2 ene. 2011

La educación como fuente de un saber crítico y reflexivo

LA MIRADA DE CARLOS CULLEN


El filósofo santafesino llamó a no confundir el fetichismo informacional -nacido de las nuevas tecnologías- con la misión central de la enseñanza: ayudar a pensar críticamente.
De la redacción de El Litoral
educacion@ellitoral.com
“Hoy algo nos pasa con el conocimiento. Algo que tiene que ver con el aumento exponencial de la información disponible, este fetichismo (veneración excesiva) de la información al que asistimos. Pero no confundamos esta tendencia con el sentido real del conocimiento. Es cierto que para conocer se necesita estar informado, pero no es lo mismo estar informado que conocer. Esto nos lleva a pensar en uno de los desafíos más fuertes de la educación actual: reconocerse en su principal objetivo, que es la generación de un saber crítico y reflexivo”.

Intensa y actual, la mirada del profesor Carlos Cullen sobre la enseñanza en tiempos de revoluciones tecnológicas suena a advertencia, una advertencia tan válida para los neófitos virtuales de turno como para las nuevas generaciones de educadores: “El fetichismo de la información tiene su simbolismo más fuerte cuando lleva a que el conocimiento se transforme en mera mercancía, en moneda de cambio”. Es decir, cuando el saber se mercantiliza, en su acepción instrumental.

Para el filósofo y académico santafesino, hay que entender a la educación de hoy como el lugar que debe ayudar a pensar críticamente. “Una institución desde la cual se pueden explorar nuevas sendas de sentidos sobre el saber, no necesariamente los ya transitados”, subrayó Cullen, en una conferencia que ofreció durante su última visita a la ciudad.
La experiencia
¿Qué significa pensar hoy la educación? “Animarnos a dejar que todo proceso educativo y pedagógico acontezca, esto es, no pretender anular la experiencia. Porque hoy llegamos a un punto en que se controla tanto a la experiencia que ya no es más experiencia, y se vuelve experimento. Y cuando no se controla, se banaliza. Con lo cual nos hemos quedado sin capacidad de experimentar nuestra vivencia propia”, expresó.

“¿Dejamos hoy que nuestros alumnos hagan su experiencia? Nosotros, los docentes, ¿hacemos nuestra propia experiencia educativa?”, se cuestionó el filósofo. “No. Entonces, dejemos pues que todo proceso educativo acontezca sin reducirlo a lo previsible ni a una única teoría, liberando a las masas del orden del discurso dominador hacia una genuina voluntad de poder transformar las cosas, y no de legitimar el imperio de lo mismo”.
Interpelación ética
Para Cullen, debe pensarse que en la educación siempre hay una interpelación ética del otro en cuanto otro, en su singularidad, en su mismidad. Ese respeto lleva al ideal de justicia. El desafío es pensar a la educación desde este lugar, insistió. “Esta conceptualización de la educación tiene que ver con no reducir el otro a mí mismo, es la capacidad de entender al otro en tanto otro”.

En esta interpelación ética el problema que pone en juego es la justicia. Al no reconocer y respetar al otro como otro caemos en la violencia, real o simbólica. “La violencia no es otra cosa que suprimir la otredad del otro. Y la educación tiene como punto de partida aceptar la interpelación ética del otro, en su singularidad propia. ¿Quién se va a encargar de enseñarnos a usar bien la razón, y la libertad? La escuela, la educación pública”, sentenció el académico.
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La misión trascendental de la educación es y seguirá siendo ayudar a pensar en forma crítica, dice Cullen. Foto: Archivo El Litoral

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