12 may. 2008

Disciplina sí, pero con límites.


Inmaculada Tapia, EFE

Ser estricto se ha convertido en una tarea no muy agradable cuando se trata de marcar límites. El imponer normas a niños y adolescentes no es tarea fácil, pero si muy necesaria. A veces hay que realizar un elogio de la disciplina para poder llevar una vida cotidiana saludable y todo esto se puede lograr sin ser estrictos, pero eso sí, dejando claro algunos puntos.

El camino de la educación

Cuando se desea disfrutar de libertad, es importante hacer hincapié que dentro de esta existen responsabilidades que van de la mano de normas de respeto y de madurez. Tratar de educar a un niño representa un gran reto. El psicólogo Javier Urra asegura que la "bofetada no es eficaz" en la educación de los menores pero que, sin embargo, deben ser adecuadamente sancionados para evitar que se conviertan en tiranos y maltraten a sus padres.
Urra señala que la "sanción es parte de la educación" en la que hay que "poner límites, saber decir no y enseñar lo que es la frustración", ya que de lo contrario existe el riesgo de que el niño adopte actitudes violentas.

Autodisciplina

Bernhard Bueb ha dedicado toda su vida profesional a la educación en Alemania. Este prestigioso pedagogo afirma que “la libertad no es ningún estado, ninguna condición, sino el fruto que uno logra tras fases de superación personal y de la transformación de la disciplina en autodisciplina”.
Es su libro “"Elogio de la disciplina”", señala que si se desea que los niños y los jóvenes adquieran autodisciplina, es necesario dar una serie de instrucciones y medidas que establezcan límites.
Esta es una cuestión que se da en todo tipo de sociedades, mismas que buscan cómo dar una buena educación a los hijos. Los ambientes más conservadores y los liberales se enfrentan en conceptos básicos.



Perder autoridad

Bueb argumenta que uno de los problemas en la educación es la inseguridad que sienten los padres para establecer un método de conducta. “Se ha perdido la autoridad y así es fácil rebasar los límites”. El autor afirma que la educación es un camino lleno de contradicciones donde familia, profesores y educadores buscan un ofrecer justicia, disciplina, amor y confianza.
Lo que recomienda es que cuando se tome alguna decisión, a pesar de que surja la duda sobre si es la correcta, sean capaces de mantenerse firmes en lo que han decidido.

Una virtud, la coherencia

Bueb descubre una virtud decisiva para todo educador: la coherencia. Una coherencia que, si no se mantiene, a la larga redundará en perjuicio del niño.
Hay que tener presente, que los pequeños siempre van intentar exprimir hasta el límite la paciencia de su educador para salirse con la suya, de esta manera el niño se da cuenta rápidamente que los criterios que se le marcaron en un principio se han diluido. Ahí es cuando quien educa debe de mantenerse firme en sus criterios de formación.
Su experiencia en el campo de la educación le ha servido para determinar que los jóvenes, a pesar de desear la mayor libertad posible, también buscan la autoridad, la disciplina como marco de atención.

“Es una manera de buscar orientación y apoyo para fijar objetivos. La oposición a la autoridad conduce a la autonomía”, señala.
“La coherencia requiere tiempo”, admite Bernhard Bueb. “La tranquilidad es fundamental para atender a un niño y sus necesidades. Si el pequeño se percata de que sus padres tienen prisa, los padres han perdido la partida. Comer con prisas impide enseñar buenos modales. La situación de emergencia que vive la educación también se deriva de la falta de tiempo”.
La espontaneidad de un niño se vive cuando se tiene tiempo de observar, así se puede conducir su actitud, su personalidad y su vida. Por ello es importante saber en qué momento se debe actuar con autoridad y cuando darles la oportunidad de expresarse con libertad.

Fuente: http://www.univision.com/content/content.jhtml?chid=10&schid=0&secid=1948&cid=1526535

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