11 ago 2008

Libros con sorpresa


Investigadores y bibliófilos rescatan bulas papales y hojas de incunables utilizadas para encuadernar manuales

Muchos libros antiguos no son sólo transmisores de cultura, sino también de secretos bien guardados e incluso conservadores de hojas sueltas 'supervivientes' de incunables ya desaparecidos.

A este instinto de protección no escapan documentos oficiales de antaño, billetes que ya no están en curso legal o escritos religiosos. Precisamente este mismo año, en Segovia, los técnicos del Archivo de la Catedral, sacaron a la luz cinco ejemplares de una bula del entonces cardenal Rodrigo de Borja, valenciano futuro papa Alejandro VI, fechada en 1473.

En este caso, se trataba de cinco pergaminos de contenido interesante que, según los especialistas, destacaban por ser la primera bula impresa en la península ibérica y la tercera salida de la imprenta tras las realizadas en las ciudades alemanas de Gutenberg y Nethasen.

El hallazgo se produjo en enero de este año y, una vez más, fue fruto de la casualidad. El descubridor fue Bonifacio Bartolomé, responsable del archivo de la Catedral de Segovia. Este investigador estaba revisando libros incunables en busca de fragmentos de pergamino con contenido musical y la música se tornó en unas letras góticas.

"La bula estaba semioculta, porque se empleó para encuadernar el libro que actualmente lo contiene, pero hubo dos cosas que me dieron pistas. En primer lugar, la tipografía gótica era poco usual en España en esa época y, en segundo lugar, leí tres palabras 'Nos don Rodrigo' y, por libros que había leído sobre el tema, lo relacioné de inmediato con la bula de Rodrigo de Borja", explicó Bartolomé en el momento de su hallazgo.


Reciclaje con incunables
Muchos bibliófilos valencianos también encuentran gratas sorpresas cuando adquieren libros antiguos o incunables. Un caso es el de Rafael Solaz que, en un libro del siglo XIX encontró una bula papal fechada en 1600. "Estaba escrita en latín. Es bonito poder encontrar estas hojas impresas porque son documentos muy efímeros, que se pierden y no quedan reflejadas en la historia", indica Rafael Solaz.

La técnica de encuadernación de siglos pasados no contaba con los mismos medios que hoy en día y "era normal reciclar papeles para hacer capas tipo cartón y formar el libro. De hecho, se han dado muchos casos de encontrar hojas de libros del 1400 en libros posteriores", añade Solaz.

Pero estos libros antiguos no sólo albergan escritos y hojas de incunables, también han servido de protectores de láminas de pintores. "Un señor en el rastro de Valencia compró un libro y dentro encontró un dibujo de Pinazo", explica una experta en arte que prefiere guardar el anonimato.

Pero para caso curioso, el que vivió en primera persona Solaz, que hace ya muchos años adquirió un libro y encontró un doble fondo. "Fui a comprar un libro del siglo XVIII a una familia de la calle Colón y resulta que anteriores propietarios o antepasados habían vaciado hoja a hoja el libro, creando un hueco central, donde había
escondida una pequeña arma. Yo, naturalmente la devolví y me quedé con el libro, que era lo que me interesaba".

Fuente: http://www.lasprovincias.es/valencia/20080810/cultura/libros-sorpresa-20080810.html

Una biblioteca en cada casa

Desde estas columnas, se ha insistido siempre en los incalculables beneficios que trae la lectura, particularmente la lectura de libros. Por ello, no deja de ser una noticia para celebrar que la Secretaría de Cultura de la Nación haya hecho realidad su promesa de implementar, en 800 localidades de todo el país, el Programa Libros y Casas, que entrega una biblioteca, con 18 volúmenes que abarcan distintos temas, para cada una de las viviendas edificadas dentro del Programa Federal de Construcción de Viviendas, que depende del Ministerio de Planificación Federal. Una vez completado, el programa habrá conformado 80.000 bibliotecas familiares, con un total de beneficiarios estimados en medio millón de personas.

El objetivo de la secretaría es "democratizar el acceso a los libros y fomentar la lectura entre los sectores económicamente más desfavorecidos". Y en el prólogo que lleva cada libro, firmado por el secretario de Cultura, José Nun, éste escribe que "los buenos libros cumplen funciones tan valiosas como indispensables: son, a la vez, nuestros amigos, nuestros consejeros y nuestros maestros".

La selección comprende cinco categorías de títulos: manuales (de primeros auxilios legales, guías alimentarias para la población infantil, etcétera); libros de corte histórico e institucional (por ejemplo, la Constitución nacional); diccionarios (una enciclopedia de bolsillo y un diccionario básico escolar); literatura para adultos (antologías de cuentos, poemas y letras de canciones), y literatura para chicos (relatos clásicos y actuales, novelas, cuentos y poesías).

Por supuesto, es muy probable que todo argentino habituado a leer tenga hecha su propia selección de los textos básicos que deberían integrar bibliotecas en formación, como son éstas. Y también es muy probable que haya tantas selecciones posibles como argentinos lectores hay en el país. De todas maneras, ¿quién podría no estar de acuerdo con la inclusión del texto de la Constitución nacional (tan conculcada últimamente en la Argentina), cuyo Preámbulo hubo una época en que los argentinos aprendíamos a recitar de memoria?

Lo mismo puede decirse de los diccionarios (quizá no hubiera estado mal agregar también una gramática de la lengua española), de los manuales sobre primeros auxilios -tanto el redactado con el asesoramiento de la Cruz Roja como el de primeros auxilios legales, elaborado en colaboración con el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec)- y, por supuesto, de las antologías para chicos y adultos, que, con sus más y sus menos, son representativas de la literatura argentina y de la literatura universal. Una mención especial merece el libro, particularmente bello e ingenioso, de las distintas versiones de El príncipe feliz de Oscar Wilde, cuyo subtítulo es "Contado e ilustrado por hombres y mujeres de la cultura", y fue editado recientemente por el Grupo Juanito para la Fundación del Hospital de Pediatría Juan P. Garrahan.

Por todo eso, llama la atención la elección por lo menos discutible de la versión adaptada del libro Nunca más , titulada aquí El Nunca Más y los crímenes de la dictadura . El texto sigue los lineamientos principales del original, excepto que se han extraído -cosa comprensible- los numerosos testimonios, planos, fotos, etcétera, que forman parte también del Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), lo cual dio por resultado un libro de 500 páginas, mientras que el de la Secretaría de Cultura que aquí se menciona tiene 144 páginas. Decimos que ésta sería la única elección discutible, dado que incluye el prólogo que en la edición del 30° aniversario del golpe militar, de marzo de 2006, antecede al prólogo original de la primera edición, de 1984, escrito por Ernesto Sabato, presidente de la Comisión. En el momento de la publicación de esa edición aniversario, desde estas columnas editoriales objetamos la inclusión de un prólogo que no sólo no agregaba nada a la excelencia del primero, sino que servía de exaltación del gobierno de turno y poco contribuía a la necesidad que los argentinos tenemos de superar los odios y desencuentros del pasado, y de avanzar hacia una definitiva reconciliación nacional.

Esta observación no significa dejar de destacar este magnífico ejemplo de política de Estado que acaba de dar la Secretaría de Cultura de la Nación. Es de esperar que éste sea sólo el comienzo de una prolongada tarea en esta dirección para que muy pronto no haya ningún hogar en la Argentina que no tenga una biblioteca con libros elegidos por sus dueños, porque todos los argentinos habrán comprendido el valor que tiene poder informarse y formarse en "los temas sobre los cuales deben decidir", como corresponde a ciudadanos que viven en una república democrática.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1035737



“Leer no es un placer fácil”


La escritora, editora, librera y bibliotecóloga plantea que la promoción de la lectura es un problema político. Especialista en literatura infantil, señala que “la escuela y las sociedades han debilitado por completo la necesidad de pensar”.

Por Silvina Friera

Cuando decidió estudiar bibliotecología en Bogotá, su padre, un médico que le contagió el gusto por los libros, le aconsejó que no siguiera esa carrera. “Te gusta mucho leer, sos buena lectora y un bibliotecario no es un buen lector”, le decía para desalentarla. Pero Silvia Castrillón, que no se amedrentó por la recomendación paterna, se recibió de bibliotecóloga y desde entonces es una de las especialistas en literatura infantil que sigue peleando para que los colombianos tengan más y mejor acceso a la cultura del libro a través de las distintas instituciones por las que pasó, como la Asociación Colombiana para el Libro Infantil y Juvenil, Fundalectura y Asolectura, entre otras. De visita en Buenos Aires, donde participó de la Conferencia Editorial, un ciclo de charlas organizado por Opción Libros en la librería El Ateneo, esta mujer orquesta, escritora, editora y librera, simpática y tan jovial que no parece que tuviera 65 años, plantea que la promoción de la lectura es un problema político. “Tengo la necesidad de trabajar contra la injusticia y la inequidad que implica la falta de acceso a la lectura y a la cultura escrita”, dice Castrillón a PáginaI12.

“La lectura ya no es una manera de mirar la realidad. Antes se creía mucho más que la realidad se narraba a través de los libros. Ahora la forma de mirar la realidad es a través de otros medios”, advierte la especialista colombiana. “Se lee más, pero el sentido de la lectura se ha transformado muchísimo.”

–¿Cuál es el sentido de la lectura que prevalece en la escuela?

–El problema de la escuela es que casi todos los aprendizajes han perdido el sentido, por lo menos en Colombia. El sentido ahora es la evaluación, los estándares educativos, las pruebas. Son políticas educativas impuestas por el Banco Mundial que responden a un modelo de educación donde lo que se quiere es que la escuela forme trabajadores que puedan tener un desempeño laboral con éxito individual. Pero la sociedad no le ofrece trabajo y el éxito de uno implica el fracaso de muchos otros. En las escuelas, los niños preguntan: ¿Por qué tengo que aprender a leer y escribir? ¿Eso para qué me sirve, profe? En este momento los países están muy interesados en ver cómo se ubican en el ranking internacional. Los colombianos estamos siempre fijándonos si estamos primero que Argentina, y todo el mundo está trabajando alrededor de la evaluación y los estándares educativos; estándares, que como bien lo dice Emilia Ferreiro, implican homogeneización.

–Ante la pregunta para qué leer, ¿qué responde la escuela como institución y qué respondería usted?

–La escuela dice que hay que leer para cumplir con las normas y para alcanzar un diploma, aunque no sea garantía de trabajo. Cuando la escuela admite que hay que pensar de otra manera, propone una lectura lúdica, que los niños se interesen por la lectura mediante la consigna del placer, pero este concepto está desnaturalizando las prácticas de lectura y quitándoles el sentido que tienen. Leer es un placer, uno no lo puede negar, pero no es un placer fácil de alcanzar. Es un placer que también hay que construir y hay que invertir mucho esfuerzo tanto por parte de la escuela como parte de quien está aprendiendo. Lo que la escuela ofrece es un placer intrascendente, un placer que se agota en una actividad llamada lúdica entre comillas. Lo lúdico también se ha convertido en un derecho que exigen los niños. “Profe, es que usted no enseña de manera lúdica, nosotros tenemos derecho al placer.” Si no es por el lado de la evaluación, nos vamos por la respuesta de lo lúdico, pero eso tampoco permite crear condiciones para que el niño descubra cuál sería el sentido que puede tener la lectura en su vida. Para mí la lectura está asociada con necesidades del ser humano, que no son todas iguales, porque somos diferentes, pero tenemos la necesidad de aprender, de tener una experiencia estética, de comprender el mundo y de transformarlo. La respuesta estaría en tratar de crear las condiciones que permitan que los niños y jóvenes asocien la lectura y la escritura con una necesidad interna de ellos, no con una necesidad externa, impuesta. La escuela y las sociedades han debilitado por completo la necesidad de pensar. Lo que la escuela tiene que hacer es tratar de crear esas condiciones que permitan a los niños descubrir que leer es una necesidad. No es un lujo ni una obligación.

–¿La escuela está trabajando para crear esas condiciones?

–No, pero soy muy cauta porque la escuela es blanco de todos los problemas que tiene la sociedad. Si la sociedad pierde el sentido de la lectura, pues sí, a la escuela le toca recuperarlo, pero es una recuperación muy difícil porque a la escuela, que de por sí es una institución muy conservadora, le correspondería ir en contra de lo que la sociedad le está proponiendo. Ir contra la corriente es una pelea muy dura para la escuela. Pero hay muchos maestros lectores que tienen un compromiso ético con los niños. En este momento no creo que pueda haber grandes transformaciones educativas sino pequeños cambios impulsados por el maestro al interior de las aulas. Todavía creo en la utopía y me parece que los maestros están logrando pequeñas transformaciones.

–¿Por qué se promueve más la lectura y no tanto la escritura?

–Hablamos mucho de la lectura y poco de la escritura y eso también es una postura ideológica. La lectura también es producción, creación, pero está mucho más relacionada con el consumo de libros porque hay intereses económicos vinculados con un sector de la economía del mercado, que es el de la producción de libros. Además, se promueve más la lectura que la escritura porque la escritura es una forma de emancipación; la lectura también, pero la escritura más. Dar la palabra, expresarse a través de la escritura, es un paso más allá en la emancipación, es tener un pensamiento más libre. Muchas personas dicen que el maestro tiene que ser un ejemplo de escritor y de lector, pero esa idea de ser ejemplo estaría en desacuerdo con lo que pienso que es ser lector. El lector parte de la duda, de la ambigüedad, como dice Graciela Montes “parte del enigma y no de la consigna”, y si yo estoy mostrando como modelo y ejemplo al maestro no estoy creando las condiciones para que el niño dude también del maestro.

–Entregar libros es necesario, pero no suficiente; parece ingenuo pensar que los libros tienen alguna cualidad mágica que hace que sean leídos inmediatamente...

–Las escuelas tienen que estar bien dotadas de libros, es muy importante que los gobiernos adquieran y distribuyan libros, que haya bibliotecas al servicio de la comunidad, y que las bibliotecas se construyan como proyectos de la comunidad. El libro por sí solo no alcanza, pero es necesario. Ahora muchos de los discursos educativos plantean que ya no es necesario el libro, que está siendo sustituido por las nuevas tecnologías. Alguien en Bogotá, que tiene un cargo muy importante dentro de la administración pública en educación, dijo: “Ya no leemos libros, buscamos la información en computadoras”. Ahí es donde yo digo que es necesario que los libros estén en las escuelas. Lo que me preocupa es que cuando uno dice que el libro no basta, puede tener muy buenas intenciones en decirlo, pero también detrás de eso puede estar la idea de que el libro es sustituible.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-10875-2008-08-10.html

4 ago 2008

LLEGAMOS A LAS


10.000 visitas.
Gracias a todos los que lo visitaron,
a los que aportaron criticas,
a los que me felicitaron,
pero sobretodo al apoyo que he sentido durante estos meses.


Gracias!!!

1 ago 2008

Los alumnos deben tener un blog.


Moretti promueve una apropiación y reformulación del uso de las nuevas tecnologías multimedia para mejorar la calidad de la enseñanza en la universidad. Las posibilidades de los países del Tercer Mundo.
Por Julián Bruschtein
Blogs, soportes multimedia, páginas web, formatos similares a la Wikipedia pueden ser de utilidad en el mundo académico: “El desafío es explorar los modos de uso para reformularlos y utilizarlos en contextos pedagógicos”, explica a PáginaI12 Frank More-tti, un especialista norteamericano en el desarrollo de tecnología digital con fines educativos. Moretti es fundador y director del Columbia Center for New Media Teaching and Learning, de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), donde trabaja con los docentes para elaborar programas interactivos de contenido pedagógico, es decir de utilizar las nuevas tecnologías informáticas y de comunicación para mejorar la enseñanza y permitir que los estudiantes se formen por fuera del marco de las clases tradicionales.
–¿Cómo es la relación entre alumnos y docentes con las tecnologías de soporte digital, teniendo en cuenta que los jóvenes tienen mayor familiaridad?
–Primero habría que hacer una distinción entre las tecnologías que tienen que ver con lo popular y el entretenimiento, como My Space o Youtube, sólo por señalar algunas. La aplicación que desarrollamos nosotros tiene que ver con una disposición más concentrada, un trabajo más analítico, una tecnología que permite trabajar y estudiar de otra forma y que está pensada con otro propósito, que no es el entretenimiento. Por eso es bueno saber que las tecnologías pueden ser las mismas en términos objetivos, pero la forma de uso y la contextualización que adquieren son muy distintas. Por ejemplo, yo doy clases de Historia de la Comunicación y tengo una página parecida a la Wikipedia donde les encargo a mis alumnos que preparen un informe. Antes de la clase tienen que dejar allí algún comentario sobre lo que se les pidió. Así, todos los alumnos tienen la posibilidad de leer y conocer de qué se va a tratar la clase, pero también pueden discutir la información allí vertida. Entre todos contribuyen al desarrollo de los contenidos de la página, tal y como sucede con la Wiki de verdad, pero el desafío es explorar estos modos de uso para reformularlos y utilizarlos en contextos pedagógicos.
–Se trataría de resignificar los usos actuales de las nuevas tecnologías...
–Todo el mundo puede tener un blog, es una práctica muy expandida. Los alumnos que toman mi clase, además de la práctica en la Wiki, deben tener un blog personal durante todo el semestre. Funciona como un diario, lo que yo llamaría “diario de la actividad significativa”, de lo que resulta interesante y significativo de las clases para uno, pero es accesible para todo el mundo. Cualquiera hace blogs, pero a nadie se le había ocurrido utilizarlos con fines pedagógicos, es decir que se resignifica y adquiere un peso diferente. En la Wiki o en el blog los alumnos me mandan a mí recomendaciones. Los blogs que los estudiantes hacen son algo que yo mismo no podría hacer porque los estudiantes tienen mayor facilidad, por eso los utilizo para reformular su uso.
–En cuanto a los docentes...
–Con los docentes uno encuentra que algunos tienen mayor familiaridad con las tecnologías que otros, por eso es nuestra responsabilidad ayudarlos. Yo mismo soy un antiguo y mi grupo de trabajo es el que me ayuda a familiarizarme con la tecnología.
–¿Qué posibilidades de acceso y desarrollo de estas tecnologías tienen las universidades del Tercer Mundo?
–Lo que hay que comprender es que las universidades son instituciones con profundas raíces históricas y culturales. El cambio y la transformación que involucran determinados procesos lleva mucho tiempo y es un proceso muy complejo, que en muchos casos puede no terminar con éxito. Pero además de esta complejidad, de las burocracias y de los procesos internos característicos de las universidades, lo que también implica hoy la revolución digital es un enorme valor agregado, la necesidad de agregar conocimiento para poder estar a tono permanentemente con el avance tecnológico. Por eso se empiezan a desarrollar nuevas formas de planificación, sobre todo en universidades del Tercer Mundo. Por ejemplo, hoy en día en algunas universidades africanas se habla de “saltar etapas”, o “saltar pasos” en el proceso de evolución y desarrollo: en vez de construir grandes edificios o “templos del saber”, con campus inmensos, vuelcan parte de sus recursos y proyectos en nuevas tecnologías para que estén al alcance de una mayor cantidad de alumnos y docentes.
–¿Y el software libre cómo incide en este escenario?
–La sinergia que produce y promueve el movimiento del código abierto en lo que tiene que ver con software es altamente positiva. Sumado a la capacidad de la tecnología digital de compartir recursos, materiales y proyectos entre las distintas instituciones académicas, se transforman en oportunidades que se abren al Tercer Mundo y permiten que sea más viable su acceso. El caso del proyecto Global Classroom (ver aparte) es claro en este aspecto: hay doce universidades que componen el proyecto por ahora, y la mitad puede que tenga el equipamiento y los recursos necesarios y la otra mitad, seguramente no los tiene. Sin embargo, todos acceden a los mismos materiales y todos tienen las mismas oportunidades de trabajo y las misma herramientas a su disposición.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-108659-2008-07-30.html

La mayor colección de libros del mundo antiguo


Por Alicia Centelles

Fundada por el rey egipcio Ptolomeo Primero Sóter, la Biblioteca de Alejandría poseía la mayor colección de libros del mundo antiguo. Ampliada por el soberano Ptolomeo Segundo Filadelfo a principios del siglo tercero antes de nuestra era, contaba con los eruditos más capacitados de la Alejandría de la época.

El primer bibliotecario fue Zenódoto de Éfeso, especialista en la clasificación de poesía, mientras que el poeta Calímaco confeccionó el primer catálogo general de sus libros. Los bibliotecarios más notables de Alejandría fueron Aristófanes de Bizancio y Aristarco de Samotracia, grandes redactores y gramáticos.

Bajo el reinado de Ptolomeo Segundo, esta vasta biblioteca contenía, al parecer, cerca de 500 000 volúmenes o rollos, mientras que en un anexo en el templo de Serapis se conservaban aproximadamente otros 43 000.


Su contenido se difundía a todo el mundo civilizado
La mayoría de los escritos antiguos guardados en la Biblioteca de Alejandría, eran copiados y difundidos por sus homólogas del mundo civilizado. Y fue gracias a las copias que esos trabajos sobrevivieron hasta los tiempos modernos, ya que la institución fue destruida completamente en varias oportunidades.

En el año 47 antes de nuestra era, Julio César, que combatía a los seguidores de Pompeyo, fue sitiado en Alejandría. Un incendio que devastó la flota egipcia quemó unos 40 000 libros.

Según la tradición, la Biblioteca de Alejandría fue destruida por el fuego tres veces: en el año 262 de nuestra era, por orden del emperador romano Aureliano; en el 391, cuando el emperador Teodosio la arrasó, y en el 640, por los musulmanes.

Fuente: http://www.somosjovenes.cu/index/semana106/bibliotalej.htm

Ratón de biblioteca

Feunte : Historias primarias diario La Capital de Rosario
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