20 jul. 2009

Fahrenheit 451, versión electrónica


19 de julio de 2009.- Como muchos otros convencidos del libro electrónico leo con preocupación la última estupidez de Amazon. La compañía se ha disparado en el pie al eliminar de cientos de Kindles dos obras. La empresa editora carecía de los derechos de publicación de estos libros y Amazon ha procedido a quitar las copias que se habían vendido de las memorias de los Kindle y ha restituido el dinero pagado por ellas en las cuentas de los usuarios.

Todo esto sin pedir permiso a quienes habían comprado de forma legítima las obras, que se han levantado por la mañana con dos libros menos en su "estantería digital". Para más cachondeo, los dos libros han sido 1984 y Rebelión en la Granja de Orwell.

Esto, como denuncia Lauren Weinstein, fundador del PRIVACY Forum, es similar a que Amazon se cuele en tu casa, robe los libros físicos que has comprado y deje en su lugar el dinero que pagaste por ellos. La compañía ha pedido perdón (aunque no restaurará las copias) y ha asegurado que nunca volverá a hacer algo parecido pero con su acción ha dejado ver dos problemas en la actual industria de la distribución de contenidos digitales.

Primero, que el comprador es menos importante que el proveedor de contenido. Amazon prefiere estar a bien con la editorial antes que con el usuario. Lo lógico hubiera sido informar a los que compraron las obras del problema, denunciar al editor que vendió los textos sin los derechos y, como mucho, ofrecer la posibilidad de recompra de los textos si alguien está interesado.

Segundo, que los usuarios compramos canciones, vídeos o libros electrónicos pensando que el modelo de propiedad es similar al del mundo analógico, pero muchas veces las tiendas incluyen cláusulas en los contratos de ventas —esas que nunca leemos- que dan a entender lo contrario. Al comprar un libro con Kindle estamos comprando derechos ilimitados de lectura pero no necesariamente tenemos posesión de le obra o si la tenemos puede ser revocada por Amazon. A esto hay que añadir los famosos DRM, que impiden hacer con el libro digital algo tan básico y normal como prestar el libro a un amigo.

Ha costado bastante esfuerzo crear plataformas donde la gente se sienta segura a la hora de comprar contenido digital. Personalmente alabo la iniciativa de Kindle porque está abriendo el libro electrónico al gran público. Yo utilizo un libro electrónico de Sony porque considero que el modelo de Amazon es muy cerrado (en mi Sony puedo introducir los textos que quiera de diferentes fuentes) y la descarga inalámbrica de Kindle, una de sus mejores características, está limitada a EE.UU.

Pero si de repente empezamos a cambiar los términos de algo tan sencillo como debe ser que cuando se compra algo, ese algo pasa a ser de tu propiedad todo este esfuerzo va a irse al garete. Si una copia ilegal de un libro me permite hacer lo que debería ser justo hacer con un libro de mi propiedad y la copia legal no, me van a faltar segundos para arrancar el programa de descarga de torrents.

Tal y como está planteado todo este asunto en la actualidad, quienes pagan por la música (afortunadamente la industria musical ha cambiado bastante en el último año y varias tiendas ya ofrecen canciones sin DRM), las películas y los libros son los que obtienen copias más limitadas y con esta metida de pata de Amazon no sólo se pone de manifiesto esto, sino que se añade un nada tranquilizador componente de censura. ¿Qué pasará si un día un gobierno pide a Amazon que elimine de los Kindle una lista de "libros prohibidos", comprados de forma legítima? ¿En qué se diferencia esto de amontonarlos en la calle y encender una cerilla?

1 comentario :

Anónimo dijo...

Bueno, dejó mi comentario.
No compres libros digitales, visita una biblioteca y adquiere un libro analógico.

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