9 ago. 2009

Así serán los libros y las librerías del futuro


LLEGA EL E-BOOK. Igual que cambian las bibliotecas, la llegada del e-book o libro electrónico (no impreso en papel) y los aparatos que actúan como soporte, hará cambiar las librerías.

250.000 KINDLES. El más famoso de esos aparatos para el e-book es el Amazon Kindle, que compite con el Sony Reader o el iPhone. "Se estima que en 2008 se vendieron 250.000 Kindles", comenta Will Moore, vicepresidente de marketing de Ingram Digital, empresa puntera en lo referente a cultura digital.

FORMATO ÚNICO. "Sólo falta que se fije el formato de e-book para el consumidor, porque ahora hay varios", añade Moore. En menos de 10 años, las librerías ofrecerán tantos productos digitales como impresos.

LIBRERÍAS DIGITALES. La cadena estadounidense Borders ya ha creado centros digitales en sus tiendas donde los consumidores interactúan con otros clientes mientras descargan sus libros. "El libro físico de toda la vida y el e-book pueden convivir perfectamente", asegura Alberto Rollo, director literario de la editorial italiana Feltrinelli, cuya cadena de librerías se está adaptando a los tiempos.

NOSTALGIA DEL PAPEL. "Habrá que replantear las librerías: repensar el espacio, los expositores, la iluminación, el sistema de firmas…", asegura Rollo. "Pero no es necesario sentir nostalgia por el papel ni excitación por la novedad. A fin de cuentas, lo que importa es el contenido".

LIBRO EXPRÉS. Entretanto, despunta otra opción: la Espresso Book Machine. Se trata de una superimpresora capaz de almacenar en su disco duro 500.000 títulos e imprimir y encuadernar un ejemplar en cinco minutos. La cadena británica Blackwell las va a colocar en 60 establecimientos.

LEER O NO LEER, ÉSA ES LA CUESTIÓN

Por Rogelio Blanco*
Actualmente hay una visibilidad desmedida en torno a los nuevos soportes de lectura. En la década de los 40, Marshall McLuhan ya planteó la muerte de la Galaxia Gutenberg. Sin embargo, los editores continuaron publicando más y mejor. Luego, fue Bill Gates quien escribió un libro explicando la transformación que se avecinaba. Y los editores siguieron publicando más y mejor. Hoy, el sector se encuentra ante un nuevo paradigma tecnológico y yo creo que, cuando la alarma pase, los editores publicarán más y mejor. Quiero decir que los nuevos soportes de lectura, como el e-book, son una realidad que ya triunfa en ciertos campos, como el enciclopédico y el jurídico, pero que no desplaza la realidad existente. En el futuro cohabitarán ambos modelos, el tradicional y el tecnológico, pero aún no ha llegado ese momento porque los nuevos soportes todavía no ofrecen suficientes servicios como para que la gente los use de un modo cotidiano.

Aún así, es evidente que los editores y los libreros se adaptarán a las nuevas circunstancias. Hablamos de un sector maduro que avanza de forma reflexiva, con criterio y aplicando la experiencia. Del mismo modo, los creadores se adaptarán a los nuevos tiempos, como hicieron cuando tuvieron que sustituir sus máquinas de escribir. Y el lector continuará leyendo independientemente del soporte.

Aún así, me gustaría lanzar una pregunta: desde el punto de vista de la autonomía, ¿qué es mejor: un libro o un e-book? La respuesta es evidente: el libro es absolutamente autónomo. No necesita batería, no se estropea… Es tecnológicamente perfecto. Borges ya definió el libro como uno de los grandes inventos del hombre.

Y el aumento de usuarios de las bibliotecas es una demostración de que cada vez leemos más. No hay otra institución tan cercana a la gente y en los últimos cinco años han experimentado una evolución extraordinaria. Un ejemplo: en 2004, cuando España ya era la cuarta potencia mundial en producción de libros, nuestras bibliotecas estaban sumidas en una especie de indigencia de contenidos. El ratio de documentos por habitante era de 1,2, cuando la IFLA/UNESCO determina que un país desarrollado debe tener un ratio superior a 1,5. Para arreglarlo, aumentamos en un 15.000% el presupuesto para la adquisición de documentos, y logramos un ratio en 2008 de 1,69.

Por último, creo que en el debate no deberíamos olvidar el punto final de este proceso: el ciudadano-lector. Centramos el debate en los creadores, los editores e, incluso, los soportes. Si partiéramos del lector, la reflexión, a veces nerviosa, quizá sería menos apocalíptica.

*Rogelio Blanco es director general del Libro.


Fuente:http://libreriamichelena.blogspot.com/2009/06/asi-seran-los-libros-y-las-librerias.html

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