5 mar. 2017

La gente ya no tiene paz para sentarse a leer un libro

Por: Ezequiel Viéitez

La gran artista cuando presentó el proyecto; tendrá el mismo tamaño que el Partenón real, pero levantado con libros. EFE/Arne Dedert

Marta Minujín (74) advierte que “las prohibiciones siempre pueden volver”. En una charla con Clarín, ?recuerda que “todas las culturas, en algún momento de la historia, prohibieron libros” y pone en relieve los aspectos más absurdos de la censura: “En España, los falangistas prohibieron Caperucita roja, por ser roja; en China, Alicia en el país de las maravillas, porque los animales no podían ser inteligentes y hablar; Hamlet fue prohibido en Etiopía... Acá, El principito”. Como una forma de defender el pensamiento y la diversidad, ahora la artista plástica levantará un Partenón -símbolo griego de la cultura- con 100 mil libros impresos en distintas lenguas. Será en la ciudad alemana de Kassel en el marco de la muestra de arte Documenta 14, con el lema “Aprender de Atenas”. Minujín quiere juntar en Buenos Aires títulos alguna vez prohibidos que done la gente. La instalación se erigirá en la plaza central de Kassel, donde en 1933 los nazis quemaron 2.000 libros.

- Hiciste la misma obra en 1983, después de la noche de la Dictadura, en Santa Fe y 9 de Julio. ¿Cuál es el sentido ahora?
- El mundo está complicado. Están pasando muchas cosas graves y no hay paz. Como me invitaron a Documenta, es la mejor obra que puedo hacer. Europa está convulsionada con el tema de los migrantes (N. del R.: y el resurgimiento de los nacionalismos). El libro prohibido es muy importante, porque muestra las fluctuaciones del pensamiento. Como el pensamiento cambia según como sopla el viento. Se va a un lado, se va para el otro. Viene un gobierno y prohibe unas cosas, viene otro gobierno y cambia las prohibiciones. Los libros fueron censurados en todos los países en todos los momentos de la historia, porque son vehículos de pensamiento. La gente aprende a pensar con libros.

"La gente ya no tiene paz para sentarse a leer un libro"
En 1983, la artista realizó una instalación similar -aunque más pequeña- en 9 de Julio y Santa Fe. Después, la gente se llevó los libros. ARCHIVO

- ¿En tiempos de Trump la obra cobra mayor relevancia?
- Yo lo veo más pegado al problema de Europa, pero Trump también tiene su influencia, porque va a prohibir miles de cosas, como que los indocumentados vivan en sus país. En Estados Unidos puede cambiar el mundo para peor...

La instalación, con una estructura de hierro, ya empezó a levantarse en Kassel. “Mide 70 metros de largo, 35 de ancho y 19 de alto. El doble de la obra que hicimos en el ‘83, ahora tendrá las mismas medidas que el Partenón de Grecia. La gente va a poder caminar entre las 38 columnas y llevarse libros para leer en los últimos días. Se inaugura el 10 de junio y termina el 17 de septiembre”, explica. Cada texto presentará una leyenda aclarando en qué momento estuvo prohibido, en qué lugar y por qué.

Para la artista, llegó la hora de acelerar. Juntó unos 35 mil libros -entre donaciones de editoriales y lectores europeos, en mayor parte-, pero: “Me falta muchísimo todavía”. Ahora, quienes circulen por Buenos Aires tendrán la chance de sumarse a esta obra multicultural y colaborativa. Con el apoyo del Gobierno porteño y el Ministerio de Cultura de la nación, se empezaron a depositar una veintena de containers estridentes con la imagen de la artista para donar títulos, viejos libros o reediciones de textos alguna vez censurados, de Rodolfo Walsh a Herbert Marcuse.

La instalación tiene un costo de 700 mil euros. Unos 400 mil los pone Documenta. Minujín busca sumar la colaboración de universidades y editoriales, además del apoyo de organismos oficiales. Hay que juntar libros y trasladarlos. La recolección en las calles culminará a fin de mes.
- Pero hoy en día hay menos prohibiciones que décadas atrás.

¿Aun así la cultura occidental está en riesgo?
- No, no está en riesgo, pero está tapada por las malas noticias. La gente ya no tiene paz para sentarse y leer un libro. El Partenón es un mensaje de paz, a favor de la diversidad. Es un símbolo porque ahí todos se encontraban para pensar. Los libros prohibidos son un símbolo fantástico de la rigidez del pensamiento del que prohíbe. Las personas siempre tienen derecho a elegir.

- ¿El hecho de que el Partenón sea construido con libros tiene también un significado especial en la era de lo digital y las redes sociales?
- En los ‘60 vos veías a las personas caminar por la calle con un libro en la mano. Ahora, se está perdiendo esa contemplación interior, la conexión con uno mismo.

"La gente ya no tiene paz para sentarse a leer un libro" 
Junto a los contenedores para donar libros prohibidos. Foto Gerardo DellOro

- ¿Hay formas sutiles, contemporáneas, de prohibiciones o limitaciones?
- Claro, si te distraen con los juegos de los celulares, por ejemplo, es algo que te aleja de tu propio yo.
- ¿Cómo salirse de eso?
- Mi consejo es que cada uno trate de aprovechar esta vida siendo uno mismo y no se deje guiar.

- ¿Hablás de la cultura del éxito? ¿Es un riesgo?
- Por eso yo inventé la Academia del Fracaso (en 1975, en el Centro de Arte y Comunicación) que era donde la gente aprendía a fracasar. En realidad no existe el éxito y el fracaso. Hay que ser “transfracasado” como era Van Gogh. Pintaba y no le importaba si tenía guita y seguía con lo de él. Después, se valoró su obra. Oscar Wilde fue preso en su momento, su obra fue prohibida y después se lo vio como a un genio. A la Academia del Fracaso vino a charlar Armando Bo, que nunca se había ganado un Oscar; vinieron grupos de rock que años después tuvieron éxito.

Dónde donar libros alguna vez prohibidos
?Pueden ser ediciones antiguas o reediciones de textos alguna vez censurados, en cualquier lugar del mundo. El listado de libros se puede con sultar en las redes sociales, buscando las cuentas @PartenonMinujin o @martaminujin.

Los textos se pueden dejar en los buzones habilitados en el Centro Cultural Recoleta, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Paseo de Carruajes del Teatro Colón, Centro Cultural San Martín, Usina del Arte, Casa de la Cultura (Av. de Mayo 575), Biblioteca Ricardo Güiraldes, Biblioteca Nacional y el Museo Nacional de Bellas Artes. En los próximos días se agregarán estaciones del Subte, el museo Malba y la Fundación PROA.


Fuente bibliográfica
VIÉITEZ, E., [sin fecha]. La gente ya no tiene paz para sentarse a leer un libro. [en línea]. [Consulta: 5 marzo 2017]. Disponible en: http://www.clarin.com/cultura/gente-paz-sentarse-leer-libro_0_B1a42vd5l.html. 

1 comentario :

Nelly Richard dijo...

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