4 sept. 2012

5 razones para leer a Borges


Por: Alejandro Bongiovanni


Una análisis sobre las virtudes de uno de los escritores más importantes de América Latina.



El 24 de Agosto se conmemoro, desde hace pocos años, el Día del Lector, en justo homenaje al escritor argentino más grande de la historia: Jorge Luis Borges. La efeméride es válida tanto para fomentar el placer por la lectura –acaso uno de los más elevados placeres del hombre– como para recordar la obra del mejor embajador cultural que ha tenido nuestro país. A continuación, enumeramos cinco razones –arbitrarias e insuficientes– para adentrarse en los cuentos, ensayos y poemas, de Jorge Luis Borges: 

I) Prosa: incorporado dentro de la corriente ultraísta, que apadrinara el gran prosista sevillano Rafael Cansinos-Asséns, Borges escribe con una prosa que se caracteriza por la tachadura de las frases medianeras, los nexos y la adjetivación inútil. Es un ejercicio interesante –e infructuoso– buscar palabras en sus textos que no tengan alguna función. La funcionalidad, sin embargo, en lugar de ir en contra de la estética, la potencia. Sus palabras son, a la vez, concretas, bell as y limpias. 

II) Erudición: si a alguien puede atribuírsele el mote de “biblioteca andante” es, sin dudas, a Jorge Luis Borges. La vastedad de sus conocimientos en ramas disímiles como filosofía, matemática, lógica, historia, religión o mitología es asombrosa, sólo superada por su saber en relación a la literatura clásica. Borges conocía a la perfección un enorme abanico de autores y libros orientales y occidentales. Entre sus autores más cercanos siempre figuraron Chesterton, Schopenahuer, Kipling, Stevenson, Shakespeare, Carlyle, Shaw, Wilde y Berkeley. También escribió varios textos sobre algunas obras que le resultaban fundamentales, como La Ilíada, Don Quijote de la Mancha, Las mil y una noches, y Martín Fierro. Pero quizás lo más importante es que la erudición de Borges, como toda su vida, estuvo siempre puesta en función de la escritura. Borges, en sus páginas como en sus entrevistas, invita a leer a otros autores. Su amor por los libros es contagioso y rodea al lector. Para Borges, leer bien –seleccionar buenos libros– era una cualidad tan o más importante que escribir bien. “Que otros se jacten de las páginas que han escrito, a mí me enorgullecen las que he leído” dice en el poema “Un lector”.

III) Cuentos: además de sus poesías –algunas, verdaderos tratados de filosofía de una carilla– y sus diversas páginas de inquisiciones metafísicas o históricas, Borges se expresó fundamentalmente en cuentos –nunca eligió escribir novelas–. Y en estos cuentos, además de su estilo inigualable, el lector puede presenciar historias que lo marcarán para siempre. Los duelos a cuchillo, los laberintos, el tiempo y el infinito, los espejos velados, el heroísmo y la traición; en fin, una gran variedad de t emas tratados como sólo un verdadero genio de las letras puede hacerlo. “La intrusa”, “El inmortal”, “El jardín de senderos que se bifurcan” o “El sur”, son una escasa y azarosa selección para el que quiera empezar a leer Borges.

IV) Argentino y cosmopolita: A pesar de ser un ciudadano del mundo, como corresponde a todo hombre verdaderamente amante de la cultura –la cultura no entiende de fronteras– Borges estaba además profundamente atravesado por la tierra que lo vio nacer y crecer. Los orilleros de los barrios porteños, el tango, y la inmensidad de la pampa, están presentes en su obra con la misma nitidez que figuran Nietzsche o Goethe. Leer a Borges es un viaje sin límites geográficos ni temporales. Lamentablemente, este carácter cosmopolita, hizo que los aplausos al escritor provengan mucho más de afuera que de adentro de su país. Borges era enemigo de los nacionalismos y anarquista a la manera spenceriana. “Mis convicciones en materia política son harto conocidas: me he afiliado al Partido Conservador, que es una forma de escepticismo, y nadie me ha tildado de comunista, de nacionalista, de antisemita, de partidario de Hormiga Negra o de Rosas. Creo que con el tiempo mereceremos que no haya gobiernos. No he disimulado nunca mis opiniones, ni siquiera en los años arduos, pero no he permitido que interfieran en mi obra literaria” dice Borges en el prólogo al “Informe de Brodie”, aclarando que para un escritor el norte debe ser la liter atura. Válida afirmación en épocas donde cualquier advenedizo es tomado por bueno porque tiene “compromiso político” y los verdaderamente grandes, como Jorge Luis Borges, provocan cierta indiferencia por nunca haberse embanderado en demagogia nacionalista.

V) Grandeza: a pesar de ser, por lejos, el escritor argentino más importante de la historia, y uno de los más grandes de la lengua castellana, Borges mantuvo durante toda su vida una humildad extrema. Producto de una timidez cándida, sostenía que “es una descortesía tener razón” y dada la importancia que le daba al azar, no tomaba demasiado en serio la circunstancia de ser él quien escribía y otro el que leía. En “Fervor de Buenos Aires” dice magistralmente: “Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente. Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor”.

Espero estas pocas razones sirvan para fomentar la obra de Jorge Luis Borges, verdadero abrevadero de cultura clásica y, a la vez, entretenimiento de altura. Bienaventurados los lectores. 

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