25 ene. 2018

Ordenar libros

Por: Jorge Alberto Gudiño Hernández




La época es propicia para hacer todo lo que uno no ha hecho durante el año. Los niños están de vacaciones; yo también, salvo por algunos textos aún pendientes. Entonces pasamos los días entre visitas, juegos, reuniones familiares y algunos quehaceres que nos abruman.

El principal es el de los libros. La parte teórica es sencilla. Nuestros libros (con algunas restricciones que no siempre han quedado del todo claras) están acomodados en los libreros en orden alfabético del apellido del autor. 

No siempre ha sido así pero ahora lo es para nuestra tranquilidad emocional. Existe, también, una lista en una hoja de cálculo en donde están capturados esos mismos libros: autor, título, editorial y alguna característica extra en la cuarta columna (si está dedicado, si lo prestamos, no mucho más). La lista obedeció, en un principio, a las obsesiones de M pero ahora yo mismo le reconozco su valor. Sobre todo, a la hora de no comprar libros repetidos o de buscar a ciertos autores. Como se puede ver, en realidad, todo parece simple. En la teoría.

La parte práctica agrega complicaciones. De entrada, porque, cada tanto, llegan libros nuevos a casa. Estos arribos no siempre corresponden a una pulsión lectora que no acepta desvíos. A veces, uno compra libros para el futuro o porque sabe que algún día le interesarán. Así pues, uno llega con la bolsa o el paquete de marras y, lo primero que le viene a la mente, es la idea de sacar la computadora, abrir la hoja de cálculo, capturar el libro con sus tres o cuatro columnas y hacerle un hueco en el librero, incluso cuando uno tenga que recorrer una buena veintena de volúmenes para hacerle espacio. Y esto, claro está, sucede al mismo tiempo en que uno viene cargando a uno de los niños, la mochila de la escuela, la sudadera que no trae puesta y la insistencia del segundo de los críos porque le urge ir al baño…

Impusimos una mesita de transición. El lugar exacto a donde van a parar todos los libros nuevos que llegan a casa. Miento, no todos. A veces uno sí trae en las manos la novela que le urge y ésa se va directo al buró o al escritorio. Da igual. Si uno la lee con la ansiedad correspondiente, al terminarla también va a dar a la mesita de transición. Y ésta, con el transcurso de las semanas, va acumulando torres cuya estabilidad es, cuando menos, precaria.

También se suman a la mesita libros viejos. Sobre todo, por mi culpa. Se me antoja leer algo, voy al librero, rebusco entre los títulos, saco uno que alguna vez… lo leo y no lo regreso a su lugar. Es como en las bibliotecas, mejor dejarlo en la mesita de transición.

El asunto, entonces es que, en estos días de vacaciones, nos ocupamos de la mesita de transición, de la hoja de cálculo, de los libros por acomodar. Es algo que podría ser monótono pero tiene sus peculiaridades. De entrada, porque varios de los libros de la mesita de transición llaman nuestro interés. 

Entonces corremos a capturarlos en Excel pero, acto seguido, los liberamos del opresivo acomodo en el librero para llevarlos al buró o al escritorio. Les hemos ampliado el plazo. Volverán, sin duda, a la mesita pero, por ahora, son libres. Algo similar ocurre cuando uno acomoda otro de los libros de la mesita, uno que no se antoja leer de momento… pero el de al lado sí. Uno lo redescubre cuando hace funambulismo de sillón intentando encajarlo entre sus pares. Ni hablar, tendrá que salir el nuevo candidato para sumarse a la pila de libros del buró o el escritorio.

Es curioso, para cuando uno ha terminado por despejar la mesita de transición, todos los libros están capturados, es cierto, pero una buena cantidad de ellos siguen sin estar en los libreros. Y eso es una maravilla. Porque la limpieza de libros sólo puede llegar a buen puerto cuando uno descubre todas las citas que le quedan. Además, uno no puede lanzarse a la lectura de inmediato pues los niños están de vacaciones y hay reuniones pendientes y demás. Así que esas pilas sólo auguran que el año empezará en buena forma.


Dicho lo anterior, dejémoslo como un buen deseo: que el próximo año haya muchos libros aguardando por ser leídos, mesita de transición o no mediante.


Fuente bibliográfica
HERNÁNDEZ, J.A.G., [sin fecha]. Ordenar libros. SinEmbargo MX [en línea]. [Consulta: 26 enero 2018]. Disponible en: http://www.sinembargo.mx/30-12-2017/3368279. 

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