14 jul 2010

Nuevos hábitos de lectura. Lectura en pantallas

Por: José Antonio Vázquez

No hace falta repasar la historia de la cultura oral y escrita –ya lo hizo muy bien, entre otros, Alberto Manguel en Una historia de la lectura- para saber que con cada cambio, en cuanto a la naturaleza de los textos se refiere, llegaban también nuevos hábitos, no exentos de crítica y suspicacias. Los hábitos son modos de proceder que tiene cada persona de manera instintiva, y con los que se maneja en el mundo. Los hábitos de lectura hace tiempo que ya han cambiado y este cambio lo ha provocado Internet. La novedad de este nuevo hábito de lectura es que están siendo los medios impresos los que se están adaptando a la costumbre de leer cada vez más en pantallas, en cualquier lugar, gracias a cualquier soporte. No ha habido que inventar nada como la imprenta; los ordenadores y la Red ya estaban aquí. Por tanto, el nuevo hábito de leer en pantallas no es tan nuevo. El cambio que sucede a esta manera de leer sólo atañe a partir de ahora apenas a cuestiones técnicas, de mejora, para que las pantallas en las que hacemos gran parte de nuestras lecturas sean cada vez más amables y cómodas, como ya lo son algunas.

Es posible que hasta los más “ávidos lectores” en realidad lean más tiempo delante del ordenador que libros impresos. Una vez más tenemos que recordar, antes de seguir avanzando, que esta tendencia se va a incrementar según crezcan las generaciones nativas digitales. No vamos a entrar otra vez en la discusión de que si el papel es mejor (porque es con lo que he crecido) o que si los libros electrónicos no son libros o que si leer en una pantalla no es leer (tampoco lo era hacerlo en edición de bolsillo en la parada de autobús cuando se popularizó este formato). Sobre todo porque, insisto, todos leemos con pantallas (el 78% de la población sobre el 68%) por alguna razón u otra, desde la más profesional (investigación, búsqueda de información, consulta, estudio, foro de discusión, etc.) hasta la más aparentemente trivial (redes sociales, blogs, navegar por Internet, leer correos electrónicos, “hojear” revistas digitales, páginas web, etc.).

Otra de las premisas de las que se parte cuando se habla de hábitos de lectura es desde la idea de que leer sólo significa leer libros. Es más, sobre todo en el ámbito del libro, a veces nos creemos –con cierta lógica gremial algo egocéntrica- que leer es sólo leer a Kant o Tolstoy, y enseguida olvidamos que, incluso nosotros mismos, pasamos más tiempo leyendo otras cosas en lugar de los libros a lo que nos gustaría dedicar más horas. De nuevo, para observar debemos tomar distancia con respecto a nuestros gustos personales, hábitos propios y costumbres cercanas, y pensar en cómo actúan y van a actuar las nuevas generaciones de lectores. Leer no es sólo sentarse en la butaca favorita junto a una luz ideal y disfrutar de una buena edición de nuestro clásico preferido. Sabemos que este tipo de lector es la minoría. Y este tipo de lector también ha adquirido el hábito, antes de recogerse en su cómoda butaca, de pasar largos ratos delante de una pantalla para leer, lo que sea. Y esta tendencia va a ir a más.

La buena o mala costumbre de leer en pantallas.

Ante esta evidente costumbre que compartimos la mayoría, habría que analizar detenidamente la transformación de ciertos hábitos como el de la lectura, no necesariamente malos por el hecho de ser otro al que hemos practicado hasta hace unos años. Existen tantas lecturas como tipos de texto. Cada lectura requiere su tiempo y su atención (en este sentido continúa siendo interesante la diferenciación que ha establecido Scolari, siguiendo a Cavallo, G. y R. Chartier, entre lectura “intensiva” y “extensiva”, en profundidad la una, más superficial y multimedia la otra. Está bien como punto de partida, aunque se podrían matizar aún más a raíz de las diferencias entre los soportes y los contenidos). Hay diversos estudios que afirman que la lectura online es una lectura más fragmentaria, que dedica menos atención al texto en profundidad y más al conjunto general de ideas, el tipo de lectura que se hace de páginas web o incluso prensa online, pero también en papel: ¿Quién se lee el periódico de principio a fin? Hojeamos, miramos titulares, vamos y venimos según el interés que tenemos por las noticias, etc. Otra cosa es leer una novela o un ensayo.

La diferencia estriba en el mismo hábito. Si siempre se ha leído en papel, nos puede resultar cansado leer una novela en la pantalla. Sin embargo, parece que todos nos hemos habituado a leer la prensa online –la edición de prensa online ha crecido un 40% en el último año, y son ya 21 millones de lectores del New York Times en su formato digital-, y poco a poco lo vamos haciendo con manuales o libros a los que sólo podemos acceder a través de la red y gracias a la digitalización. En un interesante y extenso estudio sobre el futuro de Internet, el 65% de los encuestados considera que la red mejorará la comprensión lectora y de escritura; por el contrario, el 32% consideran que Internet ha disminuido la capacidad de comprensión, no sólo lectora

Se afirma que la lectura en pantallas favorece la distracción en detrimento de una lectura que potencie la atención y el pensamiento crítico (existen programas para despejar una página web y dejar el texto limpio en la pantalla), pero se parte desde la idea de la lectura en papel. Lo cierto es que los nuevos hábitos traerán una nueva configuración del pensamiento que no tiene que ser necesariamente inferior. En las generaciones que han crecido con los ordenadores se han detectado mayores índices de alfabetización y una mayor capacidad para el razonamiento complejo. La lectura en Internet ha resultado ser una gimnasia cerebral en muchos aspectos neurológicos. Si bien, otros estudios indican que el papel favorece la comprensión lectora. Todavía no hay datos de lectores que sólo hayan leído en pantallas.

El cerebro muestra una gran capacidad de adaptación, mucho más rápida que la voluntad que revelan sus respectivos dueños. Un adagio de los científicos que trabajan sobre la inteligencia social dice que el ser humano se resiste a los cambios, pero que se adapta fácilmente a ellos. Lo que en principio nos cuesta, acaba por no resultarnos tan incómodo. Habrá generaciones que no necesiten tal adaptación porque tendrán el hábito desde siempre. Es cierto que las pantallas y soportes móviles no siempre están pensados para el tipo de lectura que hacemos en un texto impreso. Salvo en el caso de los e-Readers, que tratan de imitar la misma sensación, para la lectura en un ordenador, en un iPhone o en una tableta tipo iPad ya se están configurando los formatos de acuerdo a estas nuevas formas de acceder a ella. La tinta electrónica, E Ink, no supone el mismo cansancio para la vista, con la luz adecuada. A su vez, para evitar la inhibición de melanina, la excitación que supone en ocasiones la retroiluminación de cierto tipo de pantallas al estar mucho tiempo expuestos a ellas, se está experimentando con pantallas que adopten los dos modelos: tinta electrónica y retroiluminación: las pantallas mixtas.

Las posibles alteraciones oculares, sensación de fatiga, por la excesiva exposición de los ojos sobre estas pantallas ya están dejando de ser un problema, si realmente lo han sido en todos los casos. El Dr. Travis Meredith, director del departamento de oftalmología de la Universidad de Carolina del Norte, ha llegado a laconclusión de que son otros muchos malos hábitos los causantes de esta fatiga, y no la tecnología. Las últimas pantallas de LCD no tienen que ver con las de nuestros primeros ordenadores o las de las televisiones de sólo hace unos años. Ante toda lectura, en papel o en pantalla, existen una serie de normas para evitar problemas de atención y oculares, como tener una buena postura, leer con la luz apropiada, hacer pausas durante la lectura y estar a una distancia prudencial del texto. Sabemos que un papel ahuesado es más amable que el blanco, como el de los folios, que, junto a determinado tipo de luz, puede ser muy molesto y provocar incluso dolores de cabeza, según la sensibilidad del lector (para la lectura continuada, oculistas y neurólogos recomiendan la bombilla azul). Hay otras cuestiones en cuanto a la vista cansada que atañen a la edición de los textos, también universales en cualquier formato: una buena maquetación y, sobre todo, una tipografía adecuada y clara. Con los libros digitales los editores ya no tienen que ajustar interlineados y márgenes en cajas hasta el límite de la hoja para ahorrar papel; nuestra vista lo agradecerá.

Nada impide pensar –solventados los problemas técnicos- que si las generaciones que nunca hubieran pensado que iban a pasar tantas horas leyendo delante del ordenador se han habituado a hacerlo, y durante mucho tiempo, las nuevas no sean capaces de leer una novela en una pantalla sin problema. Todavía nos faltan datos para saber qué diferencias se pueden establecer entre la lectura en papel y en pantalla, diferencias que no significan necesariamente que una sea mejor que otra, como afirma la conocida científica noruega Anne Mangen, que estudia nuestro comportamiento lector desde hace años. Y no hablamos de la que, a día de hoy, nos resulte más cómoda y para según qué tipo de lectura. Una vez más es cuestión de educación y de hábitos generacionales.

Presuponer que los niños se vuelven cómodos con Internet y no van a volver a ser capaces de leer un libro porque la web es más divertida es generalizar demasiado y dejar en manos de ellos mismos su propia educación. Lo cierto es que si un niño o joven quiere leer, se le inculca la necesidad -al menos a esas edades- de la lectura, lo hará, y es muy posible que lo haga en alguna pantalla, y aún más posible que con menores distracciones que nosotros porque conocerá mejor el medio. Si bien es cierto que es diferente la educación lectora que el hábito de lectura, la introducción de las TIC es las escuelas van acercar ambos conceptos sustancialmente. “A pesar de” Internet, los índices de lectura infantil se han mantenido estables en estos diez años, incluso han aumentado.

Los nuevos hábitos en el ámbito educativo.

Mientras se consigue que la lectura en pantallas sea más amable y la plasticidad de nuestro cerebro se adapta a una lectura continuada en pantallas, acostumbrado como está al papel, los datos de lectura de contenidos digitales señalan que esta tendencia va en aumento y, al contrario de lo que se cree, en función del hábito de leer, estudiar y trabajar con el ordenador. La evidencia es la cantidad de tiempo y uso que le dedicamos al ordenador y a la red, tanto en el ámbito universitario como de trabajo. Antes que dispositivos de lectura específicos como el Kindle, Papyre, iPhone, Sony Reader, iPad, etc., a día de hoy casi la mitad de los lectores que adquieren ebooks lo hacen para leer en el ordenador.

Las universidades y bibliotecas no son ajenas a esta tendencia. Por una parte, las bibliotecas están adaptando sus infraestructuras a la digitalización. Por otra, las universidades están ya en el proceso de digitalización de los textos (eTexts), con los que ya trabajan estudiantes y profesores. El observatorio JISC, que se dedica a la investigación del impacto, comportamiento y desarrollo de nuevos modelos de negocio alrededor de los ebooks y libros de texto electrónicos, concluye en su último estudio que el 64,6% de alumnos y profesores de las universidades del Reino Unido en las que han lleva a cabo su investigación utilizan libros digitales. Ya en el 2008 el 53% de los estudiantes con contenidos digitales sólo leían en la pantalla del ordenador. Los datos de ese mismo año en nuestro país señalaban que el 51% de los estudiantes optarían “frecuente o muy frecuentemente” por usar versiones electrónicas de los libros antes que versiones impresas, frente al 32% que “a veces” prefieren los libros electrónicos. Sólo un 17 % afirmaba que siempre usaba la versión impresa. En ambos ejemplos, es muy posible que los porcentajes disminuyesen con estudios de humanidades, donde la relación con el libro impreso es otra.

En Francia, un estudio señalaba recientemente que el 48% de los que ya han probado un ebook destaca la comodidad de la lectura como una de las ventajas de este formato. El porcentaje es aún mayor -73%- entre los que ya son lectores habituales de ebooks. Y el interés aumenta a medida que se lee más, es decir, que se es unlector habitual.

Los nuevos hábitos llevan a nuevas formas de expresión.

Con estos datos está muy claro que la lectura en pantalla va a ocupar cada vez más el lugar que antes lo hacía el papel. En el ámbito de la prensa escrita ya hemos visto que está siendo así. Determinado tipo de libro o género tardará más tiempo en ser leído en formato digital, y una vez más los bestseller serán –ya lo son- la punta de lanza de los ebooks; el lector de bestsller es el lector mayoritario de libros. Los cambios están tan cerca que ya existen nuevas creaciones, quizá nuevos géneros, que se adecuan a los nuevos soportes de escritura y de lectura. Tanto en lectura online como para libros digitales. La característica que mejor define un texto online es el hipervínculo. La lectura online no es lineal, es más explorativa.

Sobre la lectura online podemos ver diversos ejemplos de cómo un texto puede ser leído de un modo que facilita su comprensión. Un buen ejemplo de ello es la edición online del Finnegans Wake, de James Joyce; un texto de por sí difícil y que en su versión en red favorece una lectura, precisamente, sin distracciones. Otro ejemplo es una edición del Cándido de Voltaire, llevada a cabo por la Biblioteca Pública de Nueva York.

UnCándido 2.0 para la lectura online en el que caben todo tipo de comentarios, aclaraciones, relaciones, etc., siempre y cuando sean pertinentes. Un texto social sobre el que se puede debatir, apuntar, compartir relaciones, pero respetando el texto original del autor. Otra cosa son los nuevos experimentos en los que la obra quede abierta por voluntad de su autor y en colaboración con sus potenciales lectores. En las últimasjornadas de ANELE tuvimos ocasión de escuchar las interesantes propuestas al respecto de Peter Brantleysobre la posibilidad de interacción y la autoría o de Tíscar Lara a propósito de las competencias digitales y el conocimiento abierto, más enfocado a la educación.

Las posibilidades de narración pueden ir más allá del hipertexto y alcanzar las cotas de lo multimedia. No vamos a entrar aquí en si es o no es literatura, pero lo cierto es que como posibilidad ya existen ejemplos, y sobre la calidad, sean o no géneros nuevos o tonterías interconectadas, quizá todavía es demasiado pronto para juzgarlos. Como en cualquier ámbito creativo, las obras son buenas o son malas, sin entrar a valorar cómo o por quién están hechas, aparte de los gustos personales, claro. Desde las micronovelas para el iPhone, superventas en Japón, a otros ejemplos de la llamada webliteratura, se abren nuevas formas de expresión que hacen de los experimentos con nocilla algo obsoleto, si no lo eran ya antes. Son tales las diferentes posibilidades de leer hoy en día que se están creando plataformas para debatir estas nuevas formas de expresión que unen la literatura con las nuevas tecnologías. Un ejemplo muy reciente de esto es The Literary Platform. En España están haciendo un trabajo importante sobre literatura digital y electrónica desde el Portal de Literatura Electrónica Hispánica, alojado en el proyecto Cervantes Virtual, con un interesante blogsobre las novedades de estos nuevos posibles géneros.

Como es lógico, nuevas maneras de escribir y de leer conllevan nuevos modos de interpretar y pensar: En Portugal, José Afonso Furtado, desde una perspectiva textual, o en Francia Jean Philippe Pastor, desde una perspectiva más cercana a la filosofía con claras influencias derrideanas, están profundizando en las consecuencias de la hipertextualidad, los textos digitales, el metadato y cómo repercute no sólo en la creación textual sino también en un nuevo modo de pensar y entender el mundo, un nuevo mundo interconectado y multimedia que requiere una nueva revisión hermenéutica. Aquí, desde una perspectiva textual o de lectura, Antonio Rodríguez de las Heras o José Antonio Millán, entre otros, también dirigen su mirada en sus análisis a los cambios fundamentales que suponen tanto la lectura como la escritura digital.

Lectura responsable

A partir de ahora podemos, expectantes, observar hacia dónde se van a dirigir las palabras, en compañía de qué otros modos de representar una idea o una historia. Hasta dónde va a llegar el texto y cómo van a seguir afectando estos cambios a nuestra manera de leer. En pantallas. El debate sobre el libro y su mística (Blanchot, Steiner), y con él el del texto y sus variaciones (Bajtín, Barthes, Genette, Derrida, Deleuze, Iser y Jauss, etc.), toma ahora un nuevo sentido cuando pensamos en las posibilidades de la lectura y escritura en o para las pantallas. El “ruido” que provocan las imágenes alrededor de un texto, las distracciones de un género interdisciplinar, multimedia o sencillamente hiperanotado son sólo tales si el lector no se compromete con lo que está leyendo. No es la primera vez que sugiero que este tipo de lectura no lineal requiere de un lector más responsable –más aún que lector de libros impresos-, que sepa conducirse durante la lectura.

Las posibilidades de lectura se han multiplicado. El tiempo que pasamos leyendo también, cualesquiera sean los tipos de texto. El genial George Steiner ha escrito, en un alarde de exageración aristocrática que a él se le puede permitir, que “los libros de bolsillo no forman una biblioteca”. Me temo que si miramos con esa perspectiva al futuro no vamos a tener ninguna biblioteca en casa y, sin embargo, nunca vamos a dejar de leer.

Fuente: http://www.dosdoce.com/articulo/opinion/3516/nuevos-habitos-de-lectura-lectura-en-pantallas/

13 jul 2010

Clasicos de la literatura: Fahrenheit 451


Por: Micaela Desprès
Esta novela forma parte de mi lista sobre los libros que hay que leer antes de morir. Clásico si los hay, no pueden dejar de meterse en sus páginas si es que aún no lo leyeron.Fahrenheit 451 carga con el peso de haberse convertido, quizás incluso a pesar de su autor, en un emblema de la libertad de expresión, la lucha contra la censura, el libre pensamiento y demás. ¿Por qué? Bueno, básicamente porque describe un futuro extraño y terrible en el que está terminantemente prohibo leer, y donde los libros deben ser quemados sin contemplaciones. Justamente el título hace alusión a la temperatura en la que el papel de los libros arde y se quema.
Fahrenheit 451 es una novela distópica, es decir, una utopía cuya concreción de algún modo terminó perjudicando
a la humanidad. La distopía es como una utopía perversa, donde las cosas transcurren al revés de como debería ser una sociedad ideal. Suele usarse sobre todo en términos de ficción, ya que la distopía suele llevarse a términos apocalípticos. Fahrenheit fue escrita por Ray Bradbury, escritor estadounidense de ciencia ficción y terror, nacido el 22 de agosto de 1920. Es autor también de Crónicas Marcianas, entre otros títulos. En cuanto a la novela que nos toca repasar, inicialmente fue publicada por capítulos en la revista Galaxy Science Fiction de febrero de 1951. Tuvo luego una primera edición en 1953 y, un año después, volvió a serializarse pero esta vez en la revistaPlayboy.
En la trama de Fahrenheit 451, Guy Montag es un bombero. Pero no uno tradicional, de esos que apagan incendios, sino que pertenece a una brigada que se ocupa de generarlos. Precisamente para quemar libros. Porque en la sociedad en la que vive Montag, leer esta prohibido. Porque hace pensar, y eso no se puede, y porque se supone que leer impide ser felíz, al menos en los términos que establece ese futuro distópico: ser felices calma a las fieras, trabajan y no se quejan. Además, leer hace que los hombres se diferencien, y en esa sociedad deben ser todos iguales a la fuerza. Aunque Montag realiza su labor convencido de los objetivos, cuando conoce a Clarisse McClellan, sus indiscutidos ideales empezarán a resquebrajarse. Nada de spoilers, a leer se ha dicho.
Fahrenheit 451 tuvo muchas interpretaciones políticas. Se lo tomó como una crítica a la censura de libros aplicada en Estados Unidos por el presidente Joseph McCarthy, aunque Bradbury dijo que también se podía aplicar a los efectos de los medios masivos en el hábito de la lectura. La idea que atraviesa el libro es clara y universal: cada uno puede encontrar ejemplos que cuadren y serán válidos, creo yo. En 1966 se realizó una película homónima sobre el libro, dirigida porFrançois Truffaut. Inspiró además el libro de Michael Moore,Fahrenheit 9/11, y una obra de teatro llamada Fahrenheit 56k, sobre la libertad de expresión en internet, o algo así :P No se lo pierdan.

La “tecnofobia” en tiempos modernos

Los especialistas no pueden develar por qué es tan difícil incorporar las nuevas tecnologías a la educación.

por Mariana Otero

El salto de innovación que hoy necesita la escuela para sumarse a la sociedad digitalizada y cibernética es de tal magnitud que implica revolucionar viejas estructuras. En primer lugar, hay que erradicar la “tecnofobia” que abunda en los docentes y en sus instituciones. El tema es cómo hacerlo.

Si los argumentos sobre la utilidad de adoptar las tecnologías (y se destacan no sólo las virtudes pedagógicas) convencen a los maestros, se habrá dado un paso.

Para ello, debe quedar claro que su uso tiene fines y objetivos concretos e indispensables para las generaciones de nativos digitales. Y que ésta es una oportunidad histórica.

imageLa compra masiva de netbooks es, sin duda, un avance fundamental, pero no puede ser el único. Si bien sin máquinas nada se puede hacer, hay que garantizar las condiciones para aprovechar su potencial al máximo. Tan simple y complejo como eso.

¿Hay infraestructura? ¿Hay buenas conexiones eléctricas? ¿Hay maestros formados en capacitaciones concretas y específicas, que les permitan seleccionar los programas adecuados para aplicarlos a la curricula? ¿Está garantizada la conectividad en todo el territorio provincial y nacional? ¿Hay verdaderas ganas de sumarse a la revolución tecnológica, como lo están haciendo los países vecinos?

Los especialistas no pueden develar aún por qué es tan difícil incorporar las nuevas tecnologías a la educación, mientras prácticamente ningún sector productivo o social puede operar sin dispositivos electrónicos de comunicación. Sigue siendo una incógnita, aunque se intuyen algunas razones.

En este sentido, Alejandro Artopoulos, especialista en tecnologías de la información y la comunicación (Tics) y profesor de la Universidad de Buenos Aires, asegura que, aunque hay avances en el equipamiento de las instituciones escolares, las experiencias pedagógicas innovadoras son bajas. Explica que el modelo pedagógico más difundido sigue considerando a la informática como una disciplina en un laboratorio de computación con un contenido especial y que el uso de la tecnología en el aula es esporádica. Hay excepciones, pero son sólo eso.

Las escuelas, en un estado predigital, modernizan sus equipamientos sin tener muy claro qué hacer con ellos. El proceso es lento, y es lógico. Pero podría serlo menos si la entrega de netbooks viniera acompañada de formación e instructivos.

De lo contrario, corremos el riesgo de que la pretendida revolución tecnológica -que busca achicar la brecha de la desigualdad entre quienes tienen acceso a determinados bienes y quienes no lo tienen- vuelva a dejar afuera a los de siempre. En otras palabras, es como si las máquinas no pudieran nunca salir de sus embalajes, aun con las cajas abiertas. Sería un crimen desperdiciar esta oportunidad.

Fuente: La Voz del Interior
Fuente http://docentesytic.wordpress.com/2010/07/12/la-tecnofobia-en-tiempos-modernos/

12 jul 2010

“Tecnopadres”: más preocupación por el correo electrónico de los hijos

Sin embargo, expertos aseguran que sólo el 10% instala filtros en las computadoras.

PorVICTORIA DE MASI

IMÁGENES

En cuestión de segundos, un padre puede instalar un programa en la computadora y saber con quién chateó su hijo y con quién se intercambió e-mails, cuáles páginas visitó y qué términos ingresó en el buscador. Sin embargo, aún son pocos los que aplican programas para saber qué hicieron sus hijos mientras navegaban en Internet. Según las empresas consultadas, en Argentina sólo 1 de cada 10 mayores recurre a filtros de control.


Hace un año la Cámara del Crimen porteña dictaminó en un fallo que es legal que un padre espíe la casilla de correo de su hijo mientras dure la patria potestad. La batalla legal se desató cuando el padre de una menor revisó sus e-mails sin su consentimiento y encontró correos que le permitieron denunciar un presunto abuso sexual.


Con aquel caso sobrevino la polémica: ¿hasta qué punto un padre puede invadir la privacidad de su hijo? Consultado por Clarín en aquella oportunidad, el abogado especialista en Derecho Informático y Nuevas Tecnologías, Leandro González Frea, concedió: “La intromisión no es arbitraria, sino que obedece al cumplimiento por parte de los progenitores del deber de resguardo y protección de la integridad psicofísica del niño”. Aun con el permiso de la justicia y la enorme oferta tecnológica, hay poca demanda de programas de control.


“La preocupación de los adultos va en aumento, pero la adherencia a los programas es baja. Diríamos que de un 10% en hogares con chicos”, apunta Jorge Cella, Gerente de la Iniciativa de Seguridad de Microsoft Argentina y Uruguay. En Trend Argentina coinciden. “El nivel de adopción de tecnología para el monitoreo de los chicos es casi nulo. Los padres no tienen noción de los riesgos que corren los chicos cuando tienen acceso a la red. Aunque sí son totalmente conscientes de los ciberdelitos, como el robo de cuentas bancarias”, analiza Maximiliano Cittadini, Especialista en Seguridad.


El software espía de varias maneras: algunos registran capturas de pantallas, otros graban conversaciones de chat, otros informan los sitios visitados. Y también se pueden personalizar: el padre bloquea el ingreso a algunos sitios o habilita determinadas páginas.


A nivel global, 9 de cada 10 adultos están preocupados por los riesgos de los chicos frente a Internet, según datos de la empresa de seguridad informática Symantec. “Pero el 60% usa la protección básica y gratuita, es decir que no invierte en recursos de seguridad”, señala Bruno Rossini, gerente de Relaciones Públicas para América Latina de la empresa. Del mismo monitoreo, realizado en 2009, se desprende que el 62% de los niños encuestados tuvo una experiencia negativa en la red, como estar expuesto a imágenes de desnudo o violencia (25%) o tener un encuentro con alguien que conoció en una sesión de chat (10%).”


“Es recomendable enseñarles que una vez que suben fotos o videos u ofrecen datos personales, el contenido deja de ser privado, y la privacidad es un valor”, apunta Diana Sahovaler, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y autora del libro “El sujeto escondido en la realidad virtual”. Y agrega: “En una sociedad donde todos se muestra y se cuenta, los padres deberían analizar si el hecho de invadir reside en su propia fantasía”.


Fuente: http://www.clarin.com/sociedad/Tecnopadres-preocupacion-correo-electronico-hijos_0_296370522.html

El móvil es el dispositivo de un futuro en el que todos estaremos conectadosl


La movilidad es total

El móvil es el dispositivo de un futuro en el que todos estaremos conectados

Las aplicaciones móviles ya están funcionando. Desde donde puedes encontrar un lugar para comer en tiempo real y con las imágenes y características del negocio hasta la descarga directa de una canción que te sirve como“politono” en cuestión de segundos, y todo desde un aparato que es la llave para interpretar los nuevos procesos de cambio que se están introduciendo en el mercado laboral. Cada vez son más las demandas de soluciones de movilidad en tiempo real por varias razones, quizás por la deslocalización del trabajo de servicios en sí, o bien, por la puesta en marcha de un plan de mejora de la innovación en las instituciones y empresas, que acompañará a una estructura completamente distinta de las áreas de las sociedades. De hecho, la entrada y impulso de las nuevas herramientas y la consolidación de la firma electrónica, que sirve de ejemplo, nos hacen caminar en un contexto globalizado donde las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) tendrán un papel fundamental a partir de ya, porque el pasado se ha quedado en un recuerdo para la historia. De esta manera, que la próxima semana se presentan varios informes sobre la Sociedad de la Información en España, podemos enunciar que la telefonía móvil ha llegado a la fabricación y distribución de5.000 terminales. Apostemos por un cargador universal, por una conectividad completa y por la disponibilidad de todos los documentos en un gestor sencillo de emplear.

Las noticias vuelan. El móvil, que se ha introducido en la sociedad como una herramienta de comunicación para voz y textos, es una realidad que se ha convertido en el centro del control de la organización de una persona, que a su vez realiza un trabajo para una empresa.

Conlleva riesgos, claro, pero eso no te lo dicen. La demanda excesiva de datos, conversaciones que no nos llevan a ningún lado, o bien, la dependencia en ocasiones, que resulta incómoda, ha cambiado nuestros comportamientos en los últimos años.

En el año 1995 el sonido de un móvil era incómodo. En el 2010 es lo más habitual, porque hay 5.000 terminales y las personas lo emplean para cualquier tipo de actividad.

Por otro lado, ahora mismo, las operadoras de telecomunicaciones negocian el futuro de las comunicaciones para los próximos 10 años.Así de sencillo. Y, como es habitual, la formación en este campo es vital, porque las personas deben de conocer los usos del móvil como sistema de control de los distintos procesos en su vida personal y laboral. No es tan sencillo.

Un ejemplo de la llegada de las Tecnologías de la Información y la Comunicación a la sociedad ha conseguido descentrar a las personas que estaban trabajando de otra manera. Como el caso de los hospitales, o bien, cuando acudes al médico, y éste no sabe teclear en el teclado o moverse por la interfaz gráfica de las aplicaciones.

El ahorro de costes será significativo, pero no el del tiempo, ya que tienes que conseguir formar a una persona que trabajaban sobre un modelo en los últimos 30 años, y ahora estamos modificando funciones para poder almacenar más datos, llevar un control exhaustivo de, por ejemplo, los pacientes, por lo que estas modificaciones llevan algo de tiempo. Son detalles que ocurren en la vida cotidiana.

Asimismo, el mercado de los móviles está teniendo un crecimiento exponencial y esta semana se alcanzó el hito de los 5.000 millones de dispositivos en el mundo, una cifra de la que buena parte es responsable China e India.

En el año 2000, aproximadamente 720 millones de personas tenían un móvil, menos de la mitad de usuarios que China tiene hoy en día.

Las suscripciones móviles de banda ancha están creciendo a un ritmo similar y es que los estudios demuestran que dentro de poco el 80 por ciento de los usuarios accederá a Internet a través de su móvil, según datos de Ericsson recogidos por Portaltic (http://www.portaltic.es).

Para algunos tener un móvil es una cuestión de conveniencia, para otros una necesidad. Así, los móviles permiten a las personas que no tienen acceso a un banco o una cuenta bancaria transferir dinero, los pescadores y los agricultores pueden obtener actualizaciones rápidas en los cambios repentinos en el pronóstico del tiempo, la población rural puede recibir atención médica local, y los niños acceder a la educación en línea. Facilitan igualmente las operaciones diarias de las pequeñas empresas y las unidades de crecimiento económico.

El panorama de las comunicaciones está cambiando rápidamente y en diciembre del año pasado se alcanzó otro hito: la cantidad de tráfico de datos transmitidas por las redes móviles supera la cantidad de tráfico generado por las llamadas de voz.

Fuente: http://jorgehierro.wordpress.com/2010/02/

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