22 may 2015
10 SORPRENDENTES LIBROS ANTERIORES AL SIGLO XVIII
10 sorprendentes libros anteriores al siglo XVIII
Desde hace algunos años el mundo editorial ha sido testigo de extraordinarias propuestas que van mucho más allá de la publicación de libros tradicionales. Entre los experimentos que poco a poco he ido recopilando se incluyen libros que se plantan ‒aquí y aquí‒, que se comen ‒aquí y aquí‒, que se beben, que se fuman, que se autodestruyen, que crecen al ritmo de un embarazo, que cambian de temperatura o vibran dependiendo de su argumento, que te dejan que los abras dependiendo que la expresión de tu cara, que es capaz de saber tus emociones, etc. La tecnología, sin duda, ha ayudado mucho para que haya sido posible poner tanta creatividad al servicio de los libros. Sin ella, muchos de los ejemplos que he puesto, todos ellos actuales, no existirían.
Pero también se corre el riesgo de perder perspectiva y llegar a pensar erróneamente que la única manera de ser originales editando un libro es haber nacido en el siglo XXI en adelante. Y para nada es así. En el pasado, mucho antes de que hubiera tanta tecnología, también se hacían auténticas virguerías libreras. Para demostrarlo hoy traigo diez sorprendentes libros anteriores al siglo XVIII y a la Revolución Industrial. Para ello he echado mucha mano del Tumblr de Erik Kwakkel, un historiador holandés especializado en manuscritos antiguos y en paleografía al que recomiendo de todo corazón no perderle la pista.
El libro circular en miniatura
El hecho en sí de ser una miniatura ya convierte a un libro en una joya, pero si además es circular es todavía más impresionante. Este libro es el Codex Rotundus y fue elaborado en torno a 1480. Se trata de un libro devocional cristiano escrito en latín y en francés. A pesar de ser medir solo 9 centímetros de diámetro consta de 266 páginas. Como la columna vertebral del libro solo mide 3 centímetros el libro debe mantenerse unido por 3 broches. Los cierres son monogramas con la forma de diferentes letras del alfabeto gótico. El creador del Codex Rotundus, un pintor anónimo de Brujas, no solo hizo un espectacular diseño con el texto el texto sino que pintó 30 iniciales excepcionales.
El pop-up medieval
El 3D y los pop-ups parecen un invento de anteayer pero ni mucho menos es así. Este pop-up fue impreso en 1482, muy poco después de que Gutenberg inventara la imprenta. El ejemplar muestra el movimiento de la luna con la ayuda de una una serie de ruedas de papel que flotaban delante de la página. Es sorprendente que con solo dos décadas de experimentación con la imprenta pudiera crearse algo así, un libro que puede considerarse como uno de los primeros pop-ups del mundo occidental.
El libro-faja
Este tipo de libro era un volumen portátil que una persona podría meter debajo de su faja o de su cinturón. Un nudo de cuero formaba parte de la cubierta exterior para sostener el libro detrás de la cinta. De esa manera el libro estaba colgando boca abajo, por lo que el propietario podía recogerlo y leer en cualquier momento, sin necesidad de quitar el libro de debajo del cinturón. Los libros faja fueron comunes en Alemania y los Países Bajos entre 1400 y 1550. Este en concreto fue editado en 1508, aunque la cubierta exterior con el nudo fue añadido en 1589.
Los libros siameses
Esta extraña encuadernación llamada «dos-à-dos» ‒espalda con espalda‒ se produjo casi exclusivamente en los siglos XVI y XVII. Los libros así encuadernados se presentan como si fueran dos hermanos siameses: son libros distintos pero están unidos por una parte de la encuadernación. Dos libros no se unen así de forma caprichosa: sus contenidos están muy relacionados y a menudo son incluso complementarios, como un libro de oraciones y un salterio, o uno del Antiguo y del Nuevo Testamento. El tipo de encuadernación permite al lector a consultar pasajes de los dos libros a la vez: mientras se lee uno de los textos basta con darle la vuelta al libro para consultar el otro. Esta técnica puede aplicarse con libros tantas veces como se quieran, llegando a unir hasta siete ejemplares distintos.
El libro que se puede leer de seis maneras distintas
Se trata de una sorprendente variación de los libros siameses editada en algún momento a finales del siglo XVI. Con los libros siameses se podían unir hasta siete libros distintos, pero saltaba a la vista que eran diferentes libros. Este, sin embargo, contiene seis libros escondidos con una única unión y con la apariencia de un solo ejemplar. Son todos los textos devocionales impresos en Alemania durante la década de 1550 y 1570 ‒incluyendo el Der kleine Catechismus de Martín Lutero‒ y cada uno de ellos se cierra con su propio pequeño broche.
El libro con arte escondido en el canto
Este tipo de libros se volvieron virales hace algún tiempo. Los cantos de los libros ‒tanto el superior y el inferior como el lateral‒ son sitios muy populares para la decoración de libros, desde la Edad Media hasta nuestros días. Los ejemplos más antiguos datan del siglo XIV, y suelen ser dibujos muy sencillos, como escudos de armas o alguna sentencia. La técnica se perfecciona a partir de los siglos XVI y XVII y los cantos pasan a convertirse en lienzos para espectaculares pinturas. Especialmente famosa es la colección de libros propiedad de Odorico Pillone, que encargó no menos de 172 dibujos para su biblioteca y que hoy en día cuestan una fortuna. Si nos acercamos al siglo XX, podemos encontrar esta práctica en Johns Hopkins, que decoró un ejemplar de A.A. Milne.
El libro hecho con piel humana
Por increíble que parezca, la práctica de encuadernar libros con piel humana no es solo una siniestra leyenda negra. Muy al contrario, se convirtió en una práctica habitual entre los siglos XVII y XIX, casi siempre vinculada a criminales a los que se les quitaba la piel después de ser ejecutados. En la década de 1830, por ejemplo, se le quitó la piel a un asesino para encuadernar un volumen con las obras poéticas de John Milton. El ejemplar de la imagen data de principios del siglo XVII y fue encuadernado con la piel del sacerdote Padre Henry Garnet, que fue ejecutado en 1606 por su papel en la Conspiración de la Pólvora. Paradójicamente, el libro impreso con la piel de Garnet trataba sobre la historia de esa conspiración. Muchos de estos ejemplares se conservan en bibliotecas y museos de todo el mundo y cada uno de ellos tiene una historia que, lógicamente, coincide al menos en parte con la del dueño de la piel.
El libro de casi dos metros
En concreto mide 1,75 metros de altura y se trata de uno de los libros más grandes jamás editado. Este libro, llamado Atlas Klencke, fue un regalo que hizo en 1660 el profesor de Amsterdam Johannes Klencke al rey inglés Carlos II. Los grandes mapas de este tipo de ejemplares solían estar destinados a ser cortados y pegados en la pared, algo que con este ejemplar no ocurrió. Para moverlo hacen falta por lo menos seis personas, así que no es apto para llevarlo a la playa como lectura veraniega.
El libro que es una biblioteca portátil
De este ya he hablado alguna vez. Sí, quizá el ebook sea un concepto del siglo XX, pero lo de guardar muchos libros dentro de un solo libro no es para nada algo moderno. En el siglo XVII se puso de moda entre los extremadamente ricos fabricarse pequeñas bibliotecas portátiles con forma de libros para poder leer con comodidad durante sus viajes. La de la imagen es una biblioteca del siglo XVII, encontrada en la Universidad de Leeds, y que se sospecha que podría ser una de las primeras del mundo. Se trata de una caja de madera con forma de libro, del tamaño de un folio y encuadernado en cuero marrón, que alberga tres pequeños estantes con cincuenta libritos en perfectas condiciones, encuadernados en vitela, de letras y cantos dorados. Contiene todo lo que podría interesar a un amante de la cultura de la época: desde historia y poesía hasta teología y filosofía, pasando por autores clásicos como Cicerón, Virgilio, Ovidio, Séneca, Horacio o Julio César.
El libro convertido en retrete portátil
Los libros se han reciclado en todas las épocas. En los siglos XVI y XVII, por ejemplo, se cortan manuscritos medievales para reforzar encuadernaciones. Sin embargo, pocas veces se llega al extremo de esta copia de la Historia universal, que en el siglo XVIII se convirtió en un retrete portátil. Este singular libro se abre desplegando dos tablas de roble dejando una tercera tabla, con un agujero en el centro, lista para ser usada. El ejemplar salió a subasta en 2008. Podría afirmar que es el sueño de cualquier amante de los libros, aunque no sé si atreverme a decir que cualquier amante de los libros sueña con hacer sus necesidades encima de uno de ellos.
Fuente bibliográfica
GAMERO, ALEJANDRO 2015. 10 sorprendentes libros anteriores al siglo XVIII. La piedra de Sísifo [en línea]. [Consulta: 22 mayo 2015]. Disponible en: http://lapiedradesisifo.com/2015/05/19/10-sorprendentes-libros-anteriores-al-siglo-xviii/.
¿Son nuestros jóvenes demasiado dependientes de Internet?
La privacidad es una preocupación, pero se asume el riesgo porque el que no está en las redes sociales no existe y eso es mucho peor que una foto tuya comprometida circule por el ciberespacio.
Efectivamente las cifras de la encuesta afirman que el 58% de los jóvenes reconocen que los riesgos que supone el uso de Internet, como elciberbulling, son mucho más frecuentes de lo que se piensa. Incluso un 41% ha afirmado que el acoso por parte de adultos a menores es constante. Tan soloun 20% se mantiene al margen de estos peligros y dice no sufrirlos.
Es también interesante conocer el estado de dependencia que estos jóvenes tienen de la Red, ya que el 90% de los 800 jóvenes entrevistados para el estudio afirma no sentirse personalmente dependientes de las redes sociales. Tan solo el 7% reconoce estar francamente enganchado a ellas. Sin embargo si se les pregunta por el nivel de dependencia de otros jóvenes de su generación el 85% afirma que existe un sometimiento a la tecnología y las redes sociales muy alto entre amigos y compañeros. Quizás vean más la paja en el ojo ajeno y como ocurre con otras adicciones, no terminen de reconocer que realmente están enganchados a Internet. Incluso el 60% responde que no le afectaría en absoluto carecer de conexión. Sin embargo, más de la mitad de ellos reconoce haber sentido la necesidad de desconectarse debido a la saturación que les provoca la frenética actividad de las redes sociales.
Contradictorio, pero lógico si tenemos en cuenta que la percepción general de alguien que ha crecido usando la tecnología es que Internet no es un objeto que cree dependencia, sino un medio tan habitual y necesario como coger el autobús o ir a clase.
Foto: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.
El estudio también nos ofrece una fotografía, un selfie, sobre la tipología de comportamiento de estos jóvenes internautas y nos propone 4 tipos:
- Jóvenes integrados en la Red: Con un mayor porcentaje, el 26,9% de los jóvenes, agrupa a los que piensan que las tecnologías tienen grandes ventajas y las aprovechan, pero no hacen un uso intensivo de ella. Tampoco reconocen que haya una mayor pérdida de intimidad o seguridad en Internet que la que pueda haber en la calle.
- Jóvenes experimentados: Defensores a ultranza del uso de las redes sociales y de la forma de relacionarse en ellas, minimizando los posibles riesgos. Son capaces de ver las ventajas de la combinación del mundo online y offline. Nunca se sienten saturados de la Red, ni creen padecer adicción. Es el grupo que más aprovecha el medio y el que más participa en todo tipo de foros, blogs, juegos online, envío de información y fotos, etc. Corresponde al17,5% de los jóvenes.
- Jóvenes pragmáticos: Corresponde al grupo más numeroso, el 30,1% de los jóvenes y en ellos confluyen tanto la necesidad imperiosa de usar las tecnologías, como el reconocimiento de que Internet les absorbe demasiado y de que en algunas ocasiones pueden estar en riesgo.
- Jóvenes tecnófobos: Agrupa al 12% y mantienen un discurso negativo frente a las redes sociales, valorando las relaciones “cara a cara” como de mayor calidad afectiva. Aunque tienen cuentas apenas las mantienen y tienen una mayor conciencia de los peligros del ciberespacio.
Si valoramos para qué usan la Red estos jóvenes vemos que es para ellos una buena herramienta de búsqueda de información, pero también es una de sus mayores fuentes de ocio y diversión. Una gran mayoría de ellos suelen ser participativos en las redes sociales, sin embargo la preferencia es el cotilleo. Un 81% suele pasar más tiempo viendo los perfiles, fotos y comentarios de otras personas que aportando los suyos propios.
En la siguiente infografía elaborada por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud podemos ver los datos más claramente:
Fuente bibliográficaEstudio sobre jóvenes e Internet | Toyoutome. [en línea] 2015. [Consulta: 22 mayo 2015]. Disponible en: http://toyoutome.es/blog/son-nuestros-jovenes-demasiado-dependientes-de-internet/36054.
18 may 2015
Descubre si eres un 'tecnoadicto'
Por definición, la tecnoadicción se refiere al uso patológico o la dependencia de lastecnologías de la información y comunicación (TIC). Es una adicción comportamental, esto es, la realización de una conducta que por sí misma no es perjudicial, pero que se torna problemática por su ejecución excesiva y/o compulsiva, informa el portal web abc.es.
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Si bien el tema despierta interés en la comunidad científica, todavía es difícil identificar los signos propios del trastorno para poder diagnosticarlo. Por este motivo, Luque y Emanuel Aramburu –que realizan su proyecto de Doctorado– han elaborado una Escala Diagnóstica de Adicción a la Tecnología que permite detectar la adicción a la tecnología.
Señales de alarma
Entre los comportamientos a tener en cuenta para identificar un uso problemático de las TIC, se encuentran:
- Dedicar más de cinco horas a un uso no estrictamente necesario.
- Intentos fallidos de limitar el uso.
- Sentir euforia o alegría muy intensa por el uso de la tecnología.
- Irritación por la imposibilidad de uso o acceso, o por las interrupciones.
- Descuidar relaciones y actividades importantes.
- Críticas y quejas del entorno socio-familiar y laboral/educativo.
- Mentiras, ocultamiento y negación sobre el uso real que se hace.
- Aparición de problemas físicos (tics, alteración de la vista, cefaleas, malas posturas).
- Privación del sueño-comida a causa del uso.
- Sueño alterado e irritabilidad por descanso interrumpido.
Factores desencadenantes
Respecto a los factores que confluyen para desencadenar esta patología, Luque menciona la existencia de problemas emocionales como depresión, ansiedad y soledad, así como rasgos de una personalidad impulsiva, introvertida y rígida.
No obstante, reconoce la influencia de estímulos externos, como la falta de comunicación, la cultura consumista, la gran disponibilidad de productos, el abaratamiento de los costos y lo perecedero de las TIC. “Son el caldo de cultivo para generar nuevos adictos cada día”, sintetiza la investigadora.
Fuente bibliográfica
Averigua si eres un adicto a la tecnología. sipse.com [en línea] 2015. [Consulta: 18 mayo 2015]. Disponible en: http://sipse.com/novedades/como-saber-si-soy-adicto-a-la-tecnologia-150982.html.
13 may 2015
Mi primer cheque de sueldo - Cuentos de bibliotecarios
Por: Fernando J. Pebe
“Bellavista tiene algunas avenidas muy parecidas a Barranco”, esa fue mi primera impresión mientras me desplazaba a mi primer centro de trabajo. Recientemente había terminado mis estudios de bibliotecología y ya tenía un trabajo donde desarrollar todo lo aprendido en la Escuela de Bibliotecarios. Mi colega de promoción Bartolomé Trejo Rodríguez, me había convocado para trabajar en la biblioteca escolar del colegio “San José” de los hermanos Maristas del Callao. Para ir de Barranco a Bellavista me tomaba algo más más de hora y media. Sin embargo eso no tenía mayor importancia para mí. Era cierto, cruzar medio Lima para llegar a mi primer centro de labores, era un viaje largo y tedioso, lleno de ilusiones y sueños juveniles. Gracias a mi colega oficialmente era mi primer empleo y debutar en una nutrida biblioteca escolar era todo un reto para mí.
Cuando me presente después de un breve saludo de bienvenida Bartolomé me asigno mi tarea diaria. Ver ahora a mi colega convertido en mi jefe, me causo una buena impresión, me dio más confianza para empezar mi carrera de bibliotecario profesional. Mi labor era catalogar todos los libros clasificados por mi colega. La papeleta de clasificación, las fichas catalográficas, las reglas de catalogación de la Library Congress bien aprendidas, y una vieja máquina de escribir “Remington”, era todo lo que necesitaba para cumplir mi importante tarea. Al principio me costó bastante trabajo dominar las vueltas de rodillo, los espacios, los puntos y las comas. Después de mucha práctica los juegos de fichas para el catálogo me salían perfectos.
Era el mes de julio, los escolares estaban en pleno exámenes de medio año y los hermanos maristas querían su biblioteca lista lo más pronto posible. El reordenamiento alfabético de las fichas catalográficas fue mi segunda tarea: fichas de autores, títulos y asuntos desfilaban como naipes por mis manos, directos al catálogo público. En quince días mi destreza para fabricar juegos de fichas era total. Bartolomé era de poco hablar y yo también, así que formamos un equipo de trabajo altamente productivo, solo había que poner el letrero de: “bibliotecarios trabajando”.
Pasado un mes de arduo trabajo me entregaron mi primer cheque. Recuerdo que por aquella época el sueldo básico era de 4,500 soles. Una fortuna para mi alicaída economía. Recuerdo que estaba entre emocionado y muy nervioso por cobrar mi primer cheque de sueldo. Nunca antes había realizado una gestión bancaria, por eso cuando ingrese a las oficinas del banco sus resplandecientes instalaciones me impresionaron, la limpieza y el orden eran de una clínica de lujo, el personal perfectamente uniformado. Después de algunos titubeos logre instalarme en la cola.
El cajero terminalista era un hombre de mediana edad, pulcramente vestido, bigotes recortados y rostro imperturbable. Cuando le toco atenderme se mostró muy amable y atento conmigo. Miro el cheque al revés y al derecho por algunos interminables segundos, yo pensaba que estaba buscando alguna razón para no pagarme. Hasta que por fin abrió la caja sacando un fajo de relucientes billetes los contó rápidamente, con la misma destreza con el que yo contaba mis fichas catalográficas. Me miró fijamente entregándome el dinero con una amigable sonrisa. Me retire del banco elogiando la buena atención de cajero, pensando que esa era la imagen que debería proyectar cuando atendiera a mis lectores.
Con mi pequeña fortuna en el bolsillo, regrese presuroso al colegio, me escondí entre los estantes de libros y saque del bolsillo con gran orgullo mi fajo de billetes, ver todo ese dinero en mis manos me causo una gran satisfacción, mientras hacia una relación mental de todo lo que me podría comprarme con mi primer sueldo. Pero cuando lo reconté me di con la ingrata sorpresa de que me faltaba un billete de quinientos soles. El muy sinvergüenza del cajero me había robado en mi propia cara. Pero eso no pareció importarme, porque había cobrado mi primer cheque de sueldo, producto de mi esforzado trabajo en una biblioteca escolar.
Bellavista, invierno del 76
Cuando me presente después de un breve saludo de bienvenida Bartolomé me asigno mi tarea diaria. Ver ahora a mi colega convertido en mi jefe, me causo una buena impresión, me dio más confianza para empezar mi carrera de bibliotecario profesional. Mi labor era catalogar todos los libros clasificados por mi colega. La papeleta de clasificación, las fichas catalográficas, las reglas de catalogación de la Library Congress bien aprendidas, y una vieja máquina de escribir “Remington”, era todo lo que necesitaba para cumplir mi importante tarea. Al principio me costó bastante trabajo dominar las vueltas de rodillo, los espacios, los puntos y las comas. Después de mucha práctica los juegos de fichas para el catálogo me salían perfectos.
Era el mes de julio, los escolares estaban en pleno exámenes de medio año y los hermanos maristas querían su biblioteca lista lo más pronto posible. El reordenamiento alfabético de las fichas catalográficas fue mi segunda tarea: fichas de autores, títulos y asuntos desfilaban como naipes por mis manos, directos al catálogo público. En quince días mi destreza para fabricar juegos de fichas era total. Bartolomé era de poco hablar y yo también, así que formamos un equipo de trabajo altamente productivo, solo había que poner el letrero de: “bibliotecarios trabajando”.
Pasado un mes de arduo trabajo me entregaron mi primer cheque. Recuerdo que por aquella época el sueldo básico era de 4,500 soles. Una fortuna para mi alicaída economía. Recuerdo que estaba entre emocionado y muy nervioso por cobrar mi primer cheque de sueldo. Nunca antes había realizado una gestión bancaria, por eso cuando ingrese a las oficinas del banco sus resplandecientes instalaciones me impresionaron, la limpieza y el orden eran de una clínica de lujo, el personal perfectamente uniformado. Después de algunos titubeos logre instalarme en la cola.
El cajero terminalista era un hombre de mediana edad, pulcramente vestido, bigotes recortados y rostro imperturbable. Cuando le toco atenderme se mostró muy amable y atento conmigo. Miro el cheque al revés y al derecho por algunos interminables segundos, yo pensaba que estaba buscando alguna razón para no pagarme. Hasta que por fin abrió la caja sacando un fajo de relucientes billetes los contó rápidamente, con la misma destreza con el que yo contaba mis fichas catalográficas. Me miró fijamente entregándome el dinero con una amigable sonrisa. Me retire del banco elogiando la buena atención de cajero, pensando que esa era la imagen que debería proyectar cuando atendiera a mis lectores.
Con mi pequeña fortuna en el bolsillo, regrese presuroso al colegio, me escondí entre los estantes de libros y saque del bolsillo con gran orgullo mi fajo de billetes, ver todo ese dinero en mis manos me causo una gran satisfacción, mientras hacia una relación mental de todo lo que me podría comprarme con mi primer sueldo. Pero cuando lo reconté me di con la ingrata sorpresa de que me faltaba un billete de quinientos soles. El muy sinvergüenza del cajero me había robado en mi propia cara. Pero eso no pareció importarme, porque había cobrado mi primer cheque de sueldo, producto de mi esforzado trabajo en una biblioteca escolar.
Bellavista, invierno del 76
Internet: Descubre si te están robando el WiFi en dos pasos y cómo evitarlo
Conexiones más lentas, páginas que no cargan, la señal de la radio online que se interrumpe justo cuando nuestro equipo va a marcar el gol de la victoria. Puede que sea un problema técnico, pero también puede que alguien nos esté robando el WiFi. Un 12,5% de los usuarios deja su red desprotegida y/o desconoce su estado, y casi un 26% ignora con qué sistema está asegurada, según el últimoEstudio sobre la Ciberseguridad y Confianza de los hogares españoles, realizado por el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información (ONTSI) y el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE),
¿Wi-fi público? Protégete
Los expertos de seguridad informática advierten que las redes Wi-fi disponibles en espacios públicos son un blanco fácil para los ciberdelincuentes, ya que muchas veces tienen una seguridad muy débil. Para defendernos, debemos eliminar el historial de las redes a las que nos conectamos. “Hay que tener el menor número posible de redes almacenadas, porque los atacantes las conocen y podrían suplantarlas. Se suelen poder borrar desde la pantalla de configuración”, explica Raul Siles, analista en Dinosec.
La Oficina de Seguridad del Internauta (OSI) sugiere también que evitemos comprar online e intercambiar datos sensibles a través de conexiones abiertas. Además, nos invita a comprobar que la señal a la que nos vayamos a conectar sea la oficial del lugar en el que estemos, a mantener nuestros dispositivos actualizados e intentar conectarnos a páginas provistas de certificado de seguridad (https://).
Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas, advierte que la cuestión va más allá de la molestia causada por tener una conexión más lenta. “El problema surge cuando los hackers convierten tu ordenador en un PC zombi: toman el control de tu dispositivo para hacer phishing, generar spam o cometer cualquier otro tipo de delito con nuestra dirección IP”, asegura.
El robo del WiFi representa una falta administrativa penada con una sanción pecuniaria solo cuando supera los 400 euros de facturación, explica Jorge Oria del despacho Abril Abogados. Sin embargo, si la conexión se usa cómo vehículo para cometer crímenes —sustraer números de tarjetas de crédito, suplantar la identidad o descargar pornografía infantil, por ejemplo—, el Código Penal prevé penas de reclusión de entre seis meses y tres años. Lo peor, explica Oria, es que se trata de circunstancias difíciles de detectar: “Generalmente lo descubrimos solo cuando nos vienen a detener”.
Por todas estas razones es recomendable tener bajo control nuestra conexión, así como reforzar su seguridad para evitar sorpresas.
1. Cómo descubrir al intruso
Una conexión más lenta es solo una de las señales que nos deben de hacer saltar las alarmas. Marcos Gómez, subdirector de operaciones de INCIBE, explica que otro indicio nos lo dan los errores al cargar páginas con una alta disponibilidad de servicios, como Google. “Además, si no tienes ningún dispositivo conectado y el router parpadea mucho, preocúpate”, alerta.
Herramientas gratuitas online. Para descubrir si alguien más está utilizando nuestra señal, Víctor Domingo aconseja rastrear nuestra red a través de una serie de softwares gratuitos. Existen métodos específicos para Microsoft Windows (Wireless Network Watcher o Microsoft Network Monitor), así como para Apple (Mac OS X Hints) y dispositivos móviles o Android (Fing, Network Discovery, Net Scan) e iOS (Fing, IP Network Scanner, iNet). La desventaja de estas herramientas es que detectan solo los equipos que están conectados a nuestra red en el preciso instante en el que realizamos la verificación.
Accede al registro del router. Para acceder a la interfaz de administración del router, hay que teclear su dirección IP en la barra del navegador. Esta —normalmente 192.168.1.1— se encuentra en la información proporcionada por el fabricante; en alternativa la podemos averiguar dándole al botón inicio y tecleando cmd en el espacio donde aparece la lupa. En el recuadro que se abre, introducimos el comando ipconfig /all y después intro. Los números que se corresponden a la voz puerta de enlace predeterminada son la dirección IP de nuestro router. En un dispositivo Apple, en la lupa digitaremos la palabraterminal y luego netstat –r. La dirección aparecerá bajo la voz gateway. Llegados a este punto, copiamos la dirección en la barra del navegador. Se abrirá la interfaz de configuración del router. El nombre de usuario y contraseña suelen estar apuntados en el manual del router o en la pegatina que está debajo de ello. Si no los encontramos, podemos buscarlos en las páginas que los recopilan según la marca y modelo del router.
Ahora viene el momento de buscar el historial de los dispositivos que se hayan conectados a nuestro Wi-Fi. Lo encontraremos, generalmente, en el apartado DHCP o en el registro de los equipos asociados a la red. Ya que la IP de nuestros aparatos puede cambiar, hay que identificar al intruso a través de la dirección MAC, es decir, la dirección física de cada dispositivo. Este número, de 12 caracteres entre cifras y letras, ya nos ha aparecido anteriormente al ejecutar el comando ipconfig /all bajo la voz dirección física —para que aparezca en Apple, tras digitar netstat –r, tendremos que escribir ifconfig seguido por el nombre de la tarjeta asociada (que aparece bajo la voz netif) y buscar el número asociado a la palabra ether—. Otra forma para averiguar este código, tanto en ordenadores como en móviles y tabletas, es entrando a las opciones avanzadas de las propiedades de la tarjeta de red.
2. Fortalece la seguridad de tu conexión
Cambia el nombre y la contraseña de la red. Raul Siles, exalumno de laEscuela Técnica Superior de Ingenieros Informáticos y fundador de la empresa de seguridad informática Dinosec, sugiere que cambiemos el nombre de nuestra red (SSID) —por defecto proporcionado por el fabricante—, así como su contraseña. “En lugar de una palabra, es mejor una frase superior a los 20 caracteres. Por ejemplo: estaeslaclavedeseguridaddemicasa. Será más difícil de averiguar y más fácil que nos acordemos de ella”, sugiere. Para aumentar aún más la seguridad, Siles aconseja modificar también la contraseña de acceso a la interfaz de administración del router.
Refuerza el protocolo de seguridad. El mejor sistema para proteger nuestra red doméstica es el protocolo WPA2-PSK, recomienda Siles. “Éste se selecciona en la interfaz del router. Si la configuración nos permite modificar también el encriptado, tenemos que elegir la opción AES”, añade.
Usa el filtro MAC. La empresa de seguridad informática Kaspersky aconseja incluir en el panel de administración del router las direcciones MAC de nuestros dispositivos, de modo que sean los únicos “autorizados” a conectarse a la red. El inconveniente de este sistema es que tendremos que cambiar la configuración del aparato todas las veces que tengamos que conectar un nuevo dispositivo, por ejemplo cuando algún huésped nos pida utilizar nuestra señal.
Inhabilita la administración remota y oculta tu red. Marcos Gómez, de INCIBE, sugiere modificar la configuración del router para que podamos acceder a su interfaz solo a través del cable LAN y no por red inalámbrica. Antes habrá que averiguar si nuestros dispositivos tienen puerto de acceso para el cable, ya que las tabletas y algunos modelos de portátiles no disponen de ello. “También puedes elegir ocultar tu router, para que nadie lo vea”, añade Gómez: “Y, si te vas de vacaciones, apágalo, por si hay algún listo que quiere aprovechar de que te has ido para hacer lo que quiera”.
Fuente bibliográfica
DELLE FEMMINE, LAURA 2015. Descubre si te están robando el WiFi en dos pasos y cómo evitarlo. EL PAÍS [en línea]. [Consulta: 13 mayo 2015]. Disponible en: http://economia.elpais.com/economia/2015/05/11/actualidad/1431340516_673205.html.
8 may 2015
Equivalencias AACR2 - Reglas de Catalogación - RDA
RDA en la BNE
Equivalencias AACR2 - Reglas de Catalogación - RDA
Desde la publicación de RDA, la BNE ha llevado a cabo un trabajo minucioso para detectar diferencias y equivalencias entre RDA y otras normas de especial relevancia para el ámbito bibliotecario español. Se comparó RDA con AACR2 y las Reglas de Catalogación españolas en lo relativo a la elección y forma del punto de acceso, tomando en cuenta no sólo coincidencias o diferencias, sino también aquellos casos de reglas españolas que no tienen regla equivalente en AACR2 ni RDA.
Equivalencias - Elección de puntos de acceso (pdf)
Equivalencias - Forma de los puntos de acceso (pdf)
- NOTA: Estos mapeos son de 2010, ciertas reglas RDA están desactualizadas respecto al texto actual.
Fuente: http://www.bne.es/es/Inicio/Perfiles/Bibliotecarios/Procesos-tecnicos/NormasInternacionales/RDA/RDA-BNE/equivalencias.html
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