13 dic. 2007

El Infierno de la Biblioteca


EXHIBICIÓN DE UN LEGADO LICENCIOSO Y CENSURADO

París abre al público los archivos eróticos de la Biblioteca Nacional
• La institución francesa muestra por primera vez libros ocultos durante cinco siglos en su almacén

• Los fondos incluyen fotos y cintas pornográficas, y obras de Sade, Mérimée, Verlaine y Baudelaire


'DESSIN D'UN BOUDOIR' Grabado datado entre 1779 y 1795. ELIANNE ROS
PARÍS


El Gran diccionario universal del siglo XIX de Pierre Larousse define el infierno como el "lugar cerrado de una biblioteca donde se guardan los libros cuya lectura se considera peligrosa". Con esta leyenda se inicia el recorrido de la exposición. El Infierno de la Biblioteca, el Eros secreto, que saca a la luz, por primera vez, cinco siglos de documentación literaria y gráfica guardada bajo llave en los archivos de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF). Los fondos, que pueden verse hasta el 2 de marzo en la biblioteca François Mitterrand, se mueven entre el erotismo y la pornografía. Los menores de 16 años tienen prohibida la entrada.
A través de 350 obras, la muestra ofrece un doble itinerario. Por un lado, la exhibición del contenido del infierno con los documentos, libros e imágenes agrupados bajo esta clasificación. Por otro, la propia historia del infierno: su creación y evolución.
La aparición de esta reserva secreta data de 1844. En 1876 contaba ya con un fondo de 620 obras licenciosas. Los primeros tesoros guardados en lo que el presidente de la BNF, Bruno Racine, llama "el ángulo muerto de la biblioteca", son novelas del siglo XVI, pero el grueso de la colección se asienta en el XVIII, el siglo del libertinaje en Francia. La mayoría son obras anónimas --el autor arriesgaba una condena de prisión-- entre las que destaca el personaje de Thérèse Philosophe, una joven que se resiste a un conde y que acaba perdiendo la virginidad tras leer novelas y ver cuadros amorales.

FILMACIONES X El relato pone de relieve hasta qué punto lectura e imágenes juegan un papel complementario, que supuso la división del infierno en dos secciones: textos y documentación gráfica, que va desde estampas realizadas con lápiz hasta las primeras filmaciones porno, como el osado corto de seis minutos L'atelier Gainnette (1921).
Con el Marqués de Sade se entra en una nueva dimensión: la crueldad y el sufrimiento se mezclan con el placer. La muestra presenta ediciones originales de sus textos, muchos escritos en la prisión. Con la Revolución de 1789 llegan los panfletos. María Antonieta es acusada de acostarse con todos y los curas excitan la imaginación popular.
Entre las curiosidades figuran almanaques con la lista de las mujeres públicas de París. Por ejemplo, El espía libertino o el calendario del placer (1882) incluye "la lista de las chicas bonitas de París, sus direcciones, talentos y savoir-faire, seguido de los precios de sus encantos". También está el volumen Lista de todos los curas hallados en flagrante delito con las mujeres públicas de París (1970).
El siglo XIX conjuga una censura cada vez más voraz con la proliferación de las ediciones clandestinas. Entran en el infierno Las flores del mal, de Charles de Baudelaire, cuya publicación provocó un enorme escándalo, los textos de Mérimée o Verlaine y llegan las primeras fotografías pornográficas.
Guillaume Apollinaire inaugura el siglo XX con Las 11.000 vírgenes. Ingresa La historia de O, de Pauline Réage, y se añaden estampas de figuras femeninas, 200 grabados pornográficos japoneses, transparencias obscenas... hasta llegar a 1970, cuando el infierno cerró sus puertas. Las volvió a abrir en 1983 tras una operación de cirugía estética. Pasó de oscuro gabinete de pecado y lujuria a santuario de bibliófilos.

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