7 ene. 2011

«Todos somos inmigrantes digitales»

La tendencia a estar conectado a todas horas va a más. «La sobreabundancia puede ser un problema, hay que aprender a gestionarla», dice el experto


Si un ciudadano de mediados de los 90 pudiese viajar en el tiempo hasta el día de hoy, se quedaría bastante desconcertado con nuestro uso de las maquinitas: no sólo todo el mundo posee teléfonos que se pueden acarrear de aquí para allá, sino que eso que seguimos llamando teléfono sirve también para enviar mensajes escritos, escuchar música o incluso conectarse a internet. Ejem, perdón... ¿internet? Un mayúsculo misterio para nuestro visitante, que también se extrañaría de la cantidad de horas que dedicamos a nuestros amigos los aparatos, de ocurrencias como la de compartir fotos o vídeos con el resto del planeta o de la facilidad con la que conseguimos música y películas reducidas a una posesión intangible, casi espiritual. El ritmo al que las nuevas tecnologías han ido transformando nuestra vida no invita a hacer futurología sobre este asunto: nadie sabe qué podremos y qué querremos hacer dentro de cinco, de diez o de otros quince años. Lo que parece claro es que la senda que hemos emprendido no admite cambios de sentido: de momento, las tendencias actuales irán a más.
La gran novedad tecnológica que ha traído este año son los 'tablets', ordenadores que se manejan a través de una pantalla táctil, sin teclado. «Ahora mismo suponen el cambio más gordo en informática. En realidad son un concepto de hace años, pero llegó Apple, dio un puñetazo en la mesa y sacó el iPad. Han vendido todos los que son capaces de producir», explica Javier Pedreira, 'Wicho', uno de los responsables del influyente blog Microsiervos.
-A la gente que tiene miedo a la informática, le pones un 'tablet' delante y no se siente ante un ordenador. Se le esconde el funcionamiento habitual, y eso va a atraer a muchas personas que, si no, nunca se meterían en informática o en internet. Lo enciendes y no tienes que aprender nada: sólo tocar la pantalla. Todo el mundo está ahora corriendo para alcanzar a Apple.
Realidad aumentada
El otro aparato estrella de nuestros tiempos son los teléfonos inteligentes, esos que han superado las limitaciones de su nombre y valen casi para cualquier cosa. «Hay estudios que dicen que este año se van a vender más teléfonos inteligentes -iPhones, Androids y demás- que ordenadores. Esto refuerza la tendencia a estar conectado a todas horas y va a hacer que las aplicaciones especializadas para estos dispositivos den un pelotazo. La geolocalización es muy importante, porque hay aplicaciones que, vía GPS, saben dónde estás y te dicen, por ejemplo, los cines más cercanos y las pelis que ponen, o te orientan hacia donde echan la que quieres ver. Es la realidad aumentada: el teléfono sabe dónde estás y si, por ejemplo, apuntas la cámara hacia un edificio peculiar, te explica lo que es». Estos usos, cada vez más habituales, tendrán seguramente su contrapartida: «Nos comeremos la publicidad: si vas por ahí con un móvil que sabe dónde estás, el señor del restaurante de la esquina querrá anunciarse. La publicidad va a utilizar este nicho».
El móvil va camino de convertirse en una terminal omnipotente que nos servirá para organizar toda nuestra vida: «Podrá sustituir a la tarjeta del cajero, el bono del autobús, el carné de la biblioteca... Se convertirá así en una especie de billetero electrónico que sirva para todo. Cada una de esas tarjetas que nos abarrotan la cartera lleva muy poquita información: si vive en un teléfono móvil, nos puede facilitar mucho las cosas. Yo creo que los tiros van por ahí».
-No es tanto prescindir como gestionar las cosas de otra forma, hacer una microgestión del tiempo que lo divida en trozos más pequeños. Se trata de otro tipo de atención. Hay una viñeta de Mauro Entrialgo que dice eso: está un tipo delante del ordenador y dice 'tengo que acabar un trabajo, pero antes voy a ver mi correo, lo que se cuenta en Twitter, el Flickr...' y, cuando acaba, han pasado dos horas y se pregunta '¿y si me han mandado otro correo?'. Eso nos ocurre, para qué negarlo, pero hay que aprender a gestionarlo y sacar el trabajo adelante. La sobreabundancia en la que nadamos puede ser un problema, pero vas aprendiendo estrategias, ves quién te puede echar una mano para filtrar y decidir qué te interesa: es una nueva educación que todos necesitamos adquirir.
Educación es, para 'Wicho', un término clave. La velocidad a la que cambia la tecnología nos convierte a todos en perpetuos novatos, sometidos a una necesidad continua de actualización y aprendizaje. La tarea ha de empezar en los colegios, pero el experto no cree que se esté haciendo hincapié en los aspectos correctos: «La informática debería estar integrada en el aula como una herramienta más. Los niños tienen que estar acostumbrados a las nuevas herramientas, pero eso que gusta tanto a los políticos de 'me he gastado 200 millones de euros en ordenadores' no significa nada. ¿Qué contenido tiene? ¿Has dado formación a los profesores? ¿Saben cómo optimizar esa herramienta? Las máquinas, de por sí, no sirven de nada: hay que invertir mucho en formación y contenidos adecuados». Se habla mucho de nativos digitales, de la facilidad natural de las nuevas generaciones para manejar esa tecnología que ya existía cuando llegaron al mundo, pero 'Wicho' considera infundada esa confianza: «Yo me creí durante mucho tiempo la historia de los nativos digitales, pero después empecé a dar charlas en colegios y... Tratan con máquinas a todas horas, no les tienen ningún respeto y están todos en Tuenti, pero su dominio es muy reducido: les sacas del Facebook, del Messenger y de 'la mula' para descargarse cosas y un porcentaje elevado se pierde. Todos somos inmigrantes digitales: al ritmo que cambian las cosas en internet, puedes saber mucho hoy, pararte y estar totalmente perdido dentro de un año».
Sin interruptor rojo
También los gobiernos tienen mucho que aprender sobre internet, más allá de sus intentos cada vez más visibles por controlarla: «Yo creo que no van a poder, afortunadamente: la red evolucionó de forma caótica, sin que nadie pensara lo que podía suponer, y no existe en ningún sitio un gran interruptor rojo que permita apagarla». Los mayores retos atañen seguramente a la industria cultural, amenazada por la disponibilidad de sus productos de forma gratuita, que ha creado en muchos consumidores el cómodo hábito de no pagar. «Tienen un problema del carajo. Un primer requisito para solucionar el tema de lo gratuito es la sencillez: si vas al iTunes Store a descargarte una canción, haces una búsqueda, un clic y ya está. Lo mismo con los libros para el Kindle de Amazon: buscas, clic y en treinta segundos lo tienes. ¿Qué está haciendo la industria en España? Mirar para otro lado, salvo la música, que a través de iTunes funciona. Las editoriales se inventaron Libranda, y la única explicación que se me ocurre es que lo hicieron mal a propósito para decir luego que no funcionaba».
-Pero lo mismo se podrá conseguir siempre gratis...
-Sí, pero para eso suele hacer falta un mínimo de habilidad: saber cómo buscar, tener el programa necesario, descomprimir... Para mí puede ser trivial, pero para un porcentaje alto de usuarios la opción de buscar y descargar con un clic resulta muy atractiva porque es sencilla. Si a la gente se lo pones muy fácil, responde. Para mí, por ejemplo, el Kindle de Amazon está siendo una ruina: el sistema funciona de manera tan fácil y tan inmediata que ni te lo piensas.

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