la ves. Tenés que frenarla. Si no lo hacés sos parte de esa violencia y la estás  avalando”.

Qué se debe hacer
“Lo primero que hay que hacer en una intervención ante un caso de bullying es contener a la víctima. Hacerle saber que vamos a hacer algo al respecto. Y que se va a trabajar para que la situación de violencia no se repita”, explicó la directora del Equipo Anti Bullying de Argentina.

Luego dijo que también es fundamental “sancionar al agresor, pero no una mera sanción punitiva, sino una sanción educativa que sirva efectivamente para que esa conducta se modifique”.

Y también es fundamental “trabajar con todo el grupo, para que tomen conciencia de lo que están haciendo, para explicar los daños de esa conducta y para generar lazos de solidaridad e inclusión en el grupo”.   

Añadió: “Es necesario que todas las instituciones educativas trabajen en reglamentos escolares que incluyan al bullying como un tipo de violencia propio de la escuela, porque de no ser así, directivos y docentes no saben qué protocolo seguir en estos casos” y advirtió que “es necesario que los reglamentos escolares contemplen  límites precisos sobre lo que no se debe hacer en un  aula, con sanciones ejemplificadoras para el que agrede”.

Seguidamente, destacó que “lo que no hay que hacer es naturalizar la situación porque de esa manera los adultos responsables se convierten también en cómplices  de esa violencia escolar”

Dijo que “aquel maestro que mira para otro lado cuando ve que hay un alumno que agrede a otro, no está cumpliendo bien su rol de educador. Tampoco el padre o la madre que se ríe o toma a chiste cuando su hijo le cuenta que en la escuela le pusieron tal apodo al compañero por alguna característica física no está educando”.

Cuando la violencia llega a Internet
Con la llegada masiva de tecnología a la vida cotidiana, las agresiones que suceden dentro de la escuela se siguen replicando fuera de ella, porque los alumnos en sus hogares siguen conectados a redes sociales en las que cuentan lo sucedido, opinan al respecto y hasta difunden videos de la agresión.

Según la licenciada Morgan, “ese caso de bullying se transforma entonces en ciber bullying porque empieza a circular por internet y esta conducta creció mucho durante los últimos cinco años porque está relacionada con el uso intensivo de tecnología que tienen los niños y los adolescentes”.

En este sentido, la psicóloga explicó que “el ámbito de la virtualidad es un campo a trabajar mucho tanto dentro como fuera de las aulas. Docentes y padres deben involucrarse con la participación de sus hijos en la actividad virtual, porque por más que desde la técnica les cueste entender el funcionamiento, desde los valores es fundamental la mirada de un adulto responsable sobre la actividad de su hijo en la web”.


Seguidamente dijo que “en nuestras capacitaciones siempre destacamos que lo que está mal en la vida cotidiana también está mal en Internet y que es tanto o más dañino agredir a alguien por las redes sociales porque aumenta exponencialmente la cantidad de público ante ese hecho de violencia”.


Fuente bibliográfica
«El bullying en las escuelas es el reflejo de una sociedad violenta». [en línea], [sin fecha]. [Consulta: 4 octubre 2016]. Disponible en: http://www.elterritorio.com.ar/nota4.aspx?c=0970097026321224. 

7 ago 2016

El desafío es enseñar a los que “no se dejan enseñar”

Por: Daniel Caraffini


Debate y capacitación. Un especialista abordó la necesidad del compromiso docente por una escuela para todos. Realidad social y “sensación” de más casos de violencia escolar. El reclamo unísono de los niños por la intervención de adultos.


¿Hay más violencia escolar o los casos hoy se hacen más visibles?

¿Falta acompañamiento de los adultos y de los padres? ¿Hay dudas sobre qué hay que hacer? ¿Cómo repercute la realidad social en las escuelas y cuál es el aporte que la institución y los docentes pueden realizar? ¿Qué piden los chicos, qué necesitan?

Sobre el eje de algunos de estos interrogantes, el licenciado en Educación Luis Cabeda, desarrolló una charla debate denominada Conflictividad social y educación en tiempos turbulentos.

“Los pibes están pidiendo realmente que los adultos hagan, intervengan, y valoran lo que los adultos hacen”, planteó el integrante de la Escuela de Capacitación de Ctera en línea con otra afirmación: “Los chicos pueden, pero solos no. Cuando decimos ‘a este chico no le interesa nada’ y no nos preguntamos qué le estamos proponiendo para que se interese… algo no está bien”. Y añadió: “El desafío docente es enseñar a los que no se dejan enseñar, a los que no quieren, a los que se agotan de estar sentados. Para ellos tenemos que pensar propuestas; a los buenos, a los que quieren aprender, les enseña cualquiera o aprenden a pesar de la escuela”.

Durante una entrevista con UNO, al término de la jornada, el profesional sostuvo que “los casos de violencia en la escuela son parte de conflictos que están fuera de ella”, y señaló que “hay un sobredimensionamiento” de los casos. “Antes el padre iba a la escuela, ahora concurre antes a un medio de comunicación”, citó en referencia, y también cuestionó que “todo lo que pasa se engloba como violencia escolar, y no todo es lo mismo”.

Planteó también la preocupación docente sobre cómo abordar situaciones conflictivas, y en ese marco señaló a la Guía Federal de Orientaciones Para la Intervención Educativa en Situaciones Relacionadas con la Vida Escolar, disponible en el Ministerio de Educación de la Nación. “Un docente no puede decir ‘no sé qué hacer’. Ahí plantea dónde recurrir, lo que no hay que dejar pasar, lo que uno se puede desentender; si viene un chico golpeado, no se puede mirar para otro lado; si viene un chico con moretones, el docente tiene que intervenir, no puede decir no me meto, es una cuestión familiar. Tenemos que defender a los pibes”.

“Los casos de violencia en la escuela son parte de conflictos que están fuera de la escuela. Es la violencia que aparece donde los chicos se encuentran con otros chicos. El bullying aparece en los boliches, en las escuelas, en los clubes; en todos los lugares donde los chicos se encuentran, pueden aparecer situaciones de hostigamiento de un grupo a otro, que a veces es verbal o físico. En realidad, hay como una excesiva difusión de estos casos que antes  y siempre ocurrían en las escuelas, y que no tenían esta masividad y presencia en los medios de comunicación y donde rápidamente todo se nombra de la misma manera. Así como en el contexto social general de inseguridad se nombra igual al que roba un celular y al que mata, y parece que todo es lo mismo. Y no lo es; del mismo modo en las escuelas todo queda englobado en término de violencia escolar y la verdad hay cosas muy diferentes. Una cosa, como pasó puntualmente en Carmen de Patagones que un chico mata a compañeros y dos o tres casos muy puntuales en el país, y otra cosa es la cotidianeidad, donde a veces las cosas se resuelven físicamente y no a través de las palabras. Por eso lo que nosotros intentamos es revalorizar el lugar de la palabra como posibilidad de simbolizar el conflicto y la diferencia, para no tener que llegar a resolverlo de modo violento.

—¿En la charla qué se abordó como violencia escolar?
—Chicos agredidos, golpeados. Yo contaba el caso de un noticiero de Telefé que termina un bloque con el periodista diciendo ‘otra vez la violencia en la escuela’. Y de lo que se trataba era de tres chicas que se habían peleado, y a una la habían arañado, y estaban en la televisión nacional. Un caso que antes el papá hubiera ido a reclamar a la directora, ahora en lugar de ir al establecimiento, llama al canal, y el canal lo multiplica como si fuera una cuestión exorbitante. Sobredimensiona el acto. No quiero decir que no ocurran situaciones desagradables y que uno podría decir violentas; pero la verdad es que están muy sobredimensionadas.
Yo lo que les decía a los compañeros es que mientras podamos recordar casos muy puntuales como Pan Triste de Rafael Calzada o Junior de Carmen de Patagones, o el chico de Bariloche, mientras podamos nombrar cosas puntuales, quiere decir que no está extendido. Eso mismo de poder nombrar casos puntuales nos hace ver que no sean extendidos.

—Sin embargo usted citó casos extremos, pero la violencia tiene distintas formas.
—Pero cuando aparecen casos de violencia aparecen en nuestro imaginario esos casos. Como si en todos los casos estuviéramos hablando de un chico que entra y mata. Y no, estamos hablando de un país que tiene 12 millones de alumnos, y estamos hablando de dos tres casos que tuvieron muertes, que fueron gravísimos, pero no es lo extendido. Porque a partir de allí se comienzan a tejer reflexiones como que eso es lo que hacen hoy los chicos, donde no hay ley o no hay ninguna norma.

—¿Qué se les dice a los docentes ante los distintos tipos de casos de violencia que se puedan presentar en las aulas?
—Propuse que hay una guía que preparó el Ministerio de Educación hace dos años, con orientaciones específicas acerca de cómo actuar antes, cuando están apareciendo los primeros síntomas de algo que podría desembocar en un acto de violencia, cuando aparece un caso de agresión, qué hacer durante y después de que esto ocurre. Es una guía muy interesante, que tiene recomendaciones y cosas prácticas, no solo el marco teórico, que también es interesante, sino ideas concretas de qué hacer, cómo moverse, cómo convocar a los padres, presentarse a los juzgados, cuándo una escuela debe denunciar a un adulto, son muchos casos que se han dado históricamente en las escuelas, que no es un tema de ahora. La violencia en la escuela no es de ahora, es de todos los tiempos, lo que pasa es que antes la monopolizaban los adultos.

—Y lo que ocurre es que ante una cada vez mayor complejidad social, resulta más complicado también saber cómo actuar.
—La capacitación es un hecho que se da en forma permanente, uno nunca está preparado siempre para todo. Uno se formó, sobre todo en la Secundaria, para una escuela que era elitista, que era para unos pocos, para chicos prolijos, de buenas costumbres; y había chicos que no encajaban en eso, no eran respetuosos de las normas, que no estudiaban o no venían con las tareas hechas, sus padres no iban a las reuniones de la escuela, y a esos se los echaba y listo, no teníamos problemas. Así, teníamos cinco 1º y un solo 5º. Hoy la propuesta, o por lo menos hasta el año pasado, era diferente: queríamos a todos los chicos dentro de la escuela y yo creo que hay que seguir peleando con eso; todos los chicos tienen derecho a estar en la escuela, y esto significa que entran a la escuela chicos con otras dificultades que nosotros no estábamos acostumbrados a lidiar. Pero lo que hay que aprender es a lidiar con eso y no a echar a los chicos. Así la  solución es muy fácil, y nos quedamos con los buenos; y a los buenos, al chico que quiere aprender, le enseña cualquiera; es más, no necesitan profesores e incluso aprenden a pesar de la escuela. El desafío es enseñarles a los otros, a los que no quieren, a los que no se dejan enseñar, a lo que no pueden sostener estar muchas horas sentados, a los que se agotan fácilmente. Para esos tenemos que pensar propuestas.

—Es enfrentarse a una realidad social cada vez más compleja.
—Claro, es más, con las políticas de ajuste y despidos que se están aplicando en estos meses, si siguen en esta línea, cada vez será peor. El conflicto que va a estallar en las escuelas será mucho peor; el contexto social va a dar que el chico llegue enojado, mal comido, más preocupado porque en la casa no saben cómo van a  pagar la luz. Creo que sin dudas va a repercutir. Cuando el conflicto se agrava, cuando los sectores populares son expulsados de los bienes y distribución de la riqueza, lo que queda es el conflicto, y ese conflicto va a entrar a la escuela.

—¿Qué transmiten los docentes en este tipo de charlas e intercambios de experiencias y reflexiones?
—Estos espacios son donde uno se da cuenta de las cosas que le pasan cotidianamente. Uno muchas veces está metido en la cotidianeidad no ves el modo en que atendés a los padres, a los chicos, lo que esperamos de los chicos, de las otras instituciones. Se pierde la perspectiva y estos espacios de discusión permiten armar un paréntesis y pensar otras claves. Hoy hicimos un ejercicio con preguntas que se les formularon a 26.000 chicos de todo el país, y los docentes estaban sorprendidos de la valoración que tenían los chicos de la escuela. Yo les pedí que opinaran acerca del interrogante que se les formuló a los alumnos sobre cuánto creían que los adultos ayudaban en las situaciones de conflicto: el docente que más se jugó hoy en la charla dijo que el 70% de los chicos decía que la intervención de los adultos valía la pena. Y los chicos habían dicho en un 98% que es buena la intervención de los adultos en la escuela. O sea que los pibes piden adultos, no que manden, que tengan otra palabra, que a partir de su propia experiencia y recorrido, que a partir de otra formación tengan otro pensamiento e intervengan. Este ejercicio fue interesante porque puso sobre la mesa cómo los pibes están pidiendo realmente que los adultos hagan, y valoran lo que los adultos hacen.

—Es evitar el dejar hacer.
—Sí, porque es la peor estrategia. Dejar hacer, dejar que suceda, y creo que los docentes, mal que mal, ponen el cuerpo. A veces con pocas herramientas y creo que esta Guía es una herramienta que no está conocida; por eso dije que hay que hacer difusión de ella, hay mucho material. Hay sugerencias muy interesantes y de avanzada. Y es muy bueno y tranquilizador cuando el docente dice ‘no sé qué hacer’, porque se le puede decir al docente ahí tenés la guía sobre lo que tenés que hacer, a dónde recurrir, lo que no hay que dejar pasar, lo que uno se puede desentender; si viene un chico golpeado, no se puede mirar para otro lado; si viene un chico con moretones, el docente tiene que intervenir, no puede decir no me meto, es una cuestión familiar. No es así, tenemos que defender a los pibes.
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Guía para actuar en situaciones complejas

La Guía Federal de Orientaciones para la Intervención en Situaciones Complejas Relacionadas con la Vida Escolar fue elaborada por el Ministerio de Educación en 2014. “Les dije hoy a los compañeros, hay que difundirla y militarla, porque es muy interesante, con herramientas y aspectos muy prácticos”, planteó Luis Cabeda.

Consta de 27 páginas con fundamentos teóricos y ejercicios y estrategias prácticas para abordar situaciones de agresiones físicas a alumnos y docentes, jóvenes armados en la escuela, noviazgos violentos y maltrato intrafamiliar, entre otros casos.

Plantea que “las respuestas violentas de las alumnas y los alumnos se producen en muchas ocasiones frente a la supresión o negación del conflicto, frente a la falta de reconocimiento de las posibilidades del estudiante (fortalecimiento de la autoestima), frente a la negación de las diferencias, frente a la ausencia de proyectos y a la falta de intervención de las personas adultas; situaciones para una necesaria y oportuna intervención transformadora por parte de la escuela”.

Aborda, por ejemplo, la realidad de las redes sociales. “Se debe sensibilizar al estudiantado acerca de que lo que se expresa ‘en la red’ queda expuesto y para que comprendan que la distancia física no expresada en lo virtual no disminuye la magnitud de los dichos”. Y cita cómo proceder o intervenir por medio de denuncias o bloqueos a grupos y personas, en las redes sociales como Facebook, Twitter, Google, Blogger, Sónico, Taringa.
Plantea estrategias pedagógicas e intervenciones en materia de respeto a la diversidad de género, y protocolo de actuación ante agresiones físicas a alumnos y docentes, jóvenes armados en la escuela, noviazgos violentos y maltrato intrafamiliar.
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La idea actual de evaluar alumnos y docentes
“Estoy muy preocupado porque las políticas nacionales más importantes que se venían realizando se están discontinuando. Me preocupa que estén preocupados por los valores que puedan desarrollar los chicos para la evaluación internacional Prisa, que es tramposa y proveniente de los centros capitalistas más poderosos, tratando de descubrir dónde se puede contratar mano de obra barata, a nivel planetario. Me preocupa que no están preocupados para que todos aprendan, sino para que diferenciar quiénes son mejores y sean los que mandan, y quiénes son los que saben menos, y qué mejor que sepan menos para explotarlos mejor.

—Ocurre lo mismo con los anuncios de evaluación docente.
—El programa nacional de formación docente vigente hasta el año pasado, lo que hacía era no desconfiar de los docentes, sino capacitarlos. Cuando uno piensa que las evaluaciones docentes están pensadas para achicar los salarios, y que los docentes cobren según el rendimiento de las evaluaciones, tenemos un problema. Sobre todo cuando tenés docentes que trabajan en tres turnos, porque necesitan y no tienen espacios de formación importante. Entonces aquel que tiene la capacidad económica de poder trabajar en un solo lugar y capacitarse y pagar cursos, va a poder capacitarse más e ir a las mejores escuelas. Y los maestros menos calificados irán a las escuelas donde los chicos aprenden menos, alimentando la brecha entre unas escuelas y otras.



Fuente bibliográfica
CARAFFINI, DANIEL, [sin fecha]. El desafío es enseñar a los que «no se dejan enseñar». Uno Entre Rios [en línea]. [Consulta: 7 agosto 2016]. Disponible en: http://www.unoentrerios.com.ar/el-desafio-es-ensenar-los-que-no-se-dejan-ensenar-n965069. 

28 abr 2016

“Es posible educar sin gritar”



Una filosofía de la educación basada en el sentido común, aportando la fuerza y energía necesarias para educar a nuestros hijos sin perder la sonrisa. Este es el mensaje que la psicóloga Carmen Pérez Saussol, con formación en psicología clínica y educativa, propone en su obra ‘Educar con una sonrisa’. Con ella hemos hablado de educación, de la necesidad de poner límites, dudas más comunes de los padres…

Según su experiencia, ¿la manera en la que educamos a nuestros hijos ha cambiado respecto a cómo lo hacían nuestros padres y abuelos?
La forma de educar a nuestros hijos claro que ha cambiado, la sociedad es distinta y con ella la manera en la que nos relacionamos con ellos. Han variado en gran medida los valores, los principios que nos rodean y la forma en la que imponemos los límites. Actualmente la mayoría de las familias nos organizamos de manera diferente a como lo hacían nuestros padres o abuelos, existe otra forma de relacionarnos, realizamos otro tipo de actividades y aprendemos de forma distinta, pero esto no significa que sea ni mejor ni peor, simplemente es diferente. Muchos padres echan de menos que los niños de hoy en día tengan un mayor respeto por los mayores, sean más solidarios, trabajadores o estén más motivados por el aprendizaje, pero esa falta de valores no está en todos los hogares así que no podemos generalizar. 

Los educadores deberíamos contar con una filosofía de la educación incluso antes de ser padres, pues así nos aseguraríamos haber reflexionado sobre el tipo de enseñanzas, valores, principios y límites que queremos trasmitir a nuestros futuros hijos.

¿Cuáles son las principales dudas y miedos que manifiestan los padres a la hora educar a sus hijos?
Estas dudas están relacionadas con las redes sociales, el fracaso escolar, el consumo de drogas y el bullying. En el caso de las redes sociales existe una parte de información reservada a su intimidad que debemos respetar, pero la supervisión y el seguimiento son necesarios, conocer claves, poner horarios y limitar accesos. Mientras, en relación al fracaso escolar, hay saber que detrás de un bajo rendimiento intelectual se esconde la causa que lo está provocando y su detección es necesaria para resolver el problema. Un buen psicodiagnóstico revelará si la dificultad es provocada por un déficit de atención, falta de base, baja motivación, problemas en la lectoescritura, dificultades personales o una baja capacidad intelectual, y así poder intervenir lo más rápido posible. En el tema drogas, es importante actuar desde la primera sospecha y si se intuye algún problema acudir a un especialista.

Ante el bullying, lo primero es observar a nuestros hijos frecuentemente para detectar si están contentos. Tanto los niños como los adolescentes deben ir tranquilos al colegio.
En el momento en que muestran reticencia a ir a clase o salir a la calle, describen continuos dolores de cabeza o de barriga, vomitan de forma continuada o se observan cambios de comportamiento, debemos estar alerta. Cuando un menor recibe malos tratos por parte de sus iguales, estos provocan importantes problemas en su estructura de personalidad (miedos, inseguridades, baja autoestima, problemas de relación… ).

¿Son necesarios los límites en la educación?, ¿cuáles son y cómo se pueden aplicar de forma adecuada?
Los límites son necesarios e imprescindibles. Cuando un niño actúa de una manera que no beneficia su estado de salud -y que por tanto conlleva peligro-los adultos debemos enseñarle la forma adecuada de actuar, ya que nuestras orientaciones harán que consiga sus objetivos sin dañar su persona. Enseñar a nuestros hijos lo que es adecuado y lo que no lo es forma parte de nuestra labor como educadores, y enseñarles también a ‘limitarse’ es algo que les beneficiará de por vida. Considero que los conflictos que surgen en torno a este tema se encuentran en la palabra límite, pues está vinculada a castigo, represión o autoritarismo, y esto ha hecho mucho daño. Cuando marcamos un límite a un niño le estamos enseñando a dosificar sus fuerzas, sus descansos, a planificarse, a organizar sus recursos, a conocerse… Los padres guiamos las conductas de nuestros hijos para favorecer su crecimiento, no para molestar. Pero para limitar de una forma adecuada es fundamental tener despierto el sentido común. La fuerza física no es aceptable en una educación adecuada.

En su libro habla sobre aquellas herramientas que ayudan a resolver dificultades relacionadas con problemas de comportamiento, adolescencia, alimentación… ¿En qué consisten estas herramientas?
Partimos de la base de que cada niño es único. Nacemos con una carga genética particular, vivimos experiencias afectivas y relacionales que nada tienen que ver con aquellas que experimentan otras personas, por tanto es ridículo pesar que hay recetas únicas para cada problema. Si aplicamos el sentido común, al que tanto hago referencia, y tenemos en cuenta que cada niño, cada padre y cada madre y cada contexto son diferentes, tendremos la respuesta a porqué hay casos en los que una intervención determinada funciona y otros en los que no. Herramientas son estrategias, soluciones que proponemos, alternativas de comportamiento, trucos, cambios de perspectiva o de pensamiento que proponemos para resolver posibles dificultades que podemos encontrarnos en nuestra labor como padres.

¿Es posible educar con una sonrisa permanente?
Estar con una sonrisa permanentemente por supuesto que no, pero una filosofía de la educación donde el buen humor y el optimismo estén presentes claro que puede acompañar nuestras actuaciones. Ojala fuésemos conscientes de la importancia que tiene contar con un modelo educativo ’sonriente’ que guíe la forma de intervención con nuestros hijos y nos ayude a marcar los límites. Tener presente qué versión de padre o de madre quiero ser, como ya indiqué anteriormente, nos ayudará a retomarnos en los momentos de tensión e incertidumbre. Pero si su pregunta es si se puede educar sin gritar o sin gruñir, yo digo que sí es posible.

Fuente bibliográfica
Carmen Pérez Saussol: «Es posible educar sin gritar». Educación 3.0 [en línea], 2016. [Consulta: 29 abril 2016]. Disponible en: http://www.educaciontrespuntocero.com/entrevistas/carmen-perez-saussol-educar-sin-gritar/32824.html. 
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