28 ene. 2010

El ocaso del libro impreso

Por: Fabián Andrés Scabuzzo

Le han cantado loas por lo que es y representa, adorno utilitario para unos y para otros el puente al saber, los libros no contarán mucha más historia.

Hoy, con la presentación del iPad, Macintosh unió la laptop con el reader, ese artefacto que permite leer libros, para crear un producto que servirá – no solo para una buena lectura – sino para todo lo que sirve una compu.
Era el capítulo que faltaba para demostrar que la computadora e internet vinieron a reemplazar a los libros, a quienes vencen en una silenciosa batalla.
Ya hace tiempo que la gente está abandonando al libro en medio de un mundo que no permite el momento para la lectura y lo reemplaza con la web, la televisión o el cine. Esta situación ha empeorado en países como Argentina que no han elaborado programas de estímulo al libro, las editoriales se han fundido o convertido en editoras de best sellers y libros de cocina y autoayuda. Para el bolsillo del argentino medio un libro es carísimo.
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Así como vimos desaparecer al disco de vinilo, ahora convertido en objeto de culto de DJs y coleccionistas, el libro se convertirá en un elemento de ferias de antigüedades o se les darán otros usos: he estado viendo en estos días un programa que los destinaba a la decoración, armando mesitas y repisas con libros viejos.
En Rosario ya casi nadie va a las bibliotecas, que pronto serán anexos de museos o archivos para uso académico, tal como los rollos del Mar Muerto o los papiros egipcios.
Todo se termina y pronto con un tablet será posible tener acceso a todos los libros que se nos ocurran, comprados o pirateados de la web.
Ya estoy pensando en todo el espacio que recuperaré de mi pequeño departamento cuando saque esos horrendos libros de los estantes, un juntadero de polvo que ya no quiero plumerear más. Voy a conservar algunos dedicados, especialmente uno de Fontanarrosa.
Con la tablet, que quizá compre en cuotas en unos años, el conocimiento será minimalistay excluyente, no solo se ahorra en muebles sino que podré ir a leer a la plaza 25 de Mayo en medio de punks y tetrabricks, aprovechando el wi-fi municipal.
Y lo más importante es que ya no tendré que robar libros ajenos ni reclamar los que mis amigos no devuelven. El iPad no se presta y si querés el último de Isabel Allende te lo mando por mail.

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Fuente:http://www.ensulaberinto.com.ar/2010/01/el-ocaso-del-libro-impreso.html

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