7 ene 2011

El Secreto del Bibliotecario

por Lucía Isa Pagó                 

Subí con prisas las escaleras de la biblioteca, pues me acababan de comunicar que sólo quedaba un ejemplar del libro de Baroja que andaba buscando y sabía que pronto se lo llevarían.


Cuando llegué a la primera planta, abrí la puerta inundando de ruido la sala donde todos los estudiantes que se encontraban me contemplaron agradecidos por aquél segundo de distracción.
Me sumergí entre las estanterías escudriñando a fondo cada una de las baldas. Sin embargo, no fui capaz de encontrar a quien buscaba por lo que me acerqué a consultar al bibliotecario llenando de pasos el silencio.


Cuando llegué hasta él, quien se encontraba fingiendo que estaba haciendo algún asunto importante, me di cuenta de que aquél hombre con aires de intelectual y el cual podría haberse leído la biblioteca entera, no era de nuestra época. Era de un tiempo lejano en el que las bombillas eran escasas y los coches utopías. Lo supe en cuanto contemplé sus gafas minúsculas aparentemente útiles sobre su nariz aguileña y frente a sus párpados cansados. Su posible medio siglo de edad le había marcado con una calva hasta la mitad del cráneo como una prolongación de la frente que finalizaba en una cabellera larga juntada con gomina hasta la nuca. Su barba no tenía nada que envidiar a la de Marx o a la de Darwin, aunque ésta todavía conservaba algo del color castaño de la juventud que había sido devorada por las numerosas canas. Su traje con estampado a cuadros, su chaleco verde y corbata a juego, podrían ser perfectamente las piezas de colección de una exposición sobre principios del siglo XX. Como colofón a su atuendo, su sombrero, que reposaba tras él sobre un armario lleno de literatura.


Me preguntó algo molesto el motivo de mi presencia, ya que yo no había sido capaz de articular palabra. Susurré que me habían explicado que el libro que buscaba, “El Árbol de la Ciencia” de Pío Baroja, estaba en su planta. El bibliotecario, quien creía saberlo todo (o al menos eso pensaba yo, pues es lógico cuando se ha vivido más de ciento cincuenta años) me dijo que no había tenido noticias de la llegada de la obra de Baroja. Aún así, lo buscó en los archivos del ordenador, como cualquier persona del siglo XXI haría. Incluso llamó a algún superior para consultar el paradero del libro, pues parecía que nadie lo había devuelto a tiempo.



Mientras tanto, yo seguía examinando admirada a aquel curioso personaje y extrañada de que nadie más estuviera haciendo lo mismo.


Agarrado a su mano izquierda había un reloj de antes de que las horas se marcaran para el resto de los mortales. Pensé que tal vez ahí había guardado el secreto del tiempo o de la inmortalidad. Incluso de que aquello podría ser la mismísima máquina que le permitía viajar al pasado o al futuro en su caso. A lo mejor estaba en nuestra época para traer libros de antaño y en favor de la cultura de la humanidad.


Cuando terminó frustrado su conversación telefónica, me respondió de malos modos como pagando conmigo el hecho de que nadie devolviera los libros en la fecha señalada, que el libro no estaba disponible y que volviera otro día a por él.



Me pareció completamente absurdo, pues él mismo podría traerme al propio Baroja al presente o llevarme con él al momento en el que se publicó la obra que tanto necesitaba. Ante mi desesperación por conseguir “El Árbol de la Ciencia”, se me ocurrió preguntarle al más que centenario bibliotecario, si podría llevarme a su tiempo para poder hablar con el propio Baroja sobre su novela. El bibliotecario palideció, sabía de lo que le hablaba. Olvidando las normas de la biblioteca elevó la voz para sobresalto de los presentes y dijo: ¿¡Qué tonterías son esas, señorita!? No es ninguna tontería.- Respondí.-Sé que usted no es de aquí, si no de un tiempo lejano en el que los carlistas luchaban y la generación del 98 creaba un nuevo estilo. ¡Deje de decir sandeces!-Gritó enfureciéndose.- ¡Seguridad!-Y antes de que me diera cuenta, los de seguridad me conducían a la puerta prohibiéndome la entrada en el edificio.



Volví a casa con la sensación que deja la mentira, pues había desvelado el secreto del bibliotecario aunque él mismo lo negara, pero a pesar de todo, estaba orgullosa de ser la única en saberlo y la única capaz de guardárselo.

EL BIBLIOTECARIO Y EL ROBOT


El tomo que el ex bibliotecario tenía entre las manos se titulaba “Curso rápido de programación de robots”. No era una novela de ciencia-ficción, ni un poemario futurista, ni un tratado filosófico sobre cibercultura de los que tanto le gustaban. Era simplemente eso, un arduo manual para aprender a programar criaturas artificiales. 

Esa tarde había tenido el suficiente valor como para regresar a su antiguo lugar de trabajo con la idea de renovar aquel volumen. Lo había leído ya una vez, sin comprender absolutamente nada. Pero a pesar de ello necesitaba darle una segunda oportunidad.

Al otro lado del mostrador de la biblioteca había un robot de apariencia arácnida. Su cuerpo cromado estaba coronado por una miríada de ojos mecánicos que le servían para realizar múltiples tareas a la vez. El artefacto sostenía con cuatro de sus brazos otros tantos libros. Ojeaba sus páginas a toda velocidad. El ex bibliotecario se acordó de que había leído en alguna parte que una de las funciones en las que el robot superaba al profesional humano era al catalogar varias publicaciones al mismo tiempo. Un sentimiento de nostalgia invadió durante un instante el ánimo del ex bibliotecario. Se retrotrajo a los viejos tiempos, cuando su profesión aún tenía sentido. No le costó verse a sí mismo cinco años más joven, al otro lado del mostrador, atendiendo las peticiones de sus clientes, rodeado de montañas de libros. Tampoco pudo evitar trasladarse mentalmente un poco más adelante, hasta el día nefasto en que un anciano Steve Jobs presentó ante el mundo al “perfecto funcionario”. Una de aquellas arañas de cromo de Apple hizo gala de su inteligencia humana simulada y de su gran velocidad para procesar datos, leyéndose el “Romeo y Julieta” de Shakespeare en menos de diez minutos y presentando inmediatamente después un complejo análisis del clásico.

―Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle? ―dijo la araña con una voz femenina suave que chocaba con su fisonomía.
―Deseaba renovar este libro.

La araña cogió el manual y lo pasó por delante de uno de sus ojos. Después lo colocó en la máquina de desmagnetizar. 

―Ya puede llevarse su libro.

El ex bibliotecario echó un último vistazo a su sustituto robótico. Pensó que en verdad era realmente eficiente. Y posiblemente muy barato de mantener. 

Enfiló el pasillo que conducía hasta el ascensor de la biblioteca, cuando una voz conocida llamó su atención:

―¡Don Julio! ¡Aquí!

Un hombre menudo vestido con un mono gris le llamaba desde la puerta del montacargas situado a unos metros. Levantaba sobre su cabeza una fregona como si de una bandera se tratase. Era Pep, el limpiador inquieto devorador de libros con el que tantas buenas conversaciones había mantenido en el pasado. 

―¡Hombre, Pep! ¿Cómo te va?

El hombrecillo dejó la fregona apoyada sobre la pared y se acercó al ex bibliotecario para darle un achuchón.

―¡Qué alegría verle por aquí! ¡No sabe cómo le echo de menos!
―Y yo a ti. Nuestras conversaciones eran siempre estimulantes.
―A ver qué ha sacado...―Pep cogió sin pedir permiso el libro que el ex bibliotecario llevaba entre las manos―. ¿“Curso rápido de programación de robots”? No pega nada con usted...
―Lo sé, Pep. Pero son tiempos difíciles. Hay que reciclarse o quedarse en el paro.
―Mire lo que llevo siempre encima ―y le acercó un viejo libro de bolsillo, con sus tapas negras arrugadas por el uso.
―“Antología poética de la Generación del 27”. Muy bueno, Pep. Muy bueno.
―Usted fue quien me pasó mis primeros libros de Federico García Lorca. Después yo investigué por mi cuenta al resto de los autores de aquel momento. Ahora disfruto especialmente con los versos de Luis Cernuda y de Emilio Prados.
―Ya sabe que mi favorito siempre fue Cernuda.
―Al principio cuesta un poco entrar en él. Pero merece la pena el esfuerzo. “Donde habite el olvido...”
―“... en los vastos jardines sin aurora...”
―¡Qué grande, don Julio! Se le echa mucho de menos por aquí. ¡Ójala nunca hubiese entrado por la puerta ese maldito cacharro! Un bibliotecario no es sólo algo que despacha libros. Un bibliotecario es alguien que sabe de libros, que ama a los libros. Ninguna máquina puede simular eso. 
―Gracias, amigo. En momentos tan malos como éste unas palabras como las tuyas se agradecen.

Y los dos viejos colegas se quedaron charlando sobre cómo había cambiado el mundo en poco tiempo, sobre cómo el invento de Apple había transformado la administración pública, mandando a la calle a miles de mujeres y hombres. 

***

El ex bibliotecario se sentó en el escritorio de su despacho y encendió la luz del flexo. Abrió el grueso volumen por el índice y buscó el capítulo que trataba sobre “software para inteligencias artificiales bibliotecarias”. Dentro de tres días tenía una entrevista de trabajo en una empresa de documentación y sabía que habría una prueba técnica. No le quedaba otra que comprender aquel galimatías como fuese. 

Pasaron las horas y el texto le parecía igual de hermético que la primera vez que lo leyó. Se preparó un cigarrillo de liar y lo encendió. Entre bocanada y bocanada de humo, se levantó de la silla y se dirigió a su pequeña biblioteca personal. Hizo un recorrido visual por sus libros favoritos, ordenados según los había ido descubriendo: “El Señor de los Anillos” de J. R. R. Tolkien; “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury; “Campos de Castilla” de Antonio Machado; “La desolación de la quimera” de Luis Cernuda; “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde; “El lobo estepario” de Hermann Hesse; “Rayuela” de Julio Cortázar; “Ficciones” de Jorge Luis Borges; “La montaña mágica” de Thomas Mann y “El mundo como voluntad y representación” de Arthur Schopenhauer. Una sensación de angustia atenazó su garganta.

Entonces cerró el manual de golpe y lo apartó de su vista. Buscó entre los cajones del escritorio la vieja libreta Moleskine que le regaló el jefe de su primer empleo. Se cercioró de que había un recambio de tinta para su pluma estilográfica. Y comenzó a escribir. Sabía qué historia quería contar: La vida de un bibliotecario en una época que no necesitaba bibliotecarios. Y también sabía que otros ex bibliotecarios la leerían gustosamente.

HOMENAJE A UNA MADRE BIBLIOTECARIA...

HOMENAJE A UNA MADRE BIBLIOTECARIA....
carta de sus hijas a

 Luz Jimènez de Malawski

 …NOSOTRAS, vivimos y crecimos dentro de la “BIBLIOTECA”, formamos parte de una gran familia…una familia de bibliotecarias con sus maridos e hijos, teníamos muchas tías y primos…era, esa hermosa época, que no se puede olvidar!!!
…Hay tantos detalles y tanta historia que recordar; que veremos si lo podemos hacer juntos!!! les parece?
…Comencemos con aquellas sillitas naranjas, sus mesitas redondas “El Rincón Infantil” con sus libritos de cuentos…
…Y cómo dejar atrás…aquella cajita de Títeres?...que estaba en el fondo y que todos los años, tratábamos de renovarles sus ropitas, para que se vieran nuevos…
…Cómo no recordar!!!...los Desfiles, que tanto nos divertían, por lo menos a los más chicos; nos vestían, nos peinaban, nos pintaban, nos hacían sentir grandes…y ustedes dirán: …todo eso en una biblioteca? …SI!!! … La Biblioteca era todo, era grandiosa!!!
...Y no podían faltar, “Los Cursos del Verano”, de Manualidades, Tapiz, Pintura sobre tela, lo que fuera…no había vacaciones para la Biblioteca…ni para los que estábamos a su alrededor…
…Y se acuerdan?... de los Ficheros, con las tarjetas de cada socio…la lapicera atada a un cordoncito arriba del mostrador, para firmar los retiros o la renovación de algún libro?...de la Dirección!!!…los Estantes y sus Libros gordos, pesados…
…Y algunos, tal vez recuerdan…para nosotros fue Importante!!! Porque en nombre de la Biblioteca…el Día del Niño, íbamos al “Hogar de niños”, con regalos, títeres, libros, juegos…y todos los años, casi a fin de año, visitábamos a los abuelos!!! ...en el “Hogar de Ancianos”, también con regalos…y obteníamos muchas anécdotas y muchas historias…allí, también se aprendía…
…Y los infaltables…BENEFICIOS, se hacían rifas, pollos, pan dulce de membrillos que toda la ciudad compraba…lo que fuera!!!...para comprar 2000 ladrillos, hoy, y la otra semana 2000 ladrillos más…pero…qué alegría y qué alivio!!! …cuando de algún lugar…llegaba “Un Subsidio”…para el NUEVO EDIFICIO…de la Biblioteca Pública Almafuerte!!!  
…Y bueno, llegó el momento de recordar las grandes Tías Bibliotecarias!!!.... Todos éramos “una Gran Familia”.
HOY, viviendo lejos de Villa Ángela, pero muy cerca en NUESTRO corazón, UNA desde Córdoba y OTRA desde San Juan,  …QUEREMOS SALUDAR!!! …QUEREMOS  SER PARTÍCIPES DE ESTE GRAN HOMENAJE A LA  BIBLIOTECA DE NUESTRA INFANCIA…Y TAMBIÉN QUERÍAMOS ACOMPAÑAR Y SORPRENDER  A NUESTRA MAMÁ, EN UN DÍA MUY ESPECIAL PARA ELLA…VERDAD, Luz?...
… Y,  PORQUÉ NO!!!…AYUDAR A HACER UN POCO DE HISTORIA….
                           CON TODO EL CARIÑO DEL MUNDO!!!!
                Nancy y Mary Malawski Jiménez “LAS MELLIS”
 06/01/2011

«Todos somos inmigrantes digitales»

La tendencia a estar conectado a todas horas va a más. «La sobreabundancia puede ser un problema, hay que aprender a gestionarla», dice el experto


Si un ciudadano de mediados de los 90 pudiese viajar en el tiempo hasta el día de hoy, se quedaría bastante desconcertado con nuestro uso de las maquinitas: no sólo todo el mundo posee teléfonos que se pueden acarrear de aquí para allá, sino que eso que seguimos llamando teléfono sirve también para enviar mensajes escritos, escuchar música o incluso conectarse a internet. Ejem, perdón... ¿internet? Un mayúsculo misterio para nuestro visitante, que también se extrañaría de la cantidad de horas que dedicamos a nuestros amigos los aparatos, de ocurrencias como la de compartir fotos o vídeos con el resto del planeta o de la facilidad con la que conseguimos música y películas reducidas a una posesión intangible, casi espiritual. El ritmo al que las nuevas tecnologías han ido transformando nuestra vida no invita a hacer futurología sobre este asunto: nadie sabe qué podremos y qué querremos hacer dentro de cinco, de diez o de otros quince años. Lo que parece claro es que la senda que hemos emprendido no admite cambios de sentido: de momento, las tendencias actuales irán a más.
La gran novedad tecnológica que ha traído este año son los 'tablets', ordenadores que se manejan a través de una pantalla táctil, sin teclado. «Ahora mismo suponen el cambio más gordo en informática. En realidad son un concepto de hace años, pero llegó Apple, dio un puñetazo en la mesa y sacó el iPad. Han vendido todos los que son capaces de producir», explica Javier Pedreira, 'Wicho', uno de los responsables del influyente blog Microsiervos.
-A la gente que tiene miedo a la informática, le pones un 'tablet' delante y no se siente ante un ordenador. Se le esconde el funcionamiento habitual, y eso va a atraer a muchas personas que, si no, nunca se meterían en informática o en internet. Lo enciendes y no tienes que aprender nada: sólo tocar la pantalla. Todo el mundo está ahora corriendo para alcanzar a Apple.
Realidad aumentada
El otro aparato estrella de nuestros tiempos son los teléfonos inteligentes, esos que han superado las limitaciones de su nombre y valen casi para cualquier cosa. «Hay estudios que dicen que este año se van a vender más teléfonos inteligentes -iPhones, Androids y demás- que ordenadores. Esto refuerza la tendencia a estar conectado a todas horas y va a hacer que las aplicaciones especializadas para estos dispositivos den un pelotazo. La geolocalización es muy importante, porque hay aplicaciones que, vía GPS, saben dónde estás y te dicen, por ejemplo, los cines más cercanos y las pelis que ponen, o te orientan hacia donde echan la que quieres ver. Es la realidad aumentada: el teléfono sabe dónde estás y si, por ejemplo, apuntas la cámara hacia un edificio peculiar, te explica lo que es». Estos usos, cada vez más habituales, tendrán seguramente su contrapartida: «Nos comeremos la publicidad: si vas por ahí con un móvil que sabe dónde estás, el señor del restaurante de la esquina querrá anunciarse. La publicidad va a utilizar este nicho».
El móvil va camino de convertirse en una terminal omnipotente que nos servirá para organizar toda nuestra vida: «Podrá sustituir a la tarjeta del cajero, el bono del autobús, el carné de la biblioteca... Se convertirá así en una especie de billetero electrónico que sirva para todo. Cada una de esas tarjetas que nos abarrotan la cartera lleva muy poquita información: si vive en un teléfono móvil, nos puede facilitar mucho las cosas. Yo creo que los tiros van por ahí».
-No es tanto prescindir como gestionar las cosas de otra forma, hacer una microgestión del tiempo que lo divida en trozos más pequeños. Se trata de otro tipo de atención. Hay una viñeta de Mauro Entrialgo que dice eso: está un tipo delante del ordenador y dice 'tengo que acabar un trabajo, pero antes voy a ver mi correo, lo que se cuenta en Twitter, el Flickr...' y, cuando acaba, han pasado dos horas y se pregunta '¿y si me han mandado otro correo?'. Eso nos ocurre, para qué negarlo, pero hay que aprender a gestionarlo y sacar el trabajo adelante. La sobreabundancia en la que nadamos puede ser un problema, pero vas aprendiendo estrategias, ves quién te puede echar una mano para filtrar y decidir qué te interesa: es una nueva educación que todos necesitamos adquirir.
Educación es, para 'Wicho', un término clave. La velocidad a la que cambia la tecnología nos convierte a todos en perpetuos novatos, sometidos a una necesidad continua de actualización y aprendizaje. La tarea ha de empezar en los colegios, pero el experto no cree que se esté haciendo hincapié en los aspectos correctos: «La informática debería estar integrada en el aula como una herramienta más. Los niños tienen que estar acostumbrados a las nuevas herramientas, pero eso que gusta tanto a los políticos de 'me he gastado 200 millones de euros en ordenadores' no significa nada. ¿Qué contenido tiene? ¿Has dado formación a los profesores? ¿Saben cómo optimizar esa herramienta? Las máquinas, de por sí, no sirven de nada: hay que invertir mucho en formación y contenidos adecuados». Se habla mucho de nativos digitales, de la facilidad natural de las nuevas generaciones para manejar esa tecnología que ya existía cuando llegaron al mundo, pero 'Wicho' considera infundada esa confianza: «Yo me creí durante mucho tiempo la historia de los nativos digitales, pero después empecé a dar charlas en colegios y... Tratan con máquinas a todas horas, no les tienen ningún respeto y están todos en Tuenti, pero su dominio es muy reducido: les sacas del Facebook, del Messenger y de 'la mula' para descargarse cosas y un porcentaje elevado se pierde. Todos somos inmigrantes digitales: al ritmo que cambian las cosas en internet, puedes saber mucho hoy, pararte y estar totalmente perdido dentro de un año».
Sin interruptor rojo
También los gobiernos tienen mucho que aprender sobre internet, más allá de sus intentos cada vez más visibles por controlarla: «Yo creo que no van a poder, afortunadamente: la red evolucionó de forma caótica, sin que nadie pensara lo que podía suponer, y no existe en ningún sitio un gran interruptor rojo que permita apagarla». Los mayores retos atañen seguramente a la industria cultural, amenazada por la disponibilidad de sus productos de forma gratuita, que ha creado en muchos consumidores el cómodo hábito de no pagar. «Tienen un problema del carajo. Un primer requisito para solucionar el tema de lo gratuito es la sencillez: si vas al iTunes Store a descargarte una canción, haces una búsqueda, un clic y ya está. Lo mismo con los libros para el Kindle de Amazon: buscas, clic y en treinta segundos lo tienes. ¿Qué está haciendo la industria en España? Mirar para otro lado, salvo la música, que a través de iTunes funciona. Las editoriales se inventaron Libranda, y la única explicación que se me ocurre es que lo hicieron mal a propósito para decir luego que no funcionaba».
-Pero lo mismo se podrá conseguir siempre gratis...
-Sí, pero para eso suele hacer falta un mínimo de habilidad: saber cómo buscar, tener el programa necesario, descomprimir... Para mí puede ser trivial, pero para un porcentaje alto de usuarios la opción de buscar y descargar con un clic resulta muy atractiva porque es sencilla. Si a la gente se lo pones muy fácil, responde. Para mí, por ejemplo, el Kindle de Amazon está siendo una ruina: el sistema funciona de manera tan fácil y tan inmediata que ni te lo piensas.

3 ene 2011

Niño estalla porque recibió libro en Navidad


Un pequeño, de tres años, rompió en llanto y lanzó cualquier cantidad de injurias, después de terminara de abrir su triste regalo
Video: Niño estalla porque recibió libro en Navidad
¿¿¿LIBROS???   Un pequeñín de tres años reaccionó molesto porque sus padres le regalaron un material de lectura por Navidad (Foto: Imagen tomada del video )
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REDACCIÓN 
EL GRÁFICO 
CIUDAD DE MÉXICO JUEVES 23 DE DICIEMBRE DE 2010 
08:18


La Navidad, es una de las fechas más esperadas por los pequeños del hogar, quienes esperan ansiosos la llegada de Santa Claus y de sus juguetes que han estado esperando a lo largo de todo el año, sin embargo, hay ocasiones en que la Navidad se puede convertir en un día triste, tal y como lo demuestra un niño de tres años, a quien su familiares le obsequiaron libros.
Tras toparse con "el horripilante" presente, el niño comenzó a hacer berrinche y a realizar cualquier cantidad de injurias, ya que jamás imaginó que sus padres le regalarían un material de lectura:
Después de abrir un montón de juguetes mi hijo se encontró con un regalo de libros... hay que tener en cuenta que esta fue su primera Navidad 'real'. ¡Tiene solo tres años de edad! ¡Sólo tres!Supongo que la culpa es mía, y también de los medios de comunicación y publicidad que dejan la percepción que sólo se pueden recibir juguetes para Navidad", declaró el padre del menor, quien aseguró que a su hijo sí le gusta que le lean en la noche, pero desconoce los motivos que orillaron a su cómica reacción:
"Él realmente quiere a los libros. Supongo que estaba 'abrumado' después de abrir tantos regalos con juguetes y además nos reíamos de él… Nuestro hijo es un niño muy amable. Intentaremos regalarle libros otra vez y veremos que pasa”, concluyó el padre.
A continuación se presenta el video que se convirtió en toda una sensación en You Yube:






Fuente: http://www.elgrafico.mx/notas/732397.html

2 ene 2011

La educación como fuente de un saber crítico y reflexivo

LA MIRADA DE CARLOS CULLEN


El filósofo santafesino llamó a no confundir el fetichismo informacional -nacido de las nuevas tecnologías- con la misión central de la enseñanza: ayudar a pensar críticamente.
De la redacción de El Litoral
educacion@ellitoral.com
“Hoy algo nos pasa con el conocimiento. Algo que tiene que ver con el aumento exponencial de la información disponible, este fetichismo (veneración excesiva) de la información al que asistimos. Pero no confundamos esta tendencia con el sentido real del conocimiento. Es cierto que para conocer se necesita estar informado, pero no es lo mismo estar informado que conocer. Esto nos lleva a pensar en uno de los desafíos más fuertes de la educación actual: reconocerse en su principal objetivo, que es la generación de un saber crítico y reflexivo”.

Intensa y actual, la mirada del profesor Carlos Cullen sobre la enseñanza en tiempos de revoluciones tecnológicas suena a advertencia, una advertencia tan válida para los neófitos virtuales de turno como para las nuevas generaciones de educadores: “El fetichismo de la información tiene su simbolismo más fuerte cuando lleva a que el conocimiento se transforme en mera mercancía, en moneda de cambio”. Es decir, cuando el saber se mercantiliza, en su acepción instrumental.

Para el filósofo y académico santafesino, hay que entender a la educación de hoy como el lugar que debe ayudar a pensar críticamente. “Una institución desde la cual se pueden explorar nuevas sendas de sentidos sobre el saber, no necesariamente los ya transitados”, subrayó Cullen, en una conferencia que ofreció durante su última visita a la ciudad.
La experiencia
¿Qué significa pensar hoy la educación? “Animarnos a dejar que todo proceso educativo y pedagógico acontezca, esto es, no pretender anular la experiencia. Porque hoy llegamos a un punto en que se controla tanto a la experiencia que ya no es más experiencia, y se vuelve experimento. Y cuando no se controla, se banaliza. Con lo cual nos hemos quedado sin capacidad de experimentar nuestra vivencia propia”, expresó.

“¿Dejamos hoy que nuestros alumnos hagan su experiencia? Nosotros, los docentes, ¿hacemos nuestra propia experiencia educativa?”, se cuestionó el filósofo. “No. Entonces, dejemos pues que todo proceso educativo acontezca sin reducirlo a lo previsible ni a una única teoría, liberando a las masas del orden del discurso dominador hacia una genuina voluntad de poder transformar las cosas, y no de legitimar el imperio de lo mismo”.
Interpelación ética
Para Cullen, debe pensarse que en la educación siempre hay una interpelación ética del otro en cuanto otro, en su singularidad, en su mismidad. Ese respeto lleva al ideal de justicia. El desafío es pensar a la educación desde este lugar, insistió. “Esta conceptualización de la educación tiene que ver con no reducir el otro a mí mismo, es la capacidad de entender al otro en tanto otro”.

En esta interpelación ética el problema que pone en juego es la justicia. Al no reconocer y respetar al otro como otro caemos en la violencia, real o simbólica. “La violencia no es otra cosa que suprimir la otredad del otro. Y la educación tiene como punto de partida aceptar la interpelación ética del otro, en su singularidad propia. ¿Quién se va a encargar de enseñarnos a usar bien la razón, y la libertad? La escuela, la educación pública”, sentenció el académico.
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La misión trascendental de la educación es y seguirá siendo ayudar a pensar en forma crítica, dice Cullen. Foto: Archivo El Litoral

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