4 feb 2011
El Biblioparque
Por: Esperanza Dávila Sota
El alcalde Jericó Abramo Masso está a punto de entregar a la ciudad el Biblioparque Saltillo Sur, una suerte de combinación de biblioteca y parque deportivo que la autoridad municipal ideó tratando de ofrecer a los saltillenses, sobre todo a niños y jóvenes, dos actividades diferentes en un mismo lugar: el deporte para el sustento del cuerpo y el conocimiento para nutrir su inteligencia. Lo anterior nos remite al viejo refrán: “la ociosidad es la madre de todos los vicios”. La intención, muy clara, es ofrecer alternativas a las familias, otros caminos por los cuales puedan transitar sus hijos y alejarse de la tentación de los vicios y actividades que corrompen el cuerpo y el alma y acaban en la delincuencia.
La idea y la intención del concepto aplicados al gran proyecto no están a discusión, los salva su propia nobleza. Seguramente, la construcción de las canchas deportivas respetó los estándares y medidas marcadas por asociaciones y confederaciones internacionales del deporte. Asimismo, la terminación de suelos y el equipamiento de campos y canchas debieron realizarse conforme a las normas de cada una de las disciplinas a practicar. Pero, ¿y la biblioteca?
En el espacio destinado para su alojamiento se construyó un edificio atractivo a la vista, en forma de libro abierto y de varios pisos. Sin embargo, y aun cuando sabemos que de la vista nace el amor, la estructura externa y la forma arquitectónica del edificio no serán suficientes para atraer usuarios a su interior y mucho menos invitarlos a que hagan uso de lo que contiene. Esto, el contenido y su administración, constituyen, precisamente, el meollo del asunto, si se quiere evitar que en un futuro el edificio se vuelva sede administrativa y de juntas y festejos de los distintos clubes deportivos que entrenarán y sostendrán sus encuentros en las canchas y campos aledaños. O, lo que es peor, que se convierta en un mero almacén de libros que nadie lee ni consulta. Ante un balón y un libro, la probabilidad mayor es que el niño prefiera el balón. El asunto importa, hoy que todavía no inicia sus actividades el Biblioparque.
Las grandes bibliotecas son el orgullo de las naciones civilizadas. El avance tecnológico de las últimas décadas, con el relativamente fácil acceso a la información a través de Internet, la excesiva acumulación de la misma en las redes y la migración de los soportes físicos tradicionales del papel a los formatos electrónicos y digitales, impactan y afectan profundamente el quehacer y los objetivos de la bibliotecas como centros de consulta y manejo de información. Las bibliotecas van transformando su campo de acción. “El almacén de libros y revistas”, como algunos ven a las bibliotecas, debe convivir hoy necesariamente con las colecciones audiovisuales, las publicaciones electrónicas y digitales y las secciones de consulta remota.
Las bibliotecas virtuales son ya una realidad. Los Biblioparques saltillenses —ya inicia construcción el del norte— pueden ser el detonante de una nueva era para las bibliotecas estatales. Si se les dota de todos los avances tecnológicos y académicos, el personal capacitado y, muy importante, el presupuesto necesario para la actualización y la renovación frecuente de su equipamiento informático, los Biblioparques abrirán cada día nuevos y prometedores horizontes para la niñez y la juventud coahuilenses.
Claro, siempre y cuando se sumen al nuevo concepto de la biblioteca dinámica y global, sin fronteras, que acopia, alberga y organiza el conocimiento y lo recupera rápidamente, sin importar el soporte en el que esté depositado, para ponerlo en manos de sus usuarios.
Fuente: http://www.vanguardia.com.mx/elbiblioparque-643945-columna.html
El alcalde Jericó Abramo Masso está a punto de entregar a la ciudad el Biblioparque Saltillo Sur, una suerte de combinación de biblioteca y parque deportivo que la autoridad municipal ideó tratando de ofrecer a los saltillenses, sobre todo a niños y jóvenes, dos actividades diferentes en un mismo lugar: el deporte para el sustento del cuerpo y el conocimiento para nutrir su inteligencia. Lo anterior nos remite al viejo refrán: “la ociosidad es la madre de todos los vicios”. La intención, muy clara, es ofrecer alternativas a las familias, otros caminos por los cuales puedan transitar sus hijos y alejarse de la tentación de los vicios y actividades que corrompen el cuerpo y el alma y acaban en la delincuencia.
La idea y la intención del concepto aplicados al gran proyecto no están a discusión, los salva su propia nobleza. Seguramente, la construcción de las canchas deportivas respetó los estándares y medidas marcadas por asociaciones y confederaciones internacionales del deporte. Asimismo, la terminación de suelos y el equipamiento de campos y canchas debieron realizarse conforme a las normas de cada una de las disciplinas a practicar. Pero, ¿y la biblioteca?
En el espacio destinado para su alojamiento se construyó un edificio atractivo a la vista, en forma de libro abierto y de varios pisos. Sin embargo, y aun cuando sabemos que de la vista nace el amor, la estructura externa y la forma arquitectónica del edificio no serán suficientes para atraer usuarios a su interior y mucho menos invitarlos a que hagan uso de lo que contiene. Esto, el contenido y su administración, constituyen, precisamente, el meollo del asunto, si se quiere evitar que en un futuro el edificio se vuelva sede administrativa y de juntas y festejos de los distintos clubes deportivos que entrenarán y sostendrán sus encuentros en las canchas y campos aledaños. O, lo que es peor, que se convierta en un mero almacén de libros que nadie lee ni consulta. Ante un balón y un libro, la probabilidad mayor es que el niño prefiera el balón. El asunto importa, hoy que todavía no inicia sus actividades el Biblioparque.
Las grandes bibliotecas son el orgullo de las naciones civilizadas. El avance tecnológico de las últimas décadas, con el relativamente fácil acceso a la información a través de Internet, la excesiva acumulación de la misma en las redes y la migración de los soportes físicos tradicionales del papel a los formatos electrónicos y digitales, impactan y afectan profundamente el quehacer y los objetivos de la bibliotecas como centros de consulta y manejo de información. Las bibliotecas van transformando su campo de acción. “El almacén de libros y revistas”, como algunos ven a las bibliotecas, debe convivir hoy necesariamente con las colecciones audiovisuales, las publicaciones electrónicas y digitales y las secciones de consulta remota.
Las bibliotecas virtuales son ya una realidad. Los Biblioparques saltillenses —ya inicia construcción el del norte— pueden ser el detonante de una nueva era para las bibliotecas estatales. Si se les dota de todos los avances tecnológicos y académicos, el personal capacitado y, muy importante, el presupuesto necesario para la actualización y la renovación frecuente de su equipamiento informático, los Biblioparques abrirán cada día nuevos y prometedores horizontes para la niñez y la juventud coahuilenses.
Claro, siempre y cuando se sumen al nuevo concepto de la biblioteca dinámica y global, sin fronteras, que acopia, alberga y organiza el conocimiento y lo recupera rápidamente, sin importar el soporte en el que esté depositado, para ponerlo en manos de sus usuarios.
Fuente: http://www.vanguardia.com.mx/elbiblioparque-643945-columna.html
1 feb 2011
Tras la loca idea de transformar el mundo en una biblioteca
Por: Víctor Fleitas
Una interesante propuesta puede sorprendernos mañana, en alguno de los tantos espacios públicos. Es que el Movimiento Libro Libre Argentina organiza una “liberación de libros” que, sencillamente, consiste en elegir un ejemplar ya leído y dejarlo a la espera de un futuro lector, en un sitio de acceso masivo. La iniciativa persigue un sueño: transformar el mundo en una inmensa biblioteca común.
En tiempos donde lo que no se compra o se vende parece condenado al fracaso, al olvido o la indiferencia, merece destacarse esta hermosa locura de elegir entre los libros queridos uno que pueda ser disfrutado por otro, anónimo, que lo hallará como caído del cielo, el día menos pensado, tal vez mañana mismo. Claro, la sorpresa se multiplicará si los que reciben y se anotician hacen a su vez un aporte y, previa selección, dejan a la vista de todos algún ejemplar que salga a buscar quien lo lea. La actividad es ciertamente espontánea, individual, pero puede ser un atractivo extra para bibliotecas, centros culturales o talleres literarios, de los tantos que oxigenan la vida diaria en ciudades y comarcas. “Muchos de nosotros tenemos uno o varios libros a los que cada tanto volvemos para consultar o releer. Pero también tenemos libros que nos dejaron una huella. Y es este último tipo de libro el que sugerimos dejar libre para que sea encontrado por alguien que tal vez deje de ser quien es después de leerlo”, explican desde el movimiento. En efecto, apoyado por escritores, editoriales y artistas, el Movimiento Libro Libre Argentina invita a liberar un libro en cualquier lugar público, ya sea un colectivo, un parque, un bar, una cabina telefónica, una sala de espera u otro sitio similar. “Se recomienda que escribas en la primera hoja una dedicatoria donde aclares que el libro pertenece al Movimiento Libro Libre Argentina, que está a disposición de quien lo encuentra y así mismo debe volver a ser liberado luego de su lectura”, sugiere la entidad, antes de aclarar que “Libro Libre es una gran iniciativa para fomentar la lectura” y que “la idea de encontrar en un sitio inesperado un buen libro, disfrutarlo y compartir con otros esta experiencia es, sin lugar a dudas, una forma de llevar a la práctica algo más que buenos deseos”.Expresiones por el estilo hay en distintas partes del mundo, no sólo en países de habla hispana. Y las experiencias son de las más variadas: protagonizadas por particulares, por niños, por padres, por docentes. En todos los casos, se trata de eventos que se reiteran, lo que no deja de ser una evidencia de lo bien que funcionan. Hay tres pasos consignados en un modesto protocolo: 1.- Selecciona un libro que desees compartir y que ya hayas leído. 2.- Escribe este texto en la primera página: “Soy un Libro Libre, me han dejado para que me leas y me vuelvas a liberar en el lugar que desees. Cuando termines de leerme escribe abajo de este texto, un mensaje para la siguiente persona que me encontrará”. 3.- Sal a la calle y libéralo (déjalo) en un lugar de la vía pública. También se recomienda dejar en el ejemplar una dirección de correo electrónico, que fomente la constitución de comunidades de lectores. ALGO DE HISTORIA. Es difícil determinar a quién se le ocurrió primero esta idea, una especie de adaptación del “amigo invisible” que usa al objeto libro como vehículo de transculturación. Tampoco es que alguien se adjudique ser el padre de la criatura, sencillamente porque no tiene demasiado sentido. Lo más valioso es que en cada ciudad pueda ir conformándose una comunidad múltiple de lectores, por este u otros medios. En la web pueden hallarse numerosas referencias a estos tipos de emprendimientos. Por ejemplo, en www.bookcrossing.com se define con claridad que se trata de un trabajo por amor al arte concebido y mantenido por Humankind Systems, Inc., una compañía de software y desarrollo por internet con sede en Kansas City, Missouri, y Sandpoint, Idaho. Buscando un descanso del aburrimiento de crear otra página de comercio electrónico o una aplicación para servidores de email, el socio de Humankind, Ron Hornbaker, buscó crear una comunidad en Internet que fuera la primera de su clase, que le diera cosas buenas al mundo y que le proporcionara sensaciones cálidas y agradables cuando trabajara en ello. BookCrossing.com fue el resultado. La idea se le ocurrió a Ron en Marzo de 2001, cuando él y su mujer Kaori estaban admirando la página de PhotoTag.org que sigue la pista de cámaras desechables que se dejan perdidas por el mundo. Ya conocía la fama de WheresGeorge.com (que sigue la pista de dinero estadounidense gracias al número de serie), y eso le hizo pensar: ¿A qué más le gustaría a la gente seguirle la pista? Unos minutos más tarde, tras una mirada a su estantería repleta, la idea de Libros le vino a la cabeza. Y sabía que era buena. Tras emocionarse más y más durante dos horas de investigación en la red, Ron se dio cuenta con satisfacción de que nadie lo estaba haciendo todavía; había encontrado la difícil Idea Original que siempre había buscado. Dado que se centraba en y homenajeaba a los libros, sería una recompensa a su amor de toda una vida por los libros. Tres horas más tarde, había decidido el nombre, registrado el dominio y Kaori había esbozado el logo del libro corriendo sobre un signo de cruce. El resto era meramente ejecución. El sistema no es exactamente igual al del Movimiento Libro Libre Argentina, que suele replicarse en países latinos. Acá primero hay que registrar el libro en una especie de archivo centralizado, que ayuda a conformar las comunidades de lectores. Pero lo central de la propuesta es devolver al libro “a la jungla” apenas sea leído. No obstante, en el caso del Movimiento Libro Libre Argentina se aconseja consignar una dirección de correo electrónico, de manera que si el libro fuera pasando de mano en mano a lo largo de los meses y los años, en cualquiera de las ciudades que los futuros lectores visiten, es probable que aparezcan sorpresas de todo tipo en la casilla. Independientemente, todos los libros liberados, como un mensaje en una botella, o una nota en un globo de helio, no serán encontrados, pero los que lo sean, tendrán la oportunidad de iluminar un día, iniciar una amistad, o incluso cambiar una vida. Legado ético Ya hubo otras ediciones en nuestro país de “Liberar un libro”, es decir, no se trata de una experiencia enteramente nueva. Pero entre nosotros, en Paraná, es ciertamente poco frecuente, aunque encantadora. En todos los casos, se toma como referencia ética un texto titulado “Medio pan y un libro”, que pronunciara Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada), en septiembre de 1931. A continuación, algunos párrafos. “Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión. Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada. No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? ¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida. Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz”. |
31 ene 2011
Internet está cambiando las mentes
Investigación. El libro 'Superficiales', de Nicholas Carr, defiende que la tecnología promueve la lectura frívola, aunque otros expertos lo niegan.
A los 35 años, Friedrich Nietzsche apenas podía escribir. De frágil salud, le dolía horrores fijar la vista en el papel. En 1882, recibió en su casa una Malling-Hansen, una precursora de las máquinas de escribir con forma de bola. Gracias al artilugio, el filósofo alemán volvió a plasmar sus ideas. De esa máquina saldrían sus mejores obras, como Así habló Zaratustra,Más allá del bien y del mal o Ecce homo. Pero su literatura había cambiado. Como el propio autor reconoció a un amigo, su estilo se había hecho más telegráfico y, como si el hierro de las teclas se hubiera colado en la mente del escritor, más contundente y duro. La tecnología estaba modulando su mensaje, al estilo del aforismo de Marshall McLuhan de que el medio es el mensaje. Un siglo después, internet parece estar haciendo lo mismo, esta vez a millones de personas. Pero el resultado no está siendo tan fructífero. Según el estadounidense Nicholas Carr, el sinfín de estímulos que llegan al cerebro desde la red nos está haciendo unos superficiales.
Carr ha publicado esta semana la obra Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus Pensamiento). Editada en inglés el verano pasado, está generando una gran polémica tanto en EEUU como en Europa. El autor sostiene en la obra que la red, tan llena de ventajas, está alterando nuestras habilidades cognitivas. Haciendo un repaso por la historia de la tecnología, desde la invención del reloj hasta el libro, pasando por la bola de escribir de Nietzsche, muestra que cada una de ellas ha dejado su huella en la mente. Apoya el repaso con los más recientes experimentos en el campo de la neurología. Su conclusión es clara: internet, la última gran tecnología, está debilitando algunas de las funciones cerebrales más elevadas, como el pensamiento profundo, la capacidad de abstracción o la memoria.
El riesgo al delegar la memoria es «empezar a perder la humanidad»
El autor parte de una idea que ya planteó en un célebre artículo en la revista The Atlantic en 2008. Con el provocador título¿Nos está haciendo estúpidos Google?, relataba su incapacidad personal para concentrarse. El libro, de hecho, es una extensión de aquella idea. "Solía ser muy fácil que me sumergiera en un libro o un artículo largo. Mi mente quedaba atrapada en los recursos de la narrativa o los giros del argumento, y estaría horas surcando vastas extensiones de prosa. Eso ocurre pocas veces hoy. Ahora mi concentración empieza a disiparse después de una página o dos. Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer", escribe en el primer capítulo de la obra. Él culpa a internet de su despiste. Ya no se concentra. Cuando está delante del ordenador leyendo un artículo, cada poco tiene que dejarlo para revisar el correo o para enviar un mensaje. Peor aún, cuando vuelve al texto, lo ojea por encima y se pierde en una marea de enlaces. Y no es el único al que le pasa.
Modelo más abierto
Un experimento realizado por el diseñador web Jakob Nielsen muestra que se surfea por el contenido de un sitio antes que leerlo en profundidad. Colocó a 232 voluntarios una minicámara para registrar sus movimientos oculares y los puso ante un texto online. Casi ninguno leyó línea tras línea. En realidad, leían el primer párrafo, después escaneaban la parte derecha de la página, se detenían en las líneas centrales y volvían a surfear por la página. Es todo lo contrario a lo que se hace con un libro.
"Es el eterno miedo a lo nuevo", replica un investigador
Carr sostiene que la red incentiva un tipo de lectura superficial. La consecuencia es que entrena la inteligencia visual-espacial pero, a cambio, debilita el procesamiento profundo. Hay, sostiene, una relación directa entre el número de enlaces y la comprensión por culpa de la sobrecarga cognitiva.
Sin embargo, el consultor y especialista en nuevos medios Juan Varela asegura que "ninguna tecnología nos hace más estúpidos, pero los problemas abundan al utilizarlas ahora y antes. Las tecnologías digitales ponen a disposición de los ciudadanos un modelo más abierto, participativo, social y eficiente de gestión de la información, pero a menudo faltan criterios claros para aprovecharlo. Ahí está el principal problema. La clave no es la tecnología, sino tener la destreza y la voluntad adecuadas para aprovecharla". Sería entonces cuestión de una falta de entrenamiento.
Carr apoya su tesis en la neuroplasticidad. La moderna neurología considera probado que el cerebro se ve modificado por el proceso de adquisición de una nueva destreza y por su propio ejercicio. Además, sigue generando nuevas neuronas y conexiones entre ellas, sinapsis, a lo largo de toda la vida. Según la neuróloga Maryanne Wolf, fueron los sumerios, inventores de la escritura, los primeros en establecer intensas interconexiones entre las áreas del cerebro relacionadas con la visión, la conceptualización, el análisis espacial y la toma de decisiones. Su obra la completarían los griegos al perfeccionar el alfabeto creado por los fenicios. Esto supuso el paso de la tradición oral a la escrita.
La tecnología que ha modelado al ser humano es el libro, según el autor
Para el autor, la gran tecnología que ha modelado al ser humano moderno ha sido el libro. A comienzos del primer milenio, aparecieron en Europa las primeras gramáticas. La abigarrada escritura continua dejaba paso a frases y palabras separadas y acentuadas. Por primera vez, se hacía para los ojos y no para los oídos. Aunque supuso el fin de los escribas y lectores oficiales, este cambio hizo posible la escritura en privado, liberando la inventiva, el pensamiento alternativo y hasta el herético. Pero también permitió la lectura en profundidad, la desconexión del mundo que nos rodea. La invención de Gutenberg generalizó el cambio. Ahora, 550 años después, "la imprenta y sus productos están siendo desplazados del centro de nuestra vida cultural hasta los márgenes", escribe Carr, por los medios electrónicos.
El neurofisiólogo del Neurocom de la Universidad de A Coruña y experto en neurociencia computacional Xurxo Mariño reconoce que la tecnología y la cultura modelan el cerebro. El problema es saber cuánto, cómo y si tendrá continuidad. "Es poco probable que internet produzca una modificación evolutiva", explica.
A corto plazo se deberían dar dos factores conjuntamente. Por un lado, un uso cultural que modifique el sistema nervioso. Es lo que podría estar ocurriendo con internet. "Lenguas diferentes, por ejemplo, crean mentes distintas". Pero falta descubrir la existencia de genes con una susceptibilidad previa que puedan aprovechar esta nueva tecnología y que se prolonguen en sucesivas generaciones.
Un experto en la red señala que la clave es tener destreza con la tecnología
Cambios culturales
Entre las capacidades que deterioran internet estaría la memoria. Delegamos cada vez más en calculadoras, móviles y otras máquinas datos e informaciones que recordar. Muchos han recurrido a la metáfora de ver la mente como un ordenador y a internet como una gran memoria colectiva. El problema aquí, según Carr, es que la memoria biológica no es como la artificial. Cada vez que se recupera un recuerdo, este se recrea en una especie de fitness cerebral. Sin el ejercicio, las sinapsis neuronales se encogerían. El riesgo que corremos al delegar lo más humano, como el pensamiento y el intelecto en los ordenadores, dice Carr, "es el de poder empezar a perder nuestra humanidad".
"Son argumentos tan viejos como el tebeo", alega el profesor de filosofía de la ciencia en la Universidad Autónoma de Barcelona, David Casacuberta. Este investigador del impacto social y cognitivo de la tecnología recupera un pasaje del Fedro de Platón para desmontar los miedos de Carr. Precisamente, el mismo pasaje que recoge el autor en su libro. En él, el rey Thamus reprocha al dios Thot que haya concedido la escritura a los humanos. "Implantará el olvido en sus almas", dice Thamus. Pero la escritura nos dio nuevas habilidades. "Es el eterno miedo a lo nuevo", añade Casacuberta.
El profesor coincide con Carr en que internet está desplazando a otros medios culturales, como el libro. Pero niega que tenga que ser perjudicial. "Nuestro cerebro no funciona secuencialmente, página a página, sino enlazando conceptos, como los hiperenlaces en internet".
28 ene 2011
Dentro de 50 años.
Por: Mex Urtizberea
Dentro de 50 años por Mex Urtizberea
Dentro de cincuenta años poco va a importar cuánta gente fue a la plaza, dará lo mismo quién ganó la batalla del rating este año, serán del olvido los bailes eróticos de Nazarena Vélez, los jugadores que no entraron en la lista para el mundial de Alemania, los legisladores que armaron su monobloque, y también El Código Da Vinci.
Lo que, definitivamente, sí estará presente es aquello que se haya hecho hoy por la educación.
Dentro de cincuenta años probablemente Kirchner sea el nombre de alguna avenida en Santa Cruz, Macri sea un apellido que se lea en una placa del club Boca Juniors o del Congreso, a Carrió se la podrá ver sólo en fotos, a Ben Laden en una estampilla de correo privado de Medio Oriente y a Bush en una estatua en una plaza perdida de Texas.
Lo que sí podrá verse, en vivo y en directo, y será imposible no ver, es lo que hoy se haya hecho por la educación.
Dentro de cincuenta años usted y yo seremos un recuerdo, o un olvido, pero no lo serán nuestros hijos ni nuestros nietos: para ellos será este país mal educado o bien educado, según lo que hoy se haga por la educación.
Dentro de cincuenta años no quedará ni rastro del debate sobre si está bien o mal que un niño use celular, si Maradona se droga o no se droga, si María Eugenia Ritó es mejor vedette que Emilia Attias.
Lo que sí podrá encontrarse en cada rincón del país son los rastros del debate que se necesita abrir hoy sobre la educación.
Dentro de cincuenta años no será más que un número lo que se invierte ahora en seguridad, no le servirá a nadie lo que se haya gastado en campañas políticas, no será ni recuerdo qué comportamiento tuvo la Bolsa este año o a cuánto cotizaba el dólar.
Lo que sí se notará visiblemente es lo que hoy se invierta para educación.
Dentro de cincuenta años usted y yo seremos el pasado, como lo serán Kirchner y Macri, Nazarena Vélez, Carrió y el autor de El Código Da Vinci, y María Eugenia Ritó y los jugadores del Mundial, pero no lo serán nuestros hijos ni nuestros nietos: a ellos les tocará un presente de país educado, según lo que se haga hoy por la educación.
Y quien haga hoy algo por ella, quien muestre verdadero interés y se ponga a trabajar ahora apasionadamente para mejorarla, extenderla, financiarla, multiplicarla, quien se desvele para que llegue a todas partes, para que nadie quede afuera por razones económicas o geográficas, para que tenga calidad y que la calidad sea gratis, quien entienda que un país mal educado es un país condenado a muerte, y modifique este destino, entonces su nombre no será del olvido: dentro de cincuenta años estará presente en todos los rincones del país, será recordado con admiración y respeto.
Y no será sólo estatua, o calle, o foto, o estampilla.
Dedicado a todos los que se dedican a la silenciosa tarea de educar.
27 ene 2011
Bibliotecarios, bibliotecas y cultura mainstream
“Dios ama a sus hijos, pero especialmente a aquellos que devuelven sus libros a tiempo”.
Francis O'Brien, Head Librarian. The Librarians. ABC TV Series
Los medios audiovisuales y editoriales reflejan en la mentalidad popular una visión de nuestra profesión y de nuestros lugares de trabajo muy característica y estereotipada, esto es, de “bibliotecas sin usuarios y personal casi siempre femenino, con gafas y moño” (Gómez Hernández J.A. y Saorín, T). Acompáñenme pues para sumergirnos en el maravilloso mundo de los extraños pero entrañables seres que habitamos entre estanterías y bases de datos.
El estereotipo del bibliotecario
Parece que el bibliotecario ha sido creado para atormentar al usuario, llegando a veces a límites kafkianos, como en la novela La caída del Museo Británico de David Lodge (1965). Los bibliotecarios combatimos este tópico a base de profesionalidad, adaptación a las nuevas tecnologías y sobre todo, grandes dosis de sentido del humor.
Sí, porque los bibliotecarios tenemos capacidad para reírnos de nosotros mismos, mal que le pese al bueno de Jorge de Burgos de El nombre de la rosa. Porque, quién mejor para poner orden en las bibliotecas públicas y hacer respetar la sagrada ley “decimal” que un bárbaro cimmerio. Y qué bibliotecario de fondo antiguo no ha tenido pesadillas conusuarios desaprensivos, que mutilan valiosos libros de horas. Pero quizá uno de los mejores retratos cómicos de los empleados de una biblioteca pública multicultural sea la de la sitcomaustraliana The librarians.
La cara amable del bibliotecario sale a relucir en la comedia clásica norteamericana en películas como Su otra esposa (Desk set, Walter Lang, 1957) con Spencer Tracy y Katherine Hepburn, donde asistimos a los primeros miedos a la automatización. Por su parte Peter Sellers en Juego para dos (Only two can play, Sydney Gilliat, 1962) se mete en la piel de un modesto bibliotecario y padre de familia. Y no podemos dejar de mencionar “Marian the librarian”, la escena memorable del musical Vivir de ilusión (The music man, Morton DaCosta, 1962). La cara gótica nos llega de la mano de un bibliotecario Jonathan Harker, quien es llamado por el conde Drácula (Christopher Lee) para catalogar su biblioteca personal (Horror of Dracula, Terence Fisher, 1958). La cara más sórdida pero cercana la tenemos plasmada en el testimonio gráfico y filmado de la vida del archivero hospitalario Harvey Pekar en American Splendor.
Los bibliotecarios en los cómics son héroes, pero también villanos. Y es que batgirl era bibliotecaria: Barbara Gordon (Yvonne Craig en la seriesixtie de TV) es la hija del comisario de Gotham City. Su rol fue concebido para atraer al público femenino y como contrapunto romántico de Batman, en respuesta a un presunto exceso de “camaradería” con su fiel compañero Robin. Batgirl es graduada en biblioteconomía y ha conseguido llegar al cargo de directora de la Gotham City Public Library.
Sin embargo, también hay malvados con hábitos bibliotecarios, como en el del cómic de Batman, La biblioteca de almas. En esta ocasión el hombre murciélago trata de aplacar la locura de un bibliotecario metido a asesino en serie, ocupado en marcar a sus víctimas con números de la clasificación decimal de Dewey.
¿Y cómo nos ven en el futuro? Los bibliotecarios somos vistos por el género SCI-FI como una especie en vías de extinción o directamente proscrita, como en Fahrenheit 451. Los “ciberbibliotecarios” han ido siendo sustituidos por computadoras y redes en un mundo cada vez más automatizado. El acceso a la información es cosa sólo de dos, un mega-ordenador y un usuario-programador, que interaccionan entre sí, a la manera de películas como 2001: Una odisea del espacio o el universo Tron.
La imagen de las bibliotecas
Con respecto al lugar que da cobijo al bibliotecario, las bibliotecas a menudo son concebidas en el ideario colectivo como silenciosos y venerables espacios, casi sagrados (Gómez Hernández J.A. y Saorín, T). Las novelas de horror gótico y de ficción histórico-detectivesca (así como sus remedos fílmicos) tienden a representarlas como espacios secretos, laberínticos , oscuros, lóbregos y polvorientos, óptimos escenarios para lo paranormal o para la comisión de crímenes, a menudo motivados por libros valiosos o prohibidos.
Y es que hay libros que matan, como el legendario fragmento de la Poética de Aristóteles de El nombre de la Rosa (Umberto Eco, 1980). Existen también peligrosos grimorios que conducen a la perdición, pero que aún así son ambicionados por inasequibles bibliófilos y bibliópatas, como el Libro de las Nueve Puertas del Reino de las Sombras de El club Dumas (Arturo Pérez-Reverte, 1993) o el Necronomicon, frecuentemente citado en los relatos de horror primigenio de H. P. Lovecraft.
Importantes bibliotecas languidecen por la acción del tiempo, la acumulación de polvo, la humedad y la inexorable labor de mina de un ejército de hongos, insectos y roedores. Otras han perecido abrasadas por virulentos incendios, fruto del descuido, pero también de la intolerancia manifiesta, como la histórica Biblioteca Alejandrina , cuyo final le sirvió a Umberto Eco de inspiración para su biblioteca encastillada en la abadía benedictina de El nombre de la rosa.
Hay no obstante bibliotecas que nos son más cercanas y que forman parte de nuestra vida cotidiana, como las públicas y universitarias, pero también otras que han surgido de la extensión bibliotecaria, como el bibliobús que aparece en Billy Elliot o la biblioteca de prisión de Cadena Perpetua, en donde puedes evadirte, aunque tan sólo sea a través de la lectura.
Bibliografía y fuentes
- SAORÍN, Tomás y GÓMEZ HERNÁNDEZ, José. A. et al. La información y las bibliotecas en la cultura de masas , 2001. Biblioteca Valenciana.
- MONTES, Agustín y GARCÍA, Soraya. La biblioteca en el séptimo arte. En Absysnet [en línea] <http://www.absysnet.com/tema/tema48.html> [Consulta 29/12/2010]
- PAZ VANES, Claudia. "Bibliotecas de cine: Una revisión de la imagen de las bibliotecas y los bibliotecarios en el Séptimo Arte (Tópicos y estereotipos). En “Scire” V. 8, nº 2 (2002).
<http://ibersid.eu/ojs/index.php/scire/article/view/1175/1157 >
<http://ibersid.eu/ojs/index.php/scire/article/view/1175/1157 >
- Un recopilatorio de artículos en línea muy completo aparecido en la lista de distribución Infodoc el 19 de nov de 2008 y replicada en un post del blog La biblioteca informa al bibliotecario de la Biblioteca de la Universidad Complutense.
- HUBARD, John Cultural images of librarians. Posteado en TK421.net (2004).
- HUBARD, John Cultural images of librarians. Posteado en TK421.net (2004).
- KNEALE, Ruth. Librarians and Pop Culture: What’s the Skinny, Anyway? In Oregon Library Association OLA Quarterly, Spring 2008, Vol. 14, Nº 1, p. 21-23
<http://data.memberclicks.com/site/ola/olaq_14no1.pdf>
<http://data.memberclicks.com/site/ola/olaq_14no1.pdf>
- The Hollywood librarian: a look at librarians through film. Sitio Web que promociona una película documental sobre la imagen de los bibliotecarios según la industria de Hollywood.
Blogs y foto-galerías
- El blog El documentalista enredado mantenido y alimentado por Marcos Ros-Martín y Maria Elena Mateo. Proporciona entradas que analizan películas con bibliotecas y bibliotecarios.
- Por último, un flickr monotemático
Manuel Pérez Rodríguez
Departamento de Preservación y Conservación
Fuente: http://www.bne.es/webapp/verPostBlog.htm?idPost=61&urlCms=/es/ComunidadBNE/Blogs/index.html
25 ene 2011
Los hábitos se aprenden: ve a la biblioteca
La Asociación de Bibliotecarios de Finlandia ha celebrado su centenario con promociones como esta. Habits are learned. Visit the library. Así reza el lema: los hábitos se aprenden. Ve a la biblioteca.
Y ojo: dice que se aprenden, pero no en el colegio, ni siquiera en la biblioteca escolar. Se aprenden desde la cuna, en la familia y en la biblioteca pública.
Fuente http://elblogdemiguelcalvillo.blogspot.com/
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