27/10/2014

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Quiero agradecer a todos los que visitaron y visitan el blog y lo enriquecen con sus contribuciones y opiniones, dado que me ayudan a crecer y a no sentirme solo en esta aventura.
Muchas gracias!!!! 
Erneto Della Riva


Adquiramos la magia de cambiar, teniendo un sueño, creyendo en él y luchando por él.”

Miguel Ángel Cornejo

El bibliotecario en la literatura y una literatura de bibliotecarios: cuentos para leernos a nosotros mismos

Por: Isabel Garin
Quisiera comentar aquí unas observaciones sobre la figura del bibliotecario en la literatura y, al mismo tiempo, presentar los cuentos de bibliotecarios, narraciones surgidas de mi trabajo como tal en la Universidad de Buenos Aires, con la intención de comparar figuras y contextos y de invitar a compartir una literatura en la que podamos vernos reflejados.
Para crear esas narraciones parto desde una convergencia sostenida en mi vida: la de lectora empedernida, escritora y bibliotecaria, hasta el reciente reconocimiento de que yo no había escrito nada sobre mi trabajo de bibliotecaria (aunque sí de lectora), es decir, no había contado de los sentimientos, expectativas y cotidianeidad de este antiguo y bello trabajo, lo cual me impulsó a iniciar hace más de un año esta serie de cuentos que publico en mi blog Sembrando el viento.
No fue una idea previa pero al ir escribiéndolos fui observando o recordando con más atención cómo aparece la figura del bibliotecario en la literatura. Muchas veces se presenta como la de unos distantes guardianes del saber, una presencia misteriosa en perspectiva filosófica, o unos intrigantes miembros de cofradías que ocultan en sus bibliotecas tesoros y secretos, una imagen que se reitera en obras como en El nombre de la rosa, o cercanas a El código Da Vinci.
Imagen de la película “El nombre de la rosa”
Otra visión es la de las menciones a bibliotecas oscuras y sucias[1], archivos monumentales y caóticos y bibliotecas cerradas sobre sí mismas[2],  con el personal fuera de funciones, desinteresados o distantes de lo que hacen[3]; y otra más: la persistente  imagen extendida por la novela negra, sobre todo la norteamericana, de una bibliotecaria mujer avinagrada, seca, para nada simpática, como las que aparecen en obras de Raymond Chandler o Irving Wallace.
¿Reflejan la realidad estas descripciones o son puro invento literario? ¿Los autores tomaron nota y solo contaron lo que veían? ¿Hay sexismo en esos retratos?Más allá del atractivo literario que personalmente les encuentro a esas figuras o descripciones, y de la polémica correspondencia con la realidad que pudieran tener, yo no me encontraba representada en ellas. Muchos escritores han sido también bibliotecarios: Borges, Lewis Carroll, Vargas Llosa, Rubén Darío, José Vasconcelos, Stephen King y tantos más, pero las bibliotecas que contaron, si contaron de ellas, son metafísicas como la de Babel, de Borges, o en general recogieron en sus obras literarias poco o nada de sus trabajos como bibliotecarios específicamente.
Por eso, a aquellas visiones o a la inexistencia de ellas he querido oponerle la de nuestro trabajo real: la de los procesos técnicos, el mostrador de recepción, los lectores, los depósitos, las donaciones, los horarios, las clasificaciones y catalogaciones, los vínculos, el saber y el poder. Hay mucha fuerza y mucha poesía en nuestro trabajo cotidiano sin tener que imaginarnos como ocultadores de tesoros, en decadentes bibliotecas sin destino o bajo el estereotipo de esa “mujer sin amor, eficiente, ratonesca, sin humor y sin jugo…con el cabello peinado en moño, gafas sin reborde, nariz puntiaguda y desaprobatoria y unos invisibles y comprimidos labios”[4].
Mis cuentos

Son inseparables de mi experiencia como bibliotecaria en la Universidad de Buenos Aires, una institución muy grande con todo lo que ello implica, con edificios de gran tamaño en dispares condiciones, mucho personal y permanentes tensiones, cambios y reconfiguraciones de autoridades y directrices. Así se ve en la disputa por un depósito en Oscuro objeto del deseo, mientras que cierto irónico desorden de reacomodamiento y falta de espacio se encuentra en Movimiento de material. Hay una nostálgica e inútil donación de libros de medicina en La donación y el poder de organizar la información y nombrar el mundo en El nominador. Lo imprevisto y los usuarios, queribles o irritables, en Horario de cierre y en Gente rara, y el trabajo concentrado y aislado de los catalogadores en Lo que se ve por una ventanilla de Procesos Técnicos en un día cualquiera, entre otros.
Me complace, entonces, dejar la invitación a leer-nos en la literatura y a ver-nos según nos pintan los escritores y yo misma, en mi doble condición de bibliotecaria y escritora. Seguro que podrían despertarse reflexiones, recuerdos y comparaciones, además del disfrute literario, y tal vez una emergencia de otros bibliotecarios-escritores que narren su trabajo y a sí mismos de una manera íntima y de nuestro lado del mostrador.
[1] Puig, Manuel. La traición de Rita Hayworth. Buenos Aires: Sudamericana, 1975
[2] De Santis, Pablo. Filosofía y Letras. Buenos Aires: Seix Barral, 2002
[3] Bermani, Ariel. Leer y escribir. Buenos Aires: Interzona, 2006
[4] Wallace, Irving, en Los siete minutos

Isabel Garin 
Argentina. Actualmente bibliotecaria en la Biblioteca del Hospital de Clínicas “José de San Martín”, de la Universidad de Buenos Aires. Trabajó en el Centro de Documentación e Información del Instituto de Investigaciones Gino Germani (Facultad de Ciencias Sociales, UBA) y en la Biblioteca del Instituto Nacional de Medicamentos y Alimentos – ANMAT  y fue archivista en archivos periodísticos. Ha publicado Lo que dijo la calle,recopilación de expresiones callejeras de 2001, y poesía en antología. Ha obtenido premios y menciones en poesía y narrativa. Finalista de novela en Premio Clarín 2009. Escribe y mantiene el blog literario Sembrando el viento.

Referencia bibliográfica(Zotero)
Garin, Isabel. “El Bibliotecario En La Literatura Y Una Literatura de Bibliotecarios: Cuentos Para Leernos a Nosotros Mismos.” Infotecarios. Accessed October 28, 2014. http://www.infotecarios.com/el-bibliotecario-en-la-literatura-y-una-literatura-de-bibliotecarios-cuentos-para-leernos-nosotros-mismos/.

Cómo conservar recuerdos



Si es usted de los que tararean la canción Memory, del musical Cats("Completamente sola a la luz de la luna, puedo soñar con los viejos tiempos… Recuerdo la época en la que sabía qué era la felicidad. Deja que la memoria viva otra vez"), será de los que guardan piezas relacionadas con los momentos especiales de su pasado para evocar esos instantes felices. Y es que, lo que a priori solo es una mera cosa material (una entrada de un concierto o la primera flor que nos regaló la pareja), lleva aparejada una carga emocional que, según científicos de la Universidad de Harvard, tiene un gran valor inesperado. Según un estudio dirigido por la investigadora Tin Zhang, lo que hoy consideramos ordinario, nos parece extraordinario tiempo después y, de alguna consideramos ordinario, nos parece extraordinario tiempo después y, de alguna forma, transformamos esas pequeñas experiencias en algo que vale la pena redescubrir para aumentar nuestro bienestar emocional. Pero para poder disfrutar de esos detalles durante muchos años, y de las sensaciones positivas con las que los relacionamos, hay que saber guardarlos correctamente. Hemos reunido a los mejores expertos en conservación de España para que nos cuenten cómo con algunas sugerencias muy prácticas.
ROPA. Lo mejor para proteger la ropita de bebé o el traje de novia, por ejemplo, es guardarlos en un lugar semioscuro y evitar la humedad. Como asegura Lucina Llorente, responsable de la colección textil delMuseo de Traje: “En la conservación de la ropa, la luz y la humedad son los dos grandes riesgos. Esta última corroe el interior de las fibras y destruye la composición celulósica del tejido. Lo ideal es mantener un 40 % de humedad relativa, 50 lux de iluminación, una temperatura de entre 15º y 18º, y que no le dé la luz. Si eso se consigue, la conservación es perfecta”. Otro de los grandes riesgos puede ser el ataque de las polillas, pero existe un gran remedio casero: “Poner cerca de las prendas un pañuelito con bolas de pimienta. Esto las repele y no entran. Y para evitar la humedad, coloque en los armarios hojas de laurel. Son cosas que todas nuestras abuelas han utilizado de forma natural y funcionan. Lo que hay que evitar siempre son productos como insecticidas que contengan agentes químicos”, explica la experta. En cuanto a cómo envolver la ropa, la respuesta de Lucina es clara: “Nada de fundas de plástico. La envoltura ideal es algodón sin tratar. Es lo que también hacían nuestras abuelas, que usaban sábanas viejas para proteger los vestidos y la ropa. También es muy útil para proteger los zapatos de tela, como pueden ser los de la boda”.
IMÁGENES. Los negativos, las diapositivas y las imágenes ya impresas en papel son materiales muy delicados. Sin embargo, como apunta Jorge García, jefe de restauración del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, sí se puede prolongar la vida de las fotos. “En mayor o menor medida, incluso las diapositivas se van degradando, virando los colores y las imágenes se desvanecen como parte de un proceso químico de envejecimiento natural. Pero en cualquiera de sus soportes físicos, se pueden conservar si controlamos la luz, la temperatura, la humedad, los ataque biológicos y químicos que les rodea. Han de archivarse siempre en materiales especiales para la conservación de este tipo de objetos”, explica el restaurador. Es decir, fundas y carpetas que estén libres de ácidos. Los apaños baratos, como una caja de cartón en la que organizar los negativos o las fotos, también valen, siempre que estén elaborados sin cloro ni químicos. Siguiendo los consejos de Jorge García, es necesario ubicar esas cajas en lugares donde no se condense el calor ni la humedad ni donde les llegue la luz. Conviene limpiar de vez en cuando las diapositivas y negativos con una pera de aire, separar las fotografías unas de otras con papeles alcalinos, y manipularlas siempre con guantes de algodón tratado. Nada de pasar la bayeta húmeda ni dejar la marca de las huellas digitales sobre la foto.
En mayor o menor medida, incluso las diapositivas se van degradando, virando los colores y las imágenes se desvanecen como parte de un proceso químico de envejecimiento natural" (Jorge García, restaurador)

MONEDAS. Si usted ha heredado de su padre una colección de monedas antiguas, siga los consejos de Mercedes López de Arriba, jefa de conservación del Museo Casa de la Moneda: “Hay que evitar el contacto de la moneda con el plástico de los álbumes, porque condensa la humedad. Esta es el mayor enemigo, ya que puede penetrar en el interior del metal, sobre todo en el cobre y el bronce, produciendo focos de cloruros y carbonatos de un característico color verde que producen una corrosión irrecuperable. La forma más adecuada para conservarlas es mantenerlas en lugar seco. Si no es posible por las condiciones climáticas de la zona, al menos hay que neutralizar las subidas bruscas de humedad aislándolas del ambiente externo”. ¿Cómo? Protegiéndolas en cajas y envueltas en tejidos especiales. “Los materiales más adecuados para guardarlas son los que tienen pH neutro y no desprenden emanaciones nocivas, ya sean sobres de papel, bandejas de fieltro o estuches. Una medida preventiva bastante eficaz también es introducir bolsitas de gel de sílice en las cajas donde se guardan las monedas”, explica la experta.
MATERIAL ORGÁNICO. Para atesorar los dientes de leche de los hijos o los nietos comience por saber que estos recuerdos son estructuras biológicas formadas por tejidos con distintos grados de mineralización y son extremadamente sensibles. Contienen una mayor proporción de materia orgánica que los definitivos y la escasa mineralización de la capa de esmalte, por ejemplo, hace que sean menos resistentes a erosiones, golpes o manchas. Su mayor porcentaje de materia orgánica y agua también aumenta el riesgo de que se produzcan fisuras o puedan sufrir ataques biológicos por hongos o bacterias. Según las recomendaciones que ofrecen los especialistas del departamento de conservación del Instituto de Patrimonio Cultural de España, para guardar los dientes de leche lo más sensato es evitar fuentes de calor y luz, humedad alta o excesivamente baja, y el contacto con las manos descubiertas. Se ha de envolver siempre en un papel tisú o una tela fina blanca de algodón, dentro de una bolsa de polietileno perforada. Jamás aplique barniz o cera, ni los ponga en contacto con cajas metálicas ni de PVC.
PAPEL IMPRESO. Las tintas, especialmente si son de origen vegetal o animal, están hechas con pigmentos muy sensibles a la luz solar directa y a la radiación ultravioleta. Con el tiempo, pierden el tono, la intensidad y se empalidecen. En el caso de las entradas de cine, conciertos y teatro, casi todas están ya impresas sobre papel térmico que, como explica Arsenio Sánchez, conservador de la Biblioteca Nacional de España, es un soporte complicado: “La sustancia que genera el color en este tipo de papeles está microencapsulada en diminutas esferas y dispersada en la estructura del papel, de forma que solo se imprime la parte afectada por el láser. Las microesferas no expuestas al punto de calor quedan intactas, es la parte sin imprimir, pero en caso de calentar el papel, presionarlo o rozarlo por accidente, estas esferas se rompen y manchan la superficie. Además, esta tinta es extremadamente sensible a cualquier agente de deterioro: luz, calor, humedad, contaminación, presión…”. Según el experto, la única posibilidad de conservar bien la entrada de un concierto en papel térmico es reproducir el original mediante una fotocopia y guardar esta. Otros papeles, como recortes de periódicos, cartas o un dibujo, pueden permanecer en buen estado durante mucho tiempo, como asegura el propio Arsenio: “Solo hay que mantenerlos en un ambiente protegido, resguardados en cajas o carpetillas en un ambiente seco, fresco y ventilado, libre de suciedad y protegido de la luz. Es un error utilizar archivadores de plástico. Se cree que son buenos porque evitan el paso del polvo, pero son químicamente muy agresivos hacia los objetos que deberían proteger. Es preferible conservar lo que nos resulte valioso en sobres de papel o en cuadernos”, aconseja el profesional.
VÍDEOS. Las cintas de vídeo del sistema Súper 8 tienen el inconveniente de que la misma película en la que se filma es la misma que se revela. Es decir, no existe un negativo aparte. Por eso, es importante manejarla con cuidado, para no deteriorarla ni destruir el documento. Mercedes de la Fuente, jefa del área de Fondos Fílmicos del Centro de Restauración y Conservación de la Filmoteca Española, aconseja mantener un control sobre la temperatura y la humedad. “La humedad no debe exceder ciertos límites (70 %), o aparecerán hongos que destruyen la imagen provocando un daño irreversible. Las cintas jamás deben guardarse en estanterías donde da el sol o cercanas a fuentes de calor, como radiadores. Y debemos preservarlas de ambientes polvorientos. Tampoco es bueno colocar cerca aparatos con electroimanes potentes, como transformadores. Pueden alterar la alineación de los microimanes de las cintas magnéticas y borrarlas”. En relación con las películas en VHS y Betamax, el soporte de la película es poliéster, más resistente y elástico, y menos hidrófugo que el acetato de las Súper 8, por eso, las condiciones de conservación no son tan estrictas: 20º a 22º de temperatura y una humedad del 50 % son suficientes. Aunque, eso sí, como asegura Mercedes de la Fuente, “la capa magnética de la película irremediablemente se deteriorará con el paso del tiempo".
Las cintas jamás deben guardarse en estanterías donde da el sol o cercanas a fuentes de calor, como radiadores" (Mercedes de la Fuente, de la Filmoteca Española)


FLORES. Pueden durar cientos de años si sabemos secarlas correctamente. ¿El requisito fundamental? Quitar la humedad al 100 %. Según Loli Fernández, profesora de la Escuela Española de Arte Floral, “las rosas, peonías o demás flores con volumen, deben ser atadas y colgadas bocabajo en un sitio que esté seco, ventilado y oscuro. La oscuridad favorece que conserven mejor el color. Y la ventilación también es buena, ya que cuanto más aire, más rápido va a ser el secado”. Hay otro método que consigue que la flor quede seca gracias al gel de sílice. “Podemos meter una rosa en un frasco de cristal, echarle gel en polvo para que se filtre bien entre los pétalos y lo tapamos herméticamente. En seis o siete días estará seca. Esta opción, además, también es buena para posteriormente guardar la rosa dentro del recipiente acristalado como decoración, ya que al exterior puede romperse con facilidad”, comenta la experta. ¿Existen más trucos? Sí. Hacer marcapáginas con hojas secas, colocándolas sobre una cartulina, y después, plastificarla. Elaborar cuadros, de forma que el recuerdo se mantiene visible a la par que protegido del polvo. O si se opta por hacer un centro de mesa y dejar las flores al aire libre, “rociarles un poco de laca que dará adhesión a los pétalos y un tono más brillante”.
Referencia bibliográfica (Zotero): País, Ediciones El. “Cómo conservar recuerdos.” EL PAÍS, October 24, 2014. http://elpais.com/elpais/2014/10/22/buenavida/1413988422_928257.html.

25/10/2014

Presentación de la Tecnicatura en Bibliotecología Superior. (Cordoba)

El vídeo que realizó el Ministerio de Educación de Cordoba sobre la promoción de una nueva carrera de bibliotecología que se dictaŕa en San francisco y Rió Cuarto en ella hablamos sobre la importancia de la biblioetca el rol del bibliotecario.



Presentación de La Tecnicatura En Bibliotecología Superior.(Cordoba), 2014. https://www.youtube.com/watch?v=HlF5nF2jAKA&feature=youtube_gdata_player.

23/10/2014

Siete maneras de combatir el estrés laboral


Identificar los factores de estrés y buscar apoyos dentro y fuera de la empresa para superarlo son algunas de las claves.

 Todos hemos sentido en algún momento ha sentido la presión del estrés asociada al trabajo. Incluso aunque tengamos la suerte de disfrutar con nuestro trabajo, cualquier empleo puede presentar elementos estresantes.

Según la Asociación Americana de Psicología, las fuentes más comunes de estrés laboral son los sueldos bajos, la sobrecarga laboral, las pocas oportunidades de promoción, los trabajos que no implican o suponen un reto, la carencia de apoyo social o no tener control sobre las decisiones de trabajo entre otras.

Cuando el estrés laboral se vuelve crónico puede ser perjudicial y dañar la salud física y emocional y esta situación es también más común de lo deseable, señalan los psicólogos americanos. Desde esta institución estadounidense, apuntan los siguientes pasos para gestionar el estrés asociado al trabajo:

1. Identifica aquello que te estresa. 
Mantén un diario durante una semana o dos para identificar qué situaciones te crean más estrés y cómo respondes a ellas. Registra tus pensamientos, sentimientos e información sobre el ambiente, incluyendo las personas y circunstancias implicadas, la situación física y cómo reaccionaste. 

Aspectos como si elevaste la voz, si decidiste ir a por un tentempié o a dar un paseo pueden ayudar a encontrar patrones entre aquello que te estresa y cómo reaccionas ante ellos.

2. Desarrolla respuestas saludables
En vez de intentar combatir el estrés con comida rápida o alcohol, elige opciones saludables cuando sientas que sube la tensión. El ejercicio es un gran liberador de estrés. El yoga puede ser una buena opción pero cualquier forma de actividad física es beneficiosa.

Además, busca tiempo para tus aficiones y aquello que más te gusta hacer. Ya sea leyendo una novela, acudiendo a conciertos de música o disfrutando de tu familia, asegúrate de que dejas tiempo para hacer las cosas que te producen placer.

Dormir bien también es importante para gestionar el estrés. Crea hábitos de sueño sanos limitando la cafeína por la tarde y reduciendo actividades estimulantes como ver la tele o utilizar el ordenador por la noche.

3. Establece límites.
En el actual mundo de las relaciones digitales, es fácil sentirse angustiado ante la posibilidad de estar disponible las 24 horas del día. Establece algunos límites entre trabajo y vida personal. Esto podría significar no consultar el mail desde casa por la tarde o no contestar al teléfono horas después de terminar la jornada laboral. Fijar límites claros entre la vida laboral y personal reduce el estrés asociado a los posibles conflictos de conciliación.

4. Tómate descansos.
Para evitar los efectos negativos del estrés crónico y el cansancio laboral necesitamos tiempo para recuperarnos y volver al nivel de rendimiento anterior al estrés. Este proceso de recuperación requiere 'desconectar' de la actividad laboral cuando no se está trabajando.

Siempre que sea posible tómate tu tiempo para descansar para poder volver al trabajo listo para ofrecer lo mejor de ti. Cuando no te sea posible desconectar al menos desconecta tu teléfono y centra tu atención durante un rato en actividades no ligadas al trabajo.

5. Aprende a relajarte.
Las técnicas como la meditación, los ejercicios de respiración profunda y la conciencia plena (un estado en el que observas de forma activa las experiencias del presente y tus pensamientos sin juzgarlos) pueden ayudar a liberar estrés.

Comienza con unos pocos minutos cada día para centrarnos en una actividad simple como la respiración, caminar o disfrutar de una comida. La habilidad de ser capaz de centrarse de forma consciente en una única actividad sin distraerte se volverá más fuerte con la práctica y descubrirás que puedes aplicarla a muchos aspectos diferentes de tu vida.

6. Habla con tu jefe.
Los empleados saludables suelen ser más productivos por lo que tu jefe tiene en este sentido un incentivo claro para crear un ambiente de trabajo que promueva el bienestar de los empleados.

Empieza por entablar una conversación abierta con tu jefe. El propósito no es presentar una lista de quejas sino comenzar con un plan eficaz para controlar aquellas situaciones de estrés que hayas identificado para poder realizar mejor tu trabajo.

Aunque algunas áreas de este plan deberían estar diseñadas para mejorar tus habilidades en áreas como la gestión del tiempo, otros elementos podrían incluir la identificación de aspectos que te hagan sentir mejor en tu puesto de trabajo como clarificar qué se espera de ti, conseguir más ayuda de tus colegas, enriquecer tu trabajo con tareas que supongan un reto o que tengan sentido para ti o hacer cambios en tu ambiente de trabajo físico para hacerlo más confortable y reducir las tensiones.

7. Consigue apoyo.
Aceptar ayuda de amigos de confianza y miembros de la familia puede mejorar tu capacidad para manejar el estrés. En tu empresa podría existir un programa de prevención de riesgos laborales en el que se incluya un protocolo de actuación sobre el estrés laboral con información, consejos y casos en los que se aconseja la derivación a profesionales de la salud mental, si fuera necesario.

Si aún así continúas sintiéndote sobrepasado por el estrés laboral, quizás fuera buena idea hablar con un psicólogo, que puede ayudarte a manejar el estrés y cambiar el comportamiento para responder ante él. 

“Siete Maneras de Combatir El Estrés Laboral.” Equipos&talento. Accessed October 23, 2014. http://www.equiposytalento.com/noticias/2014/10/23/siete-maneras-de-combatir-el-estres-laboral/.

Ejercicio aeróbico intenso: una opción rápida para mejorar nuestra memoria

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Según un estudio publicado este mes de octubre de 2014 en  Acta Psychologica, el ejercicio aeróbico “agudo”, puede ser beneficioso para la formación de la memoria episódica (memoria a largo plazo o de formación de recuerdos).

Al leer esto pareciera que no se está diciendo nada nuevo, pues es casi universal reconocer que quienes practican ejercicio aeróbico con regularidad mejoran su condición física, así como también el  rendimiento de su memoria y de su función cerebral. Sin embargo, les invitamos a detenerse en la palabra “agudo”.
Muchos estudios previos han demostrado que la memoria puede ser mejorada por varios meses (> 6) de ejercicios aeróbicos, como correr, montar en bicicleta o nadar. Sin embargo se ha empezado a estudiar sistemáticamente los efectos del ejercicio aeróbico a corto plazo.
De acuerdo a este interesante trabajo es posible conseguir los mismos efectos benéficos del ejercicio a largo plazo en un período mucho más corto, pero intenso, de  ejercicios aeróbicos o de ejercicios de resistencia como levantamiento de pesas, flexiones y abdominales: 20 minutos dos veces a la semana.
Otro aspecto significativo de este trabajo es lo sencillo del diseño experimental en el cual no se hicieron costosas exploraciones con resonancia magnética funcional (que permite mostrar en imágenes las regiones cerebrales que ejecutan una tarea determinada),  y sin embargo, los resultados  dan una idea de qué áreas del cerebro podrían estar  involucradas sustentando los beneficios de memoria inducidos por el ejercicio.
El efecto beneficioso del ejercicio en la memoria es causado porque produce una respuesta fisiológica similar a la producida por el estrés físico el cual está comprobado que aumenta la memoria episódica, particularmente cuando hay emociones involucradas.
En este trabajo se investigó si una sola sesión de ejercicio de resistencia puede producir beneficios de la memoria episódica 48 h más tarde.
Para el experimento se reclutaron  46 participantes (29 mujeres y 17 hombres) que fueron asignados al azar en dos grupos: activos y pasivos.
Para la primera parte del experimento a todos los participantes se les presentó una serie de 90 imágenes en una pantalla de ordenador. Se utilizaron imágenes IAPS (por sus siglas en inglés: International Affective Picture System  que conforman una base de datos de más de 1000 imágenes a color que se utilizan para producir una gama de emociones).
Las fotos fueron clasificadas como a. Positivas (por ej. niños en un tobogán de agua, parejas felices el día de su boda, etc.), b. Negativas (imágenes dramáticas, por ej. cuerpos mutilados) y  c. Neutras (por ej. relojes).
A continuación, los participantes pasaron a  máquinas de ejercicios de resistencia  para hacer flexiones de piernas. Los “activos” realizaron al menos 50 flexiones con el máximo esfuerzo personal de cada participante, el otro grupo (pasivo ó control) se sentaba en la máquina pero era la máquina la que movía sus piernas.
48 horas después de la ronda de ejercicio, los participantes regresaron al laboratorio y se les presentó una serie de 180 imágenes (las 90 originales y 90 nuevas fotos que veían por primera vez.)
Para evaluar la respuesta fisiológica al ejercicio se monitoreó  el ritmo cardíaco y la presión arterial de cada uno de los participantes así como también se midió la alfa amilasa salival (un biomarcador de norepinefrina central que es un neurotransmisor relacionado con el estrés).
Para evaluar la memoria episódica emocional se les pidió a los participantes recordar las imágenes que habían visto.
El grupo control recordó el 50% de las fotos de la primera sesión mientras que los que habían  hecho ejercicio con su esfuerzo personal recordaron alrededor del 60% de las imágenes. Es decir, el grupo “activo” que realizó el ejercicio tuvo mayor precisión global de reconocimiento de imágenes que el grupo pasivo (en una sola sesión).
Todos los participantes (activos y pasivos) tuvieron mejor desempeño en recordar las imágenes positivas y negativas que las neutras. Pero esto fue significativamente más cierto para los participantes activos.
Los investigadores sugieren que esto se debe a que las personas son más propensas a recordar las experiencias emocionales que siguen a un estrés a corto plazo.
Los autores concluyen que los ejercicios de resistencia al ser realizados durante la etapa de consolidación -cuando la memoria a corto plazo se convierte en  la memoria a largo plazo-benefician la memoria.
La gran conclusión práctica es que no se requieren muchos meses ejercitándonos para dar a un impulso positivo a nuestro cerebro y mejorar la memoria, lo cual es otra excelente razón para ir al gimnasio.
Otro estudio reciente generó resultados muy alentadores acerca de los beneficios del ejercicio a corto plazo, si bien el período de estudio fue de 12 semanas: A Los participantes (adultos sedentarios entre 57 y 75 años)  se les asignó un programa de entrenamiento físico aeróbico –bicicleta estática o cinta caminadora durante una hora, tres veces por semana durante 12 semanas– y un  grupo control que siguió sin realizar ejercicio.
El grupo que se ejercitó mejoró el rendimiento de la memoria y hubo un incremento en el flujo sanguíneo del cerebro en el hipocampo, región que es afectada por la enfermedad de Alzheimer. En este caso se emplearon técnicas de imagen cerebral y se observó  que en las personas del grupo que practicó ejercicio se mejoró el rendimiento de la memoria y se produjo previamente un incremento en el flujo sanguíneo del cerebro en el hipocampo. 
Silve Bear. “Ejercicio Aeróbico Intenso: Una Opción Rápida Para Mejorar Nuestra Memoria.” Mirador Salud. Accessed October 23, 2014. http://miradorsalud.com/site/ejercicio-aerobico-intenso-una-opcion-rapida-para-mejorar-nuestra-memoria/.


Cómo dejar de procrastinar y sabotear tu vida sin razón aparente

Por: Gabriela Gonzalez

Todos llevamos por dentro un procrastinador desalmado que no nos deja avanzar, algunos son más poderosos que otros, pero nadie puede vencerlo más que tu mismo.



cómo dejar de procrastinar

No fue sino ya bien entrada en mis 20 que descubrí que existía una palabra para describir la forma en la que había logrado ingeniármelas por años para no hacer nada la mayoría del tiempo y vivir lamentándome por todo el potencial que desperdicié: procrastinar. Si bien era capaz de lograr las cosas haciéndolas a última hora en momentos de pánico y cuando ya no quedaba más remedio, siempre te queda la certeza de que de haberlas hecho con calma y aprovechando el tiempo correctamente habría traído mejores resultados.
Al procrastinador le cuesta mucho vivir la vida de forma organizada, se le hace difícil completar hasta la tarea más simple porque siempre existe un "más tarde" o "mañana", el "no es urgente" "no es tan importante" "puedo hacerlo luego fácilmente". En cambio las cosas que traen un gramo de satisfacción instantánea como ver vídeos de gatitos en YouTube, o ir a Facebook a entrometerte en la vida de gente con la que no hablas en años parecen ser más atractivas. Algo que me pasaba mucho en mi antiguo trabajo era que en lugar de prepararme para salir y recoger todo lo que debía llevarme, me distraía con el programa más absurdo que pasaban en la televisión y de pronto parecía lo más entretenido del mundo frente a la alternativa de tener que hacer las cosas que hay que hacer.

Mientras menos te guste lo que tienes que hacer, más vas a procrastinar

Ser un procrastinador es vivir con ansiedad y sintiéndose culpable, porque en el fondo el procrastinador sabe que lo que está haciendo para ignorar sus tareas y responsabilidades no tiene nada de sentido y bien podría estar ocupándose de su vida, pero decide "relajarse un rato" porque hay "tiempo de sobra" y todo siempre puede hacerse después. Al fin y al cabo, esos GIFs animados si que no pueden esperar.
Mientras menos te guste la actividad que tienes que realizar, es más probable que la pospongas.
De estudiante solía dejar las tareas para el último momento, la noche anterior, la misma mañana de clases, o hasta en el mismo colegio 1 hora antes de que llegara el profesor. En la universidad fue peor, no tener a tus padres preguntando si tienes examen o si hiciste los deberes solo puede intensificar la procrastinación en alguien que no ha aprendido a administrar su vida y su tiempo, ¿y quien sabe hacer eso a los 20?
Con los años he descubierto que mientras menos me gusta la actividad que tengo que realizar, es más probable que la posponga. Cambiar de trabajo y comenzar a hacer algo por lo que si sientes pasión puede cambiar muchas cosas en tu vida, tanto que en lugar de procrastinar a veces vas a querer hacer todo por adelantado y la sensación que eso te deja no tiene precio. Cuando haces algo que no te gusta, usualmente vas a despertar del letargo cuando se acerca la fecha limite, cuando entra el pánico de que ya no puedes postergar más las cosas, y es hacerlo todo en una noche apurado o perder el trabajo, sacar un cero, o pasar una gran vergüenza.
cómo dejar de procrastinar 2

Las cosas simples también cuentan

No se trata solo de hacer las "cosas importantes", se trata de hacer todo lo que tenemos que hacer. Los procrastinadores son como los políticos, les encanta hablar de todo lo que van a hacer y al final no hacen nada. No se trata solo de planear, la planificación excesiva puede arruinar tu productividad, y el que procrastina ama hacer planes, porque hacer planes no implica realmente lograr nada y solo soñar en lo lindo que se verían esas listas de tareas marcadas.
Los procrastinadores son como los políticos, les encanta hablar de todo lo que van a hacer y al final no hacen nada.
Sacar la basura cuando hay que sacar la basura, lavar la ropa cuando está sucia y no cuando ya solo tienes para ponerte una funda de almohada y una bufanda. Comprar la comida, bañar al perro, lavar el auto, hacer los deberes, completar las tareas del trabajo, llamar a tu madre. Las cosas simples son más difíciles aún porque no generan momentos de pánico, el mundo no se va a acabar por no limpiar la caja de arena del gato hoy ¿cierto? Mientras más fácil se vea dejar algo para luego, más se alimenta el ego procrastinador.

Prioridades

cómo dejar de procrastinar
La lista de tareas puede ser la peor enemiga del procrastinador, si haces una sola lista para todo lo que debes hacer, es probable que dejes lo que es verdaderamente importante para después. Si al procrastinador le encanta planificar, de seguro va a meter hasta "aprender a tejer algún día" en su lista de tareas. Esto es procrastinación garantizada, dejar de hacer lo que debe hacerse hoy, para hacer "otra cosa importante" de la lista, solo porque está en la lista, aunque no tenga ni sentido.
A veces simplemente debes dejar de planificar y solo hacer las cosas.
A veces dejar de planificar y comenzar a simplemente hacer es la mejor manera de afrontar las cosas. Hacer, y al final del día repasar lo logrado, una lista anti-tareas que te recompense con la satisfacción de un día productivo.

Relajarse de verdad

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No hay nada que le guste más al procrastinador que decir que va a tomarse 5 minutos, que un descansito ayuda a despejar la mente, que ver un capítulo más de The Walking Dead nunca hizo mal a nadie. Relajarse de verdad para despejar la mente es magnifico para aumentar la productividad, pero el premio no viene primero, el trabajo sí. Cuando entrenamos a un perro no le damos a comer las galletas antes de que hagan el truco sino luego, premiarte a ti mismo antes de siquiera lograr un objetivo solo te condiciona a pensar en que no tienes ni que esforzarte por la recompensa.
Comenzar a cumplir tareas y entre una y otra premiarte de alguna manera, te da un boost, empezar a procrastinar desde un principio solo te va a dejar inmóvil el resto del día. Si solo funcionas bajo un alto nivel de estrés y no es hasta que llega el momento de gritar de pánico que tu cerebro entra en modo "ahora si voy a hacer las cosas", entonces vas a tener que buscar la manera de darte a tu mismo ese empujón que en otros casos solo el miedo te da.
Si odias tu trabajo actual tal vez renunciar al él y entrar en pánico sea lo único que te motive a conseguir uno nuevo. Dejar de procrastinar es aprender a tomar decisiones y actuar.
        Gonzalez, Gabriela. “Cómo Dejar de Procrastinar.” Bitelia. Accessed October 23, 2014.    http://bitelia.com/2014/10/como-dejar-procrastinar.

17/10/2014

El hábito de la lectura, un tema clave de nuestra educación

Por: Rafael Lucio Gil
Un indicador clave para conocer los niveles culturales de cualquier país, es poder apreciar el nivel de hábito de lectura que tengan sus habitantes. Un dato interesante es observar, en otros países, cómo jóvenes y adultos, profesionales y personas diversas, acompañan sus viajes leyendo un libro o revista.
Lo cierto es que en nuestro país, aunque no contamos con datos precisos acerca de este indicador, la experiencia de educador nos evidencia a menudo que niños, niñas, adolescentes, jóvenes, estudiantes de todos los niveles, profesionales, etc., leen muy poco.
Este déficit refleja y acumula, en el tiempo, un vacío cultural muy profundo que tiene implicaciones presentes y futuras para el desarrollo del país. Cierto es que el entorno cotidiano, las pocas bibliotecas existentes, las pocas y caras librerías, la ausencia de locales comunales con bibliotecas, etc., no contribuye a que la lectura se vuelva un hábito en la sociedad, lo que empobrece sensiblemente los niveles culturales de la ciudadanía.
Podríamos afirmar que existe una relación directa entre la poca cultura de lectura que existe, y la pobre capacidad de la ciudadanía para comprender lo que está ocurriendo en su entorno social, político, cultural y económico; para argumentar sus propias ideas con fundamento científico básico y no con superficialidad, y aportar críticas constructivas y propuestas que contribuyan a mejorar el entorno social y político, el funcionamiento del estado y de sus instituciones.
La educación recibida por cada quien, desde su niñez, imprime la tónica fundamental que preside la actuación de niños y niñas, ya como adolescentes, universitarios y profesionales.
El adultismo está presente en cómo se enseña la lectura, principalmente, en la primaria y también en la secundaria. Son los intereses de los autores de libros de texto y de maestras y maestras, los que presiden el escenario de enseñanza de la lectura, utilizando temas muy alejados de los intereses de niños, niñas y adolescentes.
La enseñanza de la lectura no logra encantar a niños y niñas, motivándoles a continuar leyendo por su propia cuenta, y desarrollando en ellos y ellas “hambre de leer, de aprender”. Los métodos de su enseñanza se quedan en la periferia, sin tocar las venas profundas motivacionales y de comprensión de los estudiantes. Y lo peor es que, en dependencia de cómo algunos maestros y maestras de primaria y de secundaria enfocan las lecturas literarias de autores nacionales y extranjeros, sin mediación pedagógica alguna, ni utilización de recursos didácticos motivacionales, terminan por crear un rechazo hacia la lectura.
Los medios de comunicación le hacen también el juego a esta realidad, acabando por presentar algunos periódicos de versiones superficiales, lecturas e informaciones con muy poco peso y sustento crítico científico. La TV, la radio, el celular, y las redes sociales, tal como se utilizan, acaban por destrozar las normas básicas de lectura y escritura, reducen contenidos al máximo, cambiándolos por imágenes, disminuyendo, así, la racionalidad del saber, por una racionalidad ligth, superficial, de imágenes. Así, medios concebidos para ayudar a pensar, naufragan en la superficialidad de lo vano y supérfluo, renunciando a las páginas culturales para incrementar su mercado.
Siendo así, muchos niños, niñas, adolescentes, universitarios y profesionales acaban detestando la lectura por cansada, aburrida e ininteligible, desarrollando en ellos la alergia, que les vacuna en contra del hábito de la lectura.
Es así como el amor por la lectura acaba siendo sofocado, frente a tantas inclemencias que concurren, gestando una subcultura de rechazo al conocimiento, y regresando progresivamente a “la cultura del silencio”, y no a la “cultura de la palabra”, contrario a lo que Paulo Freire nos planteara. Al final, se desarrolla lo que podríamos llamar “analfabetismo del saber”.
Es preciso hacer algo para contrarrestar esta dinámica involutiva y depredadora del conocimiento, la cultura y el desarrollo. Es necesario poner un alto a este derrotero. Ya existen algunos programas, muy pocos, para inyectar esta alegría y gozo de leer, pero se requieren cambios de fondo y forma al interior de los currículos, principalmente del nivel primario y secundario. Animamos a todas las instituciones educativas, sociales, empresariales, estatales a unir esfuerzos e iniciativas, para lograr que en todo el país desarrollemos, desde los primeros años de vida, "hambre de saber, de leer". Que logremos reencantar a la población con la lectura, haciendo plausible la "cultura de la palabra y el saber", para que renuncien a la “cultura del silencio”.

Fuente: http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/330241-habito-de-lectura-tema-clave-de-nuestra-educacion
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