9 may 2013

Predice las ventas que tendrá un libro



Investigadores de la Universidad de Granada han desarrollado un nuevo sistema informático que permite predecir qué ventas tendrá un libro si se publica, una información muy útil para las editoriales, que podrían decidir así la tirada de una obra. La nueva herramienta, denominada PreTEL, se basa en redes neuronales artificiales.

Para desarrollarlo, Pedro Ángel Castillo Valdivieso y sus colegas del grupo de investigación GeNeura entrenaron previamente al sistema considerando datos de miles de libros ya publicados y obteniendo de este modo un modelo matemático de estimación de datos que es capaz de interpretar los valores de un nuevo libro para estimar la tirada óptima y la venta.

Los métodos basados en la inteligencia artificial -como las redes neuronales artificiales, los modelos de regresión logística, los árboles de decisión, y los modelos tipo ARIMA- tienen la capacidad de aprender y adaptarse, "de tal forma que si en el futuro se dispone de nuevos datos, se podrán re-entrenar para corregirse y mejorar los resultados de predicción", apunta Castillo Valdivieso. Así, cuanto mayor sea la base de conocimiento en lo referente al número de libros contenidos, mejor se espera que sea el modelo que realice la predicción, y mayor la calidad de las estimaciones.


7 may 2013

¿Qué dictador era dueño de la biblioteca privada más grande e importante de Latinoamérica?


El exdictador chileno Augusto Pinochet atesoró durante su gobierno de facto (1973-1990) la biblioteca privada más importante de América latina, con 55.000 libros, entre los que se contaba la mejor colección de marxismo existente en el país. 

Así lo confirmó Juan Cristóbal Peña, autor del libro "La secreta vida literaria de Augusto Pinochet" y cuya casa fue asaltada en diciembre por desconocidos junto a la de otros dos periodistas que investigaban la dictadura.

"Pinochet fue un bibliófilo, un coleccionista al que le hacían exposiciones privadas de libros en el palacio presidencial de La Moneda", detalló el escritor, quien agregó que el valor de la bibilioteca supera con creces los cuatro millones de dólares, según peritajes judiciales.

Peña, que realizó una investigación de cinco años, consideró que la afición del general por libros, cartas y mapas surgió de "un complejo de inferioridad intelectual", que además derivó en asesinatos.

Para el periodista, el más elocuente es el homicidio en 1974 en Buenos Aires del antecesor de Pinochet en la comandancia del Ejército, el general Carlos Prats, opositor al golpe de Estado de 1973.

"Ese fue un crimen político y pasional", aseveró Peña. A su juicio, Pinochet no toleró el mayor respeto intelectual de la tropa hacia su antiguo jefe, temiendo además que encabezara la resistencia.

Durante años, los servicios secretos buscaron las memorias que Prats escribió antes de morir y que fueron publicadas en 1985.

Peña, autor de libros también sobre el marxista Frente Patriótico Manuel Rodríguez, recordó a DPA que Pinochet jamás fue un soldado destacado y que combatió "a quienes le hacían sombra".

"Su carrera militar fue una guerra, plagada de dificultades", sintetizó.

De hecho, el general fallecido el 10 de diciembre de 2006 debió postularse tres veces a la Escuela Militar y egresó con la undécima antigüedad de la Academia de Guerra, entre 14 alumnos.

"Curiosamente las mayores influencias formativas e intelectuales de Pinochet fueron dispares", añadió Peña.

El dictador recogió en su ascenso el influjo del general Ramón Cañas, impulsor de la geopolítica en Chile y de la estrategia de colonización antártica, además de fungir como ayudante del general Gregorio Rodríguez, de pasado anarquista.

"Su libro preferido por otra parte era `El arte de la guerra´ de Sun Tzu", un texto sobre estrategia que recomienda sobre todo la simulación. "Parecer quieto cuando se avanza", explicó Peña.


4 may 2013

Inventarios del mundo

Por: Pablo Capanna

SOBRE LAS VARIANTES DE LA CLASIFICACIóN


Hace doscientos años, los ferrocarriles eran la avanzada del progreso, hasta en Inglaterra, y las reglamentaciones ferroviarias aún se estaban escribiendo, porque las nuevas situaciones aparecían a medida que se expandían las redes. Una de ellas se presentó el día en que el Rev. William Buckland, un famoso teólogo anglicano que era a la vez un gran naturalista, fue a sacar pasajes a la boletería de la estación y tuvo que declarar con qué equipaje pensaba viajar.
Buckland (1784-1856) era conocido por sus esfuerzos por conciliar el relato del Génesis con la geología de su amigo Lyell, apelando a la hipótesis catastrofista. Pero era también el que había descubierto el primer fósil de dinosaurio, el que polemizaba con Darwin y con Babbage antes de que el primero revolucionara la biología y el segundo fundara la informática. Buckland era conocido por sus costumbres excéntricas: su casa estaba llena de animales y se jactaba de haber comido la carne de los bichos más repugnantes.
Cuando fue a la boletería para sacar pasaje, el zoólogo declaró que pensaba viajar en compañía de un mono y una tortuga. El empleado, tomado por sorpresa, estuvo un rato consultando el reglamento y por fin dictaminó que el simio tenía que pagar medio boleto porque era un perro. En cambio la tortuga estaba eximida, por ser un insecto.
Es de lamentar que el anónimo empleado no se tomara el trabajo de consignar los criterios que seguía para clasificar a los animales. El mono y el perro eran mamíferos y tenían un tamaño similar, pero la tortuga sólo podía parecerse a una cucaracha por la forma de caminar.
El empleado de la boletería había incursionado, a su manera, en esa disciplina llamada taxonomía, que se ocupa de definir las cosas, describirlas y ponerles nombre. Ocurre que todo puede ser clasificado, no sólo animales, plantas y piedras, sino lugares, conceptos, eventos, propiedades, relaciones, libros o tags de búsqueda en la Red.
LOS TAXONOMISTAS
La taxonomía, ciencia y arte de la clasificación, a algunos podrá parecerles una ocupación burocrática. Quizás opinen lo mismo de quienes compilan diccionarios, donde se recopilan los usos lingüísticos, pero sin los lexicógrafos y los taxonomistas nos costaría mucho ponernos de acuerdo acerca de lo que hablamos. Las suyas son convenciones que pueden ser tan inevitables como las normas sociales, como lo reconoce hasta ese transgresor que pone el grito en el cielo cuando él es la víctima de la violación de una norma.
Según la Biblia, la principal tarea que le fue asignada a Adán antes de ponerse a ganarse el pan con el sudor de la frente fue la de ponerles nombre a todas las cosas que habían sido creadas antes que él.
Simbólicamente, esto quiere decir que la actividad de clasificar las cosas es tan antigua como el lenguaje. Algunos taxonomistas, llevados por el orgullo, no dudan en calificar a su profesión como la más antigua del mundo, a riesgo de ser injustos con las prostitutas, que reivindican esa prioridad. El lenguaje y el sexo son muy antiguos. Nadie dudará de que el sexo es el más antiguo de los dos, pero ocurre que las transacciones siempre se hacen usando algún tipo de lenguaje.
La actividad taxonómica siempre estuvo condicionada por los sistemas sociales, la estructura del lenguaje y por el interés con el cual se la hacía. Ella fue la que le permitió a Foucault irrumpir en la filosofía enancado en una cita de Borges. En efecto, en “El idioma analítico de John Wilkins”, Borges nos remitía a una enciclopedia china, casi seguramente apócrifa, donde los animales eran clasificados en absurdas categorías, que iban desde embalsamados y amaestrados hasta lechones y perros sueltos.
Con todo lo pintoresco que pueda resultar el texto, se diría que estaba bastante lejos de la realidad, si consideramos que una de las primeras taxonomías botánicas (con 365 especies) la mandó compilar hace unos cinco mil años el emperador chino Shen Nung. También se diría que en las taxonomías los géneros y las especies se encajan unos en otras a la manera de las cajas chinas. Sin embargo, suelen seguir un orden jerárquico cuyo esquema lógico fue trazado por un filósofo neoplatónico llamado Porfirio, en el siglo III. El “árbol de Porfirio” es una jerarquía ramificada que va de lo general a lo particular. Los seres vivos, por ejemplo, pertenecen a una especie, y ésta a un género. El género es el último eslabón de una pirámide que abarca categorías como reino, filo, clase, orden y familia.
Probablemente, las primeras taxonomías nacieron en la botánica, por motivos esencialmente prácticos. A los herbarios recién les seguirían los bestiarios, movidos por un interés un poco más científico. Cualquiera diría que es fácil distinguir el ave que podemos comer al asador de aquella que puede dejar nuestros huesos pelados, pero los vegetales son tan variados que es peligrosísimo confundir un hongo venenoso con uno comestible.
Los herboristas no sabían en qué se metían. Teofrasto, el gran discípulo de Aristóteles, había identificado 480 especies vegetales, pero cinco siglos más tarde Dioscórides ya conocía 600. El gran estallido se dio con la revolución científica. En el siglo XVI Cesalpino reconoció 1500 especies, pero en el XVII Ray sabía de 18.000. Linneo, que inventó el sistema binario de clasificación, ya registraba 8300 especies tan sólo de plantas con flores.
Actualmente, todos los catálogos han resultado insuficientes, y hay que apelar a las bases de datos. El año pasado, a pesar de todos los ataques que ha sufrido la biodiversidad, el Catalogue of Life registraba 1.400.000 especies, aunque si fuésemos a considerar las extinguidas estaríamos cerca de los dos millones.
CRITERIOS
Los criterios científicos para catalogar la naturaleza tardaron mucho en diseñarse y bastante en imponerse. En los antiguos herbarios se agrupaba a los vegetales en función de nuestra conveniencia, según produjeran frutas, verduras, fibras o maderas. Los bestiarios, por su parte, separaban a los animales en útiles, perjudiciales o indiferentes. Así de subjetiva es la popular clasificación de la gente en amigos, enemigos y traidores, que le debemos al filósofo nazi Carl Schmitt.
Un poco más objetivas fueron las clasificaciones por tamaño (hierbas, arbustos y árboles), que ya había propuesto Teofrasto, y aquellas que partían de la forma del fruto y de la semilla, como la de Cesalpino. Un paso enorme lo dio Linneo cuando introdujo como criterio la sexualidad y creó reglas precisas para la descripción. De ese modo, la botánica y la zoología dejaron de ser inventarios para convertirse en ciencias.
Los biólogos, que fueron los primeros en hacer taxonomías, también fueron los primeros en percatarse de que alguna vez se toparían con la filosofía. Para comenzar, porque debían optar entre realismo y nominalismo. Linneo, el patriarca de los taxonomistas, era un “realista”, estaba convencido de que las especies eran esencias tan inmutables como las Ideas de Platón, y sólo admitían variaciones menores. En alguna parte tenía que haber un Caballo-patrón que sirviera de modelo para todas las razas de caballos. El problema lo tuvo cuando se tropezó con una mutación, una hierba llamada Peloria, y no supo qué hacer con ella.
Cuando comenzaron a plantearse los criterios evolutivos, Buffon propuso que describir era mejor que clasificar. Con el evolucionismo se impusieron la diversidad y la visión dinámica unidas a eso que los filósofos llamaban “nominalismo”: las especies son abstracciones, rótulos creados a los fines prácticos, que usamos cuando convenimos en agrupar a los individuos según ciertos rasgos comunes y les ponemos un rótulo.
Pero, ¿cómo elegir los rasgos que vamos a tener en cuenta? Empeñado en explicar el proceso de especiación, Darwin reconocía que el concepto de especie era “vago y arbitrario”. Un siglo más tarde, Mayr reconocía que había cuatro o cinco conceptos distintos. Hasta hoy, el conflicto sigue estando entre categorizar e identificar a una especie, o bien entender el proceso evolutivo que le ha dado origen, tratando de colmar los “eslabones” faltantes. Para no hablar de los híbridos, que son conocidos desde que existe la mula, y los transgénicos, que no parecen reconocer límites.
Las nuevas definiciones se establecen en el curso de largas deliberaciones académicas, donde no pocas veces se vota. Se usan códigos numéricos y hasta códigos de barras. Pero los criterios que se han ido imponiendo se fundan en el genoma, porque el ADN sigue siendo la mejor “descripción” que conocemos.
LOS HERBORISTAS DE BIBLIOTECA

Si hay un reino que crece, se expande y hasta llega a evolucionar, es el mundo del libro. Cuando dejó de depender del papiro y el cuero, se nutrió de celulosa durante siglos y no hizo más que crecer desde que comenzó a migrar al silicio.
El crecimiento exponencial de las bibliotecas, desde los tiempos de Alejandría, obligó bien pronto a quienes cuidaban de ellas a de-sarrollar su propia taxonomía, para no perderse en la maraña de textos y orientar a quienes salían a cazar conocimientos.
Una historia de los sistemas de clasificación usados por los bibliotecarios de todos los tiempos sin duda reflejaría la ordenación del conocimiento y la jerarquía de las ciencias que imponía la filosofía dominante en cada época.
Era previsible que desde hace más de un siglo se fuera imponiendo en las bibliotecas el sistema digital ideado por Melvil Dewey, que tiene la ventaja de ser abierto y procede con la misma lógica que el sistema métrico decimal.
Mientras las tradicionales clasificaciones de animales y plantas tendían a ordenarse según una pirámide que iba de lo general a lo específico, la estructura lógica del código Dewey es la de una red con diez ítem principales, cada uno de los cuales se divide en diez. En el nivel tres ya ofrece mil opciones y puede subdividirse al infinito, a veces añadiendo algunas letras para especificar los temas más escurridizos. Las diez entradas del sumario son: obras generales, filosofía, religión, ciencias sociales, lengua, ciencias puras, ciencias aplicadas, arte, literatura, geografía e historia.
Estos criterios son los que imperaban en el siglo XIX, y hoy resultan bastante discutibles. Se podrá objetar que la psicología vaya en el mismo rubro que la filosofía o que se dedique todo un rubro a la religión. Puede parecer caprichoso que el arte, el juego y el deporte estén en el mismo apartado, o que la geografía (que podría estar entre las ciencias físicas) vaya unida a la historia.
Desde los tiempos de Dewey la ciencia y la tecnología han experimentado muchas revoluciones, lo cual obliga a flexibilizar todas las clasificaciones. Pero existe un enorme stock de libros antiguos ya catalogados, y volver a empezar a cada rato se hace imposible. Al fin y al cabo, hasta la numeración decimal es una convención, y nuestros relojes se siguen rigiendo por el sistema babilónico. Pero si no es físicamente posible estar cambiando de rótulos a cada rato, los sistemas informáticos ofrecen la posibilidad de hacerlo; con ellos, un buen referencista puede decidir el éxito de una investigación con sólo encaminar la búsqueda.
Hoy en día ya hay más escritores que lectores. Escribir una novela o un poemario es considerado un derecho y un deber, lo cual implica obligar a amigos y parientes a leerlo, a comprarlo o por lo menos a asistir a la presentación. En estas circunstancias, los taxonomistas de biblioteca pueden llegar a ser más importantes que los venerables escritores de solapas y contratapas. Pronto los émulos de Steve Jobs inventarán un buscador inteligente que será capaz de darnos en ciento cuarenta, o mejor aún, en catorce caracteres, un escueto resumen del texto. Gracias a él cualquiera podrá comportarse como si lo hubiera leído, lo cual le permitirá ganar amigos o por lo menos no perderlos.


3 may 2013

Las bibliotecas, ¿condenadas?


En apoyo a las Bibliotecas Populares no solo de Gualeguaychú sino de todo el país transcribo el presente artículo publicado en el diario El Argentino de la ciudad de Gualeguaychú, Entre Ríos



A pesar de ser populares, la situación que atraviesan las bibliotecas, al menos en Gualeguaychú, es por demás preocupante.

Por eso sus directivos apelan a la comunidad en un intento de no tener que cerrar las puertas.

Las puertas de un tesoro, aún a riesgo de que alguien piense por allí que lo que afirmamos es propio de una mente bucólica.

Porque vaya paradoja: cada una es un tesoro que a diferencia de lo que ocurre con los que conocemos -de la vida real o la ficcional- lejos de agotare con el uso, se multiplica por cientos cada día.

En cada persona que lleva un libro, ese tesoro hecha raíces y crece algo nuevo.

En cada respuesta que dan, un interrogante deja de serlo para volverse conocimiento.


Con las actividades que se organizan dentro de ellas, hay regocijo, aprendizaje y esparcimiento.

Por eso vale afirmar lo dicho hasta este punto.

También por esto no se entiende la razón por la que deban mantenerse al límite de sus posibilidades.

¿Alguien podrá creer que no son necesarias? 

La respuesta es simple: más que necesarias, son imprescindibles para la educación y el crecimiento de una comunidad.

Y si bien ésta contribuye mes a mes, está vigente la Ley provincial por la que es obligación el aporte estatal. 

Menos palabras entonces, de las que se dicen por obligación y más hechos concretos en coherencia con lo que se afirma.

Ese será sin dudas, el mejor discurso.

Fuente:http://www.diarioelargentino.com.ar/noticias/121563/las-bibliotecas-condenadas

2 may 2013

En buena forma física te concentras mejor



La famosa cita romana Mens sana in corpore sano ya tiene un fundamento científico. Investigadores de la Universidad de Granada han demostrado quemantenerse en buena forma física está relacionado con un mejor funcionamiento del sistema nervioso central y del sistema nervioso autónomo.

De acuerdo con el estudio, que se publica en la revista Plos One y que se basa en un grupo de jóvenes, la mitad de ellos miembros de un club de ciclismo, las personas que practican habitualmente deporte presentan un mejor rendimiento cognitivo que las que tienen hábitos de vida sedentarios. Concretamente, los datos de esta investigación indican que las personas que se mantienen en forma son capaces de mantener de forma sostenida la atención cuando desarrollan una tarea, reaccionando también más rápidamente que quienes tienen una mala condición física ante un estímulo externo presentado de forma impredecible en una tarea monótona. 

Previamente ya se había demostrado que el deporte previene la neurodegeneración, además de promover la neurogénesis y el crecimiento de capilares sanguíneos en zonas como hipocampo, córtex,  cerebelo y ganglios de la base.


Cuando pulsas "Me gusta" en Facebook...



Cada vez que haces clic sobre un "Me gusta" en la red social Facebook estás dejando un rastro de tu personalidad y tus preferencias, según sugiere hoy un artículo publicado en la prestigiosa revista PNAS. Sus autores, expertos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), demuestran en un estudio masivo con 58.000 usuarios que es posible averiguar la edad, la raza, el nivel de inteligencia, la tendencia sexual, las preferencias políticas, el consumo de drogas, la religión, los rasgos básicos de la personalidad y otra información de cualquier internauta rastreando y analizando automáticamente qué contenidos destaca con un "Me gusta" cuando navega a través Facebook. Algo a tener en cuenta dado que esa información es pública por defecto si no se cambian los criterios de privacidad.

En concreto, los modelos usados por los investigadores del Centro Psicométrico de la Universidad de Cambridge, que trabajaron en colaboración con Microsoft, revelan que es posible predecir la tendencia sexual con un 88% de acierto, y distinguir a un republicano de un demócrata sin error en el 85% de los casos. El software también predice si un usuario es cristiano o musulmán con un grado de acierto del 82%. Y si es soltero, está casado o enviudó con una precisión algo más baja, del 65%. 

Algunas de las relaciones identificadas en el estudio resultan bastante extrañas, como el vínculo entre la afición por las patatas fritas rizadas y una alta puntuación en las pruebas de coeficiente intelectual. Otras parecen más evidentes: por ejemplo, comprobaron que los que preferían a la cantante Jennifer Lopez habitualmente tenían más amigos en Facebook que los fans de Iron Maiden.

En cualquier caso, los autores recuerdan a los usuarios que aunque compartir gustos individuales o páginas no parece especialmente intrusivo, permite categorizar a los usuarios y predecir sus comportamientos en áreas mucho más personales y sensibles de lo que solemos creer.

Fuente: http://www.muyinteresante.es/tecnologia/articulo/hacer-clic-en-un-me-gusta-de-facebook-revela-datos-de-tu-personalidad?utm_source=Cheetah&utm_medium=email_MUY&utm_campaign=130314_Newsletter

El libro imposible de quemar y 10 que fueron calcinados


Hubo periodos en la historia de la humanidad en los cuales leer ciertos libros que no eran aceptados por el gobierno, la iglesia o algún régimen establecido, era visto como un crimen, como un pecado. ¿Qué hacían para prohibir la lectura a las personas?

La quema de libros es una práctica que ha empañado la historia de la humanidad en diversas épocas



La iglesia y los gobiernos tenían una forma particular de desaparecer esos "textos prohibidos", los quemaban para que no quedara rastro de aquellas letras insulsas; sin embargo, hubo quienes pensaron en aquel castigo y crearon un material para que los libros no pudieran quemarse.

Cuando se estrenó el libro Fahrenheit 451 se crearon algunos ejemplares que eran resistentes a fuego. De acuerdo a lo publicado por el sitio pijamasurf.com, la editorial Ballantine realizó en la década de los 50 una edición de Fahrenheit 451 en asbesto, esto para prevenir la quema, por si en algún momento la sociedad decidiera deshacerse de estos libros, por lo menos unos cuantos sobrevivieran al fuego.

Ray Bradbury tituló Fahrenheit 451 a las más célebre de sus novelas: se trata de la temperatura a la cual arde el papel, lo cual hace alusión a una sociedad en la que leer está prohibido y en las ciudades hay cuerpos similares a bomberos que, en vez de apagar incendios, se ocupan en crear hogueras donde queman cuantos libros se encuentren.

Tomando este motivo central del relato, la editorial Ballantine hizo una de las versiones más notables de Fahrenheit 451, publicando el libro en nada menos que asbesto, un material que resiste el fuego y que haría prácticamente imposible la reducción a cenizas del ejemplar. Actualmente existen unos 2 mil ejemplares de esta edición.

Sin embargo hubo muchos libros que no corrieron con esta suerte y los sitios prensalibreliterario.com y 20minutos.es hacen un recuento de estos años en donde leer estaba prohibido.

1. La quema de libros y asesinato de académicos en la China de Qin Shi Huang en el año 212 a. C., donde muchos intelectuales que desobedecieron la orden fueron enterrados vivos.

2. Los libros de Alquimia de la enciclopedia de Alejandría fueron quemados en 292 por el emperador Diocleciano.

3. En el año 367, Atanasio, el obispo rebelde de Alejandría, emitió una carta de pascua en la cual exigía que los monjes egipcios destruyeran todos aquellos escritos inaceptables, excepto aquellos que él particularmente etiquetó como aceptables y canónicos. Esa lista es lo que actualmente constituye el Nuevo Testamento.

4. Los textos heréticos no aparecieron como palimpsestos, borrados o sobrescritos como los textos paganos; de esta manera muchos textos de principios de la era cristiana se perdieron como si estos hubieran sido públicamente quemados. El Evangelio de Judas recientemente redescubierto en Egipto, fue un libro que se perdió mediante esta práctica de destrucción privada de información.

5. A finales del siglo XV se produjo en Florencia una importante quema de libros y obras artísticas de considerable valor, considerados todos ellos inmorales, en la llamada "Hoguera de las vanidades", promovida por Girolamo Savonarola.

6. La quema de los manuscritos o códices mayas por el sacerdote Diego de Landa en la localidad de Maní, en Yucatán, el 12 de julio de 1562.

7. A comienzos del siglo XVI, los andalusíes de la península ibérica tenían la obligación de entregar a las autoridades castellanas los libros escritos en árabe, siéndoles devueltos los que versaran sobre medicina, filosofía o historia, y quemados los demás.

8. También durante la Segunda Guerra Mundial se dio la quema de libros de autores judíos por parte de los nazis, desde 1930 hasta 1945 en Alemania.

9. En Chile, después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, los militares chilenos requisaron y quemaron miles de libros de política. En febrero de 1987 el Ministerio del Interior chileno sólo admitió haber quemado 15 mil copias de Las aventuras de Miguel Littín clandestino en Chile el 28 de noviembre de 1986, en Valparaíso, bajo órdenes del dictador Augusto Pinochet.

10. El 29 de abril de 1976, Luciano Benjamín Menéndez, jefe del III Cuerpo de Ejército a cargo del proceso de Reorganización Nacional (Golpe de Estado Argentino) con asiento en Córdoba, ordenó una quema colectiva de libros, entre los que se hallaban obras de Proust, García Márquez, Cortázar, Neruda, Vargas Llosa, Saint-Exupéry, Galeano... Dijo que lo hacía "a fin de que no quede ninguna parte de estos libros, folletos, revistas... para que con este material no se siga engañando a nuestros hijos".


¿Cómo calificarías el acto de quemar un libro?
¿Qué otro texto recuerdas fue prohibido?

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