28 jun. 2008

“Internet tiende a ser el aleph”

Por Mario Caparra). “Internet funciona como un receptáculo infinito de posibilidades. Esto es completamente borgiano” señaló a Momarandu, el escritor y conductor de TV, Juan Sasturain; pero al mismo tiempo remarcó que las modernas tecnologías de la información “no te liberan, sino que te esclavizan”.

En un tan breve como sugestivo diálogo, se refirió al rol de la literatura en la sociedad contemporánea y a las ilusiones y fracasos que signan el devenir del sistema educativo y las herramientas informáticas en relación con la lectura.

Luego de una extensa y estimulante charla en el Instituto San Fernando Rey de Resistencia, ante más de un centenar de espectadores, rodeado de admiradores y urgido por un comprimido cronograma que lo llevó a visitar varias localidades chaqueñas, Juan Sasturain accedió a dialogar con Momarandu.com, antecediendo una condición.

“No hagas preguntas interesantes, dale. Cuando las preguntas son muy interesantes se nota que las respuestas son boludas. Tenés que hacer preguntas boludas.”

Durante el transcurso de la charla, el escritor se había referido pormenorizadamente a las limitaciones que presenta el actual sistema de enseñanza en su función de incentivar al alumno a la lectura, llegando a utilizar, para referirse a él, lo calificativos de infernal y siniestro.

“Retiro lo dicho, es más: nunca he dicho eso” se apresura a responder, sin importarle que todo conste en grabaciones. “Son frases sacadas de su contexto” replica con ironía.

Sin embargo el escritor reconoce las dificultades que enfrentan los docentes al momento de transmitir el interés por la lectura y cosidera que el problema es, antes que nada, que sea planteado como problema.

“El punto de partida es fallido. El primer error consiste en instituirlo como un problema manifiesto, plantearlo manifiesta y declarativamente como un problema.”

“No propongo la táctica del avestruz, no propongo esconder la cabeza y no formularlo” aclara y propone luego enmarcarlo en modelos positivos de pensamiento.

“Hay que pensar siempre por la positiva y no por la negativa, como se hizo, por ejemplo ante el llamado ‘problema con los indios’ o ‘problema con los negros’. Por esto yo no lo formularía como un problema, sino en términos positivos, en términos de hacer, de compartir una experiencia enriquecedora.”

Compartir implica, para él, mucho más que transmitir verticalmente conocimientos.

“El texto debe estar en el medio, a la misma distancia del alumno y el docente. Debe constituir una experiencia enriquecedora para ambos. La experiencia de la lectura compartida significa: experimentada en simultaneidad.

“Por eso –sostiene- la lectura no debe ser predigerida, dirigida, acompañada de una interpretación previa, de un sentido cerrado” sino que, por el contrario “hay que dejar que el texto quede solo y opere por presencia”

Sasturain no parece estar en contra de los aportes del docente. No obstante considera que, en la relación entre el texto y su lector, “cuando hay excesivas mediaciones resulta contraproducente” en este caso “la figura del docente como mediador, en lugar de facilitar el placer de la lectura, lo empaña, lo obstaculiza.”

Sentencia que inmediatamente matiza: “Bah, no sé, hablo por boca de ganso.” Sin embargo, Sasturain, además de profuso lector y escritor, fue alumno y fue docente. Esta experiencia le basta para estar convencido de que existe una diferencia crucial entre una lectura lúdica y la lectura que se enseña en las escuelas.

“La lectura literaria lo que te acerca es la experiencia espiritual, sentimental, afectiva, conmovedora, verdadera. La falta de vocabulario y otras variables que tornan difícil la comprensión de un texto es otra cosa. Es lo mismo, pero es otra cosa.”

Posición que lo acerca al pensamiento de Gianni Vattimo, al señalar que una experiencia estética es verdadera cuando es “verdadera experiencia”, cuando el lector sale modificado de su encuentro con el libro.

Para que este encuentro se produzca, considera necesario que “no haya ortopedia de ningún tipo, un comentario alcanza” utilizando comentario con “el sentido original que tiene el término: sumar impresiones personales”.

Por eso, propone, para acercar la lectura al potencial lector, la idea de “presentar a alguien”. Acercarse al alumno y decirle: “te presento alguien que yo conozco, te presento opciones, te presento gente distinta. Y por sobre todas la cosas “que el docente parta de su propia experiencia: por qué está él ahí, por qué eligió ese texto y no otro.”

En la sociedad del conocimiento, de la eficacia y la eficiencia, del vértigo y la informática, es curioso que Juan Sasturain, conductor de televisión, proponga una manera tan personal de motivar a la lectura.

Cuando Borges confesaba que se figuraba el paraíso bajo la forma de una biblioteca, uno pensaba de inmediatos en la biblioteca de Babel o Alejandría. Mágicas, infinitas o casi infinitas. Los alumnos hoy piensan en Internet. Y Sasturain consiente la analogía.

“Internet funciona como un receptáculo infinito de posibilidades y eso es muy borgiano. Internet tiende a ser el aleph” señala.

“Ahora; la contradicción básica, primaria, en el desarrollo de las comunicaciones y en las tecnologías de acceso y almacenamiento de la información hay una variable que la oferta no puede modificar: el tiempo. ¿De qué carajo sirve que tengas, como posibilidad, la comprensión completa del todo, si no existe la posibilidad real de acceder a su disfrute?”

“La existencia del canal distorsiona de tal modo las cosas que la posesión del canal en sí parece ser el objeto, independientemente de que no haya un carajo que comunicar. Se estimula la instauración de un canal antes de que exista su necesidad real. ¿Para qué carajo necesito estar todo el tiempo comunicado?

Igualmente, “una vez instalado el canal, lo uso para justificar su existencia. De esa manera opera la interrelación entre la necesidad, los deseos personales y los estímulos externos y manipulados.”

“Hay una ideología de la vida contra reloj y de la experiencia como acumulación que consiste en valorar la cantidad de experiencia. Meter más cosas en la misma cantidad de tiempo, ya que éste es inmodificable. La tecnología permite que pasen más cosas en la misma cantidad de tiempo, pero vos no tenés más tiempo. Y lo único que necesitás es más tiempo.”

El tiempo que uno ahorra con los avances tecnológicos, debe disponerlos en otro negocio, que es, stricto sensu, la negación del ocio.

“Por eso el avance tecnológico no redunda en más libertad, sino que, por el contrario, te esclaviza.”

“Enmarcado en ese pensamiento, en esa ideología, la práctica de la lectura no es funcional. No calza en este esquema de la utilización del tiempo, que es nuestro único capital.” Por eso, concluye, a pesar de la paradoja, que el tiempo que se ahorra gracias a la tecnología, es “un capital que no hay que invertir”, para redondear, parafraseando a un reconocido escritor de autoayuda: “Hay que vivir el hoy. Hay que vivir cada día, pero no como si fuera el último. Como si fuera el primero.”

Fuente: http://www.momarandu.com/amanoticias.php?a=4&b=1&c=80449

1 comentario :

Anónimo dijo...

quisiera saber tener una sintesis del principio nudo y desenlace

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