18 mar. 2012

El nuevo mundo de los libros

Por: Hipólito Gómez


"No hay fragata como un libro- ¡qué frugal es el carro que lleva al alma humana!" (E. Dickinson)


Celebro que los libros estén entrando en un mundo nuevo del que, superando edades y costumbres, todos nos beneficiaremos, aunque los viejos y cotidianos lectores lleguemos algo tarde pero ahora, resulta que el saber más puede que ocupe menos lugar. Esta novedad multiplicará insensiblemente los libros y su lectura. No es la primera vez en la que los libros cambian y eso no importa tanto como que los libros, supervivientes de piras y televisiones, nos ofrezcan un modo más de perpetuarlos, que se unirá a los tradicionales.
Quedarán atrás, imágenes venerables como las de los copistas medievales pero siempre se guardará memoria de lo que representaron para la conservación y propagación de la cultura del libro y para sentirnos aún más contemporáneos de gente como Platón, Virgilio, Cristo, Santo Tomás, Gracián, Cervantes, Shakespearey de nuestros clásicos del XX entre tantísimos por recordar y dialogar con cualquiera de ellos.
Corregido y perfeccionado, Gutenberg se mantiene vigente; su ingenio impresor multiplicó las posibilidades de conocimiento del género humano y por tanto las bibliotecas, a las que debemos mucho la gente con memoria y sentido de la gratitud. Ahora y sin hacer tábula rasa del pasado sino enriqueciendo aquel acervo cultural hereditario, empiezan a llegarnos los libros sin papel, ¿espíritu puro?; estamos pisando los umbrales de un mercado potencialmente inmenso, del que sólo conocemos sus albores.
No sería justo ni lamentar tal advenimiento ni rechazarlo, invocando el "placer perdido" de contar con libros en cuyos márgenes y a condición de que sea propio, uno puede añadir a lápiz o bolígrafo desde signos de admiración o de interrogación, hasta las ideas que sugieran al lector lo que en el libro se diga. Esa revolución, como casi todas las revoluciones, no podrá sin embargo, acabar con lo esencial, con el espíritu del libro.
Borges aludía a los Padres de la Iglesia para advertir que es tan peligroso poner un libro en las manos de un ignorante, como poner una espada en las manos de un niño y citaba también, a Schopenhauer cuando dice que no cabe confundir la compra de un libro con la compra de los contenidos de ese libro que naturalmente, sólo se adquiere leyéndolo y releyéndolo, en su caso.
¿Hay razones para no retribuir la propiedad intelectual? Pienso que las hay para asegurar esa retribución e inseparablemente el uso, sin abuso, por nadie. Ello exige poner topes a los beneficios (temporales y cuantitativos) impidiendo cualquier modalidad de piratería que intente parte alguna.
Aunque me sigo confesando amante del libro enfundado en su cuerpo tradicional y que ha ido pasando históricamente, de la piedra al papiro y de éste al papel, debe admirarse el formidable avance alcanzado con "la pantalla ecuménica y sin arboricidios".
Un novelista (John Updike y del que poco más sé) dirigió un discurso a los libreros en la convención Book Expo celebrada en Washington allá por junio de 2006 y entre las cosas que dijo en legítima defensa de los libros que uno llama "libros de carne y hueso", defendió su subsistencia, lo que no era decir mucho y su "individualidad" que acaso sea decir demasiado, porque, indudablemente, la mayoría de nosotros seguirá cultivándose sin prescindir de esos libros "sin hueso", más no sin espíritu; el espíritu siempre prevalece y eso también, si carecieran de espíritu, ya no serían libros.
Recuerdo emocionado una poesía de mi tiempo de estudiante cuando la novedad de esa sobrevenida clase de libros, ni se intuía; decía más o menos, esto: 
"Libros, buenos amigos 
dadme un poco de luz  
abridme con las hojas las ideas 
 dejadme que respire  
en cada línea, 
vuestra sabiduría. 
Tenéis que ser maestros, amigos míos 
 traedme la esperanza; venid conmigo, 
 quedaros alojados en mí,
 haceros de mi cuerpo, 
 penetrad mi cabeza
 poner rumbo
 al puerto de mi sed, 
amigos libros  
eternos compañeros". 

Confío y espero que los libros sigan existiendo en mil formas, como depositarios de tan inmenso patrimonio; aunque los deslomen, aunque no podamos acariciarlos no dejarán de ser libros, mientras expresen ideas y sentimientos que vayan creándose y enriqueciéndonos día a día con la constante voluntad del género humano. Un libro es eso, parte de nuestras vidas. Todos tenemos libros que son parte de nuestras vidas.


Fuente: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/el-nuevo-mundo-de-los-libros_742940.html 

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