9 ene 2014

Leer, el mejor verano


(Publicado en Perfil Domingo, 29.12.2013, www.perfil.com)
Vacaciones, tiempo de libros. A pesar de los dispositivos que permiten, incluso, leer bajo el sol, nada puede competir con un ejemplar de tapas lustrosas y páginas que invitan a sumergirse en ellas. Aquí, desde historias desconocidas de la Primera Guerra Mundial a una Argentina mágica, mentes brillantes, el genio de Spinetta, secretos de líderes mundiales y 30 años de democracia.
Juan Carlos Diez / Conversaciones con Spinetta
Conversar con Luis Alberto
Hay temas recurrentes en tus canciones?
Hay una serie de obsesiones. El sol, los andenes, las esperas bajo la lluvia, típicos de la literatura pop. Hay otras cosas que las siento dentro de mí. Entonces no estoy en ningún lado; estoy acá. Hay otros momentos en los que soy una cámara que va viendo cosas.
¿Cómo es esa cámara?

A esta altura es como la cámara de una nave submarina. En el sentido de que se prepara para ver, estudia un montón de cosas antes de llegar a un lugar y usa todo un conocimiento previo. Creo que uno también es una cámara que filma muchas veces y que recoge imágenes en la profundidad.

¿Y qué cosas ves?
Veo rostros, diferentes rostros humanos. La cámara ve los rostros de la animalidad entre las figuras que surgen de los hombres. Los hombres somos de un patetismo tremendo frente a los animales depredadores. Hay algo que ellos tienen que es tan perfecto que el hombre cuando los observa pierde la autocrítica, porque no se da cuenta de que él también es un animal que siempre asesinó para comer. 

Quizá no haya algo más imponente en la naturaleza que observar a los animales haciendo el amor o cazando. No hay remordimiento en ellos, esa cosa podrida del hombre que vuelve sobre sus pasos para ver si le quedó dolor o alegría. En un principio el hombre cazaba y hacía de esto un ritual porque creía que se apoderaba del alma del animal al que se comía y así conservaba ese poder, lo que debe de haber sido cierto en algún momento. Después, cuando la cabeza se encargó de poner las cosas más en el lugar que tienen ahora, empezaron a surgir las diferencias y se perdió la magia, lo que de alguna manera equiparaba todas esas cosas disueltas con una armonía natural. A través de la mirada del hombre, el equilibrio ha dejado de ser mágico, ha transmutado. 

Ahora tenemos la magia de este Aiwa que no mide más que tu mano y está grabando con una fidelidad bárbara y no pesa nada. Pero, para lograr esto, hemos violado las leyes mágicas de todas las piedras que se horadaron para conseguir los materiales con los que se hace. También es una transmutación química. Pienso que es así. Por eso digo que, cuando uno observa los animales, observa la evidencia de una edad, que de alguna manera está intacta.

¿La tuya es una mirada clínica?
Lo último que es, es una mirada clínica. Porque la mirada clínica es la que uno tiene para conservar la estabilidad del mundo que nos rodea. No hay una visión clínica en los elefantes o las ballenas. En cambio, con nuestras cosas queremos saber y operar de alguna manera con una mente que corrija los defasajes y esa es una de las podredumbres que venimos heredando.

¿Cómo es, entonces, tu mirada?

Al intentar definirla te diría que es una mirada humilde y, agregaría, apasionada. Generalmente, nuestra mirada ve tanto que no le importa observar algo en particular, por eso es humilde. No le importa abarcar lo que ve, con verlo ya se llena, porque es mucho el mundo que nos espera para ver

Mario Markic / Misteriosa Argentina. Diario de Viaje
Travesías por paisajes que parecen imposibles
El Valle de la Luna fue una selva y hoy es un páramo. Así como lo veo es una ensoñación, la visión de un planeta que no es este, aunque bien podría parecer una pesadilla si uno tuviera que atravesarlo solo, de noche. 
Tengo a la vista un dramático ejemplo de supervivencia: arbustos enanos, secos, sin hojas. Pero por debajo tienen tentáculos desesperados de cinco metros de largo, o más, que buscan una miserable gota de humedad para sobrevivir.

Un extremista es el valle, al que también llaman Ischigualasto: aquí todo puede verse y tocarse, incluso lo que había sobre la superficie hace doscientos veinticinco millones de años –y estoy hablando de dinosaurios, por ejemplo−, porque el viento lo erosionó pero no se lo llevó. Miro y miro: la superficie selenita parece inacabable, y absolutamente impropia para la vida humana. Para el común de la gente el Valle de la Luna tiene puntos de contacto con lo fantástico a través de las llamativas formas que el viento y el agua tornearon con tenacidad de artistas a lo largo de siglos: así, uno ve un hongo, un hongo, un gusano, un tren, y cosas por el estilo El recorrido habilitado al turismo es de unos cuarenta kilómetros y empieza con una extraña formación que se llama El Gusano. 

Aquí empieza el lado oculto de lo real, que el perturbador paisaje ayuda a considerar verosímil. Te cuentan los colectores de leyendas que dos curas habrían robado siete cogotes de guanaco, que en los tiempos de la conquista se usaban como bolsas, cargados con oro de una iglesia de Salta. No sabemos el motivo del pecado, nada sabemos de sus nombres ni jerarquía, pero en su penosa huida hacia el sur, perseguidos por indios herejes y españoles muy cabreros, pasaron por aquí y dejaron su cargamento enterrado en algún lugar de La Montaña Morada, formación que domina la entrada al Valle de la Luna y que, con un poco de imaginación y a la contraluz del atardecer, reproduce el perfil de un indio dormido.

El caso es que el tesoro de La Montaña Morada jamás fue hallado, aunque los que creen en brujas, unicornios y tesoros ocultos llenaron de agujeros el cerro en vano.

Pero lo que sí es un tesoro es todo lo que esconden las entrañas del enigmático Valle Pintado, una depresión gigantesca, un pozo de fondo gris poblado de colinas con formas suaves y colores tenues: los caprichos de la naturaleza les dan un aspecto marmolado a las vetas, y la ausencia de vegetación terminó por dotarlo de características lunares. Es uno de esos lugares donde los turistas se sacan fotos y después, gracias al Photoshop, le agregan una banderita de su país al lado y la mandan a sus amigos con la leyenda: “¡Estuvimos en la Luna! Saludos, y cariños a los niños”. Nunca estuve en un lugar tan silencioso. El silencio es demoledor, mientras no empiece a correr el viento zonda, caliente, empecinado y brutal.

El lugar es un teatro que propone un viaje que nos remonta muy atrás en el tiempo, millones de años atrás en la historia del planeta Tierra. Digamos que se camina, literalmente, sobre restos de dinosaurios

Jared Diamond / El mundo hasta ayer
Relaciones de por vida
Puesto que las redes de relaciones sociales suelen ser más importantes y duraderas en la sociedad tradicional de Nueva Guinea que en las sociedades estatales de Occidente, las consecuencias de las disputas tienden a propagarse más allá de los participantes inmediatos en una medida que nos resulta difícil de comprender. 

A nosotros nos parece absurdo que los daños causados en el huerto de un miembro de un clan por un cerdo que pertenezca a un miembro de otro clan pueda desencadenar una guerra; para los montañeses de Nueva Guinea no es ninguna sorpresa.

Los papúes suelen conservar toda la vida las relaciones importantes que les vienen dadas por nacimiento. Esas relaciones ofrecen a cada papú el apoyo de muchas otras personas, pero también conllevan obligaciones hacia mucha otra gente. Por supuesto, los occidentales modernos también mantenemos relaciones duraderas, si bien adquirimos y abandonamos vínculos a lo largo de nuestra vida con mucha más frecuencia que los papúes, y vivimos en una sociedad que recompensa a los individuos que desean seguir adelante. 

De ahí que, en las disputas en Nueva Guinea, las partes que reciben o pagan una compensación no son solo los involucrados inmediatos, como los padres de Malo y Billy, sino también personas más distantes: los miembros del clan de Billy, de quienes se temían asesinatos por venganza; los compañeros de trabajo de Malo, que eran los posibles objetivos de las represalias y cuyo jefe pagó la compensación; y cualquier miembro de la numerosa familia o el clan de Malo, que habrían sido blanco de la venganza y una fuente de pagos de compensación si este no hubiese sido empleado de una empresa. 

Asimismo, si en Nueva Guinea una pareja se plantea el divorcio, se ven afectadas otras personas, que participan mucho más en las conversaciones relativas a la separación que en Occidente. Esas otras personas incluyen a los parientes del marido, que pagó la dote de la novia y ahora exigirá un reembolso; a los familiares de la esposa, que recibieron la dote y ahora afrontarán la petición de reembolso; y a ambos clanes, para quienes el matrimonio puede haber representado una importante alianza política y, por tanto, el divorcio supondría una amenaza para dicha unión. 

La otra cara de ese énfasis predominante en las relaciones por parte de las sociedades tradicionales es el interés más pronunciado en el individuo que muestran las sociedades estatales modernas, sobre todo Estados Unidos. No solo permitimos, sino que alentamos a los individuos a superarse, ganar y obtener ventajas a costa de los demás. 

En muchas de nuestras transacciones mercantiles aspiramos a maximizar nuestro beneficio sin importarnos los sentimientos de la persona que está sentada al otro lado de la mesa, a quien hemos logrado infl igir una pérdida. Incluso los juegos de niños en Estados Unidos suelen ser competiciones con ganadores y perdedores. Eso no ocurre en la sociedad tradicional de Nueva Guinea, donde esos juegos implican colaboración, y no una victoria o una derrota.

Santiago Farrell / Todo lo que necesitás saber sobre la Primera Guerra Mundial
Historias de la Gran Guerra 
El 28 de junio de 1914, el príncipe heredero austríaco, Francisco Fernando, caía asesinado en Sarajevo. Para Austria, la mano de los nacionalistas serbios era evidente detrás del crimen y Vienaa, luego de una serie de consultas con Alemania, lanzó a Serbia un ultimátum con exigencias imposibles de cumplir, que Winston Churchill calificó como “el documento de su tipo más insolente jamás escrito”. 

Desde la perspectiva de Austria, el asesinato le daba la posibilidad de lanzar una guerra limitada contra Serbia, cuyo nacionalismo estaba desequilibrando toda la población eslava del Imperio. Pero Serbia era aliada natural de Rusia, a la que la unía un tratado de defensa mutua, y desde ese momento el eje de las negociaciones diplomáticas fue evitar la guerra entre Austria y Serbia, por temor a que los mecanismos previstos por las diferentes alianzas europeas extendieran el conflicto a todo el continente (…). 

Los alemanes, preocupados por que no se percibiera su influencia sobre Austria-Hungría, presionaban a Viena para que diera una “lección” a Serbia y el 6 de julio el emperador Wilhelm aseguró a su par austríaco, Francisco José, en forma reservada, que contaría con todo su apoyo en caso de una crisis. Para muchos historiadores, este “cheque en blanco” es la primera prueba de que ya entonces Alemania veía inevitable una guerra con Rusia y con Francia, unidas por una alianza. 

El Alto Mando alemán consideraba a Rusia el gran obstáculo para una Alemania hegemónica en Europa y Francia nunca había superado la derrota en la guerra franco-prusiana de 1870, por la que había perdido los territorios de Alsacia y Lorena. Para Wilhelm, la clave era mantener la neutralidad de los británicos, que no libraban una batalla en el continente europeo desde Waterloo, en 1815, aunque desde 1839 se habían comprometido a defender la neutralidad de Bélgica. 

El más inquieto por la posibilidad de una guerra era el zar Nicolás, consciente de la inestable situación política de su país, donde crecía el fermento revolucionario. Sin embargo, era el desarrollo de la economía rusa lo que más preocupaba al Alto Mando alemán, que presionaba al káiser para ir a la guerra con Moscú, con el argumento de que dos años después Rusia sería un enemigo imposible de vencer. El 28 de julio, el káiser Wilhelm escribió en su diario personal que, luego de haber leído por primera vez el ultimátum austríaco y la respuesta serbia, no veía razones para una guerra. Pero ya era tarde. 

Apenas unas horas después y dando por supuesto el apoyo alemán en caso de que el conflicto se extendiera, Austria declaró la guerra a Serbia. Comenzó entonces una serie de movilizaciones de tropas austríacas, rusas, francesas, alemanas– que culminó con la declaración de guerra de Alemania a Rusia y a Francia, el 2 de agosto. Wilhelm ordenó la invasión de Bélgica para a través de su territorio llegar a Francia, tal como preveían los planes de guerra alemanes, confiado en que Londres no intervendría, pese a sus compromisos. Pero se equivocó. La Gran Guerra estaba en marcha

Hector Leis / Memorias en fuga. Una catarsis del pasado para sanar el presente
Revisión polémica de una década difícil
Dejé la prisión lleno de esperanzas, la Argentina era otro país. El retorno de Perón parecía inminente, las organizaciones armadas del peronismo parecían dar las cartas. Perón había recibido a los montoneros y a la JP en su casa y dado su apoyo para que continuaran la lucha hasta el fin. ¡“Para el enemigo, ni justicia”, les dijo! Antes acostumbraba recibir a uno que otro compañero o enviar cartas; esta vez el apoyo fue institucional y radical. 

Perón colocó a Galimberti, oficial montonero, dentro del Comando Estratégico del Movimiento Peronista. En noviembre de 1972 Perón volvió al país por primera vez desde su partida al exilio en 1955. Fue un retorno glorioso y triunfante. Hizo todo tipo de acuerdos para tranquilizar a los militares, los partidos políticos y la burguesía. Sus discursos eran tan políticamente correctos y actualizados que hasta la recién surgida causa ambiental estaba presente -la Primera Conferencia Internacional sobre Medio Ambiente había sido realizada en Estocolmo en junio de 1972, meses antes de la llegada de Perón a la Argentina.

Con un grupo de compañeros fui a su casa de la calle Gaspar Campos a esperar que saliera al balcón. Cuando apareció sentí una fuerte emoción, me escuché comentar a los que estaban a mi lado que el hombre era un genio, tal vez uno de los mayores líderes políticos de la humanidad. ¡Sentí en mi sangre que era peronista! Era la segunda vez que veía a Perón en persona. La primera había sido en julio de 1955, cuando inauguraron un busto de Evita en una escuela de Avellaneda. Los abanderados de todas las escuelas rodeábamos la estatua; él entró, descubrió el mármol, se sacó fotos y se retiró. Había ido con el uniforme de general, probablemente para demostrar que estaba dispuesto a luchar contra los militares que querían destituirlo, lo cual quedó en la intención… si la hubo. No lo critico por eso, no sé lo que hubiera sido peor. 

Lo cierto es que la mística de vencer o morir en el peronismo era por cuenta de la masa y los militantes. La mística de Mario Firmenich era la misma de Perón. Mis contactos con Perón son una buena metáfora de mi generación. La primera vez lo vi de niño y la segunda de adulto; en el medio inventé el personaje. La última vez lo vería de nuevo de uniforme, con tapones de algodón en la nariz, dentro de un cajón, en el Congreso. Había ido con la columna de Montoneros, que en vez de caminar con pasos de velorio avanzaba desfilando militarmente. Mujeres y niños, viejos y jóvenes desfilaban por igual: “Firmeees, de frente, mar, izquierda, derecha, un, dos, un, dos…”. 

Los setenta eran tan extraños que se podía ver a una mujer con un bebé en brazos imitando el paso militar, mientras lloraba por la muerte de su líder. Lo peor de todo es que nadie se quejó. En la Argentina todavía había un inconsciente militar tan fuerte que impedía la percepción del ridículo. 

Los montoneros enfrentaban a los militares al mismo tiempo que los imitaban. No tuve que esperar a la muerte de Perón para descubrirlo: igual que antes en la Fede, con la invitación para concurrir a la escuela de cuadros para leer Kuusinen, los montos me premiaron con una escuela de entrenamiento militar. Además de los dos instructores militares éramos alrededor de veinte compañeros. Estuvimos cuatro o cinco días confinados en una casa y fuimos un par de días a las dunas a practicar tiro y caminatas. Yo era uno de los pocos que habían hecho el servicio militar, y quizá por eso percibí rápidamente que casi no había diferencia entre ambos entrenamientos. Doy un ejemplo: en los ejercicios militares de largas caminatas los oficiales del Ejército nunca cargaban pesos, y con los instructores de los montos era lo mismo. Pregunté una vez si en nuestro entrenamiento los instructores no deberían dar el ejemplo, a diferencia de lo que había visto en el Ejército, y me respondieron que no, que el entrenamiento era el mismo que yo debía aprender a obedecer y punto.

Mariano Beldyk / Escandalgate. El lado oscuro y ridículo de los políticos
El lado ridículo de los poderosos del mundo
Cuando Estados Unidos escalaba hacia el pico de su última crisis económica para la segunda mitad de 2009 y el desempleo ya había cruzado la neurótica línea de los dos dígitos, todos —o casi todos— depositaban sus esperanzas en el flamante Presidente Barack Obama. ¿Debía intervenir el Estado? ¿Hasta dónde se justificaba el déficit a cambio de reactivar el motor? ¿Quién era el culpable? Obama lo tenía claro:
Por años, demasiados ejecutivos de Wall Street tomaron decisiones peligrosas e imprudentes reprendió en su asunción en enero de ese año. Políticos despilfarraron el dinero de los contribuyentes sin inteligencia ni disciplina.

Sólo un hombre con determinación podía cambiarlo todo:
¡Lanzaremos un esfuerzo sin precedentes para eliminar el gasto ineficiente e innecesario! —arremetió la esperanza negra demócrata.

Tan solo diez meses más tarde, Obama redecoró los salones de la Casa Blanca como El País de las Maravillas un eufemismo innecesario y organizó una fiesta de Halloween como jamás se había visto en la mansión de gobierno con Chewbacca, el Señor Oompa Loompa y el Sombrero Lococomo invitados. Los originales, claro.

Hubo ponche de frutas servido en tubos de ensayo y bizcochos y merengues con formas de esqueletos. Johnny Depp, en su papel de psicodélico guía de Alicia, ofició de maestro de ceremonia parado sobre una mesa de té. Había un muñeco gigante del conejo obsesivo de la fábula de Lewis Carroll y otro de Jack Skellington, el protagonista animado de El extraño mundo de Jack. Por supuesto, Tim Burton también dijo presente.

El actor Deep Roy, disfrazado como uno de los enanos clonados y subexplotados del libro Charlie y la fábrica de chocolates que Burton llevó al cine, se paseó por los pasillos redecorados como un set de filmación. Y se sacó fotos con todos, hasta con el perro presidencial Bo. En plena recesión, ¿qué parte no congeniaba con la de “gasto ineficiente e innecesario”?

—Quizás no le hayamos avisado a todo el mundo que Johnny Depp iba a venir, pero tampoco anunciamos a Chewbacca —se enojó el vocero de la Casa Blanca Eric Schultz cuando la periodista Jodi Kantor sacó a la luz la fiesta privada en su libro The Obamas.

Cierto es que hubo fotos, como alegó el responsable de prensa, pero la gestión Obama se las ingenió para esconderlas. Quizá pensaron con buen tino que tanta parafernalia podía herir la susceptibilidad de algunos millones de estadounidenses desempleados y con sus casas hipotecadas. Aunque Schultz puso como ejemplo de “transparencia” informativa a dos portales que publicaron la participación de Burton y Depp en el banquete para familias de militares The Nashvielle Tennessean y el sitio JohnnyDeppNews.com—aún hoy no hay retrato completo de la fiesta en la web oficial, ni fotos de Sombrero Loco y Oompa Loompa. Tampoco figuran en el registro de ingreso los nombres de los actores. Según la explicación oficial, los artistas no se inscriben en la lista de visitas cuando acuden a trabajar. Si no, los registros de la gestión Obama parecerían la alfombra roja de los premios Oscar.

Sesiones de lectura de poesía y rap; happy hours bipartidarios; Superbowl en pantalla gigante comiendo pizza, hot dogs y helados; shows musicales con B.B. King, Justin Timberlake, Queen Latifah, Stevie Wonder, Cindy Lauper y glorias de Motown, el legendario sello de música popular de Detroit. Festivales latinos. Un homenaje al soul y otro al blues de Memphis. Un “Saludo a Broadway”. Conciertos de jazz. Un tributo a la danza. Honores a Sir Paul McCartney con el comediante Jerry Seinfield, Elvis Costello, los Jonas Brothers, Herbie Hancock, el pianista chino Lang Lang y la estrella country Faith Hill

Robert Cox / 30 años de democracia
El futuro, nuestro tiempo ausente


Era una época de esperanza democrática cuando aterricé en Argentina, el 4 de abril de 1959. La elección de Arturo Frondizi tras tres décadas del predominio de gobiernos anti-democráticos prometía una eventual evolución hacia un gobierno representativo, a pesar de la proscripción del movimiento Peronista, que parecía ser una bomba lista para estallar si no era desactivada. La democracia de Frondizi, inteligente pero vulnerable, y peligrosamente limitada, era una flor muy delicada como para subsistir.


En 1959 y 1960 aprendí mucho sobre dictaduras y democracia. Trabajaba como editor en el Buenos Aires Herald, y elaboraba informes para la revista Time. Mi jefe era Piero Saporiti (…)Saporiti había sobrevivido a la dictadura de Benito Mussolini y había escrito un libro sobre el tema. Lo primero que me enseñó fue a reconocer que el fascismo estaba vivo y en buen estado en Argentina, y se llamaba peronismo. 

Me explicó también el nocivo legado dejado por las dictaduras. El problema, decía, era que el periodismo estaba minado de reglas dictatoriales. Y explicaba, que cuando un país sufrió durante muchos años una dictadura, los periodistas se hacen perezosos. Se acostumbran tanto a hablar únicamente de la historia oficial que continúan en ese marco inclusive cuando las restricciones a la prensa son levantadas. Entonces entendí que esa era la razón por la que los periodistas que presenciaron la primera conferencia de prensa gubernamental en la que participé no tomaron notas. Estaban esperando la gacetilla, el folleto oficial. Este no se repartió hasta que la conferencia no terminó, para que los periodistas no se fueran antes de que lo hiciera.

El conde Saporiti me explicó su teoría sobre la naturaleza repetitiva de la política argentina, relacionando al país con el concepto de una calesita. Eso, en efecto, fue una verdad absoluta durante los años 60 y 70. Como periodista joven, recuerdo cubrir más de treinta intentos de derrocar a Frondizi antes de que se lo removiera del cargo por militares. Fue la previa de, una vez más, otra intervención militar.

Conocí el interior de la Casa Rosada más que nada cubriendo golpes militares, en lugar de hacerlo realizando visitas a la Casa de Gobierno para entrevistar ministros y presidentes. Creo que los argentinos han sufrido demasiado durante las décadas de dictadura que llevaron a la reciente tiranía del horror, de 1976 a 1984, y también durante la época de violencia guerrillera y terrorista que le precedió, como para aceptar un regreso al país calesita. En las elecciones del 27 de octubre, veo un pequeño riesgo de regresar (una vez más) a ese volátil círculo, con medidas autoritarias que repiten los errores del pasado.

La tarea de entender a la Argentina es fascinante. No sólo disfruté aprender sobre los treinta años de democracia a través los diecinueve ensayos de este libro, sino que he fortificado mi optimismo sobre el futuro. Tomas Abraham escribe: “El futuro, hermosa palabra. Nuestro país no termina con el kirchnerismo.”

Entonces decide hacer un riguroso análisis de la realidad, para concluir: “Pero hablemos del futuro, nuestro tiempo ausente. Argentina es una reserva natural en un planeta que se agota. Agua dulce, tierra fértil, minerales estratégicos, energía, plataforma submarina con riqueza pesquera. Esta inmensa riqueza ha permitido que se organice una economía extractiva. Se chupa lo que hay. Se contamina el agua, se malgasta energía, se desertifican los suelos, y se deja contrabandear la pesca. Por eso es necesario que se piense al país con visión de futuro. Como lo hicieron algunos grandes de nuestra historia. Fuimos un país en el que millones de habitantes vinieron a ‘poner’, dinero, trabajo, ideas, proyectos, esfuerzo, en el que poco y nada se pedía salvo trabajo, libertad y paz. Nuestros padres y abuelos vinieron de lugares de hambre, persecución y guerra. Ese país tenía futuro”




Martin De Ambrosio / Mentes brillantes en cuerpos enfermos
Genios atrapados en cuerpos castigados 
Es probable que el evolucionado Charles Darwin (1809-1882) sea el científico más enfermo entre los científicos enfermos, el más crónico. No obstante, vivió 73 años, nada mal para el siglo XIX. Pero fueron unos años realmente penosos. O al menos él parece haberlos vivido así, según los diversos testimonios que lo han sobrevivido.

Sobre todo, después de su formidable viaje alrededor del mundo, que comenzó cuando tenía 22 años y duró casi cinco. Fue tan intensa la experiencia que no volvió a salir de su Inglaterra natal ni se subió ya más a barco alguno: había visto todo lo que un naturalista tenía que ver y dedicó las siguientes dos enfermizas décadas a analizar esa información y a redondear una teoría que cambiaría para siempre el modo en que los humanos se ven a sí mismos, entre las múltiples revoluciones que desencadenaron sus ideas.

Darwin tenía múltiples síntomas que indican graves problemas de salud, como él mismo dejó anotado en varias ocasiones. Por ejemplo, una vez escribió: ”Edad, 56 o 57. Desde hace 25 años, extremas flatulencias espasmódicas diurnas y nocturnas. Vómitos eventuales, en dos ocasiones, de un mes de duración. Los vómitos están precedidos por escalofríos, llanto histérico, sensaciones de muerte o estados de semidesvanecimiento, además de una abundante orina de color muy pálido. Antes de cada ataque de vómito o descarga de flatulencia, zumbido en los oídos, vértigo, perturbaciones de la visión y puntos negros delante de los ojos. El aire fresco me fatiga. Especialmente peligroso, produce los síntomas en la cabeza”.

El tiempo consignado, esos 25 años, es más o menos el que le demandó la realización de su obra cumbre, una de las obras cumbres del pensamiento, El origen de las especies, que publicó en 1859. Sin embargo, aunque los peores síntomas se le desencadenaron poco después de haber desembarcado del HMS Beagle, le duraron el resto de su vida.

Darwin anduvo de médico en médico, incluso recaló en clínicas de tinte heterodoxo ante la falta de respuestas de la ortodoxia médica de entonces. Pero no encontró nada que pudiera aliviarlo en forma definitiva. Peor aún: los numerosos médicos ni siquiera acertaron a darle un diagnóstico que explicara qué diablos ocurría en su organismo.

Durante algún tiempo –era 1849– se internó en una clínica de de Malvern, cerca de Gales, donde el doctor James Gully practicaba una novedosa terapia con aguas termales desarrollada en Graefenberg, Alemania. En realidad se trataba de que los pacientes sudaran la gota gorda, literalmente, o fueran sometidos a exposiciones prolongadas de agua fría, dietas y otros regímenes al parecer del mismo modo insolventes.

Gully diagnosticó dispepsia nerviosa. Darwin le creyó a Gully, salvo en la parte de las medicinas homeopáticas que le suministraba (aunque las tomaba, creía que la dilución era tanta que era químicamente ridículo pensar que quedaría algún principio activo). Volvió a su casa y siguió los consejos del médico pero, como anotó, al poco tiempo volvió a sentirse mal. En 1852 abandonó definitivamente el tratamiento, convencido de que servía para relajarlo y poco más (…)

Leonard, el octavo hijo de Darwin, contó alguna vez que por momentos estaba charlando tranquilamente con papá Charles y de pronto el mundo se detenía y tenía la impresión de que su padre estaba a punto de morir. Emma contó en su diario que luego de una visita del eminente geólogo británico Charles Lyell, Darwin entró en un largo período de llanto histérico. Este comportamiento que se repetía con distinta intensidad ante viajes cortos, ante la participación en alguna reunión científica o simplemente cuando le extrajeron un diente a su hijo George. Colp también relaciona los vómitos y la anorexia de Darwin, cuya descripción de puño y letra del biólogo se cita (en el libro), con la falta de apoyo de Lyell a su teoría evolutiva.

24 dic 2013

21 dic 2013

¿Te vas de vacaciones? Cómo cuidar la información personal

El 52% de los argentinos se preocupa por la seguridad informática almacenada pero pocos realizan una copia en casa.




Con la llegada de las vacaciones muchas vceces dejamos pasar por alto una preocupacion que está a lo largo del año; la seguridad de los dispositivos moviles y objetos informaticos personales.

Un estudio difundido por la empresa de seguridad informática F-Secure, informa que el 52% de los argentinos está preocupado por la seguridad y privacidad de su información y un 67% valora más la información almacenada en sus dispositivos que el propio equipo.

Con estos datos, deberían sugerir que la misma mayoría hace una copia de los datos (fotos, contactos, documentos) que tiene en el disco rígido o en la memoria del equipo antes de partir de viaje, sin embargo es un hábito poco probado aún entre los "heavy users" (fanáticos) de la tecnología.

Con las salidas fueras de casa se debe tener en cuenta que:
• Antes de guardar en la mochila los teléfonos, tabletas, cámaras, notebooks o el dispositivo móvil que elijamos para las vacaciones, se recomienda hacer las copias que quedarán en casa hasta el regreso.

Sin ser paranoicos es importante entender que nuestra información está en línea, y que hay cientos de delincuentes ávidos por detectar los datos que les permitan realizar un robo de identidad o directamente una transferencia bancaria desde nuestras cuentas a las suyas.

Además en caso de mantener información personal en el dispositivo, se recomienda la implementación de alguna de las aplicaciones de bloqueo y localización, para evitar que un robo del equipo ponga en manos ajenas los datos almacenados.

En términos generales diferentes compañías coinciden en la importancia de utilizar redes seguras ya sea para mandar un mail o compartir un rato en las redes sociales.

Aeropuertos, bares, plazas tienen coberturas de redes wifi para acceder a internet, pero se trata de redes públicas, lo que significa que personas desconocidas también la están utilizando y entre ellos puede hallarse alguien que introduzca un código malicioso para espiar a los otros usuarios.

"Quizás se puede creer que la privacidad está garantizada porque se está usando el dispositivo personal, pero esto es incorrecto", agrega el experto en seguridad, Sean Sullivan.

Por esto, se recomienda no utilizar ningún programa o aplicación que contenga información confidencial e incluso se promueve el uso durante las vacaciones de cuentas nuevas para evitar que extraños detecten información privada como contraseñas o cuentas bancarias.

Lo mismo se aplica cuando se utilizan computadoras públicas, ya sea en un locutorio o un en cyber cafe.

El especialista propone usar estas computadoras públicas solo para actividades que no requieran la contraseña, como la lectura de noticias; ya que el equipo puede estar infectado con un spyware diseñado para el robo de contraseñas.

Los expertos sugieren evitar que el dispositivo personal se conecte de forma automática a la red pública, y eliminar los datos de la cuenta de acceso una vez que abandonamos esa ciudad.

Una técnica común de quienes roban información a través de la informática es crear una conexión falsa, por lo cual es recomendable asegurarse que la red inalámbrica del establecimiento es real.

Otra buena recomendación es deshabilitar el uso compartido de archivos y activar el firewall para bloquear conexiones entrantes al dispositivo.

Otras recomendaciones, generales para el uso seguro de internet, son observar el candado y lo forma "https" en la barra de dicciones para cualquier sitio que requiera poner información personal, como los de banca en línea, o las redes sociales.(Télam)

Secuestraron 100.000 libros pirateados

POR:  BRBARA ALVAREZ PLÁ



La investigación empezó cuando Viviana Canosa advirtió que estaba firmando libros falsos en la Feria del Libro.



Imagine que usted, escritor, está en la Feria del Libro de Buenos Aires firmando ejemplares de su última novela y de pronto, ¡zas!, se da cuenta de que algunos de los ejemplares que le acercan sus lectores resultan ser falsos. Ahora ya puede dejar de imaginar, esto no es ficción, todos sabemos que se falsifican libros, pero en esta ocasión, hay 100.000 ejemplares falsos incautados tras 14 allanamientos y seis detenidos a manos del Area de Investigaciones Criminales de la Policía Metropolitana que, por orden del Juez Daniel Rafecas y con su autorización para actuar afuera de la Capital, puso en marcha el dispositivo. Ahora, vayamos al principio.
Todo comenzó en el año 2012, cuando la conductora de televisión, periodista, locutora y escritora Viviana Canosa, firmaba en la Feria ejemplares de su libro ¡Basta de miedos!
(Planeta). De pronto ni su flamante manual le sirvió para ahuyentar el temor: ¡Seis de los ejemplares que iba a firmar eran falsificaciones!

“Le pedimos a la gente que nos dejase esos libros y los reemplazamos por ejemplares verdaderos”, cuenta a Clarín Pablo Slonimsqui, abogado de la Editorial Planeta. “Además les preguntamos dónde los habían comprado”.
Dice el abogado que con la escritora hicieron la denuncia que llevó a la Policía Metropolitana a investigar durante un año hasta que ayer el trabajo dio sus frutos y, a pedido de Rafecas, comenzaron los allanamientos.
El jefe de Comunicación de la Policía Metropolitana, Eduardo Allen, explica que “durante un año hicimos seguimientos de personas y escuchas hasta que se descubrió una organización que se dedicaba al negocio de la piratería de libros ”. Y tras las investigaciones, llegó el momento de ir a la escena del crimen: “Ferias de libros, imprentas, encuadernadoras, laminadoras, depósitos y hasta una librería, 14 lugares en total”, aclara Allen, que indica que tras el allanamiento de los locales, llegaron a las casas donde vivían las seis personas que fueron detenidas ayer, “entre los que se encuentra el jefe de la organización delictiva”, explica.
“Encontramos 60 mil libros terminados y 40 mil en proceso de elaboración”, dice. “La mayoría de los lugares donde se elaboraban los libros están en provincia, en San Martín, y luego se distribuían sobre todo en el Interior, pero también había lugares de Capital Federal”, y cuenta que esos lugares de la ciudad eran tres puestos de Plaza Italia y dos de Parque Rivadavia “que serán clausurados, porque nadie es inocente, todos sabían lo que estaban vendiendo”, dice. Slonimsqui matiza la información al agregar que “había también una imprenta en Valentín Alsina, una encuadernadora en Pompeya y dos en Boedo”.
Se encontraron libros falsos para todos los gustos, “desde El Señor de los Anillos hasta filosofía clásica”, cuenta Allen, “y de editoriales como Planeta o Santillana, hasta Margen Izquierdo. Y continúa: “Aunque todavía no se puede cuantificar la estafa, podemos decir que los libros eran vendidos a un promedio de 100 pesos cada uno”. Llegados a este punto, el abogado de Planeta aporta otro interesante (y preocupante) dato: “Había más de 1.000 ejemplares de Mi lucha, el libro que escribió Hitler”.
Allen afirma que, en principio, todas las imprentas allanadas eran legales y que “realizaban otros trabajos y esto lo hacían en paralelo”, y añade: “Se hacía por partes, cada imprenta llevaba a cabo uno de los diferentes pasos del proceso de elaboración del libro”. Además, añade un dato a tener en cuenta y es que estos “piratas de los libros” aprovechaban los vacíos editoriales, entre que se agota una tirada y llega la siguiente, para “colar” sus libros falsos.
“Lo cierto es que se encontraron libros de todo tipo”, asegura Slonimsqui, y va más allá al asegurar que “todo lo que se vende se falsifica”.
Aunque en lo que se refiere a los libros Allen asegura que la labor de la Metropolitana ya está terminada, el vocero policial cuenta que durante los allanamientos se encontraron también troqueles de medicamentos, que también serían “piratas”.

«Los padres no se dan cuenta de que su hijo es acosado»


Joaquín Mora-Merchán • Profesor y experto en ciberbullying

R.L. / MIRANDA

Doctor en Psicología y profesor de la Universidad de Sevilla, lleva dos décadas estudiando la violencia entre escolares. Los últimos cinco años de su vida los ha dedicado a estudiar el ciberbulling; es decir, el acoso psicológico que se ejerce sobre una persona utilizando las nuevas tecnologías, como internet y el teléfono móvil.


La violencia entre niños y adolescentes ha dado un paso más con la irrupción de las redes sociales, como Facebook o Tuenti. Llamadas agresivas, ataques a través del Messenger y la grabación de vídeos ridiculizando a una persona para después subirlo a internet son sólo algunos ejemplos de ciberbullying. Ayer, Joaquín Mora- Merchán ofreció una serie de consejos para aprender a actuar en estos casos.


¿Cómo se comportan las víctimas? ¿Lo denuncian o se lo callan?

En la mayoría de los casos no se lo dicen a nadie. Hay una mezcla de vergüenza y de intentar solucionarlo por ellos mismos. También suelen creer que tienen la situación controlada y no es así. Esa confluencia y la poca eficacia de las respuestas que les damos los adultos cuando nos lo cuentan hacen que los alumnos prefieran no contarlo.


¿Los padres se dan cuenta de que algo pasa?

El problema es que en la mayoría de las ocasiones los padres no se dan cuenta. Los síntomas tienen que ver con una conducta huidiza del ordenador y evitan que los padres vean lo que están haciendo. Otras veces los niños nos quieren participar en actividades escolares porque los agresores están ahí. 

¿Y los profesores qué pueden hacer?


Se tienen que aplicar las mismas iniciativas que en los casos de violencia escolar. Los profesores solemos ir por detrás de los alumnos en las nuevas tecnologías y tenemos que hacer un esfuerzo por conocer el medio, los riesgos y también las ventajas, que son muchas.

Se suele recomendar a los padres que controlen las páginas web que visitan sus hijos, pero a veces no es fácil.

Hay que actuar con sentido común. Nos tenemos que preocupar por las páginas en Internet que visitan nuestros hijos de la misma manera que nos preocupamos por saber con quién salen, a qué colegio van... Tenemos que asegurarnos que la vida en la red que hacen nuestros hijos es segura y confortable. También se recomienda situar el ordenador en los sitios comunes de la casa.


¿A qué edad puede empezar el ciberbullying?

Hay casos en niños de Primaria, pero la mayoría se concentra en Secundaria. Una vez que los alumnos acceden a las nuevas tecnologías, pueden ser objetivo de este tipo de ataque.


¿Cómo denunciarlo?

Si hay algún acto que sea constitutivo de delito hay que acudir a la comisaría, sin que eso signifique que no se vaya también a la escuela. Hay que contar con la opinión y la información que da la víctima, porque muchas veces sabe quién está detrás del acoso. No hay que tomárselo a la ligera ni pensar que ya se arreglará solo.


¿Y la justicia lo castiga?

Depende de la problemática, porque no es lo mismo un acoso continuado con usurpación de identidad, que es constitutivo de delito, a situaciones más de falta, donde la justicia no tiene un criterio claro sobre cómo actuar. Desgraciadamente, algunos jueces terminan diciendo que es problema de niños mientras que otros toman cartas en el asunto y actúan en consecuencia. 


¿Existen lagunas legales?

Sí. Si alguien bromea o ridiculiza a otro en las redes sociales sin llegar a injurias puede hacer que otra persona termine por decidir no ir al colegio. Lo probable es que esta situación no llegue a un juzgado y si llega que no prospere. Esto es algo común y está en el límite entre lo que está legalmente establecido y lo que no.   



16 dic 2013

¿Qué regalamos esta Navidad?




Una excelente alternativa de regalo son los libros. Hoy les mostramos los libros más vendidos y recomendados en las mayores librerías del país para este diciembre. 

 Y las montañas hablaron. Autor: Khaled Hosseini. Reseña: La decisión de una humilde familia campesina de dar una hija en adopción a un matrimonio adinerado es el fundamento sobre el que Khaled Hosseini ?autor de las inolvidables "Cometas en el cielo" y "Mil soles espléndidos"? ha tejido este formidable tapiz en el que se entrelazan los destinos de varias generaciones y se exploran las infinitas formas en que el amor, el valor, la traición y el sacrificio desempeñan un papel determinante en las vidas de las personas.

Sonríe. Dios nunca llega tarde. Autor: Juanita Jara. Reseña: Sonríe es un libro que te empujará y te motivará a la conquista de tus sueños. A través de sus páginas y con poderosas anécdotas a lo largo de su historia la autora demuestra no solo que con voluntad, coraje y perseverancia se puede traspasar cada una de las circunstancias difíciles que nos toca vivir, sino comparte además el secreto que se necesita para alcanzar el éxito y la felicidad.

El poder de escuchar. Autor: Ismael Cala. Reseña: El célebre periodista y presentador de Cala, de CNN en Español, enseña a escuchar para evolucionar y mejorar la calidad de vida. Tras conversar con presidentes, intelectuales y celebridades de todos los campos, Cala confía la clave de su éxito como entrevistador: saber escuchar a los demás, para que compartan con nosotros cómo son y cómo piensan. Esta es también la clave para nuestro éxito en los negocios, el amor y las relaciones con todos los que nos rodean.

Ni rey ni dios. Lionel Messi: La verdadera historia del mejor. Autor: Sebastián Fest y Alexandre Julliard. Reseña: Sebastián Fest y Alexandre Julliard ofrecen una biografía única, completa y reveladora, con aspectos desconocidos e intimidades inesperadas del crack que no deja de sorprender al fútbol mundial, y se prepara para hacerlo como nunca en Brasil.

Bajo la misma estrella. Autor: John Green. Reseña: Hazel acaba de cumplir 16 años. Y tiene cáncer. A pesar de que un tratamiento ha conseguido reducir su tumor de forma casi milagrosa, es una enferma terminal. Los médicos no pueden decirle cuánto tiempo le queda; sólo sabe que debe vivir pegada a un tanque de oxígeno y sometida a continuos tratamientos. Pero su vida da un verdadero vuelco cuando conoce a Gus Waters... Y se preguntaran: ¿cómo puede cambiar una sola persona la historia de otra"

La vela de Navidad. Autor: Max Lucado. Reseña: Viaje de regreso a una época más simple, a una villa inglesa pequeña donde nunca pasa nada fuera de lo común y corriente. Excepto en la época de Navidad. Cuando un ángel misterioso aparece repentinamente en la humilde tienda de un fabricante de velas, lo santo y lo humano colisionan como sólo Dios podría imaginar. Resplandeciendo con un mensaje eterno, La vela de Navidad llenará su corazón de ternura con un sorprendente recordatorio del abundante amor de Dios.

*Información cortesía de Quijote Música y Libros y Reflexión Música y Libros. 


Fuente: http://www.entornointeligente.com/articulo/1700954/PARAGUAY-Que-regalamos-esta-Navidad-12122013

Internet no sabe cómo guardar un secreto

"En un mundo donde los datos son la moneda de curso legal, y donde no tenemos mejores centinelas que el código escrito por el hombre y dispositivos vulnerables, no existe tal cosa como un secreto." Esta frase pertenece a la novela de ciencia ficción de 1998 This Alien Shore, de Celia Friedman. Algo más de 140 caracteres que retratan con incisiva precisión nuestro mundo interconectado de hoy.
Intercambié varios mails con Celia para llegar a la traducción más fiel y menos forzada; luego le seguí dando vueltas y vueltas hasta llegar a la versión de arriba. Pero, por supuesto, sigue resultando más rica en su forma original: "In a world where data is the coin of the realm, and transmissions are guarded by no better sentinels than man-made codes and corruptible devices, there is no such thing as a secret."
Un amigo solía poner esta frase, debajo de su firma, en todos sus mails. Es un resumen perfecto de lo que sigue.
***
Aparte de los aspectos técnicos, que traté en la primera entrega de esta serie sobre la vigilancia de la NSA , y los que conciernen a nuestros derechos civiles, que analicé la semana última , queda por ver qué puede hacerse para mantener un mínimo aceptable de privacidad en los tiempos de Internet. A primera vista, el escenario no es para nada alentador.
Excepto que hayas vivido los últimos 18 años en una isla desierta (digamos, desde la JenniCam para acá), habrás visto cientos de encendidas advertencias y oscuros presagios respecto de la privacidad, una garantía -constitucional, en el caso de la Argentina- universalmente reconocida por todas las democracias occidentales.
Lamentablemente, no alcanza con instalar un software de seguridad para mantener a raya a los fisgones. Sería fantástico poder decirte que de ahora en más uses siempre una red privada virtual (o VPN), navegues exclusivamente mediante Tor o cifres hasta los contenidos del freezer y, con una tranquilizadora palmada en la espalda, asegurarte que de esta forma tus comunicaciones van a ser 100% privadas. Pero no, ninguna de estas maniobras, pese a que tienen sentido (bueno, salvo lo del freezer, ya sé), va a dar resultado sin hacer un cambio más profundo, un cambio de mentalidad.

NO SOS VOS, SON LOS NÚMEROS

El fenómeno que hace posible y subyace debajo de la vigilancia masiva de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos -y, para el caso, de las demás agencias de inteligencia de las naciones poderosas- es, en realidad, muy sencillo. Hasta hace unos 30 años la información estaba anclada a medios físicos bastante fáciles de proteger: papel, vinilo, acetato, cinta magnética. Los datos no existían fuera de estos materiales, salvo en la memoria de los eruditos. El Principio de Fahrenheit 451.
No había, pues, ninguna posibilidad de que un gobierno espiara tu caja de fotos. O tu biblioteca. Excepto que te allanaran la casa.
La correspondencia podía inspeccionarse, pero era muy complicado. Mecánicamente complicado.
Las líneas de teléfono eran cables que había que intervenir físicamente para averiguar de qué estaban hablando dos personas. Si ese espionaje intentaba hacerse en el extranjero, había que trasladarse a ese país, con los riesgos que esto suponía para el espía y para las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
En las calles no proliferaban las cámaras de seguridad, no se podía escrutar la Tierra con satélites de alta resolución ni se habían inventado los micrófonos láser capaces de grabar una conversación dentro de una habitación cerrada desde la vereda de enfrente.
Bueno, ese mundo ha desaparecido por completo. Hoy confiamos nuestra información a medios digitales, es decir, numéricos e independientes del sustrato. A los JPG de tu boda no les preocupa si están en una tarjeta de memoria, un disco duro, un CD, un DVD o en la nube de Internet. De hecho, tus fotos ya no poseen pigmentos; están compuestas exclusivamente de números.
La información ha perdido toda encarnadura. Esto es bueno en muchos sentidos. Por ejemplo, ya no tenemos que esperar 15 días para encontrarnos con nuestras tomas. Las vemos un segundo después de disparar. Es también más económico y, por eso, nos damos el lujo de sacar miles (literalmente, miles) de fotos.
Estas ventajas tienen sus inconvenientes, sin embargo. El más obvio es que la información se ha vuelto muy lábil. Mientras que el papel y el plástico eran bastante resistentes a los daños, los métodos usados por los dispositivos de almacenamiento digital para registrar datos todavía son muy delicados y sensibles. De ahí que hagamos backup de nuestros JPG y no, por ejemplo, de nuestras fotos en papel. Cuando yo era chico se hacía una copia de cada foto y nada más. Sabíamos que durarían para siempre.
(Paradójicamente, los datos grabados en dispositivos digitales tienen una resistencia notable a desaparecer por completo. Si el disco duro de tu PC falla, ya no podrá accederse, cierto. Pero una empresa de recuperación de datos y, obvio, las agencias de inteligencia poseen herramientas para extraer información de medios aparentemente desahuciados.)
Una de las principales ventajas de los datos digitales, el que ocupen muy poco espacio, constituye una de las mayores desventajas en términos de privacidad. Por ejemplo, un pendrive de 8 gigabytes equivale, en términos de información, a 2000 Biblias. Dos mil Biblias en papel pesan más o menos una tonelada. Un pendrive, 5 gramos.
Traducido: uno podría llevarse 160.000 documentos clasificados de 50.000 caracteres cada uno en el bolsillo. ¿Te suena?
Extraer esa misma documentación, 30 años atrás, hubiera sido, como mínimo, llamativo. "Usted perdone, pero tengo que sacar esta tonelada de carpetas de los archivos. Sí, sí, dicen CLASIFICADO., con permiso."
Y luego está el tema de las telecomunicaciones. No sólo la información es liviana como el ectoplasma y tan pequeña como las bacterias, sino que además puede copiarse en segundos de una punta a otra del mundo mediante redes digitales que no tienen -y sería complicadísimo imponerles- fronteras.
Estas copias son la contracara de la fragilidad del dato guardado en tu disco duro; lo que subís a Internet puede replicarse millones de veces y quedar dando vueltas por ahí para siempre. La pretensión de algunas celebridades -comprensible, justificada, legítima- de eliminar videos o fotos personales que se han filtrado a Internet es, técnicamente, una fantasía. Lo que se sube a Internet queda en Internet. Y si está online, podría haber sido descargado a cientos de miles de computadoras, tablets y smartphones, desde donde alguien podría volver a subirlo en el futuro. Etcétera.
Otro tanto ocurre, dicho sea de paso, con un tipo de información que dejamos por todas partes sin darnos cuenta: registros de navegación (los sitios que visitamos), archivos que bajamos y subimos, avisos a los que les damos clic, búsquedas en Google, nuestros contactos, las relaciones que establecemos en Facebook y Twitter, y sigue la lista.
Como si esto no fuera bastante, la información digital sufre un inexplicable desamparo legal en muchas jurisdicciones. Estuve un rato largo hablando por teléfono con Pablo Palazzi, abogado especialista en protección de datos personales, y el asunto es tan extenso que sería imposible abarcarlo aquí. Se supone, razoné, que si nuestras comunicaciones son más vulnerables ahora que antes, entonces el correo electrónico debería tener al menos tantas garantías como el postal. Pero no siempre es así.
En Estados Unidos, me explica Palazzi, luego de 180 días de enviados, los mails pueden ser leídos por la fuerza pública mediante una simple citación; es decir, sin que medie la orden de un juez. Y, al revés que en la Argentina, el correo electrónico, en ese país, no se encuentra protegido mientras viaja por las redes. Los metadatos (remitente, destinatario, fecha, hora) no son tenidos por la ley como datos privados en ese país.
Pese a que en la Argentina el mail está más amparado por la legislación, hay algo que no debemos olvidar: los mensajes de correo electrónico, salvo que hagas algo al respecto, no viajan encriptados, así que son fáciles de interceptar (por la naturaleza de Internet) y de inspeccionar (no hay sobre ni cifrado, es como una carta abierta). Dicho sea de paso, Google fue pionero en el cifrado del correo, pero esto no es una solución mágica tampoco; lo analizaré en la próxima columna.
En total, y para no marearte: no existe el equivalente de la caja fuerte en el mundo virtual. Tratar de replicar ese nivel de seguridad en Internet es imposible.
Ha habido un cambio tecnológico que alteró una serie de reglas de juego básicas de la civilización. Aunque no haya autos voladores ni hayamos colonizado Marte, el siglo XXI es, en términos informáticos, tan diferente del mundo en el que crecí como aquel mundo lo era de la Londres del siglo XVII.
Sin embargo, y como suele ocurrir, el problema no está en que las nuevas reglas de juego sean complejas. La dificultad está en aceptar esas reglas. Nos equivocamos más por nostalgia que por no entender de computadoras.
Nos gustaría que el mundo siguiera siendo tan sencillo como hace 30 años, de la misma forma en que mi abuelo Manuel añoraba las condiciones de realidad de principios del siglo XX. Todo tiempo pasado fue mejor, decía Séneca, ¿no?
Bueno, podemos quedarnos con eso, pero en mi opinión es mucho más saludable dar vuelta la página y tratar de ver cómo se mueven las piezas en este nuevo ajedrez. Acordate, las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más resistentes. Son las que mejor saben adaptarse.
En este sentido, la regla de oro en la Red es: no intentes ocultar cosas online, no se puede. Internet no sabe guardar secretos. O, para ser más precisos, el costo de asegurar las comunicaciones es tan alto que excede el presupuesto de la mayoría de nosotros.
En otras palabras, tu vida en línea debe ser idéntica -o, al menos, muy semejante- a tu vida en la vía pública. No veas a Facebook como una reunión de amigos o a Twitter como una charla de café. No lo son. Tu intimidad más sensible debe quedar entre los tuyos y en el mundo real. Así comienza tu privacidad en línea en el siglo XXI.
En la próxima y última entrega de esta serie sobre la vigilancia masiva de la NSA, un texto dedicado a las herramientas para cifrar y anonimizar, todo aderezado con un buen puñado de sentido común. Porque esa regla de oro es también una ley de hierro, y ni algoritmos ni dispositivos, como previó Friedman, son por completo inviolables.
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