14 jul. 2008

¿Muerte al libro, larga vida al iphone?


por Juliana Boersner

Esta semana el iphone ha sido el rey de los medios, tanto por su llegada a España como por la aparición en el mercado de la nueva versión 3G. En las principales ciudades del mundo se repetían las imágenes de personas haciendo cola para hacerse con su nuevo equipo. Los mensajes en twitter daban cuenta de las experiencias de los más fanáticos que querían ser los primeros de tener uno y ahora en la blogosfera aparecen más y más reportes de las bondades o no del gadget “rey”.

Por otro lado, se repiten permanentemente las quejas en torno a la desaparición del libro en papel con el surgimiento de los eBooks que supuestamente acabarán, no solamente con el libro tal como lo conocemos, sino también con la lectura. Una de las iniciativas que más ha movido las reflexiones en torno a la educación ha sido la OLPC, la computadora portátil desarrollada desde el MIT en un proyecto ideado y llevado a cabo por Nicholás Negroponte, empedernido defensor de que la tecnología debe estar al alcance de todas las personas y de que es una herramienta insuperable para promover la educación en el tercer mundo. Polémicas van, polémicas vienen, lo que ha ocurrido es una fiebre de nuevas propuestas de computadoras portátiles de bajo costo que compitan con la de Negroponte.

Un tercer elemento que se une a los anteriores es el de la puesta en marcha de múltiples iniciativas para digitalizar todo tipo de contenidos y desarrollar Bibliotecas Digitales que resguarden y promuevan el conocimiento cultural del mundo. Desde Google Books, pasando por el Proyecto Gutenberg (precursor absoluto de estas iniciativas) hasta la Biblioteca Digital Europea hay una carrera casi contra reloj porque a medida que se empieza a digitalizar, más conciencia cobramos de lo mucho que falta por hacer: ¿es acaso posible transformar en bits tanto papel acumulado? Esa es solo una de las preguntas a responder y la respuesta es desalentadora: no es posible, al menos no por una sola de estas iniciativas. Asi que hay que elegir qué si y qué no. Vértigo.

Volviendo al iphone y a la supuesta muerte de los libros de papel, creo que una de las preguntas más importantes en todo esto tiene que apuntar hacia el tema de las prácticas de la lectura. Tanto miedo por la desaparición de un objeto que lamentablemente sigue sin estar al alcance de millones de personas en el mundo. La edición, publicación, distribución y venta de libros está actualmente en una suerte de crisis que quizás podemos percibir más claramente quienes vivimos en la periferia de los centros de poder editorial. Las librerías (sobre todo las independientes y pequeñas) empiezan a mermar sus ganancias en favor de nuevos entornos, no tradicionales, para la venta de libros: los quioscos y los supermercados, mientras el negocio de la música nos acostumbra cada vez más a que los temas no se compran en físico sino que se bajan a nuestro computador, a nuestro reproductor de mp3 o directamente a nuestro teléfono celular.

No será que debemos comenzar a pensar en los libros como bits que podemos editar y solicitar a nuestra conveniencia. Hacerlos tan parte nuestra como el último tema de nuestro grupo favorito es una tarea que no es fácil y que tiene poco que ver con que el libro sea de papel sino con el hecho mismo de que leamos. Por otro lado, soy de las que dice que cada día lee más y es verdad, como es verdad que cada vez leo menos libros porque la práctica de la lectura, los ritos de la lectura han cambiado para mi. Una de las pocas personas que se han pronunciado de una manera positiva en torno a este cambio es Roger Chartier, quien incluso habla de la revolución de las pantallas y dice en una de sus múltiples entrevistas:

hoy en día se está produciendo una transformación de nuestras relaciones con lo escrito que por primera vez afecta simultáneamente a las dimensiones técnicas, morfológicas y culturales.

Sea el Kindle o cualquiera de los lectores de libros digitales que han aparecido en el mercado, sea la OLPC o cualquiera de las portátiles de bajo costo, el iphone o cualquiera de los modelos de teléfonos celulares de su tipo, nuestra interacción con las pantallas sigue en aumento y con ella se modifican nuestras costumbres y nuestras habilidades cognitivas y perceptivas. No me atrevo a hablar de la desaparición del libro de papel, sino que quisiera pensar en la coexistencia de formatos; pero no creo, al mismo tiempo, que se deba negar la puesta en marcha de un proceso que no tiene reversa y es el de la emergencia de las ediciones digitales y el cambio cada vez más notorio del mundo del libro tal como lo conocimos hasta ahora.

Fuente: http://www.blablablog.es/2008/07/13/%C2%BFmuerte-al-libro-larga-vida-al-iphone/



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