21 mar. 2017

Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminar

Por: Luis Meyer



Nos dicen que hay que leerlas porque son los mejores. Y nosotros, valientes, lo intentamos. Algunos incluso llegamos a la página 30

Ciento treinta millones. Es más o menos el número de obras literarias publicadas a lo largo de nuestra historia. Un dato descorazonador para quien tuviera entre sus planes leérselo todo en vida: harían falta 250 años. Y eso, siempre que uno tuviera la capacidad sobrehumana de devorar cada libro en un minuto.

Tal vez por eso a algunos escritores consultados para este artículo no le duelen prendas en reconocer que acumulan un montón de ejemplares dejados a medias en sus estanterías. Incluso lo recomiendan: "La vida es corta y hay demasiadas cosas interesantes que leer", opina Andrés Barba, uno de los jóvenes escritores más importantes en habla hispana, según la prestigiosa revista británica Granta. Barba reconoce que la única vez que ha logrado acabarse Moby Dick fue cuando le encargaron traducir su última edición en castellano. El filósofo Henry David Thoreau ya lo había dicho un par de siglos antes: "Lee los buenos libros primero; lo más seguro es que no alcances a leerlos todos".

Visto el panorama, conviene no perder el tiempo con lecturas infructuosas. Manuel Astur, poeta, ensayista y cofundador del movimiento artístico Nuevo Drama, aconseja huir de lo farragoso: "Creo que un buen libro es el que logra contar algo complejo con un lenguaje sencillo y ahorrador", y cita: "La broma infinita, de Foster Wallace, es un claro ejemplo de postureo: pocos han conseguido terminarse sus más de mil páginas. Y quienes lo han hecho, jamás reconocerán que no les ha gustado y han perdido el tiempo".


Hay una cantidad ingente de obras malditas que muchos no tienen las tragaderas para leer hasta el final, ni el arrojo de reconocerlo. Ya dimos 10 ejemplos, y ahora vamos con un segundo listado. Antes de afrontarlo, un consejo kafkiano para optimizar el tiempo y no desazonarse ante los millones de ejemplares que jamás llegaremos a hojear y, mucho menos, culminar: "No se deberían leer más que los libros que nos pican y nos muerden. Si el libro que leemos no nos despierta con un puñetazo en el cráneo, ¿para qué seguir?". Lo dijo un autor, Kafka, prolífico en obras que muchos han dejado a medias.

1. 'Ada o el ardor', de Vladímir Nabókov
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl típico caso de una obra de arte aplaudida por la crítica e incomprendida por el público. El genial autor de San Petersburgo escribía tan bien que facturó su novela más célebre, Lolita, en inglés, y ni siquiera era su lengua vernácula (aunque la dominara desde pequeño, por el empeño de su aristocrática familia y sus maestros de escuela). El germen de Ada o el ardor se le ocurrió tras volverse mundialmente famoso con la historia del profesor viudo obsesionado con una adolescente: justo después de Lolita, se propuso crear su obra maestra (aún no era consciente de que ya lo había hecho), y Ada o el ardor (1969) nació de dos proyectos distintos, dos crónicas vitales que acabaron trenzándose de tal manera que decidió que merecían convertirse en una sola novela.

Tal vez por eso le llevó escribirlo más de nueve años. Nabókov siempre declaró que deseaba ser recordado por esta obra, aunque su enrevesamiento narrativo, plagado de acrobacias semánticas, alusiones y dobles sentidos imperceptibles para un lector de inteligencia media, no encontró el acomodo universal que esperaba. El poeta Manuel Astur vive una contradicción con este libro: "Nabókov es uno de mis maestros, mi gran inspiración para mis libros. Pero esta es una novela que se me resiste, por más que lo intento".

2. 'Rayuela', de Julio Cortázar
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl escritor argentino definió su obra maestra Rayuela (1963) como "contranovela". A través de la historia de su protagonista, Horacio Oliveira, traza, a lo largo de 156 capítulos, una vida completa, pero con estructuras que huyen de convencionalismos para adentrarse en lo surrealista. Y no solo en lo que cuenta, sino especialmente en cómo lo hace. Invita al lector a compartir su caos y le da varias opciones para leer la novela: está la "normal", de principio a fin. También la "tradicional", solo hasta el capítulo 56 y prescindiendo del resto. También la "anárquica", esto es: el orden que se le antoje al lector.

Y, por último, el que propone Cortázar a modo de juego, con una secuencia establecida en el "tablero de dirección" mostrado en la primera página, como una suerte de Excel primigenio. Es una cuadrícula en la que el lector comienza en el capítulo 73, y de ahí va rebotando de uno a otro sin orden aparente, hasta finalizar en el 131. Muchos son quienes aseguran no haber pasado de la página tal o de la página cual. Pero a esa confesión debe seguir la inevitable pregunta: ¿en qué orden te lo leíste? Y es que Rayuela es el único libro que, si se deja por la mitad, puede significar que prácticamente te lo has acabado.

3. 'En busca del tiempo perdido', de Marcel Proust 
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarLa filóloga Josefina Lascaray da un consejo a los intrépidos que se aventuren a terminarse los siete tomos que escribió Proust a lo largo de 14 años: "Llegar hasta la página 80 del primero, y superar la famosa escena en la que Proust rememora su infancia mientras moja una magdalena en té". El escritor parisino levantó esta obra de más de 3.000 páginas entre 1908 y 1922, justo el año que falleció, posiblemente exhausto por semejante odisea.

Muchos recomiendan leer antes la biografía de Proust, porque En busca del tiempo perdido se compone, en definitiva, de reflexiones sobre su vida hechas en vida. Pero volvamos a la página 80: "Es una novela muy complicada por la sintaxis tan propia y compleja de Proust, la ausencia de puntos en pasajes larguísimos en los que va hilando ideas dispares y es fácil perderse. Pero cuando pasas el episodio de la magdalena, el cerebro se acostumbra a su forma de escribir, y ya está preparado para el resto que, si le coges el punto, lo devoras", dice Lascaray. El suyo no es un caso normal. Pocos pueden decir que se han zampado los siete tomos ("es una mis espinas clavadas", reconoce Manuel Astur), y mucho menos dos veces, como la filóloga: "La primera por placer, recién empezada la universidad; la segunda, porque fue mi proyecto de fin de carrera. Y descubrí muchos detalles nuevos. Lo recomiendo". Quien esté dispuesto a secundarla, que se coja un par de meses de excedencia. O mejor un año.

4. '2666', de Roberto Bolaño
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarMuchos de los consultados achacan, a la dificultad para acabarse esta novela, su longitud. No en vano, el genialmente oscuro autor chileno la planteó como cinco libros independientes que se publicarían tras su muerte en 2003,como legado económico para su descendencia. Sus hijos, en cambio, dejaron de lado la intención crematística y prefirieron convertirlos en una única gran novela. El resultado son más de mil páginas con la pluma ágil y turbia de Bolaño recorriendo lo acontecido en la ciudad imaginaria de Santa Teresa, espejo de la violenta Ciudad Juárez de México.

Hay otro factor, sin embargo, que hace que uno encalle más o menos a la mitad del libro. Nos lo cuenta la filóloga Josefina Lascaray, una voz autorizada por la devoción que siente por el autor: "Me dio bajón. Bolaño tiene una escritura espectacular, pero en esa parte describe uno tras otro asesinatos de mujeres, durante páginas y páginas que pasan de lo tedioso a lo angustiante sin interrupción. Es como llegar a un terreno enfangado de horrores, que me impide seguir con lo que viene después".

5. 'Corrección', de Thomas Bernhard
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarAparte de su trama indescifrable, el desprecio absoluto del autor austriaco por los puntos y seguido (por no hablar ya de los puntos y aparte) y su obsesión con las frases subordinadas hasta el infinito, llevan al lector a la claudicación ya desde la tercera página de Corrección (1975).

Los hay que defienden a ultranza su estilo laberíntico, como Andrés Barba: "Hay que interpretar sus textos como obras sinfónicas, con sus ritmos y sus cadencias. Dejarse llevar como lo haces con una melodía". También el joven escritor y crítico literario Jesús Artacho, que sobre Corrección, afirma: "Lo sé, lo tiene todo para no gustar: un argumento poco atractivo y una sintaxis asfixiante en sus más de 300 páginas. Pero hay que leerlo, y después odiarlo o admirarlo sin reservas, pero hay que leerlo".


6. 'Los cantos', de Ezra Pound
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEs un poema largo, larguísimo, más aún por el tiempo que llevó escribirlo que por su extensión. Casi medio siglo, desde 1915 a 1962, se tomó el poeta estadounidense Ezra Pound para culminar sus 116 cantos. Están considerados por la crítica una de las obras más significativas de la poesía modernista del siglo XX, y al mismo tiempo una de las más complejas. Por sus casi mil páginas circulan multitud de ideas atropelladas que saltan de una a otra abruptamente, en las que afloran su admiración hacia Confucio, su antisemitismo, su afinidad con el régimen de Mussolini, referencias geográficas que recorren Europa, Asia, Estados Unidos y África, volteretas temporales y varios idiomas, incluidos caracteres chinos.

El poeta y traductor cubano José Kozer da unas pautas para no cejar: "Leerlo en inglés. El inglés de los poemas de Ezra Pound es fácil de leer. Lo difícil en sus poemas es el griego, latín, chino, japonés, italiano del Renacimiento, imitaciones del habla popular inglesa o de la pronunciación del inglés en boca, por ejemplo, de un hablante alemán. Menos difícil de leer es su francés, italiano y alemán modernos, o su deficiente español, tan defectuoso como el de Hemingway". Y reconoce: "Leer a Pound es adentrarse en una interminable retacería muchas veces inabordable. Una poesía que nos entraña en la dificultad a veces ígnea, a veces tediosa del mundo que heredamos y al que damos en gran medida la espalda por desidia".

7. 'Flash boys', de Michael Lewis
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarSi hay algún índice mínimamente científico que pueda medir qué libros se dejan a medias, es el Hawking Index del Wall Street Journal. Se basa en los datos ofrecidos por Kindle, la plataforma digital, concretamente de su función Highlights: el usuario puede resaltar un párrafo, que luego recogerá Amazon en un listado de los pasajes más exitosos. En función de en qué página se encuentre el promedio de textos destacados, se desprende un porcentaje de lectores que se acabaron cada libro. Este índice de concreción discutible (se deja fuera a los lectores de las ediciones en papel y a los de Kindle que, sencillamente, no usen la susodicha función) tuvo, sin embargo, bastante repercusión cuando se publicó en 2014.

Allí figuraba Flash Boys (2014), que cuenta cómo se amañan los sistemas informáticos de las bolsas para que, al final, siempre gane la banca. Un libro interesante del que solo se leyó, de media, un 24,7% de su contenido. Y es que a pesar de desvelar escandalosos hallazgos, muchos critican su excesivo tecnicismo a la hora de contarlos. Michael Lewis, broker, escritor y periodista financiero, parece exigir tácitamente un máster en macroeconomía para entenderle.

8. 'La casa de hojas', de Mark Z. Danielewski
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarCuando uno pregunta por el género de La casa de hojas (2000), las respuestas de quienes han pasado por sus páginas son dispares: muchos la consideran una novela de terror, otros romántica, algunos creen que hay mensajes existenciales soterrados y los hay quienes, sencillamente, opinan que es un tostón ilegible. La crítica sí ha coincidido en calificarlo de literatura ergódica, neologismo que parte de dos palabras griegas: ????? (trabajo) y ???? (recorrido), y que define, según el estudioso Espen J. Aarsethse, a las obras que requieren un esfuerzo relevante por parte del lector para atravesar el texto.

El lector no se limitará a leer: para llegar a su última página habrá cambiado el libro de posición unas cuantas veces, leído caracteres inversos a través de un espejo, descifrado código morse, interpretado partituras y hasta alfabeto braille. "Cuando cayó este libro en mis manos, pensé que iba a ser un desastre comercial", cuenta un editor que prefiere no dar su nombre. "Al final se vendió muy bien, pero dudo que muchos lo hayan terminado", añade.

9. 'Cristo versus Arizona', de Camilo José Cela
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl Premio Nobel Camilo José Cela fue otro de los alérgicos a los puntos, al menos en este western experimental salmodiado en primera persona: solo tiene uno, el punto final. Se introduce en el salvaje Oeste para tocar, de soslayo, el famoso duelo que enfrentó a los Earp con los Clanton y los Frank, en octubre de 1881, en el O. K. Corral.Todo es una excusa para concatenar pequeños relatos sin rumbo definido.

Los pocos que logran llegar a la página 238 donde espera el añorado punto, eso sí, se ganan una radiografía certera de una sociedad que estuvo marcada por la violencia y el sexo, descrita con esa pátina de humor y desprejuicio que, irrebatiblemente, es Cela en estado puro.



10. 'Finnegans wake', de James Joyce
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarDe James Joyce podíamos haber elegido Ulises, pero nos pareció demasiado obvio. Cuando el lector se queje del esfuerzo que exige leer Finnegans wake (1939), que tenga en mente lo que le costó al autor levantar esta novela, que le llevó casi dos décadas escribir. Lo desconcertante es que la empezó poco después de terminar su monumental Ulises (1922), obra que, en sus propias palabras, lo había dejado "exhausto". Está claro que el escritor irlandés sacó fuerzas de algún lado, porque Finnegans waketiene 628 páginas, para las cuales tuvo que descartar casi 15.000.


Tiró de un leguaje inventado, a base de mezclar unidades léxicas inglesas con neologismos, y lo trufó de calambures que vuelven su compresión realmente difícil. La estructura ayuda poco: no es lineal sino, como él la calificó, "esférica", donde todo lo que se cuenta sobre la familia Earwicker y su entorno es al mismo tiempo principio y fin del relato. Los pocos que han logrado culminarla (y entenderla), como el escritor Anthony Burgess, afirman que se han "partido de risa en cada página". Felicidades, señor Burgess.


Fuente bibliográfica
MEYER, LUISPAÍS, E.E., 2017. Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminar. EL PAÍS [en línea]. [Consulta: 21 marzo 2017]. Disponible en: http://elpais.com/elpais/2017/01/20/icon/1484939147_794976.html. 

20 mar. 2017

Todas las cosas mágicas que te puedes encontrar en un libro de segunda mano

Por: Xaime Mártinez



Marihuana, cartas de amor de tus abuelos, dinero o fotos de estudiantes desnudos... Estas son algunas de las historias que ocultan los libros entre sus páginas

Un libro es un lugar especial para guardar cosas: es bastante fácil predecir quién va a abrirlo y quién no, llega a mucha gente, tiene una larga vida y —a no ser que cuentes con una Biblia-licorera como la de Homer Simpson— solo permite esconder pequeñas hojas, postales o documentos.

En algún momento de nuestras vidas todos guardamos algo en un libro, ya sea una fotografía antigua o una carta.

Y claro, es también frecuente que eso luego se nos olvide y el libro acabe con los años en una librería de segunda mano o en las estanterías de un familiar casi desconocido.

En un hilo de Reddit han querido recopilar una serie de las mejores cosas que puedes encontrarte entre las páginas gastadas de un ejemplar de la Biblia, entre dos arcaicas recetas de cocina, o pegado a la contraportada del libro de cuentas de tus padres.

Y hay de todo: desde enternecedoras historias de amor entre abuelos a relatos más tristes, pasando por experiencias psicodélicas e imprevistas sumas de dinero.

¿Qué puedes hallar en un libro de segunda mano? Estas son algunas respuestas.

1. 500 dólares
«No soy religioso, pero un día en un hotel cogí una de esas Biblias que ponen en todas las habitaciones de hotel (especialmente en los anteriores a los años 90...).

Yo tendría 13 años y encontré 500 dólares dentro. Uno de los pasajes estaba subrayado, aunque no recuerdo el versículo. Mis padres me dejaron quedarme con la mitad del dinero y la otra mitad se la donamos a todos los indigentes que vimos por la calle en los siguientes dos o tres días... 20 dólares cada vez (Esto fue idea mía, ¡ellos querían gastárselo en cenar un entrecot! Hah)».

2. Diez tréboles de cuatro hojas
«Me encontré diez tréboles de cuatro hojas en un libro de Stephen King. Por cierto, era El cazador de sueños».

3. Una carta de amor de tu abuelo a tu abuela
«Cuando murió mi abuelo recibimos su colección de libros. Y en una guía de botánica escocesa encontré una nota manuscrita de mi abuelo a mi abuela en la que le deseaba un feliz cumpleaños, y le decía que disfrutara mucho su tiempo en Escocia y que la quería. Eso fue suficiente para hacer que yo tuviera los ojos húmedos, porque mis abuelos nunca demostraban públicamente que se querían».

Mi abuela sufrió un grave infarto cuando tenía 30 y pico años, y eso tuvo como consecuencia que tuviera la mente de alguien de 12 años durante el resto de su vida. Mi abuelo desde entonces fue su cuidador, por lo que leer una carta en la que decía que la quería de una manera tan romántica fue bonito».

4. Una hoja de marihuana
«Me encontré una hoja de marihuana prensada entre las páginas de un libro de arte de los años 70. Por desgracia, se deshizo en cuanto la saqué del libro para conservarla».

A lo que otro usuario de Reddit contestó: «¿Trataste de conservarla en tus pulmones? Eso destruye las hojas».

5. Notas secretas entre dos amantes
«Me compré un pack de varias revistas de cocina gourmet de los años 50. Había una inscripción en ellas que decía claramente que habían sido un regalo de bodas... aunque entre varias de las páginas encontré notas amorosas entre la novia y su amante».

6. El recibo de una carnicería... por valor de MUCHA carne
«Encontré un recibo de una carnicería de Manhattan que data de 1985. ¡La persona compró 450 dólares de carne!»

7. Postales tristes
«Tengo muchos libros. En ellos he hallado dinero, notas de amor o flores de 1910. Pero la mejor cosa que he encontrado nunca es una postal de una hija a su padre. Una fotografía de Ibiza y el texto "Te quiero, papá. Estoy pensando en ti. El padre escribió un pequeño mensaje en la postal: 'Por qué no puedo ser feliz'.  Nunca sentí una conexión mayor con nadie».

8. Los restos de una venganza
«Una amiga mía tenía un hermano que se reía mucho de ella por leer libros. Entonces ella decidió regalarle un libro todas las navidades... con un billete de 20 dólares dentro. Su hermano siempre se quejó de los regalos de su hermana y nunca mencionó el dinero. Ella cree que él tiró los libros o los regaló. Que te jodan, Steve».

9. Fotografías de estudiantes desnudos
«Cuando trabajaba en Libros a mitad de precio", encontré dinero, polaroids de gente desnuda, marihuana... Pero las fotos de desnudos estudiantiles eran especialmente típicas».




http://www.playgroundmag.net/cultura/books/libros-segunda-mano_0_1920407952.html

16 mar. 2017

Los odios en la comunidad escolar





El odio en las escuelas retornó a la noticia periodística. En Buenos Aires, una profesora fue amenazada en una carta, pintaron su escuela y recibió una bala. El autor NN del mensaje, aplazado por la docente, buscó que se lo apruebe a la fuerza; en Salta, la madre de una niña repitente agredió a golpes a las docentes de la escuela. Esto se llama bullying, el uso del hostigamiento y la discriminación, algunas de las formas de la violencia escolar.

En la gestión de la conflictividad escolar los educadores saben qué promover cuando los padres y alumnos no aceptan la convivencia institucional. Para ello se capacitan, organizan equipos interdisciplinarios que deben prevenir los conflictos, preparan protocolos y tratamientos específicos y, en fin, se ilusionan con ser los mediadores entre el agresor y la víctima en un contexto de consensos.

La escuela genera amores y odios violentos y con la declinación que sufrió el principio de la autoridad, hoy es objeto de un ?odioenamoramiento?: la víctima dice que ama su trabajo en el establecimiento, pero no alcanza y el victimario repudia al acosado por alguna reivindicación personal ante el grupo.

La institución educativa que transmite los saberes iniciáticos, aloja una diversidad de subjetividades que resume a buena parte de la sociedad. En la escuela, por ende, están los que pueden desatar el odio hacia el prójimo y gozar con el acto agresivo. Prevenir este desencadenamiento en tiempo justo y metabolizarlo en el preciso momento, es el desafío de lo contingente frente a las pasiones del acosador.

La amigabilidad que logre la comunidad educativa en su propio ámbito, interpretando contradicciones y contagiando el deseo de que lo que el otro tiene o hace y debe ser tolerado, dependerá de que los integrantes de la institución sean responsables para cumplir las normas y valores específicos.

¿Hasta qué punto todas las violencias en el sistema educativo no se manifiestan por el estallido de los lazos escolares? Después de un bullying se conoce perfectamente qué lazos personales fueron quebrados, quiénes no pudieron controlar su goce por la violencia y llevaron el odio al extremo del ataque y a veces por diversión.

Resultado de imagen para violencia a los docentesLa madre salteña, judicializada, golpeó a la docente porque no cree en su autoridad ni saber para estar en la pedagogía, la tomó de objeto donde proyectar la violencia; por su parte, el alumno de Buenos Aires, con la bala mensajeó a su profesora y le contó cómo es el goce que siente por la muerte de ella si lo desaprobaba. Al manipular posiciones en el texto de la carta, pasó de verdadero agresor a víctima de la profesora.

Resultado de imagen para violencia a los docentes 
Desde ese lugar de amo total cometió varias violencias para imponerse como el alumno en estado de superioridad dentro del sistema: vigiló a la profesora, buscó disciplinarla con la carta y angustiarla con la bala. No quería aprender física con ella, sino anular su ser.

El psicoanalista Jacques Lacan definió que ?la violencia es ciertamente lo esencial en la agresión (...). No es la palabra, incluso es exactamente lo contrario. Lo que puede producirse en una relación interhumana es, o la violencia o la palabra?.

El bullying delata un sufrimiento subjetivo en los que no hablan sus diferencias y, sin sentido, solo actúan para hacer estrago.



Fuente bibliográfica
CEBALLOS, RODOLFO, E., 2017-2-2]. Los odios en la comunidad escolar. El Tribuno [en línea]. [Consulta: 17 marzo 2017]. Disponible en: http://www.eltribuno.info/salta/nota/2017-2-27-0-0-0-los-odios-en-la-comunidad-escolar. 

El estrés docente: un hecho al que casi nadie parece importar


Desgraciadamente, cada vez más docentes sienten en su trabajo ese malestar personal, esa sensación de no servir para nada, de que su esfuerzo no es reconocido como debería serlo, y que en muchas ocasiones se le exige hacer cosas que no son ni mucho menos de su competencia.

Me parece a mí, que todavía se cree en el rol de los maestros de las civilizaciones clásicas: ese rol que definía al docente como un “semidios”, que todo lo sabía, que sabía darle explicaciones a casi todas las cosas, y uno de los seres más sabios e inteligentes del lugar.

Así pues, se defendía que los profesores podían con todo y que en ningún momento podrían necesitar ayuda de vez en cuando. Esa creencia era absurda hace décadas y lo sigue siendo ahora. Los docentes son personas de carne hueso (oh, qué gran sorpresa), que sienten y padecen. Y que en más casos de los que les gustarían, sufren un malestar que posiblemente no sepan explicar. Ese malestar, no provoca únicamente estrés (que ya es suficiente), sino que puede desembocar en fatigas, excesivo cansancio, dolores musculares, dolor de huesos, de cabeza, problemas al conciliar el sueño, en la alimentación, en sus relaciones personales e incluso en una depresión laboral.

¿Quién se encarga del bienestar docente?
Estas situaciones, como os podéis imaginar no han suscitado demasiada importancia en los medios. Ni siquiera en los centros educativos. Son muy pocos colegios o institutos los que hacen algo para evitar lo anteriormente citado. La mayoría de programas, de actividades, de reuniones son en referencia a los alumnos, y eso está bien. ¿Pero quién “cuida” a los docentes? ¿Quién se encarga de su bienestar en el trabajo? Sí, la respuesta más sencilla es que ellos mismos. Pero es que ellos mismos, en muchas ocasiones se sienten tan agotados y menospreciados que no tienen ni ánimos para motivarse por sí solos.
Muchos, por ejemplo, no han desarrollado habilidades para enfrentarse a estos conflictos, o no están preparados para una situación concreta. Algunos, se implican demasiado con los alumnos y les termina afectando también a ellos.

Desgraciadamente, más personas de las que me gustaría, se estarán preguntando: “estrés docente, ¿es eso posible?. Parece ser que algún sector de la sociedad, todavía no se ha dado cuenta que el personal educativo es uno de los peores reconocidos y tratadas desde hace algunos años. ¿Qué puede provocar entonces ese malestar en los docentes? A mí se me ocurren un montón de cosas a exponer.


Muchos alumnos para un único profesor:
Pues sí, en muchas ocasiones, hay aulas compuestas por 30 alumnos para un único docente. ¿Es eso normal? No, por supuesto que no. Habitualmente, el maestro o profesor se encuentra sólo en clase. Tiene que enfrentarse a estudiantes diferentes, con distintas habilidades y capacidades, con ritmos de aprendizaje muy dispares, y con un sin fin de intereses. Cada día, tiene que adaptar sus clases, tiene que centrarse en todos los alumnos y dejar a un lado esa atención personalizada e individualizada que muchos centros dicen tener y muchos padres quieren que se de. ¿Pero cómo se va a llevar a cabo ese deseo? Para llegar a esa cumbre, haría falta por lo menos tener a tres docentes por aula todos y cada uno de los días. ¿Estarían dispuestas las autoridades a eso? No, me temo que no.

Lo que se aprende en la universidad, está lejos de ser práctico:
Es cierto, los que estudian magisterio no aprenden a tratar las dificultades de aprendizaje, por ejemplo. Y tampoco las necesidades específicas de los alumnos. En muchos casos, los docentes se encuentran con estudiantes de altas capacidades y no saben qué hacer. No por falta de capacidad ni de habilidades, sino simplemente porque no les han enseñado. Pueden tener apuntes, pueden saberse la teoría de memoria. ¿Pero qué pasa en la práctica? Y se sienten perdidos.

Seamos sinceros; no todos los alumnos tienen ganas de aprender:
Pues sí, es de sobra conocido, que muchos alumnos presentan falta de interés y poca motivación. Que se sienten desanimados y que no tienen ganas de aprender cosas nuevas. El docente, se esforzará en crear un innovador y atractivo proceso de enseñanza-aprendizaje, para llamar la atención de los estudiantes, pero hay veces que las expectativas no se cumplen y no se ha generado el clima ni la actitud que ellos esperaban.

Sí, hay familias que insultan a los docentes. Y no sólo en una ocasión:
Desgraciadamente, hay familias que culpan a los maestros de todo lo que le pase a sus hijos. Se crea un escenario de críticas, de malas palabras, de acusaciones y de ofensas hacia el profesor. Hay padres, que están lejos de ser personas civilidades y con buena comunicación. Y algunos de ellos, pueden llegar a insultos e incluso a acosar al profesor.

Los futbolistas son más importantes que los docentes:
Ya se puede dar el caso de que un profesor haya hecho algún logro importante, que seguramente no será reconocido por las demás personas ni por los medios de educación. Hay muchos docentes que cada día se esfuerzan y dan lo mejor de sí mismos para los alumnos. Pero claro, da más audiencia que Cristiano Ronaldo haya dejado a su novia.

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¿Los docentes pueden hacer algo para no sufrir de estrés?
¿Hay algo que se puede hacer al respecto? Evidentemente, sí. Los expertos dicen, que practicar deporte en cualquier situación de estrés es beneficioso, ya que reduce el riesgo de ansiedad. Evidentemente, los docentes necesitan tiempo para ellos mismos, y en muchas ocasiones, ese tiempo de ocio o de estar con sus familias y amigos, lo dedican a corregir exámenes, trabajos, actividades o a preparar las clases, y eso les genera más sensación de malestar.

No se debería dar casos en que los maestros dejaran de hacer cosas que les gustan por exceso de trabajo (ojo, ni los maestros ni ningún trabajador).   También, es muy importante que el docente fomente su autoestima y que potencie las actitudes positivas que tenga a lo largo del día. Que sea consciente de los obstáculos que ha superado y de que su esfuerzo ha merecido la pena. Y que por supuesto, en situaciones límites que no sepa cómo actuar (porque… ¡oh, madre mía!, el docente no lo sabe todo), pida ayuda a los pedagogos, directores y demás personal educativo del centro.

Dar más importancia a la formación del profesorado
Como es obvio, desde el propio centro también se pueden plantear diversas actividades para reducir el estrés docente en las aulas, como por ejemplo diferentes cursos de formación, reuniones mensuales para que los maestros hablen de sus experiencias, de sus dudas, de sus inquietudes, fomentar la comunicación y la relación entre el personal educativo creando grupos de trabajo y de colaboración entre ellos, apoyándose en las situaciones y casos en las que sean posible. Quizás, empezando por eso, los docentes se sentirían valorados por el lugar del trabajo, y estarían más motivados en las clases. Pero, ya sabemos que en gran parte de los colegios, institutos y universidades, realizar esos programas, les parece una pérdida de tiempo, y en muchas ocasiones, los propios docentes se ven obligados a buscar ayuda externa para no verse superados.

En cuanto a la sociedad
Aunque a la gente le cueste creerlo, la docencia es una de profesionales que más estrés produce. Muchos psicólogos dicen que el número de maestros que pasan por sus consultas está ascendiendo a un ritmo vertiginoso.

Algunos de ellos, afirman haber pasado por depresiones provocadas por el exceso de trabajo y el poco reconocimiento y estima que se les tiene. Lo que es cierto, es que como la mayor parte de la sociedad sigue sin darse cuenta de lo que realmente llegan a hacer los profesores, como no son conscientes de su implicación con los alumnos, me temo que este problema tardará en solucionarse y que estará presente durante varios años más.

Además, como viene siendo habitual, estas situaciones pasarán desapercibidas por la mayor parte de las personas. Pero, ¿no son los docentes superhéroes camuflados? Pues no, señores míos, está claro que no lo son.



Este contenido ha sido publicado originalmente por Nunca Jamas y Yo en la siguiente dirección: nuncajamasyyo.com | Autor: Mel Elices

Fuente bibliográfica
EL ESTRÉS DOCENTE: UN HECHO AL QUE CASI NADIE PARECE IMPORTAR. WEB DEL MAESTRO CMF [en línea], 2016. [Consulta: 16 marzo 2017]. Disponible en: http://webdelmaestrocmf.com/portal/el-estres-docente-un-hecho-al-que-casi-nadie-parece-importar/. 

14 mar. 2017

¿Cómo enseñar con las nuevas tecnologías?




"Los maestros y profesores deben actualizarse para eliminar el analfabetismo tecnológico, “pero no pueden olvidar que el objetivo de la educación es hacer personas de bien que ayuden a mejorar la sociedad”.

Hoy en día, incluso los niños pequeños, tienen acceso a herramientas digitales y tienen en la punta del dedo índice el poder para conectarse con toda la diversidad y amplitud del conocimiento humano. Por ello, los maestros asumen que enseñar es también gestionar la abundancia de información. 

“Nuestra función, definitivamente ha cambiado”, nos dice Ana Felipa Sevilla, profesora de primaria del colegio Regina Pacis. “Antes, el maestro era un transmisor de conocimientos”. Él sabía una materia que luego difundía a sus estudiantes. Hoy su trabajo es acompañar y guiar a los alumnos en el proceso de aprendizaje”. 

Por su lado, Mariana Meneses, profesora especializada en arte de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), está convencida que la primera obligación del educador es poner empeño en la motivación de los alumnos. “Los niños y jóvenes esperan respuestas en un click, así que desde el primer momento de la clase, hay que conectarse. No con internet, sino con las expectativas de los chicos”. 

LÁPIZ Y CUADERNO

En nuestros tiempos, muchos colegios incluso utilizan elementos del propio salón de clase para fomentar el aprendizaje. “Sin embargo, lo ideal seguirán siendo los materiales simples que fomentan el desarrollo del aprendizaje y la creatividad”, señala Meneses. “Una hoja de papel y un lápiz siempre son imprescindibles, pues así como la pincelada define a un artista, la caligrafía y el trazo nos hacen únicos”. 

Felipa Sevilla, añade, “en mi caso la pizarra virtual y el tener computadoras en clase, es de gran ayuda, pero el lápiz y el papel son elementos esenciales para el desarrollo motriz”. Por su lado, la educadora Mariana Meneses apunta que a pesar de los avances tecnológicos, es obligatorio observar el medio ambiente e identificar ahí los materiales que nos ofrece la naturaleza. 

CONSTRUIR CONOCIMIENTO

El rol del profesor y la manera de arreglar las clases, han tenido que adecuarse a las nuevas metodologías. “El alumno ahora construye el conocimiento”, dice Meneses. “La tecnología es una estrategia o medio, no un fin”, resalta a su turno Ana Felipa. Los maestros deben actualizarse para eliminar el analfabetismo tecnológico, “pero no pueden olvidar que el objetivo de la educación es hacer personas de bien que ayuden a mejorar la sociedad.

Conoce los planes de Internet para el hogar

Contar con Internet en casa permite a los chicos acceder a información actualizada y reforzar lo aprendido en clase.

Son muy pocas las tareas escolares que nuestros hijos pueden realizar sin la necesidad de investigar y analizar información. Por eso, tener Internet en casa es una herramienta imprescindible para potenciar su aprendizaje en etapa de formación.

“Internet ofrece a los estudiantes la posibilidad de acceder a una importante fuente de información donde pueden investigar y aprovechar lo último de cada faceta del conocimiento. Esta herramienta representa para ellos una importante fuente de consulta debido a sus vastos recursos y actualización permanente. Los colegios, institutos y universidades utilizan cada vez más plataformas de enseñanza basadas en Internet para un mejor aprovechamiento de las TIC”, sostiene Roberto Bellido, sub director de Mercado Residencial de Claro. 

Internet facilita el contacto de los chicos con una gran fuente de información y comunicación lo que permite que participen activamente en grupos de trabajo a distancia. Sin embargo, ante la interacción con el mundo digital, es necesario contar con medidas de seguridad para que la navegación de los pequeños esté dentro de los contenidos verificados y aptos para cada edad. 


Otro punto a favor de contratar un servicio de Internet en casa es que así evitamos que nuestros niños acudan a cabinas públicas y se expongan a riesgos al tener contacto con contenido inapropiado. “Tener internet en casa y usarlo adecuadamente es beneficioso porque permite el acceso seguro a la información de los estudiantes. Evita que se trasladen para usar cabinas o permanencias muy prolongadas en los colegios para cumplir con sus deberes y que puedan hacerlo desde la comodidad de su casa. Esto también aumenta la presencia en familia y alivia la incertidumbre de los padres en cuanto al contenido que visitan y las acciones que hacen en la red”

Fuente bibliográfica
Suplementos educación colegios. El Comercio [en línea], 24 de febrero del 2017. [Consulta: 14 marzo 2017]. Disponible en: http://elcomercio.pe/suplementos/comercial/educacion-colegios/como-ensenar-tiempos-internet-1002634. 

13 mar. 2017

El hombre que murió aplastado por una avalancha de libros (y otros objetos)

Por: Alejandro Gamero 



Langley CollyerQuisiera detenerme en la cara menos amable de ese acaparamiento obsesivo compulsivo centrándome en la historia de Langley Collyer, un hombre que murió en 1947 aplastado por una avalancha de libros. Quienes conozcan a Collyer ?y no es extraño que así sea porque cualquiera no tiene un síndrome con su nombre? me dirán que estoy haciendo trampas. Me dirán que Collyer no era lo que se dice un coleccionista empedernido de libros. Que no padecía esa enfermedad conocida como bibliomanía, que en japonés se describe con una palabra tan poética como tsundoku, y que en sus fases más avanzadas puede recibir el nombre de bibliotafia, cuando el que la padece llega al extremo de enterrarse con sus libros. Me dirán que Collyer era acaparador de todo, que también coleccionaba camas plegables, chatarra, pianos de cola o máquinas de coser. Me dirán que la avalancha que aplastó a Collyer tenía, además de libros, varias toneladas de periódicos. Con todo, la historia de Langley Collyer es la historia de lo que la obsesión por acumular libros -o mucho de cualquier cosa- puede hacer.

Langley Collyer pertenecía a una familia neoyorkina de clase acomodada. Tras la muerte de sus padres él y su hermano Homer se quedaron en la vivienda que los haría célebres, una casa de cuatro pisos en el cruce entre la Quinta Avenida y la calle 128 en Harlem, Manhattan. En principio el comportamiento de ambos hermanos no era demasiado excéntrico ?solo lo suficiente?, pero todo cambió en 1933 cuando Homer perdió la vista debido a una hemorragia interna en los ojos. Langley renunció a todo, incluyendo a su trabajo, para cuidar a su hermano y a partir de ese momento ambos se fueron retirando del mundo y, a medida que pasaba el tiempo y la Gran Depresión hacía estragos en Manhattan, los Collyer fueron evitando salir al mundo y se enclaustraron cada vez más.

Parte de la biblioteca de los hermanos Collyer

La falta de actividad física y el reumatismo hicieron que Homer quedara impedido, así que los cuidados de Langley tuvieron que intensificarse. Las excentricidades de la pareja de hermanos fueron aumentando con los años. Langley, que se negaba a recurrir a profesionales médicos, estaba convencido de que podía conseguir que su hermano recuperara la vista y para ello le suministraba una dieta basada en la ingesta de cien naranjas semanales, supuestamente por los beneficios de la vitamina C. Pensaba además que cuando Homer recuperara la vista querría ponerse al día, así que empezó a almacenar libros y periódicos de forma compulsiva. Se estima que Langley llegó a acumular decenas de miles de libros y más de doscientos mil periódicos.

Pero la obsesión por acumular de Langley no se detenía en libros y periódicos. Comenzó a aventurarse fuera de la casa después de la medianoche para caminar kilómetros por toda la ciudad en busca de comida, que casi siempre conseguía rebuscando en las basuras. También empezó a recoger y a llevar a casa todo tipo de artilugios y materiales de deshecho, que con el tiempo llegaron a cubrirlo todo.

Aspecto de una de las habitaciones de la casa

En 1938 apareció un artículo sobre ellos en The New York Times en el que se especulaba que el aislamiento de los hermanos podía deberse a que ocultaban ingentes cantidades de dinero y que temían depositarlo en un banco o que les robaran. Un rumor, por cierto, más infundado que verdadero, porque aunque disponían de rentas familiares, con el tiempo se fueron empobreciendo, hasta el punto en que dejaron de pegar electricidad, agua y gas ?y por tanto se les cortó?. Sin embargo, como consecuencia del rumor se produjeron varios intentos de robo en la casa de los Collyer, así que Langley echó mano de sus conocimientos de ingeniería y construyó con la basura que había en la casa, sobre todo con cajas y con chatarra, una serie de trampas y un laberíntico sistema de túneles. A partir de ese momento los hermanos pasaron a vivir en nidos que se habían fabricado entre los escombros.

Uno de los túneles de basura

Solo en una ocasión pudo comprobarse el estado en que se encontraba el interior de la vivienda. Fue en 1942, cuando la Caja de Ahorros Bowery puso en marcha los trámites para desalojar a los Collyers por no pagar la hipoteca durante tres años. La policía consiguió abrirse paso rompiendo la puerta principal y lo primero que se encontró fue una pared de basura apilada hasta el techo. Langley, que se encontraba en un claro entre los escombros, emitió un cheque por el importe total de los tres años de hipoteca y los trabajadores se retiraron.

La policía examina uno de los relojesLa siguiente ocasión en la que alguien entró en la casa de los Collyers fue en 1947, debido a la muerte de ambos hermanos. El 21 de marzo de ese año alguno de los vecinos alertó a la policía de que los hermanos no daban señales de vida desde hacía bastante tiempo y que el olor a descomposición que salía de la casa era insoportable. Como la entrada estaba taponada por enormes bloques de periódicos y toda clase de basura, el equipo de bomberos tuvo que hacer un agujero en la azotea de la vivienda para entrar por el techo. Después de seis horas de atravesar angostísimos pasadizos a través de objetos de todo tipo, se encontró el cuerpo sin vida de Homer, sentado en una silla. El cuerpo de Langley, que estaba a escasos metros del de Homer, no se pudo localizar hasta dieciocho días después, bajo una montaña de libros y periódicos. Supuestamente Langley habría muerto aplastado por un derrumbe -accionado quizá por una de sus trampas- mientras trataba de acceder al lugar donde se encontraba su hermano para darle de comer. Homer, sin poder hacer nada, había muerto de inanición.

Operarios limpiando la casa

  La policía y los trabajadores quitaron aproximadamente unas 120 toneladas de escombros y de basura en general. Entre los objetos retirados de la casa se incluían coches de bebé, un cochecito de muñecas, bicicletas oxidadas, comida en mal estado, una colección de armas de fuego, lámparas de araña de cristal, la capota de un coche de caballos, bustos de yeso, órganos humanos en tarros con vinagre, máquinas de rayos X, ocho gatos vivos, el chasis de un coche, tapices, relojes, catorce pianos de cola, un clavicordio, dos órganos, violines, trompetas, acordeones, un gramófono o un esqueleto humano. Y libros, muchos libros, más de 25.000. Durante una semana miles de personas se agolparon alrededor de la casa para asistir al espectáculo en que se convirtió la limpieza de la vivienda.

Limpieza de la vivienda convertida en espectáculo

 Tan extrema se consideró la obsesión acaparadora de Langley que el «síndrome de los hermanos Collyers» se ha pasado a considerar como un caso extremo y exagerado del síndrome de Diógenes

homer y langley-edgar lawrence doctorow-9788493722876Entre los muchos libros que hablan de la historia de los hermanos Collyers destaca una novelita titulada Homer y Langley escrita por el norteamericano Edgar Lawrence Doctorow en 2009 y traducida al español por Miscelánea Editorial.
Un libro muy recomendable que conviene tener en esa amenazante biblioteca que poco a poco va creciendo hasta convertirse en algo monstruoso y nos va robando el espacio vital.








Fuente bibliográfico
GAMERO, ALEJANDRO, 2015. El hombre que murió aplastado por una avalancha de libros (y otros objetos). La piedra de Sísifo [en línea]. [Consulta: 13 marzo 2017]. Disponible en: http://lapiedradesisifo.com/2015/04/23/el-hombre-que-murio-aplastado-por-una-avalancha-de-libros-y-otros-objetos/. 




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