4 jun. 2015

Buscar y pedir libros, un hábito que no afloja

Pese a internet y las nuevas tecnologías, los centros de lectura reciben cada día más personas interesadas en leer en papel.
























Muchos tal vez crean que el avance de internet haya decretado poco a poco la muerte de la bibliotecas. La idea no parece tan exagerada, pero si alguien la tuvo o la tiene debería saber que está muy pero muy equivocado: a pesar de lo que se pueda suponer, en plena era digital las bibliotecas públicas de la Ciudad gozan de buena salud y, lejos de perder protagonismo, atraen cada vez a más lectores.

Desde los centros populares más modestos que se expanden por los barrios hasta la imponente biblioteca de la UNLP con sus más de medio millón de títulos, en casi todas se pinta el mismo panorama: buscar y pedir libros sigue siendo un hábito vigente, muy vigente. Y el diagnóstico incluye no sólo al pedido tradicional para consultar de libros, sino también a un público creciente que responde a un calendario cada día más nutrido de actividades culturales y encuentros recreativos.
“En estos momentos la cantidad de usuarios está en aumento, y si tengo que buscar alguna razón del crecimiento creo que se debe al precio de los libros. Por 30 pesos bimestrales, que es lo que sale la cuota societaria, los usuarios retiran libros de 400 pesos o más”. Quien lo dice es Vanesa Ramírez Caruso, directora de la biblioteca popular Euforión, creada en 1927 y, con su acervo de 52 mil libros, una de las más tradicionales de la Ciudad. Actualmente tiene unos 600 usuarios, quienes pueden retirar hasta 6 libros por vez con préstamos de 15 días.
“En estos momentos la cantidad de usuarios está en aumento, y si tengo que buscar alguna razón creo que se debe al precio de los libros”

“Los libros online tienen éxito pero no desplazan al libro en papel -asegura Vanesa-. Algunos lectores prefieren leer del papel por una cuestión de comodidad, y otros porque no tienen acceso a una computadora. En mi opinión, creo que los libros en papel y las bibliotecas no desaparecerán porque, gracias a las herramientas 2.0, precisamente, la difusión sigue creciendo en los ámbitos donde se encuentra la gente, como por ejemplo las redes sociales”.
No tan distinto es lo que opina Lorena Possidente, bibliotecaria del centro Florentino Ameghino y para quien “la lectura en papel resiste sencillamente porque aún hay muchos lectores que la siguen eligiendo”. Allí, los casi 2300 socios del lugar tienen a su disposición algo más de 32 mil ejemplares.
“Las nuevas tecnologías no son enemigas de las bibliotecas -sostiene por su parte Norma Mangiaterra, directora de la Biblioteca Pública de la UNLP-. Más bien lo contrario: son complementarias y ayudan para que el número de lectores vaya en franco aumento” (ver “Una multitud”).
Alumnos de escuela, universitarios que buscan libros sobre historia o derecho o simples lectores de ficción que andan detrás de la novela de moda o de aquella historia que alguien alguna vez le contó. Los perfiles, se coincide desde los distintos centros, son muy variados y van desde los más grandes a los más chicos. Algunos por obligación, porque los profesores piden que se busque la información en los libros y no en internet. Otros, como dice Vanesa desde la biblioteca Euforión, porque la ecuación económica siempre vuelve más barata a una biblioteca. Y otros, muchos otros, sólo porque les gusta pasearse entre los estantes plagados de libros y perderse en la silenciosa pasividad que ofrece la sala de lectura de cualquier biblioteca.
“Nuestros usuarios son en mayor medida universitarios y docentes -apunta Mangiaterra-, pero vemos una presencia notable de lectores particulares que hacen uso del fondo documental y retiran obras en préstamos, consultan publicaciones de la hemeroteca o hacen uso de las salas por el sólo placer de disfrutar de un lugar silencioso y bello como el que dispone la Universidad”.
Según la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (Conabip), organismo encargado de financiar y promulgar este tipo de instituciones, en el país hay algo más de 2 mil bibliotecas populares. En La Plata funcionan cerca de medio centenar. Complejos como el de la Universidad, como se dijo, reciben un promedio de algo más de 200 lectores al día en sus salas de lectura, pero tal vez el verdadero fenómeno se observe en las bibliotecas de barrio, esos centros populares que se mantienen gracias al aporte de los vecinos y que, en muchos casos, realizan una tarea que excede por mucho el simple hábito de prestar un libro.
La historia de estos lugares se remonta a los viejos ateneos y círculos obreros, aquellos en los que los militantes socialistas se reunían para difundir ideas positivistas y humanistas. Muchas de estas bibliotecas también fueron fundadas a instancias de Domingo Faustino Sarmiento, quien en 1870 creó precisamente la Conabip con la idea de fomentar la creación y el desarrollo de estas instituciones.
La magnitud del fenómeno y su permanencia en el tiempo, hace que convivan en un mismo movimiento bibliotecas con importantes infraestructuras con otras que funcionan apenas en una habitación, a la vez que las centenarias conviven con otras bibliotecas fundadas recientemente. Mientras algunas se levantan como centros culturales, otras son el único lugar de reunión vecinal; algunas cierran y vuelven a abrir gracias al rescate de sus vecinos, otras son centenarias sarmientinas y no hay quien las mueva, y todavía hay más como aquellas motivadas por difundir sólo la lectura: sea como sea, las bibliotecas populares son bien diversas y eso parece convertirlas en un espacio casi indispensables en el tiempo.
“Las nuevas tecnologías no son enemigas. Son complementarias y ayudan para que el número de lectores cada día aumente más”

Así las cosas, ya sea desde las salas de lectura de la UNLP o desde las habitaciones que tiene para ofrecer una modesta biblioteca de barrio, quienes timonean el rumbo de estos centros coinciden en que, contra cualquier cosa que se pueda suponer, el avance tecnológico de los últimos años favoreció la función de las bibliotecas, sean los complejos con gran volumen de ejemplares o los que crecieron como punta de lanza de las necesidades barriales, y que precisamente parte del boom de lectores y socios que se experimenta tiene su origen en el uso de las nuevas herramientas digitales, las cuales facilitan el acceso al libro buscado y ayudan, al fin y al cabo, a la organización de los catálogos que tienen para ofrecer.

Fuente bibliográfica
Buscar y pedir libros, un hábito que no afloja Diario El Día - La Plata, Buenos Aires, Argentina. www.eldia.com [en línea] 2015. [Consulta: 4 junio 2015]. Disponible en: http://www.eldia.com/informacion-general/buscar-y-pedir-libros-un-habito-que-no-afloja-60036. 

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