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3 abr 2016

Cómo aumentar el uso de la biblioteca escolar un 1000%‏

Por: Alberto Piernas


Tal y cómo comentábamos hace unos días, la lectura está bajo mínimos debido a los muchos recortes sufridos durante los últimos años y, en parte también, por un uso que quizás las generaciones de hoy día han olvidado en pos de los ebooks o las lecturas difundidas mediante ordenadores o tablets.

Sin embargo, aumentar el uso de la biblioteca escolar al 1000% es posible y una perfecta forma de aprovechar el material disponible en esos colegios en los que los alumnos olvidaron el poder de un libro a la hora de consultar, trabajar e incluso aportar datos a sus trabajos.


Chromebooks, laptops. . . y libros




Penny Sturtevant, directora del Big Walnut Middle School de la ciudad Sunbury, en Ohio (Estados Unidos),decidió hace unas semanas que ya era hora de hacer algo con la biblioteca escolar del centro, un espacio polvoriento apenas regentado por unos alumnos que preferían sucumbir al material difundido gracias a sus tablets,smartphones y ordenadores portátiles.

El objetivo del proyecto ha consistido en reinventar la biblioteca y convertirlo en un lugar de trabajo dinámico para los estudiantes y en el que los libros FÍSICOS formen parte de esta reinvención.

El primer objetivo fue el menaje, especialmente la aportación de muebles que pudieran ser cambiados de sitio con facilidad y que pudiesen albergar alumnos individuales, por parejas o en grupos de cuatro. De este modo se ha dado vida a una dependencia en la que la sala ha quedado salpicada de diversos sofás y mesas que invitan a los alumnos a volver a visitar a la biblioteca salvo que, quizás, faltaba un gancho aún más potente para incitarlos: la tecnología.

Una vez los muebles constituyeron el esqueleto de esta nueva biblioteca, el centro ha insertado diversos gadgets y elementos tecnológico: 2 pantallas táctiles incrustadas en las mesas de trabajo a fin de dinamizar las tareas en grupo, 1 proyector interactivo, 2 televisiones conectadas a los ordenadores portátiles, 5 ordenadores de escritorio, 20 Chromebooks y 3 cámaras digitales, los ítems necesarios para facilitar el trabajo del alumnado.

Por último, nos queda el más importante de los detalles: ¿y los libros? Según el centro, los alumnos cada vez utilizan más los títulos de la biblioteca ya que este nuevo espacio de trabajo permite que la lectura esté más a mano y se convierta en una aliada indispensable de este nuevo espacio. Al mismo tiempo, el centro ha establecido diversos acuerdos con la biblioteca municipal de Sunbury para recibir diversos títulos actualizados semanalmente, además de revistas y colecciones enciclopédicas.

Según un artículo publicado en 2008 en la revista gallega Fadamorgana, enfocada a las bibliotecas infantiles y juveniles, las ideas para fomentar el uso de las bibliotecas escolares pasa primero por las elecciones de profesores y expertos en función al material disponible.

De este modo, la incitación al alumnado a consumir libros de la biblioteca podrían dar resultado si se llevasen a cabo sistemas de préstamos controlados y, especialmente, hubiesen títulos actualizados  que incluyesen desde libros hasta revistas, pasando por estudios realizados por el propio profesorado. Claro que 2008 no era 2016 y para entonces Wikipedia, Google Drive o Amazon no tenían el potencial entre profesores y alumnos que tiene hoy día, un hecho que, no obstante, no debería nublar nuestras esperanzas en lo que respecta a esas bibliotecas cada vez menos visitadas.

Quizás, el problema radique en el bajo estímulo de unos niños y jóvenes que no terminan de empatizar con una lectura generalizada, algo que ya os contamos hace unos meses en el artículo acerca de la lectura slow. Ideas como realizar exposiciones o charlas en la biblioteca, organizar talleres de teatro por parejas basados en obras literarias de la misma (lo cual también supone reducir la cantidad de ejemplares al tratarse de una actividad de menos alumnos individuales) o incluir la figura de un experto que conecte a cada alumno con los libros de la biblioteca a fin de orientarle en sus gustos son sólo algunas de las muchas medidas que podrían potenciarse en la aulas a la hora de desempolvar tantos libros olvidados.

El acierto de la Big Walnut Middle School a la hora de reinventar su biblioteca escolar es un ejemplo de las muchas posibilidades que podrían aplicarse a esos espacios de cultura y sabiduría que los niños modernos olvidaron en pos de la gran G.

Quizás, hasta ahora.


¿Qué otras medidas se te ocurren para potenciar el uso de las bibliotecas escolar?



Fuente bibliográfica
Cómo aumentar el uso de la biblioteca escolar un 1000%‏ [en línea], 2016. [Consulta: 3 abril 2016]. Disponible en: http://www.actualidadliteratura.com/como-aumentar-el-uso-de-la-biblioteca-escolar-un-1000%e2%80%8f/. 

27 sept 2014

Las bibliotecas escolares en la sociedad digital: cambios y oportunidades

Como parte de su Programa de Apoyo a las Bibliotecas Escolares, la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía viene editando en los últimos años una serie de informes, guías y resúmenes de buenas prácticas a los que se puede acceder a través de su web. Por aquello de la vuelta al cole, retomamos septiembre con lo que nos parece más destacado e interesante del informe más reciente, titulado “Nuevas dinámicas para la biblioteca escolar en la sociedad red”.
BibliotecaCervantesEl documento hace referencia a la necesidad de abordar el concepto y la organización de estas bibliotecas en un nuevo contexto social y de transición cultural en el que, por un lado, la tecnología digital es ubícua e impregna cualquier ámbito social, y por otro lado la escuela “ha dejado de ser el único lugar de legitimación del conocimiento”. Este último aspecto, en particular, nos parece esencial, porque supone una auténtica revolución en el sistema educativo, y el informe lo dice claramente: antes los saberes se encontraban centralizados y personificados en unas figuras sociales determinadas, pero ahora el conocimiento es más diversificado y difuso. El reto tanto para las escuelas como para sus bibliotecas está servido.
Más allá de las posiciones de los “tecnológicos evangelistas” y de los “bibliófilos románticos”, como ellos califican a los de uno y otro bando en el debate de la adaptación a lo digital, el informe aboga por un proceso de renovación de las bibliotecas escolares que les vincule al mismo tiempo a su esencia y a las nuevas características de la sociedad red. Para ello, parte del análisis de los elementos que están transformando nuestra sociedad, y desde ahí sugiere los caminos por los que tienen que andar las bibliotecas escolares para adaptarse a esas nuevas realidades cumpliendo con sus funciones como centros de recursos para la enseñanza y el aprendizaje (BECREA). Así, identifica tres bloques:
  1. La existencia de un nuevo ecosistema comunicativo e informacional: las bibliotecas necesitan establecer nuevas formas de intermediación entre las personas y la información, filtrando y redistribuyendo contenidos. Además, es necesario que reorganicen los programas formativos vinculados al acceso y uso autónomo de la información teniendo en cuenta el nuevo contexto.
  2. La incorporación de lo digital al universo de la lectura: la función de fomento de la lectura debe ejercerse teniendo en cuenta todo tipo de soportes y realizando acciones específicas de mediación en relación a la calidad de los contenidos. ¿Cómo? Configurando itinerarios de lectura y fomentando la interconexión entre los lectores para facilitar “dinámicas de retroalimentación de la lectura”.
  3. El espacio virtual como entorno social de relación y comunicación: es una oportunidad para que la biblioteca expanda sus acciones “más allá de sus muros”. En el entorno digital puede establecercanales de comunicación múltiples con la comunidad educativa.
Más gráficamente, los ejes de cambio en las bibliotecas escolares pueden verse así:
Becrea1
El elemento transversal en estos tres bloques, y quizás una de las aportaciones más interesantes del informe, es el reconocimiento de que, más allá de ser un espacio físico con una colección, las bibliotecas escolares deben centrarse en las “acciones mediadoras” como la creación de servicios de información y programas específicos de fomento de la lectura, como aparece en este diagrama.
Becrea2
Además, aporta un concepto muy interesante, el de“bibliotecas ubicuas”, preparadas para actuar en cualquier parte. No se trata de repetir en internet lo que ya se hace presencialmente, ni de estar en la red para parecer más modernas, sino de que las acciones presenciales y las digitales se complementen al servicio de los objetivos de la biblioteca. Para ello, debe contar con un entorno virtual propio personalizado, crear plataformas de interacción para fomentar la cultura participativa en la comunidad educativa, y utilizar las redes sociales para el intercambio de información.
Todo esto implica, además de voluntad de cambio y experimentación, un enriquecimiento del perfil de la persona responsable de la biblioteca y la implicación de los profesores y la administración educativa. Y algo que nos parece esencial siguiendo el hilo del reconocimiento de que la escuela ya no es el único entorno de aprendizaje: es necesario reconocer y dar valor a las trayectorias personales de aprendizaje del alumnado, personalizar la enseñanza para adaptarla a esas trayectorias, y diseñar las acciones teniendo en cuenta los entornos colaborativos de aprendizaje en red.
Es un reto de gran envergadura al que hay que hacer frente, en la mayor parte de los casos, con recursos muy escasos. Pero es esencial para la supervivencia de las bibliotecas escolares empezar a andar el camino, un pasito tras otro, para no perderse y desaparecer en un mundo que ya no es el que era.
¿Qué os parecen estas propuestas? ¿Estáis ya lanzando iniciativas en esta línea? ¿Qué dificultades veis? Como siempre, el debate es bienvenido.
Fotografía: Biblioteca escolar del CEIP Cervantes de Cáceres (España).

14 mar 2014

Las bibliotecas como redes de conocimiento

Por: Joaquín Rodríguez 
En el estupendo Library: an unquiet historyMatthew Battles escribía que el origen de las bibliotecas públicas -más allá de las bibliotecas clásicas y restringidas de la antigüedad- tenía mucho que ver con las revueltas obreras de mediados del siglo XIX y principios del XX, con la desestabilización social que la confrantación de clases provocó y con el reconocimiento contiguo, por parte de las élites intelectuales y económicas, de la necesidad de proporcionar a las masas obreras de formación básica universal y de acceso a los contenidos tenidos indispensables. Una apertura que tenía menos que ver, seguramente, con el altruismo puro de las clases ilustradas que con la creacion de un “espacio de civilización” y domesticación “del niño obrero” tal como aseguraran hace ya tiempo Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría en ese libro olvidado titulado Arqueología de la escuela.
Sea como fuere, la cuestión es que en las bibliotecas públicas se proporcionaba acceso a determinados contenidos en la forma y manera que la tecnología del momento determinaba: esto es, en el formato del libro en papel encuadernado y ordenado según las materias de los Thesaurus que se hubieran utilizado. Esa misma tecnología demandaba un consumo individual y silencioso del contenido prestado, y el espacio mismo de las bibliotecas se diseñó con el propósito de preservar tanto el supuesto orden del conocimiento como el de la privacidad de la lectura. El tiempo fue evolucionando y con él los soportes y las necesidades de los lectores, y las bibliotecas públicas fueron añadiendo nuevos recursos (Microfilms, CDs, DVDs, videos, terminales de ordenadores) y diseñando nuevos espacios para acoger las demandas de un público que demandaba algo más que la mera consulta callada de los contenidos que prestaba.
En el documento Plan estratégico del Consejo de Cooperación Bibliotecaria 2013-2015 y en el aún más reciente e interesante Prospectiva 2020, Estudio de Prospectiva sobre la biblioteca en el entorno informacional y social, se apuntan ya algunas de las ineludibles líneas de desarrollo de la futura biblioteca pública. Destacaré tres de ellas, las que a mi juicio más tienen que ver con uno de sus desarrollos más prometedores, las de convertirse en nodos de una red de generación de conocimiento:
  • la creación de comunidades activas de usuarios y lectores dentro de las bibliotecas, usuarios a las que debería invitarse a cogestionar parte del conocimiento que la biblioteca posee y genera;
  • la concepción de la biblioteca pública como un Agora o un espacio social de desarrollo del conocimiento y de la participación ciudadana, espacio en el que se oferten herramientas y recursos para su empoderamiento y capacitación, lugar que incorpore físicamente a su diseño esos nuevos lugares en los que hacer, pensar, dialogar e intercambiar sean tan indisolubles como factibles;
  • la conceptualización de la biblioteca como un espacio híbrido, flexible y acogedor al servicio de la sociedad, adaptado a los nuevos servicios comunitarios que oferte;
No es quizás casualidad que en el próximo Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, que tiene como lema “Conectamos contigos”, una de sus tres líneas fundamentales de trabajo sea, precisamente, la “participación ciudadana: Cooperación ciudadana, ante la situación de incertidumbre que atraviesan las bibliotecas; supervivencia de las bibliotecas; cómo los ciudadanos intervienen para perfilar las actividades de las bibliotecas y cómo colaborar con ellas; posible gestión participativa de las bibliotecas; experiencias de inclusión social; multiculturalidad, accesibilidad en el sentido más amplio; Asociaciones de Amigos de Bibliotecas”.
Las bibliotecas escandinavas, más atrevidas aún, se atrevieron a vislumbrar hace algunos años cuál sería el aspecto de las bibliotecas públicas en 2040. En todo caso, poco tiene que ver el aspecto de estas nuevas bibliotecas con las que muchos de nosotros conocimos, y en esto la prospectiva hasta el 2020 es igualmente valiosa.
Las bibliotecas serán, en consecuencia, algo más parecido a un centro de recursos en el que la información se consulte pero, también, se genere, se difunda y se comparta, de manera que cada una de ellas se convierta en una plataforma que muestre lo que sus bibliotecarios y sus usuarios saben o necesitan saber. Herramientas de software libre como Gnowledge (Gstudio), que podrían integrarse en la gestión de la biblioteca, sirven para crear y comentar nodos, para añadir etiquetas y genear taxonomías sociales, para crear colecciones a partir de los intereses de los usuarios poniendo de manifiesto las relaciones que vinculan a distintos recursos, para crear grupos de trabajo de personas que comparten intereses afines. Si se habla de cogestión y participación y se pretende abrir a los usuarios el espacio de la biblioteca, necesitamos dotarnos de herramientas que nos permitan hacerlo. No hace falta, o al menos no es estrictamente necesario, que los bibliotecarios echen manos de colecciones prefabricadas, como las que ofrece BiblioBoard, porque los propios usuarios podrían asumir la tarea de generar colecciones o agrupaciones significativas de contenidos.
La gestión de fuentes y colecciones digitales híbridas y su eventual préstamo, constituye otro de los quebradores de cabeza de las nuevas bibliotecas, y ahí pueden echar mano de ofertas comerciales para contenidos sometidos a derechos (ODILO es, quizás, la que mejor comprende las necesidades de compra en firme y custodia que demandan los bibliotecarios y la que solicita márgenes comerciales más razonables a los editores) o de proyectos de software libre y abierto, como el de LibraryBox 2.0., que permiten la distribución de contenidos de libre acceso de una manera autónoma, sencilla y económica.
Las bibliotecas tenderán a convertirse en redes de conocimiento en las que los usuarios aporten activamente el fruto de sus pesquisas, de sus indagaciones y sus investigaciones, de sus proyectos y sus quehaceres, dentro de un espacio que deberá acomodarse a esas nuevas dinámicas y necesidades.

Fuente: http://www.madrimasd.org/blogs/futurosdellibro/2014/03/13/136376

5 nov 2013

Bibliotecas escolares ¿entre interrogantes?: Herramienta de autoevaluación

Por: Julio


Miret, I., M. Baró, et al. . [e-Book]  Bibliotecas escolares ¿entre interrogantes?: Herramienta de autoevaluación. Preguntas e indicadores para mejorar la biblioteca. Madrid, Ministerio de Educación, 2011.

                                                                               Descargar gratis

Una de las preocupaciones más acuciantes para el Ministerio de Educación es favorecer en los escolares su capacidad para acceder a la información, comprenderla y reflexionar sobre ella para aplicarla en diversas situaciones de la vida real.

Este es el sentido que le damos hoy a la competencia lectora, cuyo significado cambia de acuerdo con los cambios sociales y culturales.

Hoy ya no concebimos el saber como información que se almacena en la memoria, sino como un conjunto de conocimientos y destrezas que permiten a los individuos dar respuestas a problemas que se presentan en las diversas esferas de la actividad social.

La competencia lectora se impone como el medio fundamental para la construcción de estos saberes funcionales.

Somos conscientes de que hoy un lector competente no es solo quien comprende literalmente los textos, sino también quien sabe interpretar la información y reflexionar sobre ella para poder usarla; pero también quien sabe moverse con éxito entre la sobreabundancia de información en la red, quien es capaz de organizarla y compartirla, de poner en relación informaciones que están en muy diversos lugares y quien, además, es capaz de valorar su fiabilidad, su objetividad y su pertinencia en relación con la finalidad de la lectura.

Objetivos como estos, tan ambiciosos y también tan decisivos —no solo para el éxito académico y profesional, sino para seguir aprendiendo más allá del periodo escolar y para ejercer la ciudadanía activa en un mundo complejo y cambiante como el nuestro— implican además al conjunto de los ciudadanos, no a una minoría letrada como en el pasado.

Todo ello requiere unos centros educativos dotados no solo con recursos materiales idóneos, sino con unas formas de organización y unos métodos de enseñanza y de aprendizaje en los que la construcción de los conocimientos a partir de la lectura y el manejo de textos muy variados sea el criterio rector.

15 jun 2013

Organización de bibliotecas escolares



Este documento se dirige fundamentalmente a los docentes responsables de las bibliotecas escolares de los centros públicos andaluces con el fin de que dispongan de una herramienta de referencia que les permita ejercer las responsabilidades y funciones encomendadas por la Consejería de Educación. Contiene un cuerpo bibliográfico comentado y se abordan contenidos relacionados con las tareas básicas para poner en marcha y transformar la biblioteca escolar del centro: análisis de los recursos de la biblioteca, distribución y señalización de espacios, recopilación de la colección y proceso técnico, expurgos, separación y organización de la documentación, definición de la política de préstamo, selección de los fondos, normas de funcionamiento, apertura de la biblioteca, etc.

A la hora de poner en marcha y organizar la biblioteca escolar como centro de recursos para la enseñanza y el aprendizaje (BECREA) y su posterior uso pedagógico es preciso contar con profesorado cualificado y formado en este ámbito. Este es un pilar básico para la organización y gestión de los recursos y el uso pedagógico de la biblioteca. No sólo la persona responsable de la biblioteca debe formarse, sino también su equipo de apoyo y el resto del profesorado con el fin de que conozcan las posibilidades pedagógicas que ofrece este recurso.

Mantener actualizada la información en torno a las bibliotecas escolares (normativas, experiencias, comunicaciones oficiales, convocatorias...) difundirla y transmitirla, según proceda, al resto de la comunidad
educativa, es una acción fundamental. Esta información puede ahorrar mucho tiempo y esfuerzo a la hora de dar pasos seguros en la gestión de la biblioteca. 

Enlace:http://www.juntadeandalucia.es/averroes/bibliotecaescolar/images/MisPdf/DR2/DR2BECREA.pdf

20 oct 2012

Cómo dar vida a la biblioteca escolar en Secundaria

Por José Antonio Camacho Espinosa 



La biblioteca escolar ofrece diferentes servicios con el objetivo de satisfacer las necesidades de la comunidad educativa. Por eso, debe mantenerse en un proceso de renovación y dinamismo constante, facilitando a sus usuarios tanto el acceso a sus instalaciones como a los materiales que contiene. También ha de presentarles las posibilidades de consulta y de uso general de sus materiales, además de ayudarles a encontrar la información que demandan de forma autónoma.




Introducción 


Una biblioteca, al igual que el centro educativo del que depende, o es una «biblioteca viva» o no es una biblioteca. No se trata de disponer de un gran local, de los mejores equipamientos, de un magnífico fondo documental o de las herramientas más modernas para el tratamiento y el acceso a la información. Todo eso es necesario para que exista una buena biblioteca, pero la «vida» se la dan las personas que la gestionan y los lectores que hacen uso de ella.


Una biblioteca es, ante todo, un conjunto de servicios que se ofrecen a una comunidad. En el caso de un centro educativo nos referiremos a la comunidad educativa. Alumnos, profesores y familias necesitan este centro de documentación para satisfacer sus necesidades de información y documentación, en unos casos comunes y en otros específicas.

Los alumnos, para llevar a cabo su proceso de aprendizaje global, en cualquiera de las áreas del currículo. Los profesores, para dar respuesta a la didáctica de cada una de sus materias, a los procesos de investigación e innovación, a la formación continua y a la información profesional. Las familias, por su parte, dispondrán de aquella información y documentos que pueden ser útiles en su tarea educativa. Y todos ellos podrán satisfacer sus necesidades de información general, referencial, local, de ocio, etc.

La imaginación será una aliada permanente en la tarea del bibliotecario y de las personas que colaboren con él, de tal modo que la biblioteca se encuentre en proceso de renovación constante, manteniendo su atractivo y dando la mejor respuesta a cada una de esas necesidades.

Por otra parte, una biblioteca escolar debe, ante todo, preparar a los jóvenes para desenvolverse en cualquier centro de documentación y para continuar los procesos de autoformación, una vez terminada la escolaridad obligatoria. De ahí que se plantee en este artículo un proceso que puede ser secuencial o simultáneo, pero en el que se han de contemplar cada una de las etapas que a continuación se describen.

En primer lugar, hay que conseguir que todos los usuarios potenciales se conviertan en usuarios reales. Que los miembros de la comunidad educativa reconozcan en la biblioteca un recurso básico para la formación, la información y la ocupación del tiempo de ocio.
Una vez que los lectores se acerquen a la biblioteca, recibirán información acerca de todo lo que ésta les puede ofrecer a fin de prepararlos para que hagan uso de ella con el máximo aprovechamiento.

Cuando el usuario conozca ya la biblioteca, todo lo que alberga y los servicios que le ofrece, se le enseñará a reconocer y localizar los distintos documentos. Se instruirá al lector en el manejo de las herramientas más adecuadas, sobre todo los catálogos, bases de datos y buscadores.

Conocida la tipología documental y los diversos soportes con que cuenta una biblioteca, es el momento de extraer del documento la información precisa. No todos los documentos ni todos los soportes son iguales; por tanto, también se enseñará a los jóvenes a manejar cada uno de ellos.

Una vez que se han dado todos los pasos para la selección y búsqueda de los documentos y la recogida de la información contenida en ellos, hay que concluir con la extracción y tratamiento de la misma, para presentarla en forma de nueva información capaz de generar en quien la lea nuevos conocimientos.

Lo que se ofrece a continuación es un conjunto de propuestas que permiten al bibliotecario –y al profesorado en general– llevar a cabo este itinerario de un modo atractivo para los alumnos, sin perder de vista los verdaderos objetivos de la biblioteca, transformándola en un verdadero ente con vida propia




Zonas para distintos usos. Aunque el espacio total de la biblioteca escolar sea escaso –algo habitual en los centros educativos– es importante que el alumno tenga claro que la biblioteca no es un tótum revolútum, sino que en ella puede encontrar documentos de formato y contenido diverso y que puede realizar actividades de lo más variado. Por eso, conviene diferenciar: zona de información al usuario, novedades y consulta de catálogos; zona de lectura relajada –asociada a las obras de ficción–; hemeroteca; área de consulta y trabajo individual –asociada a los documentos temáticos o de conocimientos–; audiovisuales; zona de acceso a documentos electrónicos y consulta de Internet.


Decorar, informar, atraer. Lo anterior es mucho más atractivo para los lectores si se mantiene una decoración cuidada y renovada. Periódicamente hay que dar un aire nuevo, aprovechando el cambio de estaciones, la celebración de alguna fiesta, la visita de un autor o el tratamiento de algún tema de interés. Al mismo tiempo, se mantendrá un clima acogedor con plantas, grandes ilustraciones, luces indirectas, etc. Este ambiente general, hay que completarlo con indicativos que faciliten en todo momento el uso de la biblioteca. Esta tarea se verá complementada con información que se facilitará a los usuarios en forma de tríptico u hoja informativa y que estará permanentemente expuesta en el tablón de anuncios. Un tablón que se situará a la entrada de la biblioteca y hacia el que se atraerá la atención con información actualizada: listas de novedades, programación de actividades, avisos, anuncios de los lectores, artículos de prensa o titulares de interés, programación cultural del barrio o localidad, etc.

Facilitar la localización de documentos. El criterio más adecuado para la ordenación de los libros –y más en un centro de secundaria– es la utilización de la CDU (Clasificación Decimal Universal). Unido a ello, hay que introducir algunos elementos que sirvan para hacer lo más sencillo posible la localización de cualquier obra de interés del lector: símbolos que hagan referencia al género de las obras (en el caso de la literatura) o al contenido de las mismas (en el caso de los libros de conocimientos) y adhesivos de colores para orientarles respecto al nivel lector al que va dirigido un libro determinado. También es habitual emplear tejuelos de distintos colores para resaltar las obras que no se pueden sacar en préstamo de la biblioteca: enciclopedias, diccionarios, catálogos, etc.
Por otra parte, la ordenación siguiendo temas de interés suele dar buen resultado, ya que se reúnen en un estante o armario un conjunto de obras que, independientemente de su género, materia o soporte, se agrupan para que el lector pueda encontrar todo lo que hace referencia a un tema concreto.
Cuando se disponga de colecciones de 20 ó 30 ejemplares de un mismo título para realizar actividades grupales (librofórum, club de lectura...) conviene diferenciarlas también con algún distintivo y guardarlas en depósito.

Dar utilidad a los viejos catálogos. El volumen y las características de la información que se maneja en una biblioteca actual hacen imprescindible el empleo de equipos informáticos y la automatización de la misma. Pero no hay por qué desprenderse de los antiguos catálogos manuales, dado su carácter didáctico y manipulativo, de gran interés para los alumnos en los primeros cursos de la ESO.

Aprender de las librerías. Algo que no puede faltar en una biblioteca es un lugar donde sistemáticamente aparezcan los libros, discos, vídeos o CD-ROM que se van incorporando a la misma. Antes de que una obra pase a su ubicación definitiva, debe permanecer unos días en el expositor para que los usuarios se enteren inmediatamente de su adquisición. Asimismo, se informará de esas compras a todo el centro a través de una lista de novedades. Cualquier acontecimiento, celebración o tema de interés debe ser motivo también para renovar los libros del expositor.

Ayudante bibliotecario. La implicación de los chicos en la biblioteca escolar, no sólo como usuarios sino como colaboradores, tiene un interés pedagógico excepcional. Los alumnos de Secundaria pueden participar a través de talleres o como miembros de la comisión de la biblioteca en tareas de ordenación, devolución de documentos, elaboración de dosieres, preparación de libros para el préstamo, etc.  


Acercarse a la biblioteca 


Como cuando vamos de viaje. La biblioteca escolar debe estar presente en cualquier aula, en cualquier área y en cualquier departamento, y debe ser accesible a cualquier sector de la comunidad educativa. Un instrumento útil para ello son las hojas o folletos que nos informan esquemáticamente de los recursos disponibles, de su organización y forma de localización, de los servicios y de las normas de funcionamiento. Esa misma información se ofrecerá a través de carteles y de la página web de la biblioteca.


Vender el producto. Al iniciarse cada curso académico o en momentos significativos, el bibliotecario debe preparar campañas de información o de atracción. Estas campañas pueden ir dirigidas a toda la comunidad educativa o a sectores concretos. Se utilizarán, como en el caso anterior, los recursos más eficaces a nuestro alcance.

El salto al ciberespacio. En estos momentos hay una sentencia que se aplica a rajatabla en cualquier empresa que quiera ser competitiva: «quien no existe en la web, no existe en el mercado». Esto es perfectamente aplicable a la biblioteca. La página web debe ser un instrumento dinámico y renovado que, además de ofrecer la información y los recursos más actualizados, invite constantemente al uso de los mismos: alertas informativas, página de novedades, difusión selectiva de la información, etc. Los documentos digitales forman parte de la vida diaria y esto no se puede ignorar en la biblioteca escolar.  


Conocer la biblioteca 


Una gira por la biblioteca escolar. Es conveniente realizar una visita guiada por la biblioteca al inicio de cada ciclo o etapa. La información que se dé y las actividades o juegos que se realicen se adaptarán a cada nivel o grupo de alumnos. Estas visitas ayudan a conocer el contenido de la biblioteca, las normas de funcionamiento, la forma de localizar documentos, los servicios que se ofrecen, etc. Por otra parte, hay motivos que invitan a preparar visitas extraordinarias: la llegada de una nueva colección o la incorporación de un gran fondo, la instalación de nuevos equipos, la automatización o el cambio de sistema, etc. Estas visitas también se pueden organizar para las familias o para personas externas al centro educativo, mediante jornadas de puertas abiertas.


Juegos de simulación y web-quest. Las TIC permiten desarrollar una especie de viaje a través de la biblioteca, mediante juegos de simulación, web-quest y otros instrumentos digitales. Para ello se fotografían las distintas secciones de la biblioteca con la cámara digital y se propone un recorrido en cada uno de los cuales el lector incorpora indicativos o documentos que se han eliminado y que él tiene que tomar de un depósito o carpeta.
Mucha información y soportes distintos. Uno de los primeros conocimientos con los que debe contar cualquier usuario es la diferenciación de los distintos soportes documentales y su forma de consulta. Para conseguirlo, se prepara un conjunto de tarjetas en cada una de las cuales planteamos una necesidad informativa que se puede satisfacer a través de alguno de los documentos existentes en la biblioteca. Por otra parte, en una gran mesa se coloca al menos un documento de cada uno de los tipos con los que contamos en nuestro fondo. A través de estrategias de búsqueda y de dinámicas de grupo, los muchachos tienen que localizar, poner en común y justificar la elección de un recurso concreto. A partir de aquí se pide que localicen el lugar de la biblioteca donde se ubica cada documento para así poder hablar de la organización de los mismos.  


Localizar los documentos 


Manejar los catálogos. Tanto si se dispone de catálogo manual (con fichas) como si se cuenta con uno automatizado (OPAC) hay que tener a disposición del usuario una guía que le oriente en los pasos que debe seguir para localizar un documento o que le ayude a resolver las dificultades más habituales. También es interesante elaborar un tutorial que le permita aprender paso a paso, de forma autónoma, el manejo del OPAC.


¿Qué nos dicen los tejuelos? Para que los alumnos se familiaricen con el tratamiento que reciben los documentos antes de ponerse al préstamo, se organizan talleres. En ellos, como se mencionaba anteriormente, los muchachos se convierten en ayudantes del bibliotecario y colaboran en algunas de sus tareas. Uno de los elementos que hay que preparar para cada libro es el tejuelo, que sirve para ubicarlo y localizarlo. A través de algunas actividades de carácter lúdico, conocerán el significado de las distintas iniciales y de los símbolos que se colocan en el mismo.

El álbum de cromos de la biblioteca. Una forma interesante de atraer la atención de los muchachos y facilitar el aprendizaje –aunque a veces demasiado explotada– es la utilización de álbumes de cromos. En este caso se trata de preparar la reproducción de las cubiertas de un conjunto de libros en pequeño formato. Se proporciona a cada uno el álbum y, a través de una dinámica de juego en la que se impliquen los profesores de distintas asignaturas, se van entregando los cromos. Cada vez que se entrega un cromo nuevo el alumno debe encontrar en la biblioteca el libro correspondiente mediante unas pistas que se indican en dicho cromo. Una vez que localice la obra, dispondrá de la información necesaria para descubrir la página del álbum donde lo debe pegar.

Cada documento en su lugar. Ahora cada alumno –o cada equipo de alumnos– debe ubicar en el estante, armario o cajón correspondiente el conjunto de documentos que se le ha entregado previamente. Para ello se ofrecen una serie de pistas que le vayan llevando a las diferentes secciones de la biblioteca. En esta ocasión se utiliza una tabla dicotómica de preguntas, cada una de las cuales tiene dos respuestas. Cada respuesta, a su vez, lleva a una nueva pregunta. Así hasta llegar al punto en el que se encuentra una réplica de la portada del libro que tiene entre manos. Si coincide la réplica con el libro, la solución es correcta. En caso contrario, tendrá que volver a empezar para ir por otro camino.

¿Todo está en Internet? Los recursos electrónicos son cada día más numerosos, sobre todo en la red. Por tanto, es imprescindible enseñar a los chavales a localizarlos a través de las herramientas más adecuadas. El primer peligro que hay que evitar es el de la dispersión: hay que fijar claramente los objetivos y la trayectoria de una búsqueda para no perderse por caminos laterales. En segundo lugar, centrados ya en la búsqueda de un documento propiamente dicho, hay que diferenciar entre aquellos que son visibles en Internet a través de los motores de búsqueda o directorios, por depender directamente de una sede web y aquellos otros que están ocultos y a los que hay que acceder a través de un catálogo o de una base de datos. Por último, hay que aprender a manejar las distintas herramientas que la web ofrece: motores de búsqueda, metabuscadores, directorios, catálogos y bases de datos. Se trata de instrumentos, a veces, muy similares, pero que tienen sus peculiaridades y que, conociéndolos a fondo, permitirán búsquedas mucho más eficaces. Para trabajar con ellos es interesante que el bibliotecario prepare una serie de propuestas o estrategias de búsqueda guiadas que vayan introduciendo paulatinamente en cada una de las herramientas hasta dominarlas.  


Encontrar la información adecuada 


Diccionarios, enciclopedias, atlas, anuarios, directorios... ¡Cuánta información! Las obras de referencia requieren un manejo muy particular, dado que cada una de ellas presta un servicio distinto. Un diccionario sólo ofrece la definición de una palabra de la lengua que se está manejando o su traducción, en el caso de los bilingües. Una enciclopedia proporciona información acerca de personajes, lugares geográficos y toda clase de contenidos de carácter científico, humanístico o literario. Los atlas, por su parte, permiten la localización rápida de elementos geográficos, bien físicos o políticos, e información sucinta sobre los mismos. Los anuarios, directorios, guías... ofrecen datos o informaciones puntuales para resolver dudas, para tomar decisiones o para acometer actuaciones. En este tipo de recursos documentales es donde la informática ha permitido un gran salto cualitativo, ya que la interactividad, las facilidades de búsqueda y el hipertexto, unidos a las conexiones telemáticas, ofrecen posibilidades casi infinitas. Es imprescindible preparar actividades específicas para conocer sus aplicaciones y aprender el manejo de cada una de ellas, tanto en formato impreso como electrónico.


«El tiempo es oro». Tomando como modelo el conocido programa de la televisión, se plantea un reto a través de una serie de preguntas o sentencias que llevan a la resolución de un enigma. Para ello, los participantes tienen que utilizar distintas fuentes de información –principalmente obras de referencia– en las que encontrarán las respuestas.

El viaje a través de... Con la estrategia de la preparación de un viaje, se propone a los participantes elaborar una guía que permita ir paso a paso por una ciudad, un país, un río..., mencionando aquellos lugares de interés o respondiendo a una serie de preguntas que el bibliotecario ha propuesto. Es una actividad muy apropiada para trabajar con los atlas, pero se puede complementar con enciclopedias e incluso con monografías sobre costumbres, geografía, etc. Esa misma propuesta se puede hacer para «viajar por el cuerpo humano», «viajar por el proceso de fabricación de un producto», «viajar en el tiempo a través de la historia»...

Índices, sumarios, glosarios... ¿Sabes orientarte? Con frecuencia, los alumnos de Secundaria, e incluso de Bachillerato, buscan información de forma desordenada y sin criterios en el texto de un libro, haciendo caso omiso de los instrumentos de consulta con los que cuenta la mayoría de las obras. Saber manejar índices, glosarios, bibliografías o gráficos puede ahorrar horas de trabajo. Conseguir que los muchachos se familiaricen con ellos no es una tarea complicada, pero hay que contemplarla dentro de la programación de las actividades de formación documental, no se puede dar por sabido. También se pueden presentar a los lectores obras carentes de dichos elementos y que sean los alumnos quienes los elaboren. Serán los primeros pasos para que, cuando tengan que enfrentarse a la redacción de un trabajo escrito, sepan planificarlo y realizarlo correctamente.

Los dosieres de prensa. Mantener operativo a lo largo del curso escolar un taller para la creación de archivos de prensa por el que vayan pasando distintos grupos de alumnos permite, por un lado, crear un fondo temático de gran interés para la realización de trabajos de todo tipo y, por otro, familiarizar a los alumnos con periódicos y revistas. Así después sabrán localizar, de forma autónoma, cualquier información de actualidad que necesiten. Estos dosieres se pueden elaborar en formato electrónico, creando un conjunto de carpetas y subcarpetas en el ordenador de la biblioteca, de donde cualquier usuario pueda tomar una información para satisfacer sus necesidades.  


Transformar la información y difundir nuevos conocimientos 


El fichero o base de datos con reseñas bibliográficas, citas o direcciones URL. Cuando nos disponemos a redactar un texto, toda la información que se va recogiendo de aquí y de allá, con sus correspondientes referencias, se deben agrupar en un fichero, bien manual o automatizado. Las fichas manuales son muy operativas, funcionales y sencillas de manejar por los más pequeños del centro. Pero cuando el volumen de información va creciendo, una sencilla base de datos permite el manejo y recuperación de esa información con más facilidad.


Murales, carteles, paneles informativos... Una forma atractiva e intuitiva de presentar una información es a través de estos medios, aunque para ello se requiere algo que generalmente resulta difícil de conseguir a muchos lectores: capacidad de síntesis. Por eso, es una actividad de gran interés desde las edades más tempranas, aunque debe plantearse de forma gradual y manejando distintas técnicas expresivas, gráficas y tipográficas.

El periódico de una época o un lugar determinado. Un modo interesante de plantear el manejo de obras de historia, geografía y ciencias sociales en general, es presentar esa información en formato de periódico o revista. Algunas propuestas pueden ser «El periódico de mi ciudad hace 200 años» o «El periódico de una lejana región o país», de tal modo que toda la información se presente siguiendo las secciones habituales de un periódico y redactada con estilo periodístico.

Artículos para revistas y periódicos. Cuando los alumnos hayan adquirido ya cierto nivel tanto en el manejo de las fuentes y del lenguaje escrito como en la organización y presentación de sus trabajos, es el momento de que éstos salgan a la luz, bien a través de las propias publicaciones periódicas de la biblioteca escolar (en formato impreso o electrónico), bien a través de las de difusión general.

Uso de las TIC para que nos entiendan mejor. Los recursos tecnológicos ofrecen dos ventajas a la hora de presentar un tema: el atractivo que tiene para los chicos el manejo de distintos soportes y técnicas, y el refuerzo del mensaje escrito con imágenes y sonidos. Las grandes posibilidades que ofrecen las aplicaciones informáticas actuales permiten realizar trabajos con presentaciones de gran calidad y con acceso a todo tipo de recursos digitalizados: textos, imágenes, gráficos, música, etc. Pero antes de llegar a ese punto conviene emplear otros recursos como grabaciones en casete, dibujos y gráficos realizados en acetato o diapositivas que, como en el caso de las fichas de cartulina, son más manejables e intuitivas para los alumnos de los primeros cursos de la ESO.

El libro de... El gran reto que se puede plantear un profesor con su grupo de alumnos, con la inestimable colaboración del bibliotecario escolar, es la confección de un libro en el que se recojan los conocimientos alcanzados durante un curso escolar en un tema, un área o en un conjunto de ellas. Se puede decir que es el fin último de todo este proceso en el que se han planteado el conocimiento y manejo de todo tipo de fuentes documentales, y el tratamiento y presentación de la información en otro documento creado por los propios alumnos. Para ello habrá que echar mano de las técnicas y recursos que se mencionan más arriba, a los que se puede añadir todo el proceso de planificación y reparto de tareas, antes de la realización del mismo, así como un taller de encuadernación que permita recopilar todos los trabajos realizados en un solo volumen.


Fuente: http://www.plec.es/documentos.php?id_documento=118&id_seccion=16&nivel=Secundaria
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