28 mar. 2008

¿Adiós a los libros?

Por Carmen Escobar

Señal de que el tiempo pasa y, sí pues, nos hacemos viejos es la cara de sorpresa que ponemos cuando un sobrino o hermano menor nos enseña sus trabajos escolares: pulcrísimos (sin señales de corrector líquido como en nuestros tiempos), con impresiones que parecen de revista (y no las clásicas láminas Huascarán que acompañaron nuestros años escolares) o, si la tarea es digital, con animaciones. Los escolares de estos tiempos... ¿la tienen más fácil?

Ni crea. El psicólogo Roberto Lerner afirma que, según su experiencia, los chicos de hoy siguen considerando a los libros como fuentes más confiables que Internet. Esta herramienta --dice-- se emplea principalmente para buscar información que, lo saben, no es la más confiable y para comunicarse con sus amigos. "El libro te brinda una experiencia afectiva e individual. Lo usas si quieres enriquecerte. Los mismos chicos me dicen que pasarse leyendo mucho tiempo en la pantalla de la computadora es dañino para los ojos", afirma.

Pensamiento que se puede comprobar en los resultados de la séptima encuesta anual sobre educación realizada por la Universidad de Lima (febrero del 2008). En esta, el 44% de entrevistados dice que, a pesar de lo que se cree, ellos consideran que la educación ha cambiado poco con el desarrollo de la tecnología.

¿Deben sentirse amenazados los bibliotecarios por los cambios tecnológicos? El especialista es optimista y señala que muchos de estos profesionales, junto con los maestros, aprovechan las ventajas que da Internet y otros avances para la realización de su trabajo y no lo ven como competencia.

¿Y CÓMO ES ÉL?
Somos los adultos quienes nos preocupamos más del impacto de la modernidad, mientras que los usuarios más jóvenes la viven con naturalidad. Como dice la educadora Carolina Torres, de la Universidad Católica, "manejar computadora, celular y grandes redes de comunicación no le causa dificultad al estudiante de hoy. Más bien son recursos que facilitan diversas formas de comunicación e información y, por otro lado, generan también cierta dependencia".

Se trata de chicos que --como dice Lerner-- están acostumbrados a la colaboración de otras personas que no necesariamente conocen cara a cara, a nuevas formas de socializar y a las relaciones que cambian constantemente de jerarquía según se actualice el conocimiento.

ATRÉVASE
El conocimiento brinda poder. De ahí que si nos mantenemos al margen de las novedades en tecnología, la relación con nuestros hijos cambie y no necesariamente para mejor. "Hay padres que se sienten subestimados por no dominar los recursos tecnológicos tanto como los hijos. Es recomendable que los padres se capaciten en el uso de estos para ir al ritmo del avance tecnológico", recomienda Torres. Aquí no vale quedarse al margen. No tema pedirles a sus hijos que le enseñen lo que saben y si le preocupa lo que puedan encontrar en la red, adviértales sobre los posibles riesgos, tal como lo haría al enseñarle a cruzar la calle.

Fuente: http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-03-02/adios-libros.html

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