19 feb 2014
La última biblioteca en la que trabajé y su triste situación
Por: Llorona Guapachosa
Era un lunes de Abril del 2012 cuando
empecé a laborar en la biblioteca de una de las facultades de la universidad
del estado; ya contaba con experiencia de cinco o seis años en bibliotecas de
este tipo y en ninguna de ellas, ni en ninguna otra biblioteca que he visitado,
vi menos consideración hacia sus usuarios como en esta.
Este era un lugar que tenía, o tiene,
fuertes problemas con el orden de sus prioridades, sobreponía el control de
documentos para auditorías (indicadores, estadísticas, registros, etc.) antes
que la comodidad de sus usuarios. Sólo el 25% del total de volúmenes podían ser
prestados a domicilio, las multas por retardo costaban el triple del precio
regular, los usuarios externos debían pagar por concepto de consulta en sala y
para los usuarios internos el mismo servicio de consulta resulta tedioso, más
aparte cabe mencionar la mala distribución de espacio, un equipo de seguridad (guardián
magnético) puesto justo en medio de la biblioteca, en el peor lugar, el más
desprotegido y más inútil en el que se puede poner un equipo como este. Y por
cierto, las voces de los empleados nunca son escuchas, todas estas
inconsistencias sólo las puedo explicar con la frase “Donde manda capitán, no
gobierna marinero”.
Hasta aquí la historia no parece tan
interesante, pues la verdad sea dicha,
muchas bibliotecas de la ciudad, quizás la gran mayoría, padecen este tipo de cosas;
pero ahora este lugar sufre por la indiferencia de sus autoridades ante su
precaria situación. El pasado mes de Septiembre una tormenta llegó a la ciudad
de Monterrey durante todo un fin de semana y los días siguientes (lunes y
martes), las actividades escolares estaban suspendidas por ser día festivo y en
parte por la tormenta; hasta el día miércoles la biblioteca fue abierta sólo
para encontrarse completamente inundada. Más de 90 volúmenes se perdieron, unos
80 estaban siendo rescatados, algunos muebles se dañaron, las lámparas del
techo tenían agua dentro y no se podían prender por temor a un corto circuito.
Se hicieron grandes esfuerzos de parte de
todo el personal de la biblioteca, tanto empleados como alumnas becarias;
cuando el lugar estuvo más o menos seco fue cuando dejé de laborar ahí. Han pasado
cuatro meses desde que estoy en mi nuevo trabajo, y como he seguido en contacto
con mis excompañeras me he enterado que no les han solucionado nada todavía.
Las terribles goteras que ocasionaron la inundación siguen igual, se inundaron
una segunda vez, temen por una tercera pues no han resuelto nada, en los ductos
de ventilación se ha estado formando hongo, se tuvo que cerrar la estantería
para todos los usuarios, y por más que la coordinación de la biblioteca ha
estado insistiendo por solución, ésta aún no ha llegado.
Son ya cinco meses de indiferencia que está
causando estragos en el edificio, está afectando la actividad estudiantil y
está poniendo en peligro la salud de sus empleadas; parece increíble que estaba
biblioteca rodeada de grandes escuelas y que se jacta de ser de calidad se encuentre en un estado tan
denigrante, a la espera de que sus autoridades se apiaden de ella. Deben
comprender primeramente que ese espacio que le designaron ya no es suficiente,
cada semestre aumenta la matrícula y ni el lugar ni el acervo bastan para dar
servicio siquiera al 50% del alumnado. Es ahí donde radica una solución
verdadera y efectiva, la biblioteca requiere un edificio nuevo y no nada más
pintar los hongos del ducto como sé que hicieron.
18 feb 2014
Ci2: Competencias informáticas e informacionales
Por: Lia González
CI2 es el acrónimo de competencias informáticas e informacionales y surge en la Comisión mixta intersectorial CRUE-TIC (Comisión Sectorial de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) y REBIUN (Red de Bibliotecas Universitarias), con el objetivo de incorporar estas competencias transversales en las universidades españolas y adaptarlas al ámbito digital.
DEFINICIONES
¿Qué son las competencias informáticas?
El conjunto de conocimientos, habilidades, disposiciones y conductas que capacitan a los individuos para saber cómo funcionan las TIC, para qué sirven y cómo se pueden utilizar para conseguir objetivos específicos: Conocer el ordenador y sus periféricos, saber instalar y configurar las aplicaciones más comunes, acceder a la red, buscar y navegar eficazmente.
¿Qué son las competencias informacionales?
El conjunto de conocimientos, habilidades, disposiciones y conductas que capacitan a los individuos para: buscar, analizar, seleccionar, organizar, utilizar y comunicar la información.
¿Qué es la alfabetización informacional?
La alfabetización en información (ALFIN) consiste en la adquisición de un conjunto de competencias entre las que se encuentran habilidades de búsqueda, selección, evaluación, reelaboración, uso ético y comunicación de información.
¿Qué son las competencias informáticas?
El conjunto de conocimientos, habilidades, disposiciones y conductas que capacitan a los individuos para saber cómo funcionan las TIC, para qué sirven y cómo se pueden utilizar para conseguir objetivos específicos: Conocer el ordenador y sus periféricos, saber instalar y configurar las aplicaciones más comunes, acceder a la red, buscar y navegar eficazmente.
¿Qué son las competencias informacionales?
El conjunto de conocimientos, habilidades, disposiciones y conductas que capacitan a los individuos para: buscar, analizar, seleccionar, organizar, utilizar y comunicar la información.
¿Qué es la alfabetización informacional?
La alfabetización en información (ALFIN) consiste en la adquisición de un conjunto de competencias entre las que se encuentran habilidades de búsqueda, selección, evaluación, reelaboración, uso ético y comunicación de información.
La información es una potente herramienta democrática, pero es necesario organizarla y gestionarla para que los ciudadanos no se sientan desbordados por ella (Pautas Calimera, 2005)
Ci2 EN EL ÁMBITO DE LAS BIBLIOTECAS
La biblioteca puede jugar un papel importante en la solución de problemas de información para la vida diaria llevando a cabo actividades de formación que capaciten a sus usuarios para ser autónomos en el acceso y uso de esa información. Si trasladamos el acrónimo CI2 al ámbito de las bibliotecas hacemos referencia sobre todo a un aspecto, el relacionado con la Alfabetización informacional.
En España el interés hacia las necesidades de aprendizaje permanente y el papel que las bibliotecas y otras instituciones documentales pueden jugar en su promoción queda reflejado en las distintas iniciativas que se vienen desarrollando desde el año 2006:
- Declaración de Toledo sobre la alfabetización informacional (Toledo, febrero 2006): Establece los puntos fundamentales para la creación de una agenda nacional de promoción de la alfabetización informacional.
- Jornadas de Cooperación bibliotecaria (Mérida, marzo de 2007): Se establece la creación de una comunidad virtual para el estudio, promoción y puesta en marcha de servicios ALFIN a través de un sitio web específico, siendo responsable de su desarrollo el Ministerio de Cultura. Se propone además, la creación de un grupo de trabajo ALFIN coordinado por REBIUN, para recabar recursos, buenas prácticas e intercambio de experiencias.
- En 2007 se crea un Grupo de trabajo ALFIN con representantes del Ministerio de Cultura, el Ministerio de Educación, la Biblioteca Nacional, departamentos competentes en materia de bibliotecas de las Comunidades Autónomas y REBIUN.
Desde 2007 el grupo de trabajo, dependiente del Consejo de Cooperación bibliotecaria, ha venido desarrollando su labor y elaborando informes anuales sobre las actividades e iniciativas emprendidas.
Entre las iniciativas ALFIN que el grupo de trabajo ha llevado a cabo durante este tiempo destacamos las siguientes:
- Desarrollo y coordinación de la plataforma ALFINRED con el objetivo de reunir en un sitio web recursos específicos sobre alfabetización y competencias informacionales.
- Acciones formativas orientadas a la búsqueda de empleo desde la biblioteca pública “Tutorial de formación para la búsqueda de empleo“.
- Recogida y difusión de buenas prácticas publicadas a través de ALFARED: Buenas prácticas generales y Buenas prácticas de bibliotecas universitarias
Fuente:
Ci2: Competencias informáticas e informacionales (http://www.ci2.es/)
Informes anuales del Grupo de trabajo de Alfabetización informacional (http://www.mcu.es/bibliotecas/MC/ConsejoCB/GruposTrabajo/GT_Alfabetizacion.html)
Foro Red. Alfabetización informacional (http://www.alfared.org/)
17 feb 2014
La biblioteca ante los nuevos retos de la comunicación: el bibliotecario desorientado
Por: Fernando Juárez Urquijo
Nokia, la empresa que lideró la llegada de la telefonía móvil a nuestros bolsillos, ha sido comprada por uno de los grandes, Microsoft, escenificando algo que muchos colegas no quieren asumir: la comunicación ha cambiado. La próxima vez que vayamos a comprar un móvil ya no habrá “teléfonos”; seguirá habiendo un lugar para la voz pero dentro de un engranaje multimedia en el que tendremos que decidir cómo usar las posibilidades.
El otro día, en un curso de formación, un bibliotecario se jactaba de no tener uno de esos smartphones que están tan de moda y al que él personalmente no veía beneficio alguno; tenía más que suficiente con un simple móvil. Era su reacción a mi comentario sobre que lo primero en lo que me fijo cuando conozco a algún colega es en su móvil y en cómo lo usa. Sin entrar a valorar los tópicos que manejamos para justificar nuestra renuncia a su uso (son una intromisión de lo laboral en lo personal, alienan a las personas, son cacharros para jóvenes que ya no leen por su culpa y lindezas similares) considero que una persona que no esté familiarizada con estos dispositivos no podrá entender ni interiorizar las nuevas formas de comunicación. No afirmo que mi dispositivo sea mejor ni mi opción la correcta, pero sí que el uso de estos dispositivos es un buen entrenamiento para entender cómo se produce la comunicación en la sociedad de la información. Y ese conocimiento, a diferencia de períodos anteriores, se adquiere y perfecciona en el ámbito personal.
Consolidar los canales de comunicación es clave para fomentar una implicación emocional que fortalezca las relaciones interpersonales. En las bibliotecas la comunicación con el usuario, que tradicionalmente hemos vehiculado desde nuestros mostradores, está siendo modificada por las nuevas reglas de la sociedad en red. Entre los nuevos factores a tener en cuenta destacan la pérdida del monopolio de la información, la desmaterialización del libro y la importancia de la tecnología en la relación no presencial. Con internet y los buscadores se desvanece la posición privilegiada a la hora de contactar (el usuario no necesita venir a nosotros), las nuevas formas de intermediación y acceso a la lectura derivan a los posibles lectores hacia otros intermediarios y en la relación no presencial, cada vez más importante si tenemos en cuenta los factores anteriores, se interpone entre nosotros y el usuario una tecnología que tenemos que aprender a utilizar y, sobre todo, entender.
Ahora que el subidón 2.0 está finalizando descubrimos que asociar internet con cierta facilidad para hacer funcionar rápidamente cualquier iniciativa es un espejismo. Comentaba Natalia Arroyo que estar en las redes sociales no garantiza establecer un vínculo que se traduzca en una mayor utilización de nuestros servicios1. La comunicación, que antes estaba muy mediatizada a nuestro favor por la posesión de la colección, depende ahora de nuestra destreza con herramientas y dispositivos con los que hay que familiarizarse en un entorno personal, cotidiano y no laboral.
Las bibliotecas estamos en las redes (como todo el mundo) pero el feeling con nuestros usuarios no mejora como esperábamos. ¿Por qué no tenemos éxito en la relación no presencial? Habrá muchas causas pero en mi opinión influyen el entorno laboral (nos estamos centrando en utilizar unas nuevas herramientas desde una organización que mantiene una mentalidad excesivamente analógica) y nuestra actitud personal. El mismo profesional que tiene que alimentar Facebooknecesita que le den permiso para poder hacerlo, recela del smartphone al que considera una intromisión de lo laboral en lo privado y no sabe muy bien qué quiere conseguir. Hemos actualizado las herramientas pero no el contexto…no me extraña que no demos con la tecla.
Cuando la informática llegó a las bibliotecas no había PCs en los hogares ni habíamos oído hablar de internet; las máquinas eran para trabajar y existía una división nítida entre lo laboral y lo personal. Aquel primer contacto con las nuevas herramientas digitales propició un mejor rendimiento analógico; podíamos seguir haciendo lo mismo de siempre en menos tiempo: comprar libros, describirlos, almacenarlos y prestarlos. No parecía necesario un cambio de mentalidad para usar el ordenador: teníamos el control sobre los soportes, marcábamos el ritmo de implantación tecnológica y dominábamos el tempo de una comunicación que se mantenía jerárquica, vertical y unidireccional.
A diferencia de lo sucedido con los PCs, la biblioteca se acerca sin ventaja al smartphone y parece haber llegado con recelo y precipitadamente a lo digital. El uso social de la tecnología nos ha sobrepasado y nuestros usuarios se mueven por unos terrenos a los que podemos acceder fácilmente desde casa pero no desde el trabajo. En los nuevos canales de comunicación el yo personal adquiere ventaja sobre el yo profesional. Viendo nuestros móviles parece que nos cuesta asumir la necesaria “persoprofesionalización” de nuestra profesión…
Fuente http://www.thinkepi.net/la-biblioteca-ante-los-nuevos-retos-de-la-comunicacion-el-bibliotecario-desorientado#sthash.vY42E9Df.dpuf
Leer en los tiempos de las bibliotecas digitales y los libros impresos
Por: Johana Corrales
Hay quienes visitan la biblioteca por un buen libro. Otros, por chicanear. Algunos, para pasar el tiempo. Y están quienes, incluso, van a echarse un sueñito después del almuerzo.
Sea cual sea la razón, todavía hay público que asiste a este recinto. No como antes, por supuesto. O si no que lo diga María Beatriz García, directora de la Biblioteca Bartolomé Calvo, la primera que se fundó en la ciudad.
La funcionaria recuerda que hace unos años las filas para ingresar eran larguísimas. Tanto, que daba la sensación de que no habría espacio suficiente para albergarlos a todos.
Mas los tiempos han cambiado y por más preparados que intenten estar, hay un enemigo que rápidamente los ha ido desplazando. Se trata de la tecnología.
Cada vez hay más personas que prefieren leer los libros desde sus tabletas o dispositivos móviles, antes que salir de sus casas a buscar un libro que probablemente esté prestado o no haya llegado a esa sucursal.
“Ahora desde tu casa y desde un computador puedes acceder a la red de bibliotecas, puedes entrar a nuestra página web, consultar la programación cultural que realizamos mensualmente, prestar libros. Puedes hacer muchas cosas que no implican necesariamente que tengas que llegar hasta la biblioteca”, se defiende la directora.
Los libros electrónicos tienen la posibilidad de agrandar la letra o ajustarla al gusto del lector, gracias a las bondades que ofrecen la pantalla de estos aparatos.
“Yo prefiero los libros en físico. No me gusta leer en aparatos digitales, porque me cansa mucho la vista. Esa es la verdad. No hay nada como acostarse con un libro en la cama”, opina.
Al igual que ella, hay muchos que defienden el papel y consideran que la sensación de intimidad que proporciona tener un libro en las manos, no hay dispositivo digital que se le acerque.
No sabía cómo entrevistar a los usuarios. Todos parecían tan concentrados en sus textos que cualquier comentario que hiciera, sentía, los iba hacer enfadar. Aparte ya había incomodado a muchos con mi presencia. Soy demasiado ruidosa para ese tipo de lugares.
Hacía años no iba a una biblioteca pública y no conocía el sistema, así que en la Bartolomé todo empezó mal para mí. Saludé en tono alto al vigilante y eso incomodó a todos. Más adelante, me pidieron que pusiera mi bolso en un locker, donde tenía que insertar una moneda de $200 o $500 para que cerrara. Por desgracia, no tenía ese valor en monedas , así que la señora que saca las fotocopias me lo prestó.
Comencé a dar vueltas y vueltas por todo el lugar despertando sospechas en los vigilantes que sigilosamente me observaban.
Me acerqué a un señor que leía un libro de pie y con voz muy aguda le pregunté qué por qué seguía viniendo a la biblioteca si podía leer los libros desde su casa.
“Pues verás, me interesan los libros relacionados con mi profesión. Yo soy odontólogo y encuentro muchos libros de medicina, de odontología, eso por un lado, por el otro, ya cuando uno está pensionado tiene que buscar la manera de ocuparse en algo ¿No es cierto? Entonces, esto puede ser una buena terapia de distracción, y a la vez me ayuda a mantener la mente en actividad”, dice Armando Meza.
El odontólogo me confesó que él sí prefiere todo el rito que hay alrededor de ir a leer un buen libro en la biblioteca. Le encanta arreglarse y salir a uno de sus planes favoritos. No sólo va a la Bartolomé, considera que la biblioteca de la Cooperación Española y la de Universidad Tecnológica de Bolívar, son otras buenas opciones.
“Me he acostumbrado al papel, porque pertenezco al tiempo de cuando no existían los computadores, así que me he amañado más con ese tipo de lectura”, manifiesta.
Lo que dice nuestros cibernautas
A través de la página de Facebook de El Universal quisimos conocer qué piensa nuestros seguidores acerca de las bibliotecas y con qué frecuencia asisten a ellas.
Mariana Henao Tavera: Yo no voy mucho a las bibliotecas por falta de tiempo, pero leo muchos libros, trato de descargarlos virtualmente o comprarlos.
Amaury Jimenez: Sinceramente muy poco, ya que la información que necesito la encuentro en la internet.
Mago Menekus Alexander Marín: ¿Para qué si ya tenemos www?
Luis Daniel Monterrosa Gómez: dos veces por semana sacamos un libro a préstamo y a leer.
Laura Kstllar: Voy dos veces al año y no hago nada. Esa es la verdad.
Jim Torriente Barrios: Voy en la universidad en época de parciales y a estudiar más que todo. Aunque voy a joder también.
Fuente:http://www.eluniversal.com.co/suplementos/dominical/leer-en-los-tiempos-de-las-bibliotecas-digitales-y-los-libros-impresos-151607
14 feb 2014
Las parejas y los riesgos en Internet
Por: Martha E.Gómez Cruz
1 de cada 10 usuarios en Internet ingresó a la cuenta de correo o red social de su pareja o amigo sin su permiso.
Cada fecha conmemorativa es motivo para que los ciberatacantes aprovechen la oportunidad para afectar a usuarios de Internet. Symantec indica que las redes sociales y la Red han modificado la dinámica de relaciones de pareja y amigos; mientras que los cibercriminales están al tanto de este cambio de conducta e interés, por ejemplo, 71% de los usuarios de Internet entra a las redes sociales en redes Wi-Fi públicas o no seguras y 16% de los usuarios comentó que en el último año alguna vez compartió su contraseña de redes sociales con otra persona.
Datos del Reporte Norton indican que este tipo de conducta es una amenaza a la seguridad de la información e identidad; 1 de cada 10 usuarios en Internet admitió que en el último año espió la cuenta de correo o de alguna red social de su pareja o amigo sin permiso; además, en el último año y en nivel mundial, 76.3% del spam fue sobre temas y sitios de contenido sexual o citas en línea.
Respecto a la conducta de espiar sin permiso el mail o red social, 41% de quienes entraron a las cuentas de su pareja lo hizo por curiosidad; 26% quería hacerle una broma y 18% lo hizo porque no confía en su pareja o amigo.
Para evitar ser víctima de cualquier ataque en este 14 de febrero, se sugiere analizar los hábitos en línea y se aconseja:
- No compartir contraseñas de correo o redes sociales con nadie.
- Si se utiliza un equipo compartido o una red Wi-Fi pública sin protección, asegurarse de cerrar la sesión de la cuenta al terminar de navegar.
- Revisar las configuraciones de seguridad de las redes sociales antes de aceptar el servicio o de hacer una publicación.
- No abrir correos que no se hayan solicitado o que provengan de remitentes desconocidos
- No dar clic en ligas incluidas en mensajes de correo electrónico o que reciban en redes sociales, se sugiere escribir la dirección directamente en la barra de navegación para entrar a la página que se quiere visitar o verificar la autenticidad del mensaje con la persona que lo envió.
Fuente:http://www.addictware.com.mx/seguridad/5415-parejas-riesgos-internet-seguridad
13 feb 2014
Marketing bibliotecario
Por: Araceli García Martín
Muchas veces seguro que nos hemos sorprendido ante algunas importantes campañas publicitarias que unían, a un elegante diseño, una buena dosis de sentido del humor. Esas son las que nos gustan, porque además, nos alegran un poco la vida. Pues bien, hoy nuestro barco de papel se introduce de lleno en el proceloso mar del marketing bibliotecario para traer ante nosotros un diseño casero, pero que no tiene nada que envidiar al de los más prestigiosos profesionales. Se trata, nada más y nada menos, que de una humilde carpetilla de cartulina, de esas en que los estudiantes suelen meter unos cuantos folios, y que va envejeciendo en manos de su dueño a lo largo del curso académico. Esta carpeta nos presenta una guía de primeros auxilios que el estudiante tiene a su disposición en la Biblioteca y que promociona los más importantes servicios de una biblioteca universitaria. Lo han realizado nuestros colegas de laBiblioteca y Archivo de la Universidad Autónoma de Madrid, y es un verdadero homenaje a los estudios de Medicina, Farmacia y Ciencias de la Salud en general.
Desde nuestra Biblioteca hemos revisado a fondo lo que contiene su Botiquín (o Bibliotiquín) y aprovechamos para recomendar esos mismos “remedios” a nuestros usuarios. Os lo vamos a mostrar:
-Informacion bibliográfica: en dosis perfectamente adaptadas a las diferentes necesidades y siguiendo recomendaciones de expertos. Los ejemplos más destacados, son: Boletín Asdà, Vitrinas virtuales, Exposiciones digitales (elaboradas a partir de las exposiciones físicas), Bibliografías, Entradas en el blog sobre novedades, Reseñas de libros y películas… Y lo dejamos aquí.
-Información y referencia: tras escuchar atentamente al usuario, el bibliotecario le administrará la solución más idónea para resolver sus problemas de índole “hispánica”, “islámica” o de “cooperación para el desarrollo”.
-Formación de usuarios: el bibliotecario aplicará terapias adaptadas a los distintos niveles de requerimientos, y además, podrá aplicarlo de modo individual, o en grupo. Lo último es nuestra formación de la base de datos “Index Islamicus”, todavía en proceso de vacunación… ¡ perdón ! … de inscripción, mientras escribíamos esta entrada…
-Consulta en sala: el usuario dispone de un remanso de paz (nuestras salas de lectura) donde podrá fortalecer su intelecto y cargarse de energía con libros e informaciones de bases de datos, en un entorno claro, luminoso y lleno de obras de arte originales. Lo encontrará abierto de 9 a 19:45 en horario habitual, o de 9 a 15 en horario de verano y fechas de horario reducido.
-Préstamo: además de poder administrarse sus prescripciones en sala de lectura, el usuario podrá administrárselas en su casa (préstamo domiciliario), o por préstamo interbibliotecario. Las obras anteriores a 1958 y las revistas sólo se administran en sala de lectura, bajo estricto control bibliotecario.
-Acceso electrónico: el usuario podrá acceder, dentro de la extensa red de centros y recursos de información a su disposición, a nuestro catálogo Cisne (Catálogo colectivo Universidad Complutense/AECID), a nuestra página Web y a nuestro Blog La Reina de los Mares.
Pero todavía tenemos muchas otras cosas más que podrás ir descubriendo si nos visitas.
¿Te lo vas a perder?
Fuente:http://biblioaecidmadrid.wordpress.com/2013/06/10/marketing-bibliotecario/
Los libros que ya no se leen, ¿a dónde van?
Por: Enrique Pfaab
VUELO. LOS LIBROS SON TESTIGOS DE LAS HISTORIAS QUE GIRAN EN TORNO DE ELLOS. DIBUJO. DIEGO JURI / DIARIO UNO.
Los libros también envejecen. Algunos lo hacen con mucha dignidad y otros simplemente juntan polvo y ocupan espacio, lo mismo que las personas. Entonces, ¿qué hacer con estos? ¿Cómo ganan espacio las librerías?
¿Cómo hacen los libreros para despojarse de esos ejemplares olvidados que nadie compró y que nadie comprará? Aún más: ¿los libreros todavía existen o solo sobreviven los dueños de librerías? Hace unos días se armó un revuelo en la calle Garibaldi: una de las librerías de esa arteria había decidido desprenderse de cuatro cajas llenas de libros y las metieron en contenedor de basura. Los peatones que pasaban por allí creyeron que era bueno hurgar para tratar de encontrar algo que mereciera ser rescatado de la ignominia.
Nada era muy útil. Textos educativos viejos y desactualizados. Algunos entendieron que tirar libros es atentado hacia la cultura y el conocimiento, pero entonces, ¿qué se hace con los libros que ya no se venden, que ya no se leen, que solo juntan polvo? Y el cronista recordó. Una antigua y tradicional librería de Buenos Aires había adquirido un gran departamento en un viejo edificio para usarlo de depósito y acumular allí los libros que ya no tenían lectores potenciales. Como una de sus especialidades era la jurídica, la librería tenía una gran cantidad de enormes ejemplares de La Ley y de El Derecho, que recopilan fallos y jurisprudencia.
Años y años de historia legan en esos enormes tomos muy bien encuadernados que ya no serían consultados por nadie. Allí estaban, apilados cuidadosamente y esperando. Cierto día apareció un tipo, un abogado más o menos joven. Se había asociado con un colega y había abierto un estudio. “Tengo una gran biblioteca en tres paredes de mi estudio. Son de 2,50 de alto por 4 de ancho y necesito llenarlas”, dijo. El tipo quería impresionar a sus clientes y necesitaba un decorado acorde. Don Alberto, uno de los libreros y dueños, le dijo: “Tengo lo que quiere. Le vendo 30 metros cuadrados de libros, pero los carga usted”. Claro que había libros no tan vistosos, pero igual de olvidados. El cadete de la esa librería (este cronista) se encargaba de ellos. Don Alberto se los entregaba a un módico precio y el muchacho se iba los sábados a la plaza Rivadavia en el subte de la Línea A.
Allí, entre libros y estampillas de colección, el muchacho los revendía con dificultad y con una ganancia escasa. Lo más interesante terminaban siendo las charlas con los puesteros, todos hombres grandes y curtidos. Pero también había una tercera opción para vaciar estanterías y dejar lugar para las nuevas ediciones. “En la librería los libros no se tiran. Espanta a los clientes”, decía Alberto. Entonces elegía aquellos ejemplares invendibles, incluso en la plaza, y hacía que el cadete los llevara a la plaza Lavalle. Allí había puesteros que competían moderadamente con las librerías formales. El muchacho intentaba sacar algunas monedas por un paquete de 20 ejemplares diversos o si no había oferta, directamente se los regalaba a esos hombres malhumorados y que sabían realizar alguna pequeña estafa para venderlos: cubiertas que no se correspondían con el texto, fechas de ediciones que no eran las reales y cosas por el estilo. Pero así como había libros viejos que nadie leería jamás, también había otros muy estropeados que no parecían valer dos pesos y que eran tratados como joyas por Alberto.
Provenían de las bibliotecas de los difuntos recientes. Compraba la totalidad de los ejemplares y seleccionaba aquellos que tenían valor por su autor, su título y su edición o alguna de estas tres cosas. Muchos llegaban sucios, manchados, ajados.
Alberto, con enorme paciencia y hasta con cariño, agarraba uno por uno y los limpiaba cuidadosamente. Con una goma de borrar blanca le limpiaba las páginas y la cubierta. Les borraba las huellas de los dedos manchados, las manchas de café o de vino, o la de una simple y cruel yema sucia. Con una lija para madera de grano muy fino les limpiaba los bordes, con el libro cerrado y después, entre sus bigotes tupidos y mirando a través de sus anteojos de leer, que no se quitaba jamás, los soplaba suavemente para quitarles lo que quedaba de polvo y de olvido. También mandaba a que el viejo Re, bicho oscuro y sabio que no salía jamás del sótano, cosiera alguna encuadernación. Pero una de las cualidades más grandes de Alberto era su capacidad de hojear un libro y en menos de 5 minutos hacer un resumen mental, archivarlo en su memoria y poder explicarle al futuro cliente de qué trataba el libro, y recordar sin dudar un instante qué otros títulos eran del mismo autor y qué fecha de impresión tenía el ejemplar ofrecido.
Un tío de este mismo cadete, Ricardo Roberto Romualdo Rolón (y otros nombres con R que ya nadie recuerda) fue fundador de una de las librerías más grandes de Asunción de Paraguay: Librería Comuneros. Allí los libros eran el motivo, pero también la excusa, de grandes reuniones de lectores, autores, políticos e intelectuales de la más variada especie.
Dicen que allí los libros jamás se tiraron. En todo caso servían para apoyar una botella de whisky y hablar por enésima vez de la vida y de mujeres. Augusto Roa Bastos supo ser uno de los concurrentes a esas reuniones mientras dejaba firmados algunos ejemplares de “Yo el Supremo”. Hace un tiempo el mismo cadete, ya demasiado grande para seguir siéndolo, pasó por la calle Garibaldi mendocina y entró a una de las librerías (otra, no la de los libros en el contenedor) y pidió Niebla, de Miguel de Unamuno.
El dependiente le preguntó quién era ese autor, qué genero cultivó y finalmente, después de 10 minutos de desesperada búsqueda encontró el ejemplar solicitado. Triunfante, el antiguo cadete regresó con el libro en la mano y con una sonrisa se lo entregó al cliente diciendo: “Están buenos los cuentitos de Unamundo ¿no?”.
Fuente:http://www.diariouno.com.ar/afondo/Los-libros-que-ya-no-se-leen-a-donde-van-20131007-0025.html
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